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sábado, 13 de enero de 2024

El brebaje del pantano

NOLA (Down, 1995)

METAL SUREÑO. De las mentes calenturientas de Phil Anselmo (Pantera) y Pepper Keenan (Corrosion of Conformity), auténticos motores creativos del combo, surgió un supergrupo que acabó trascendiendo la idea de proyecto paralelo para asentarse como uno de los productos más exitosos de sus miembros.

Basados en Nueva Orleans, a la que homenajean en el título de su debut, Down se las apañan para dar con su versión más o menos personal, tampoco exageremos, del metal al margen de sus bandas madre. Puedes llamar a esto sludge metal o stoner, puedes detectar claramente las influencias del grunge más metalizado, pero lo cierto es que no vas a poder etiquetarlo de manera clara y unívoca. Lo que suena aquí es un rock duro enraizado en una suerte de tenebrismo sureño que lo mismo bebe de la ponzoña de los hongos más pestilentes de los pantanos de Louisiana que de esa magia negra macerada en calderos borboteantes.

Un potaje infecto que prolonga y amplía lo que Anselmo acababa de hacer con Far Beyond Driven (Pantera, 1994) y a la vez prologaba lo que íbamos a encontrar en The Great Southern Trendkill (Pantera, 1996). Un sonido más contemporáneo y más crudo que no le hace ascos a una psicodelia basada en la ayahuasca más que en lo sintético. Una música en la que se permiten los medios tiempos humeantes y cargados de lentitud amenazante. Así, cosas como "Jail" parecen continuar el trabajo que empezara Pantera con la versión de "Planet Caravan" incluida en su disco anterior.

Es cierto que tampoco vamos a encontrar profundidad aquí. Si en las bandas madre de estos ínclitos ya era difícil verla, imagínense en un proyecto en el que se dedican a esbozar cuatro ideas más o menos absolutistas, a cantar las alabanzas de la marihuana y a tratar de aplastarnos con la truculencia de un expresionismo totalmente desbordado. Para que entiendan lo que quiero decir, échenle un vistazo a títulos como "Pillars of Eternity", "Underneath Everything" o "Bury Me in Smoke".

Poca sutileza, por tanto. Tan poca como irresistible es la iconografía que se buscan, toda de negro y con esa imagen de Jesucristo con el cigarro. Cosas que importan muy poco si hablamos de auténtico arte, pero cosas, al fin y al cabo, que cuentan con un magnetismo casi animal.

★★★☆☆

1 Temptation's Wings 4:24
2 Lifer 4:36
3 Pillars of Eternity 3:57
4 Rehab 4:03
5 Hail the Leaf 3:28
6 Underneath Everything 4:46
7 Eyes of the South 5:13
8 Jail 5:17
9 Losing All 4:21
10 Stone the Crow 4:42
11 Pray for the Locust 1:07
12 Swan Song 3:35
13 Bury Me in Smoke 7:04

Total: 56:33

No sé si será el anticlericalismo o las ganas de provocar, pero es cierto que la iconografía que utilizó la banda para darse a conocer está más que pensada para impactar. No me extrañaría que no se decidieran a publicar la portada del Cristo fumador en la edición original por cuestiones de censura en su puritanísima tierra, aunque sí que la colocaron en la versión cassette y ediciones posteriores del disco, además de en pósteres promocionales.

Sin ser para nada tan escandalosa, sí que cuenta con un punto de morbo y un atractivo visceral para todos aquellos que vivían (vivíamos) en el extremo negativo de la existencia. Esa minoría que a nadie importa pero que se cree esencial para que el planeta siga girando. Una mierda, vamos, pero nuestra mierda.

sábado, 27 de agosto de 2022

¡Injusticia!

Down (The Jesus Lizard, 1994)

POST-HARDCORE. Un disco despreciado en el momento de su edición, seguramente por no aguantar la comparación con los dos anteriores, y muy reivindicado a día de hoy. Las redes hablan de injusticia con el cuarto álbum de Jesus Lizard. ¿Hay motivo para tanto revuelo? ¿Es necesario rasgarse las vestiduras en su defensa?

Si se requiere una respuesta rápida y directa, esta sería sí. Luego vendrían los matices, pero lo que parece claro es que el grupo madura de manera evidente en su cuarto álbum, empezando por un David Yow que, sin abandonar su personaje a la vez volcánico y bukowskiano, ha aprendido a matizar su verborrea escribiendo algo que se podría incluso llamar poesía. No es que el de Las Vegas haya dado la espalda a sus pesadillas, sino que ahora, en lugar de narrárnoslas sin anestesia, prefiere evocarlas con algo más de distancia.

Eso le permite contar cuentos terroríficos con una dosis menor de semen y sangre, a la vez que se sumerge en un lirismo no por elusivo menos arrebatador ("Elegy"). Y esto lo consigue sin abandonar el malditismo y lo demoníaco de una propuesta que siempre se había basado en el puñetazo en los morros, en la apertura en canal y en una no ficción que los hacía únicos. ¿Se pierde algo con el giro que toman los de Chicago? Sí, sin duda. ¿Es suficiente como para hundirlos en la miseria? Claramente no. En su cuarta referencia en largo, y última bajo el abrazo protector de Steve Albini, seguimos teniendo muchos motivos para la celebración.

★★★

1 Fly on the Wall 3:06
2 Mistletoe 1:53
3 Countless Backs of Sad Losers 3:00
4 Queen for a Day 2:26
5 The Associate 5:00
6 Destroy Before Reading 3:13
7 Low Rider 3:36
8 50 Cents 2:49
9 American BB 2:18
10 Horse 3:10
11 Din 3:19
12 Elegy 3:48
13 The Best Parts 2:55
Total: 40:33

La portada  es obra de Malcolm Bucknall, un cuadro llamado Falling Dog con el que completan su tercera colaboración. Un cuadro que contiene parte del tremendismo y la mirada al precipicio que siempre ha sido la música de Jesus Lizard.

Una pintura que, siquiera por el tema, me remite a todo un maestro de la negrura y los sentimientos más turbulentos y profundos. Francisco de Goya y su Perro semihundido, parte de esas Pinturas negras con las que decoró su casa, la Quinta del Sordo, me vienen a la mente a pesar de la luz de una portada que aparte del chucho tiene poco que ver con la obra del aragonés. Aparentemente, claro.