
CINE NEGRO. El cuarto disco de estudio de Tom Waits es un asunto espinoso. Hay tantos aficionados diciendo que sufre por estar emparedado entre dos obras de la talla de Small Change (1976) y Blue Valentine (1978) como los que afirman que el álbum es malo sin excusa que valga. En mi caso, siempre me he alineado con los segundos... Hasta mis últimas escuchas, las cuales me dejan en esa tierra de nadie en la que es necesario hacer la media entre los extremos.
Y estoy seguro de que me voy a acabar quedando en esa interzona. Porque es tan cierto que el nivel aquí baja un escalón como que Foreign Affairs sufre de un linchamiento que no merece en absoluto. Eso es lo que me dice su portada de cine negro, sus arreglos sencillos que huyen de las orquestaciones del anterior y, en definitiva, su sonido mate. Una atmósfera que, como le dijo el productor Bones Howe al escuchar las maquetas, era de película en blanco y negro.
Todo eso son detalles que suman, pero a la vez restan en una obra diferente del de Pomona. Un trabajo en el que consigue acercarse más que nunca al más puro jazz vocal, pero que no podemos colocar junto a las grandes obras de Sinatra, Armstrong, Simone o Holiday. Esa es la pena para un disco en el que las melodías están apenas esbozadas, como a medio terminar, y los recitados se pueden hacer tan pesados como en una "Potter's Field" que puede hacerte perder la fe en el cantautor.
Menos mal que al final consigue salvar el desaguisado con canciones más memorables, como "Muriel", "A Sight for Sore Eyes" —en la que juega con el "Auld Lang Syne" y la melodía navideña de "The First Noel"—, "Burma Shave" o "Foreign Affair". Canciones que, aun lejos de los hitos de sus discos anteriores, nos traen a un compositor que puede estar algo perdido en este periodo de su vida, pero que no ha perdido ni el filo ni el instinto a la hora de cazar esas canciones, de pensar como la canción e impersonarse en ella. Una técnica que mejoraría horrores desde aquí, pero siempre ha estado presente en su proceso creativo. Incluso en este álbum de enganche, nada impresionante, pero tampoco tan malo como algunos te quieren hacer creer.
★★★☆☆
A1 Cinny's Waltz 2:17
A2 Muriel 3:33
A3 I Never Talk to Strangers 3:38 feat. Bette Midler
A4 Medley: Jack & Neal / California, Here I Come 5:01
A5 A Sight for Sore Eyes 4:40
B1 Potter's Field 8:40
B2 Burma-Shave 6:34
B3 Barber Shop 3:54
B4 Foreign Affair 3:46
Total: 42:03
El disco suena y se presenta deliberadamente como la banda sonora de cualquier película de cine negro o de alguna novela del estilo. Tomemos, por ejemplo, Perdición (Billy Wilder, 1944), aunque valdría casi cualquier otra del período clásico de Hollywood.
La película narra la historia de Walter Neff, un agente de seguros que es seducido por la malvada Phyllis Dietrichson para asesinar a su esposo y cobrar un jugoso seguro de accidente doble, desencadenando una espiral de traición, culpa y persecución implacable.
Creo que el argumento por sí mismo explica la relación directa entre este álbum y todo un género literario y cinematográfico. Pocos artistas tan peliculeros como Tom Waits, eso es seguro.
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