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sábado, 8 de marzo de 2025

miércoles, 31 de agosto de 2022

¡Que fluya!

Jizz (The Jesus Lizard, 1996) [BOOTLEG]

POST-HARDCORE. Recopilatorio pirata en el que se recogen once rarezas del grupo. 

Si diseccionamos lo que se incluye aquí, nos encontraremos temas sacados de singles, caras B, EPs, bandas sonoras, la edición japonesa de Shot (1996), además de rarezas que no tuvieron cabida en sus álbumes.

Temas que quedaron fuera de la órbita de otros recopilatorios y otros que vienen directos de ese Bang (2000) que, con algún problema de redundancia, trató de resumir a la vez la carrera en A y en B de la banda. Ahí creo que falla al seguidor fiel, ya que, quitando versiones en directo y tomas alternativas, solo siete de sus temas son realmente nuevos para dicho oyente.

Todo eso hace necesaria esta destilación, que va al grano y puede atraer a neófitos y oyentes curtidos ansiosos por devorar cualquier resto de carne que quede de este grupazo. Temas que se ganan su derecho a respirar, existir y ser conocidos. Porque colean y patean como muchas de sus mejores canciones y porque nos muestran a la banda explayándose sin tener que dar explicación alguna. Sin pretender ser muchísimo, es bastante más de lo que me podía imaginar. 

★★★ 

  1. Chrome (Chrome cover)
  2. Sunday You Need Love (Trio cover)
  3. Pop Song
  4. Wheelchair Epidemic (The Dicks cover)
  5. White Hole
  6. Panic in Cicero
  7. Shut Up
  8. Bad Guy
  9. Uncommonly Good
  10. The Test
  11. Anna (Trio cover)
Total: 30 min.

Seis dedos de agua fría

Blue (The Jesus Lizard, 1998)

POST-HARDCORE. Ya desde una primera escucha se detecta que el grupo trata de asentarse en Capitol, la multinacional con la que ficharon para el álbum anterior. Algo que hacen buscando de manera obsesiva el equilibrio imposible entre la abrasión que les quema en las entrañas y una accesibilidad que ya buscaban con ansia en Shot (1996) y aquí encuentran de manera más evidente aún. Esto les hace sonar de una forma muy diferente a sus comienzos, aunque consiguen colar su vitriolo escondido en la hogaza de pan como en las películas.

Y una película es lo que se montan Jesus Lizard en su último álbum de estudio. Una película donde mandan las atmósferas más que las hostias y donde la melodía se abre paso en el arsenal de trucos de una banda que ha decidido abrirse al mundo les cueste lo que les cueste. No puedo decir que esa decisión no haya tenido un coste. Por mucho que aquí sigan latiendo las brasas de una violencia que es consustancial al grupo, decir que no es lo mismo es tan obvio como cierto.

Así, Blue se convierte en una despedida anémica y triste, lo cual no significa que no se disfrute, pero nos muestra una foto de una banda que ha perdido el brillo y los colores que tenía años antes. Sigue habiendo rock aquí, sigue habiendo lascas metálicas y encima ahora todo esto se puede cantar, pero sirve para muy poco. Tanto si quieres conocer al grupo como si te gusta Goat (1991) como un animal, esto no es para ti. Y entonces, ¿para quién podría ser?

★★★☆☆

1 I Can Learn 3:10
2 Horse Doctor Man 3:58
3 Eucalyptus 5:59
4 A Tale of Two Women 3:28
5 Cold Water 2:45
6 And Then the Rain 3:13
7 Postcoital Glow 3:31
8 Until It Stopped to Die 3:56
9 Soft Damage 4:05
10 Happy Snakes 3:00
11 Needles for Teeth (Version) 3:40
12 Terremoto 1:20
Total: 42:05

martes, 30 de agosto de 2022

Love is a four-lettered word

 
★★★½☆

Austin, TX, USA

 

The Jesus Lizard se formaron en Austin, Texas, rodeados de un conservadurismo sureño que no les iba a dar la bienvenida con los brazos abiertos. Pronto se mudarían a Chicago, lo que les permitía estar dentro de un circuito hecho para ellos, rodeados de bandas de su mismo palo (o todo lo similar que fuera posible) y con Steve Albini a mano para que les ayudara a forjar su sonido.

Ahí fue donde realmente se dieron a conocer y empezaron a grabar. Por eso su nombre siempre irá unido a la Ciudad del Viento. Si los Smashing Pumpkins eran la cara bonita del rock en la ciudad, los Jesus Lizard se alineaban del lado de lo turbio, lo minoritario y lo difícil. Con un aliento industrial (sobre todo al principio) que los ponía junto a Rapeman (con los que compartieron bajista), Big Black y todo lo que tuviera a Steve Albini como protagonista. Y si hablamos de hermanos o primos mayores fuera de Chicago, no podemos olvidar a Swans, Hüsker Dü, Melvins, Black Flag o coetáneos como Fugazi.

Su secreto no estaba escondido. Nada de lo que hicieron jamás iba con segundas o con dobles intenciones. Lo suyo era crudo, sangriento y en tu puta cara. Lejos de la generación grunge con la que intentaron relacionarlos por todos los medios. No era posible. Toda influencia clásica o del punk más canónico quedaba engullida por una base rítmica que no entendía de esconderse ni de sonar de fondo, de una guitarra imaginativa, salvaje, cruda y multicromática, y de una voz que parecía venir de una persona psicótica y amordazada.

Así triunfaron Jesus Lizard en los círculos más selectos del underground. Con el grito agónico e impotente de David Yow, con un Duane Denison que domina las seis cuerdas para jugar con el silencio, el arpegio y el estruendo a la perfección y con una base rítmica que es el auténtico secreto de su éxito, David Wm. Sims al bajo y Mac McNeilly a la batería. Esta sería su formación clásica, la más duradera y la responsable de sus obras más sólidas.

Mención aparte merecen las letras, auténticas culpables de la fama de la banda. Su auténtico sello de calidad. Una poesía que no sé si puede llamarse así. Una verborrea sanguinaria, despojada de metáforas y que busca el feísmo por encima de todas las cosas para apuñalarnos con su no ficción y un lirismo construido a hachazos en la mismísima tradición de todo un Charles Bukowski. Como habrán captado, un plato que no es para todo el mundo.

UN DISCO

Goat (1991)

Siempre suelo tener claro cuál es mi disco favorito de un artista. Con The Jesus Lizard aún más. Esta segunda detonación es la más brutal, la más redonda, la más todo de toda su carrera. No solo es que aquí lo exageren todo hasta extremos insoportables, sino que con la ayuda de Steve Albini consiguen sonar como un cañón.

Canciones que reptan como serpientes para morder en el momento justo, baterías que marcan el pulso con una monstruosidad percutiva muy del gusto del productor de Chicago, galopadas de una virulencia casi apocalíptica y todo amplificado por la lírica violenta, pornográfica, escatológica y sin filtro de un David Yow que escribe aquí las mejores páginas de su abyecto canon. Fundamental.

EN DIEZ CANCIONES: Most

1. "Bloody Mary" (1989)

Caja de ritmos como un marcapasos industrial de estos momentos primigenios, despiadados e inhumanos. Por suerte o por desgracia, sin posibilidad de continuación.

2. "7 vs. 8" (1990)

Uno de sus primeros intentos a la hora de explorar unos matices que acaban explotando en su barbarie. Ya se empezaban a dar cuenta del poder que da contar con una batería humana. Y más si es del calibre de ese pulpo zeppeliniano que es Mac McNeilly.

3. "Killer McHann" (1990)

Cierre de su primer LP con todo el poder de las dinámicas, la virulencia de una tensión llevada al extremo y una coda en la que, con la ayuda de la garganta demoníaca de Yow, elevan el concepto de noise orgánico a las alturas.

4. "Nub" (1991)

Mi favorita absoluta. El trabajo de Denison con el bottleneck y el ritmo vivo del tema es capaz de provocar sensaciones indelebles con una de sus canciones más reconocibles y casi diría que de más fácil digestión. Todo en "Nub" brilla para engancharte a la maquinaria de estos salvajes para siempre.

5. "Monkey Trick" (1991)

¿La mejor línea de bajo de David Wm. Sims? No es la más difícil, eso seguro, pero cómo te sacude por dentro mientras lleva el peso de una canción que también destaca por los relucientes y flamígeros arreglos de Denison, el cual, junto a un Yow superlativo, se alía con el silencio para encontrar matices que nunca pudieron igualar. Es que estamos en Goat (1991), su mejor disco, y se nota tela.

6. "Puss" (1992)

Uno de sus temas más populares, sobre todo porque lo usaron para compartir single con Nirvana. También lo incluyeron en Liar (1992), otro de sus discos más queridos. Se trata de una canción de rock machacón que no parece gran cosa, pero que consigue meterse en tu piel sin esfuerzo alguno.

7. "Zachariah" (1992)

Momento para el remanso. Para solazarse en la pausa de esos arpegios espaciados y flotantes marca de la casa desde este momento. También hay bottleneck para incidir en el drama, en la historia funesta de un Zacarías que no parece ser bienvenido en su pueblo. Algo habría hecho.

8. "Glamorous" (1993)

Apertura de Lash (1993), el EP con el que prologaban la edición del que iba a ser su cuarto álbum, Down (1994). Una canción que incorporaron a sus conciertos para siempre y que nos muestra a los Lizard más dinámicos y efervescentes. Un tema de esos que te va ganando porque, a pesar de no tener nada de especial, está muy bien hecho.

9. "Elegy" (1994)

Si esta canción, tal y como anunciaba Yow en el directo Show (1994), va dedicada a sus padres, la cosa es para hacérselo mirar. Entre esos arpegios espaciados que nos recuerdan a "Zachariah" parece que se van a materializar los Jesus Lizard más líricos, pero no. Aunque la canción suena como una flor abriéndose con parsimonia, lo que nos cuenta sigue llena de veneno, enfermedad y una crueldad que redoblan como para que no fuera a morir de belleza. Al final, David Yow en estado puro.

10. "Cold Water" (1998)

Buena forma de recuperar un pulso que de alguna forma habían perdido en unos álbumes más anodinos de la cuenta. "Cold Water" conserva la tensión intacta de los comienzos del grupo mientras nos narran una historia de terror que es toda una película de esas en las que el hombre siempre es un lobo para el hombre. La historia de su vida. Y la nuestra, ¿no?

PRIMOS CERCANOS DE...