domingo, 11 de enero de 2026

¿No te desnudarás para mí?

Live Songs (Leonard Cohen, 1973) [DIRECTO]

CANCIÓN DESNUDA. Es bien sabida la alergia al escenario del primer Leonard Cohen. El miedo escénico y el pánico a adelgazar la profundidad emocional de sus canciones a base de repetirlas pesaba demasiado en un cantautor que, antes que eso, era poeta. Un escritor al que le costó poner música a sus versos, pero que se resistió aún más a sacarlos de gira.

Así aguantó la presión hasta que hubo que promocionar su segundo disco, Songs from a Room (1969), momento en el cual se embarcó en una gira europea para saciar las ansias de la discográfica y, quién sabe, para probarse a sí mismo. A partir de esa gira ensamblaron este disco. Un producto imperfecto, compuesto básicamente por temas de ese segundo álbum y que cuenta con la capacidad para revivir el ritual a partir de esa solemnidad marca de la casa, pero también con algunos defectos que no podemos pasar por alto.

Para empezar, el sonido no ayuda —o tal vez, bien mirado, su calidad lo-fi, casi casera, acaba acentuando la desnudez de las canciones. Pero es que incluso tomándolo como el punto fuerte del disco. Por mucho que adoremos lo esquelético. Por más que disfrutemos de un artista que declama con tono fantasmal sus anhelos y derrotas, herido, sobrio o en llamas, no podemos obviar la falta de consistencia de una obra que muere un poco con cada fade out entre canción y canción. Eso por si no quedaba claro que aquí se han seleccionado interpretaciones de diferentes conciertos. Algo que no podemos olvidar en ningún momento y que afecta a nuestra capacidad de inmersión.

Luego están esos casi 14 minutos de travesía del desierto con "Please Don't Pass Me By", entre la congoja y el éxtasis. Catorce minutazos que acaban sacando pecho ante dudas y fallos flagrantes como "Improvisation" o "Queen Victoria". Esta última utiliza versos de "Queen Victoria and Me", de su poemario Flores para Hitler (1964), y fue grabada en una habitación de hotel de Tennessee. Ni que decir tiene que toda esa improvisación y casi diría que autoindulgencia se nota demasiado. 

Todos estos detalles hacen de este primer registro en directo del canadiense un objeto tan intrigante como fallido. El reflejo perfecto de la seriedad y el miedo con los que Cohen se tomaba sus apariciones en directo. La certificación de lo mucho que adoraba unas canciones que se arrancaba del tuétano de su alma con cada nueva interpretación, siempre cambiante, siempre viva. Un contenedor de emociones que, además, tiene temas que no vamos a encontrar en ningún otro álbum. Sin embargo, la emoción es amputada con demasiada frecuencia como para poder decir que aquí podemos sumergirnos de manera fidedigna en la experiencia de los recitales del primer Leonard Cohen. Un disco estupendo, de acuerdo, pero, a la vez, de esos que plantean demasiadas dudas.

★★★☆☆

A1 Minute Prologue 1:12
A2 Passing Thru 4:00
A3 You Know Who I Am 5:35
A4 Bird on the Wire 4:10
A5 Nancy 3:50
A6 Improvisation 3:12
B1 Story of Isaac 3:48
B2 Please Don't Pass Me By (A Disgrace) 13:55
B3 Tonight Will Be Fine 6:08
B4 Queen Victoria 3:20

Total: 49:10

Bird of a Wire (Tony Palmer, 1974) [VIDEO]

 

DOCUMENTAL. Es bien conocida la alergia al directo de Leonard Cohen. Sobre todo en sus primeros años. Por si alguien dudaba de ello y lo tenía por impostura, aquí está este documento para documentar la verdad suprema de un momento totalmente transformador en la carrera del cantautor canadiense. Tony Palmer registró para la posteridad la legendaria gira de Cohen por Europa e Israel entre marzo y abril del año 1972. No se limitó a las canciones. De hecho, la miga aquí está en los entresijos, los problemas, las dudas y los miedos que bullían entre bambalinas. La película resultante se estrenó en el Rainbow Theatre de Londres en 1974 para pasar rápidamente al olvido durante décadas.

No fue hasta 2010 cuando Palmer rescató las cintas, las restauró y editó la película en DVD. Gracias a ello podemos disfrutar a día de hoy de un documento único, con poco recorrido más allá del círculo del fandom más duro de Cohen, pero realmente revelador para cualquiera que se acerque a su figura. Una película fantasmal e íntima hasta la pornografía emocional. Una carga emocional que se potencia con unos primeros planos crudísimos para ahondar en la psicología de un cantautor completamente alérgico a la pose y a todo el circo de una industria en la que se sentía como un verdadero alienígena.

Toda eso está en la película. El miedo escénico del artista. Su miedo a venderse al mejor postor con la repetición ardua y sin alma de unas canciones que se había arrancado del alma. Su compromiso inamovible con el arte por encima de cualquier consideración económica... Cosas que ya sabíamos de él, pero que aquí quedan documentadas con una precisión y una falta de pudicia que traspasan más de una línea en cuanto a la intimidad del retratado.

Sin embargo, gracias a esta falta de pudor, hoy podemos entender mejor a Leonard Cohen. Podemos tener claro que sus canciones siempre han sido de verdad. Que lo que cuentan salía de lo más profundo de su ser. Que pocos artistas se han tomado tan en serio su labor como transmisores de emociones como él. Y que hacemos muy bien en tener estas canciones pegadas en el alma para siempre. Por mucho que las canciones aparezcan aquí amputadas en casi todo momento, que lo que nos cuenta la película no deje de estar fragmentado y por momentos demasiado vulgar.

A ver, es lo que hay si hablamos de la vida en la carretera. Es un motivo más para acabar exhausto y preguntarte si realmente merece la pena. Si realmente mereces la pena. Al final, tengo que quedarme con la reacción del público en su cierre de gira en Jerusalén. Una audiencia extasiada, perdonando que Cohen entrara y saliera del escenario sin fuerzas para seguir. Una audiencia que se sabía todas las canciones y estaba dispuesta a cantar por él. Ahí es donde él y sus músicos rompen a llorar entre bambalinas. La prueba fehaciente de que todo lo que has visto era la más pura y cruda verdad. Solo por eso ya podemos decir que estamos ante una película de nivel legendario. Un documento de valor incalculable para poner sobre la mesa la dificultad a la hora de compaginar integridad y dólares. Y sin impostura alguna. Por si algún cerdo sin escrúpulos lo dudaba, va a ser verdad eso de que Leonard Cohen ha sido uno de los más grandes.

 

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