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miércoles, 13 de septiembre de 2023

Días oscuros

Grace and Danger (John Martyn, 1980)

FOLK HECHO PEDAZOS. Tratando de recoger los pedazos de su relación con Beverly Kutner, John Martyn se refugia en la colaboración con su gran amigo Phil Collins y juntos tratan de modernizar el sonido del bardo escocés. Un intento que tampoco fue tan lejos como cabría esperar. La personalidad de Martyn, no lo duden ni un momento, no permitía más cabriolas de la cuenta en su acercamiento a la comercialidad.

Así las cosas, corazones rotos de por medio, drogas y alcohol a raudales, alianza algo más intensa con un funk que ya llevaba tiempo acariciando... El disco de divorcio de Martyn no deja de contener ese sonido extraño y único que siempre había destilado. Sigue habiendo jazz y melodías oblicuas. ¡Pues vaya domesticación de pacotilla! dirán ustedes. Y sí, todo eso se queda más en la intención que en la concreción, por mucho que sí que haya momentos más cercanos, más agradables y a veces más predecibles y aburridos. 

Casi de todo podemos encontrar en un disco que, como la mayoría de las crónicas tras una separación traumática, satisface siempre más al autor que al público. Ya lo sé, ahí está Blood on the Tracks (Bob Dylan 1975), pero no me negarán que esto está más cerca de cosas más dudosas, como Here, My Dear (Marvin Gaye, 1978) o Suite for Susan Moore and Damion: We Are One, One, All in One (Tim Hardin, 1969). Un poco mejor o un poco peor, lo cierto es que lo mayor virtud de este disco es el bravo intento por reinventarse que tuvo un John Martyn que siempre se caracterizó por ser dueño de una inquietud envidiable.

★★★☆☆

A1 Some People Are Crazy 4:19
A2 Grace and Danger 4:02
A3 Lookin' On 5:11
A4 Johnny Too Bad 3:56
B1 Sweet Little Mystery 5:28
B2 Hurt in Your Heart 4:58
B3 Baby Please Come Home 3:56
B4 Save Some (For Me) 3:34
B5 Our Love 3:57

Total: 39:21

Xxx

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lunes, 11 de septiembre de 2023

Arc of a diver

One World (John Martyn, 1977)

 

FOLK OCEÁNICO. Asqueado del negocio musical, Martyn se tomó un año sabático en 1976 y pasó un tiempo en Jamaica (ni siquiera él parece acordarse de cuánto), en casa de Chris Blackwell, gerifalte de Island records y  productor de este disco. Allí trabó amistad con músicos locales, incluido un Lee "Scratch" Perry con el que compartía un estilo similar a la hora de grabar, dando protagonismo al eco por encima de casi todo lo demás. Aun pareciéndose como un huevo a una castaña si atendemos a la música de ambos, Perry coescribió "Big Muff" con Martyn y definitivamente se puede decir que hubo una cierta retroalimentación que influenció a ambos artistas.

Lo que no significa que lo que suena aquí tenga algo que ver siquiera de lejos con el reggae, que no. Sí que puede sonar funk en ciertos momentos y sí que el eco multiforme del echoplex nos puede remitir, forzando un poco las cosas, al dub, pero, para bien o para mal, lo que descorcha aquí el escocés sigue siendo cosecha propia de todas todas.

Una cosecha propia que como venía siendo habitual basa el grueso de sus poderes en un sonido apabullante, cristalino pero poderoso, alucinante pero terrenal. Un sonido en el que el bajo bulle, la guitarra tintinea y lo ultraterreno se nos presenta en forma de fantasmas y melismas reverberantes capaces de inducir la hipnosis más profunda. Ese es el secreto de un álbum en el que manda el conjunto sobre las individualidades. Un disco hermosísimo en el que las cosas suceden de una manera pausada, casi imperceptible, pero inexorable.  

Por eso no esperen nombres propios, no esperen esa canción definitiva que cambia el partido a su favor ella solita. Es cierto que podemos tener nuestros niños mimados, que "Couldn't Love You More" es preciosa, que "One World" lleva el misterio a un lugar que no conocíamos, o que "Dealer" es contagiosa y pizpireta hasta lo indecible. Aun así, lo mejor es abandonarse al suave flujo de las mareas, dejarse mecer y arrastrar, y ver a dónde nos lleva una de las obras maestras más intachables de John Martyn. Y no dejen de intentarlo. Yo he tardado casi una semana en darme cuenta. Eso sí, a fuego lento, todos lo sabemos, todo acaba sabiendo mucho mejor.

★★★★☆

A1 Couldn't Love You More 3:04
A2 Certain Surprise 3:51
A3 Dancing 3:53
A4 Small Hours 8:37
B1 Dealer 4:56
B2 One World 4:01
B3 Smiling Stranger 3:29
B4 Big Muff 6:12

Total: 38:03

Los discos poderosos de verdad suelen contar con una ambientación que los hace únicos. Son sugerentes por sí mismos y muchas veces no podemos explicar bien el porqué. 

 
 
En este caso, One World me llena la mente y el alma de océano. Bueno, más que de océano, de isla. Por supuesto que no puedo sentir todo esto sin saber todo lo que sé sobre su gestación. El que surgiera de la experiencia jamaicana de su autor es clave para esta asociación. Su portada también lo es, por supuesto. Pero lo que también me lleva a toda la sensación de aislamiento que la insularidad conlleva es que el matrimonio de Martyn con Beverly estaba en pleno proceso de desintegración en esos momentos. Algo que permea una obra que trata de esconder un dolor demasiado grande como para que no se note.
 
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domingo, 10 de septiembre de 2023

Sublimándose en tiempo real

Live at Leeds (John Martyn, 1976)

VAPORIZACIÓN. Lo que más me sorprende de este disco es la jeta de John Martyn al inspirarse (o caricaturizar) el famosísimo directo del mismo título que sacaron los Who en 1970. Seis años después, el inglés criado en Escocia se permite el lujo de imitar el aspecto casero y casi de disco pirata en esa portada que los londinenses se habían sacado de la manga como su última provocación. Lo que pasa es que en el caso de Martyn no se trata simplemente de una pose, sino que él mismo se encargó de costear la edición del álbum en una tirada inicial de 10.000 copias numeradas y firmadas.

Toda esta independencia, sin embargo, no redundó en honestidad extrema, no se crean. El hecho de que con el tiempo se haya descubierto que varias canciones de este álbum no fueron grabadas en Leeds, en el mismo recinto precisamente en el que los Who dieron su mítico concierto, no es algo que quede bonito en el currículum de Martyn. A mí me importa bien poco, pero hay que dejar claro que las versiones de  "Outside In" y "Solid Air" se sacaron de otro concierto en Londres.

Si eres de los que se pueden sentir ofendidos por ese detalle, también hay solución, no te preocupes. En la edición deluxe de 2010 podrás disfrutar del concierto íntegro con las versiones de Leeds de las dos canciones mencionadas además de los ensayos de la tarde previos al concierto. Todo remozado en las bromas y los insultos que se gastaban Martyn y el contrabajista, Danny Thompson, auténtica muestra del sentido del humor de un artistazo que necesitaba quitar hierro constantemente a esas inmersiones a pulmón que suponía su música, una de las cosas más románticas, apasionadas y preciosas que puedan meterse por tus oídos. 

Música muy fuerte y muy sentimental, en resumen. Todo a la vez. Con el poder superlativo de lo progresivo y la sutileza acariciante de lo acústico. Eso sí, esto no está pensado para hacer nuevos amigos. No, no lo recomendaría para adentrarse en el mundo único e intransferible del cantautor, sino que más bien lo veo como material de estudio para adeptos ya entrenados.

★★★☆☆

A1 Outside In
A2 Solid Air
B1 Make No Mistake
B2 Bless the Weather
B3 The Man in the Station
B4 I'd Rather Be the Devil
 
Total: 49 min. 

Xxx

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miércoles, 6 de septiembre de 2023

Aire sólido

Solid Air (John Martyn, 1973)

 

FOLK GASEOSO. Solid Air es el cuarto álbum de John Martyn en solitario, puede que su pináculo, un tratado detallado y elegante sobre la maestría de la guitarra acústica. Eso ya sería más que suficiente para colocarlo en su altar. Si fuera lo único que puede reclamar esta joya, que por supuesto no lo es.


En Solid Air se amontona la gracia por doquier. Más allá de su canción más famosa, la arquetípica "May You Never", derrocha arte por los cuatro costados en términos de composición, interpretación y atmósfera. No tiene igual en todos sus detalles. Los increíbles teclados de John 'Rabbit' Bundrick son clave a la hora de crear ese sonido envolvente como de gasa; el contrabajo de Danny Thompson es de otro mundo y quizá sea la contribución más importante en este sentido. Vean sin ir más lejos la canción titular y comprobarán a lo que me refiero. Uno de los mejores bajos jamás grabados.

Todo este colchón es el lujazo perfecto para que Martyn se recree y acaricie sus guitarras para registrar una de sus interpretaciones más impresionantes. Ya sea a la acústica o a la eléctrica, se sale. Da una lección magistral de contención, sentimiento, precisión y amor por el instrumento. Como su amigo Nick Drake, desaparecido año y medio después de la edición de este disco, y al que dedica el tema que lo abre. Compartió con él la pasión y la maestría, esa invocación arcana del sonido puro, ese que se arremolina alrededor de sus manos y sus labios, que se hace gas y agua y acaba solidificándose en volutas de plata. Ese aire sólido del que nos habla y que celebra. Eso que muy pocos conocen y casi nadie puede fabricar. 

A1 Solid Air 5:43
A2 Over the Hill 2:52
A3 Don't Want to Know 3:00
A4 I'd Rather Be the Devil 6:17
B1 Go Down Easy 3:34
B2 Dreams by the Sea 3:15
B3 May You Never 3:40
B4 The Man in the Station 3:50
B5 The Easy Blues 3:19
Total: 35:30

El hecho de que la primera canción y casi diría que el disco entero, por titularse igual, se lo dedique a un Nick Drake que no pasaba por su mejor momento nos dice muchas cosas. 

La canción parece hablarnos de lo inescrutable de la mente de su amigo, sumido como estaba en la depresión y hasta arriba de medicamentos. Ofrece un paisaje de comprensión ante la dimensión del problema y también es una mano tendida sincera y emocionante. Parece más un intento desesperado por ayudar que un lamento por el fatal desenlace que se avecinaba y que, dejemos a un lado el morbo de la profecía, nadie se esperaba.

Por todo esto estamos ante un documento de un valor incalculable, una auténtica crónica epistolar en forma de canción entre dos genios que se apreciaban y se admiraban de manera sincera y entrañable.

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martes, 5 de septiembre de 2023

Bendito sea el viento

Bless the Weather (John Martyn, 1971)
 

FOLK LÍQUIDO. Después de cuatro discos muy voluntariosos, dos de ellos con autoría compartida con su esposa Beverly, John Martyn empieza a volar con el que sería el gran punto de arranque en su discografía. Un álbum que ya anuncia muchas de las maravillas que nos íbamos a encontrar en su magistral Solid Air (1973). Un trabajo en el que dominan los sonidos acústicos, en el que el escocés busca nuevas aproximaciones melódicas para hacer suyo el blues y el folk de toda la vida, y en el que empieza a experimentar con el echoplex, una cinta sin fin que le permitía añadir ecos ultraterrenos con su guitarra acústica.

Un disco excelente, así sin paliativos. No me extraña que la opinión general lo sitúe como una de las cimas del autor y de todo el folk británico, si bien me parece algo exagerado. Aun careciendo de la potencia artística de su sucesor, la forma en la que Martyn se pasea por el tremendo arco expresivo que tiene su voz para deleitarnos con su celebración del amor es de un nivel mayúsculo. A veces parece que está untando las sílabas sobre esos acordes entre pellizcados y rasgados que lo han hecho único en su especie. Muchos son los que se empeñan en compararlo con su amigo Nick Drake. Algo hay de eso, pero aun prefiriendo siempre al de Birmania, tengo que reconocer que el escocés aprovecha mucho mejor su laringe a la hora de explorar todo su potencial comunicativo.

Todas estas loas me gustaría que quedaran matizadas convenientemente. El fundido entre la voz y el ritmo, y la melodía a la guitarra es magnífico, pero nada si lo comparamos a lo que estaba por venir. Lo que no le resta mérito alguno a un autor capaz de entregar ya joyas del calibre de "Go Easy", "Bless the Weather", "Head and Heart", "Let the Good Things Come" o "Glistening Glyndebourne". De todas ellas, "Head and Heart" es la favorita de la afición, candidata a mejor canción de su repertorio, y "Glistening..." es un experimento instrumental en el que el echoplex nos ofrece una aproximación al folk desde una perspectiva jazzística. Auténticos motivos de peso para enamorarse de un Bless the Weather al que ya no le va nada el disfraz de patito feo.

★★★★☆

A1 Go Easy 4:15
A2 Bless the Weather 4:29
A3 Sugar Lump 3:43
A4 Walk to the Water 2:49
A5 Just Now 3:39
B1 Head and Heart 4:54
B2 Let the Good Things Come 3:05
B3 Back Down the River 2:40
B4 Glistening Glyndebourne 6:30
B5 Singin' in the Rain 1:28
Total: 37:32