domingo, 25 de enero de 2026

¡Toma fuego!

Catch a Fire (Bob Marley & The Wailers, 1973)

REGGAE. El tamaño colosal de esta obra se mide directamente por el agujero que dejó tras su impacto. Sus dimensiones sobrepasan toda explicación porque no hay manera de encontrar un porqué a la conjunción de astros que crearon el disco que iba a proyectar al reggae a escala mundial. Para ello Marley y los suyos se atrevieron a enturbiar la pureza ruda de su roots reggae y gracias a esos toques de rock y soul, de ese subir la guitarra en la mezcla en los momentos clave o darle protagonismo a ese clavinet majestuoso en "No More Trouble", consiguieron ese mestizaje del que muchos reniegan, pero que siempre es lo que más llega cuando se hace en su justa medida.

Sí, la crudeza en bruto de las grabaciones que los Wailers hicieron en Jamaica no fue del gusto de Island, y por una vez, el intento por endulzarlas dio con hallazgos más que interesantes. El resultado de tamaña intromisión es una grabación que conserva la gravedad del bajo de Aston "Family Man" Barrett, el auténtico esqueleto junto a las percusiones selváticas y sabrosísimas de su hermano Carlton, entre las que se cuela sin pudor. Y sin dañar la monstruosa base rítmica, se permiten intromisiones, como ya he mencionado, de guitarras que arriman esto peligrosamente al rock, pero no, es imposible enmascarar la humedad ecuatorial que lo impregna todo.

Catch a Fire también sorprende porque su impacto no se corresponde con el que se esperaría de una obra con tanto contenido social y político. La denuncia de la que Marley siempre haría gala está ya aquí patente, dura como la roca. Una roca que se empeña en erosionar con la dulzura infinita de su voz macerada en ron y caña de azúcar. Y sí, en otras sustancias que han acabado por anegar el imaginario universal, haciendo al género inseparable del humo del ganja que parece impregnar los surcos de un disco que, por supuesto, es mucho más que eso. Sí, pero tampoco se puede separar de los rituales de la marihuana. El zippo sobre el que se construye la mítica portada habla con una elocuencia solo superada por la música. Imprescindible.

★★★★★

A1 Concrete Jungle 4:12
A2 Slave Driver 2:54
A3 400 Years 2:45
A4 Stop That Train 3:55
A5 Baby We've Got a Date (Rock It Baby) 4:06
B1 Stir It Up 5:30
B2 Kinky Reggae 3:36
B3 No More Trouble 3:56
B4 Midnight Ravers 4:57

Total: 35:51

Este disco nos invita de manera clara a reflexionar sobre el exceso de querencia por lo primigenio, lo puro, lo tradicional... Su proceso creativo, sus renuncias y su zambullida en aguas ignotas ponen sobre la mesa la importancia de pegarse a la tradición conviviendo con la necesidad de innovar para avanzar y ampliar tu radio de acción.

En 2001 Tuff Gong se sacó de la manga una edición que incluía las tomas originales que se grabaron y mezclaron en Jamaica. Unas tomas que se llevaron a Londres para modificarse con las adiciones y retoques que conformaron el Catch a Fire definitivo.

 

Un álbum que puede que perdiera parte de ese sabor local, pero lo hizo a cambio de una ganancia mucho más grande. Y no hablo de cuestiones económicas, donde también reventó de éxito, sino del hecho de que gracias a esa supuesta "domesticación", lograron crear un álbum de alcance global, catapultando al reggae a una dimensión desconocida de éxito desde ese mismo momento. Creo que sería injusto y tontorrón no reconocer que el disco quedó mejor así. No solo por su éxito, sino porque con esa decisión Bob Marley y sus compañeros estaban creando algo novedoso y de un impacto que no podrían haber alcanzado de otra forma. Una delicia musical perdurable que ha llegado intacta a nuestros días y que seguirá manteniéndose fresca durante eones. 

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