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domingo, 14 de junio de 2026

Somos uno

Suite for Susan Moore and Damion - We Are - One, One, All in One (Tim Hardin, 1969)

EXPERIMENTO DE AUTOR. Espeso, volátil, herido, roto... Esta suite para Susan Moore y su hijo Damion puede asociarse a todos esos adjetivos. Y es que este exorcismo musical del cantautor maldito no se alinea exactamente con el dolor, pero tampoco con la celebración de la vida familiar que lo motiva. Diría que rebosa anhelo en cada surco: el deseo de cumplir un sueño aun a sabiendas de que no va a poder ser.

Un vómito sentimental que es simplemente demasiado para el que se acerca por primera vez a la obra del de Oregón. Se suponía que iba a ser el sumun de su discografía. Un elaborado trabajo conceptual sobre los supuestos placeres de esa arcadia que nunca es la vida doméstica, que se beneficia de una atmósfera nebulosa y preñada de eco, pero que no sobrevive ni a los recitados, que más que poéticos son absolutamente anticlimáticos, ni a la indefinición de sus momentos experimentales, ni, y esto es casi definitivo, a los nueve minutos y pico de "One, One, the Perfect Sum". Simplemente horrible.

Un detalle nada menor que tampoco tiene mucho que ver con lo que suena en el álbum. Un álbum que empieza ya extraño, con un Hardin que trata de dar nueva vida a los acordes de "House of the Risin' Sun" mientras trata de apuntalar una melodía totalmente diferente con su voz en "First Love Song". Eso parece que se lo vuelve a traer del jazz que tanto adoraba. También las atmósferas nocturnas llenas de armónicas sutiles y pianos eléctricos junto a las sempiternas guitarras acústicas marca de la casa. Según cuenta, el cantautor colocó un micrófono en cada habitación de su cabaña de Woodstock mientras el productor, Gary Klein, se alojaba en un hotel cercano esperando la llamada de Tim día y noche para ponerse manos a la obra. Nunca se sabe cuándo va a llegar la inspiración y parece que el autor tenía miedo de no capturarla en el momento indicado.

Como podemos observar, un disco en el que Hardin se implicó como en ningún otro, con buenas ideas y mejores intenciones, pero con un resultado totalmente descompensado y casi diría que anémico. La ausencia de grandes canciones para recordar es más que sintomática de todo esto. Y luego están los recitados y los experimentos. Demasiados obstáculos como para que el oyente pueda concentrarse en una escucha placentera y continuada sin desconectar. Pudo haber sido majestuoso y acabó rozando el fracaso total. Aun así, sigue siendo interesante acercarse a fisgonear.

★★☆☆☆

Implication I
A1 First Love Song
A2 Everything Good Become More True
Implication II
A3 Question of Birth
A4 Once Touched by Flame
A5 Last Sweet Moments
Implication III
B1 Magician
B2 Loneliness She Knows
End of Implication
B3 The Country I'm Living In
B4 One, One, the Perfect Sum 🕱
B5 Susan

Total: 43 min.  

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miércoles, 5 de noviembre de 2025

Viendo la nada crecer / Esperando a verla desaparecer

Requiem for an Almost Lady (Lee Hazlewood, 1971)

 

COUNTRY DE AUTOR. Ya es bastante duro el escribir y habitar un disco de divorcio. No todos los que se han tirado al barro han salido airosos en el intento. Menos aún cuando la tarea incluye más de un álbum de esas características. En este ámbito, Lee Hazlewood parece moverse como pez en el agua. Con una facilidad pasmosa, utiliza diferentes obras para narrarnos la ruptura en sus diferentes fases. Ese divorcio inminente que prácticamente se puede tocar con las manos (Love and Other Crimes, 1968); el duelo inconsolable tras la consumación de la ruptura (Requiem for an Almost Lady, 1971); la huida y el exilio como expiación (Cowboy in Sweden, 1970); y el balance amargo ya en frío (Poet, Fool or Bum, 1973). Fases dolorosas de un fracaso que el de Oklahoma radiografía con una pericia y una naturalidad que hace de estas obras retratos incomparablemente hermosos y dolorosamente auténticos. 

Cuando Hazlewood escribió esta oda a la desintegración de su vida en común con Suzi Jane Hokom, el cowboy ya se había trasladado a Suecia y grabado ese pastiche que fue Cowboy in Sweden (1970). Un disco que era la banda sonora de la película del mismo título y que se componía de canciones nuevas y viejos temas remozados para la ocasión. Un intento de lamerse las heridas que necesitaba del intimismo y el detallismo de este, inmediatamente posterior, Requiem for an Almost Lady. Una obra mucho más milimétrica y cruda. En ella el cantautor vuelca su mirada serena pero todavía llena de unas heridas que no habían cicatrizado del todo.

El disco empieza con una confesión devastadora y a quemarropa en la que Lee nos cuenta que al principio no había nada, pero que era divertido ver como esa nada crecía. Al final, después de hacer balance de los buenos y los malos momentos, de las victorias pírricas y las derrotas aplastantes, pone un colofón aún más amargo al decir que al final seguía sin haber nada, pero que tampoco había diversión alguna en el hecho de esperar que esa nada terminara. Un final en el que no ofrece esperanza ni reconciliación siquiera consigo mismo. Algo que hace de este disco un asunto muy incómodo para el oyente, pero que a la vez lo reviste de una verdad absolutamente irrefutable. Puede que prefiramos los finales felices. Sin embargo, Lee demuestra que sabe de qué va esto de vivir. No siempre se gana, y lo que es más importante: no siempre podemos encontrarle el lado bueno a las derrotas. A veces simplemente no lo hay.

★★★★☆

A1 I'm Glad I Never... 1:02
A2 If It's Monday Morning 3:53
A3 L.A. Lady 2:19
A4 Won't You Tell Your Dreams 3:51
A5 I'll Live Yesterdays 2:50
B1 Little Miss Sunshine (Little Miss Rain) 2:31
B2 Stone Lost Child 2:00
B3 Come On Home to Me 2:51
B4 Must Have Been Something I Loved 1:38
B5 I'd Rather Be Your Enemy 2:12

Total: 25:07

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miércoles, 13 de septiembre de 2023

Días oscuros

Grace and Danger (John Martyn, 1980)

FOLK HECHO PEDAZOS. Tratando de recoger los pedazos de su relación con Beverly Kutner, John Martyn se refugia en la colaboración con su gran amigo Phil Collins y juntos tratan de modernizar el sonido del bardo escocés. Un intento que tampoco fue tan lejos como cabría esperar. La personalidad de Martyn, no lo duden ni un momento, no permitía más cabriolas de la cuenta en su acercamiento a la comercialidad.

Así las cosas, corazones rotos de por medio, drogas y alcohol a raudales, alianza algo más intensa con un funk que ya llevaba tiempo acariciando... El disco de divorcio de Martyn no deja de contener ese sonido extraño y único que siempre había destilado. Sigue habiendo jazz y melodías oblicuas. ¡Pues vaya domesticación de pacotilla! dirán ustedes. Y sí, todo eso se queda más en la intención que en la concreción, por mucho que sí que haya momentos más cercanos, más agradables y a veces más predecibles y aburridos. 

Casi de todo podemos encontrar en un disco que, como la mayoría de las crónicas tras una separación traumática, satisface siempre más al autor que al público. Ya lo sé, ahí está Blood on the Tracks (Bob Dylan 1975), pero no me negarán que esto está más cerca de cosas más dudosas, como Here, My Dear (Marvin Gaye, 1978) o Suite for Susan Moore and Damion: We Are One, One, All in One (Tim Hardin, 1969). Un poco mejor o un poco peor, lo cierto es que lo mayor virtud de este disco es el bravo intento por reinventarse que tuvo un John Martyn que siempre se caracterizó por ser dueño de una inquietud envidiable.

★★★☆☆

A1 Some People Are Crazy 4:19
A2 Grace and Danger 4:02
A3 Lookin' On 5:11
A4 Johnny Too Bad 3:56
B1 Sweet Little Mystery 5:28
B2 Hurt in Your Heart 4:58
B3 Baby Please Come Home 3:56
B4 Save Some (For Me) 3:34
B5 Our Love 3:57

Total: 39:21

Xxx

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