
CANTAUTOR TERMINAL. Nos gustan las obras inacabadas, escritas en el lecho de muerte. Que luego casi ninguna es así, y suelen ser abandonadas mucho antes del fatal desenlace. Cuando estamos malitos no está la cosa para músicas, seamos serios. Pero a nosotros nos gusta imaginarnos al autor creando su obra magna entre dos mundos como si el Altísimo en persona estuviese dictándole los últimos movimientos. Ahí tenemos obras como el Requiem de Mozart o la Sinfonía nº 8 de Schubert. Piezas que han espoleado la imaginación de los oyentes durante siglos y que no van a dejar de intrigar y atraernos jamás.
Aquí tenemos este disco hecho de puras ruinas. Una obra rescatada de entre los cascotes con la que tratan de mostrarnos lo que podía haber sido el último álbum de Tim Hardin. Ese en el que estaba trabajando cuando una sobredosis de heroína lo arrancó de este mundo. Y como nos gustan las ruinas cosa mala, daños colaterales del Romanticismo, no nos importa que apenas dure veintidós minutos ni que combine canciones más o menos acabadas en el estudio con meros esbozos rescatados de cintas de casete caseras. Aquí el sonido es lo de menos. Lo que importa es el voyeurismo, el espolear nuestra imaginación con lo que podría haber sido y no fue. Como si fuéramos a escuchar algo parecido a su último hálito de vida al final de alguna de estas grabaciones.
No es este, por tanto, un disco que podamos colocar junto a los ocho trabajos de estudio que dejó el cantautor. Aun así, no puedo negar que la curiosidad pica a lo grande y que la predisposición era muy positiva a la hora de asomarme a estas grabaciones. Una predisposición que, como casi siempre, acaba siendo golpeada por una leve bofetada de decepción. No tan fuerte esta vez, que quede claro. Aquí Hardin demuestra que seguía teniendo música en su interior y que en la desnudez de la mayoría de estas versiones se encuentra como pez en el agua. No quiere esto decir que muchos de estos bocetos fueran a acabar así. Viendo cómo se las gastó en su último trabajo, podíamos esperar que los vistiera en un exceso de teclados y arreglos floreados y aburridamente adultos.
Sin embargo, ¿quién sabe? Puede que decidiera hacer esa tan temida, y tan deseada esta vez, vuelta a los orígenes, y nos hubiera entregado un disco desnudo y hermoso como lo que se apunta aquí. Algo que nunca sabremos y sobre lo que solo podremos teorizar. Tim estaba trabajando en diez canciones para este regreso discográfico después de siete años. Al final solo pudieron salvarse ocho temas. Temas en los que, además de su estilo personal, también encontramos fuertes toques de Randy Newman, y que anuncian nuevos caminos para el de Oregón, pero sobre todo lo reafirman como el gran escritor de canciones que siempre fue. No sé a vosotros, pero a mí, sin poder ser la despedida que pudo haber sido, me satisfacen estos apuntes comatosos.
★★★☆☆
A1 Unforgiven
A2 Luna Cariba 🕱
A3 Mercy Wind
A4 If I Were Still With You
B1 Judge and Jury
B2 Partly Yours
B3 Sweet Feeling
B4 Secret
Total: 22 min.

HOMENAJE. He aquí un homenaje hecho con amor y sin afán recaudatorio. No se me ocurriría quién podría pretender sacar tajada de un legado tan magro, pero tan poco conocido por la masa, como el de Tim Hardin. Un tributo pagado con devoción por bandas y artistas, en su mayoría, semidesconocidos. Un detalle que acaba imbuyendo de verdad a un proyecto que suena, en buena parte de su metraje, con la melancolía abisal del cantautor de Oregón.
Es cierto que echo en falta algo de grandeza. Me hubiera gustado ver qué hacían con estas canciones titanes del calibre de Bob Dylan o Bruce Springsteen. Con esta selección de artistas —Mark Lanegan y Okkervil River a la cabeza— todo acaba quedando demasiado pequeño para el alcance de unas canciones que están entre lo mejor que se haya compuesto en el radar de la americana.
Sin embargo, y a pesar de que a veces todo esto suena demasiado doméstico, no puedo obviar el hecho de que seguramente es lo que habría querido Hardin. Un artista tan enorme que nunca se las dio de nada. Dirán las malas lenguas que ni sus ventas ni su impacto se lo permitieron, pero su prestigio entre los aficionados de verdad y entre sus colegas siempre estuvo lindando con la idolatría más absoluta. Como para creérselo un poco, ¿no creen? En cualquier caso, este disco no deja de ser una magnífica excusa para volver a encontrarse con unas canciones inmortales. O con el espectro de ellas, que ya es suficientemente poderoso.
☆☆★★★
1 The Phoenix Foundation - Don't Make Promises You Can't Keep
2 The Sand Band - Reason to Believe
3 Mark Lanegan - Red Balloon
4 Diagrams - Part of the Wind
5 The Magnetic North - It's Hard to Believe in Love for Long
6 Alela Diane - How Can We Hang on to a Dream
7 Snorri Helgason - Misty Roses
8 Sarabeth Tucek - If I Knew
9 Okkervil River - It'll Never Happen Again
10 Smoke Fairies - If I Were a Carpenter
11 Gavin Clark - Shiloh Town
12 Hannah Peel - Lenny's Tune
13 Pinkunoizu - I Can't Slow Down
Total: 45 min.
No hay comentarios:
Publicar un comentario