miércoles, 24 de junio de 2026

Los hombres de hojalata

Tin Machine (Tin Machine, 1989)

HARD ROCK. Tin Machine fue un proyecto paralelo del Camaleón con el que quizás buscaba escapar de un personaje que no le dejaba ni a sol ni a sombra. Una banda que se inventó, me parece a mí, para volver a encontrar la esencia de las cosas sencillas. Esos disfrutes simples que debía sentir cuando empezaba a hacer música. Y puede que no esté en lo cierto, pero cada vez que lo escucho y miro su portada, es la idea que invade mis pensamientos. 

El grupo estuvo formado por David Bowie en la voz y la guitarra, Reeves Gabrels a la guitarra solista, Hunt Sales a la batería y coros y Tony Sales al bajo y coros. ¿Y de dónde salen todos estos?, se preguntarán ustedes. Gabrels había estado en multitud de bandas semidesconocidas durante los 80 y Bowie apreció sus arreglos de guitarra para una reinterpretación de "Look Back in Anger" en la que estaba trabajando a finales de esa década. Los hermanos Sales habían tocado con Iggy Pop en su gira del 77, y Bowie estuvo muy implicado en ella. Escuderos de lujo, por tanto, y para nada desconocidos, con los que embarcarse en este back to basics que todo artista que se precie ansía pasados unos años en el estrellato.

Un álbum al que, por todos estos detalles, no puede exigírsele demasiado. Ni siquiera lo firma Bowie, sino que se esconde bajo el paraguas de una banda en la que, según sus miembros, reinó el espíritu democrático sobre todas las cosas. Algo que sería lo que David necesitaba a esas alturas, pero que no redundó en un discazo ni nada de eso. Tin Machine es un álbum directo y crudo, dominado por un sonido de guitarra cáustico y ultradistorsionado. Un aullido brutal que nos retrotrae a esos grandísimos guitarristas que siempre ha tenido el autor de Lodger (1979), de Carlos Alomar a Adrian Belew. Instrumentistas hiperexpresivos, de esos de berrido prolongado hasta el infinito, que se hacen carne en el estilo desatado de Gabrels aquí.

Toda una seña de identidad para un disco de rock duro, así, sin eufemismos. Un rock duro que se olvida, sin embargo, de hilar una historia convincente dentro de un álbum que no deja de ser una sucesión de ocurrencias paridas en el local de ensayo. No es que necesiten unas vueltas más. Así, probablemente, perderían su frescura. Sin embargo, al disco le sobran minutos. Es una huida hacia delante continuada y sin pausa hasta que, después de la pista 12 —14 en el CD— el disco se acaba abruptamente sin dar mayores explicaciones. No sé, puede que con algunos artistas no baste con echar un rato agradable, ¿no?

★★☆☆☆

A1 Heaven's in Here 6:01
A2 Tin Machine 3:34
A3 Prisoner of Love 5:50
A4 Crack City 4:36
A5 I Can't Read 4:54
A6 Under the God 4:06
B1 Amazing 3:04
B2 Working Class Hero 4:38
B3 Bus Stop 1:41
B4 Pretty Thing 4:39
B5 Video Crime 3:52
B6 Baby Can Dance 4:57

Total: 51:52

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