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martes, 18 de mayo de 2021

Lágrimas de napalm

Tiny Tears (Godflesh, 2012)
[BOOTLEG]

 
METAL INDUSTRIAL. [Como pistas extra del CD de "Streetcleaner"]

Se trata del EP nunca editado que iba a seguir a su estreno (Godflesh, 1988). La compañía prefería un LP y abortaron la operación de unas grabaciones que se ofrecieron a posteriori como extra en la reedición de ese debut largo que fue el demoníaco Streetcleaner (1989).

Nunca un disco no publicado me ha llenado como estas cuatro canciones que merecerían una edición por separado y en condiciones. Redoblan la intensidad rítmica que emplearon en su obra maestra y dejan con los dientes largos al pensar el disco largo que podrían haber parido. También añaden jugosas novedades como los juegos vocales claramente melódicos que incluyen en "Dead Head", ampliando la paleta y los horizontes.

"Tiny Tears" merece ser mostrado, merece ser disfrutado. Si es que se puede disfrutar con tanta opresión, con tanta asfixia. Es un documento lo suficientemente suculento como para que su no existencia nos haga penar. El tema que le da título y "Wound" son de lo mejor que compusiera el dúo, dos piezas de pura barbarie, inclementes, destempladas y aceradas. Lo mismo puedo decir de la ya mencionada "Dead Head". Al menos podremos "deleitarnos" con ellas en el anexo que se marcaron para "Streetcleaner". Y pienso hacerlo.
 
★★★★☆

1 Tiny Tears   3:24
2 Wound   3:07
3 Dead Head   4:07
4 Suction   3:24

Total: 14:07

Limpiando las calles

Streetcleaner (Godflesh, 1989)
 


 METAL INDUSTRIAL.

"Os apareáis como ratas
No miréis atrás
Estábais muertos desde el principio
Deformidad estilizada
Este es mi propio infierno."


La pesadilla está ya aquí. Con este disco, Godflesh abre la veda y empieza la caza del hombre, la defensa de lo maquinal hasta extremos psicóticos. Streetcleaner agrede y muestra en sus surcos las heridas purulentas de un testigo directo de la más cruenta de las batallas. El estreno de Godflesh es la biblia de la nueva carne, un disco aniquilador dominado por la distorsión, la abrasión y el latido inclemente de una caja de ritmos que funciona como martillo y despertador de conciencias.

Influenciados por el hip hop y el metal extremo, Justin Broadrick (voz, guitarra y programaciones) y G. C. Green (bajo) abrieron una brecha sanguinolenta que se infectaría para pasar a llamarse música industrial. La receta era tan clara como adusta y cruda: ritmos repetitivos y machacones hasta lo enfermizo, voces guturales, ruído y distorsión a chorro. Otros depurarían la fórmula galvanizándola y dándole brillo, pero este espasmo primitivo tiene un morbo inigualable. Es lo que tienen las cosas cuando no se elaboran demasiado y no se planean al milímetro. Aquí todo suena falsamente milimetrado. La suciedad y la imperfección campan a sus anchas en un momento impagable dentro de la música extrema.

Godflesh rebosan absolutismo en su intento por limpiar las calles de la escoria con sus proclamas contra una sociedad alienada. Su sonido es apocalíptico y quema como el napalm, pero a la vez tiene algo etéreo, inasible. Así lo refrendan en temazos como "Christbait Rising", "Head Dirt", "Devastator" o "Mighty Trust Krusher", en los que el ritmo y el ruido forman un tapiz tejido a partir de telarañas y dolor. O en esa pura demolición que es el tema titular. Y es que Godflesh es un grupo, un dúo, totalmente creíble. Dolorosamente real.

"Nuestra vida es desechable
Corrupción en el rebaño
Carne que se derrumba en el mundo real"
 
★★★★☆
 
A1 Like Rats 4:28
A2 Christbait Rising 6:59
A3 Pulp 4:16
A4 Dream Long Dead 5:17
A5 Head Dirt 6:08
B1 Devastator 3:21
B2 Mighty Trust Crusher 5:26
B3 Life Is Easy 4:54
B4 Streetcleaner 6:45
B5 Locust Furnace 4:43
Total: 52:17

 

Ideas abyectas me asedian durante la escucha. El fuego mugriento del Ku Klux Klan, la colina del Golgotha, crucifixiones postmodernas de una sociedad electrocutada por la tecnología. Pero sobre todo, y aunque no tengan nada que ver musicalmente, la foto interior del L.A. Woman (The Doors, 1971). Ese Cristo crucificado en un poste de electricidad ha ejercido un influjo poderosísimo sobre mí desde que le eché el ojo. Como la portada siniestra y abrasadora de este Streetcleaner. A estas alturas creo que nunca dejarán de hacerlo.