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sábado, 10 de enero de 2026

Vida, muerte y trascendencia

 
Título: Sinfonía nº 2 en do menor; "Resurrección"

 Título original: „Sinfonie Nr. 2 in c-Moll („Auferstehung“)“

Autor: Gustav Mahler

Año de composición: 1888-94

Género: Romanticismo tardío
  

Grabaciones de referencia:

  • Symphony No. 2 in C minor "The Resurrection Symphony" (New York Philharmonic / Leonard Bernstein, 1964) ★★★★☆
 
 

“Una sinfonía debe ser como el mundo. Debe abarcarlo todo: alegría, sufrimiento, amor, muerte, todo lo que existe en la vida.” (Gustav Mahler) 

Esta segunda sinfonía marca un momento definitivo en el arte de Mahler. Compuesta en un período de intensa actividad musical como director de orquesta, representa el instante en el que el compositor sella su idea de hacer de esa forma musical un vehículo filosófico y existencial más allá de la mera sucesión de notas y acordes. La materialización de la cita con la que empezábamos este texto.

Inspirada en la pieza coral Aufsteh'n de Carl Heinrich Graun sobre unos versos de Friedrich Gottlieb Klopstock, esta sinfonía es la primera en poder llamarse mahleriana en toda la extensión del término. Dicha página coral, instigadora de la creación de esta obra, la escucharía Mahler en el funeral de Hans von Bülow, famoso director de orquesta con el que había mantenido una amistad tensa y con altibajos a lo largo de su vida. Lo curioso del caso es que fue este director el que despreció sin reservas una pieza al piano que Mahler compuso en 1888, Totenfeier. Pieza que se transformaría en el primer movimiento de esta segunda sinfonía.

Curiosidades al margen, y dejando claro que estamos ante el majestuoso pórtico de entrada al sinfonismo monumental del compositor austriaco, habría que dar importancia también al empleo de la voz humana en los dos últimos movimientos de la sinfonía. Esto se materializa a través de un coro sencillo y ajustado a la acentuación de la palabra y el verso. Un coro que recita partes del texto de Klopstock mencionado arriba, pero que termina con una aportación clave de Mahler: un "¡moriré para vivir!" ("Sterben werd' ich, um zu leben!") con el que el compositor logra su aspiración de hacerse comprensible para el público, revelando el auténtico sentido de una sinfonía que musicaliza cuestiones como la inexorabilidad de la muerte, el porqué de la vida y la existencia del más allá. 

Es la inclusión de estos versos una de las innovaciones clave en su arte. No fue el primero en introducir la voz humana en esta estructura musical. Beethoven y Mendelssohn ya lo habían hecho antes, pero se puede decir que se hizo más frecuente, hasta el punto de institucionalizarse con Mahler. Una fanfarria vocal que contribuye a la monumentalidad de una música que explosiona en un finale grandioso. Una conclusión que encapsula todo lo desmesurado de un romanticismo que estaba dando sus últimos coletazos —o que quizás había acabado ya y esto eran los rescoldos. Una forma de no olvidar el pasado mientras se sientan las bases de lo que habría de ser un nuevo sinfonismo: más libre en su estructura, abierto a lo extramusical y al pensamiento filosófico, atento a la dilatación del tiempo y al contraste extremo como lenguaje expresivo. Rasgos que anticipan algunas de las tensiones que definirían al sinfonismo en el siglo XX.

Por último, si hay que elegir una versión, cosa harto complicada, creo que habría que detenerse en la grabación que Leonard Bernstein realizó en 1964 al frente de la New York Philharmonic. No porque sea el registro de referencia —no creo que exista tal cosa con esta sinfonía—, sino por la forma en la que el director siempre parece haber entendido a Mahler en general y a esta obra en particular. La manera en la que dilata los tiempos, carga de tensión los silencios y convierte el recorrido sinfónico en un auténtico viaje emocional ahonda en la carga existencial de una sinfonía que siempre ha destacado por su intensidad. Una vez más, Bernstein nos ofrece una lectura que parte de una experiencia vivida en lugar de quedarse en un ejercicio de equilibrio formal. Una grabación en la que lo confesional y lo exuberante cobran vida. Por eso, digo yo, tantos años después sigue siendo una de las grabaciones de la Segunda más influyentes, queridas y analizadas de la historia.

♪♪♪

1. Allegro maestoso. Mit durchaus ernstem und feierlichem Ausdruck
2. Andante moderato. Sehr gemächlich. Nie eilen
3. In ruhig fließender Bewegung
4. Urlicht. Sehr feierlich, aber schlicht
5. Im Tempo des Scherzos 

domingo, 28 de diciembre de 2025

Música a escala monumental

 
Título: Sinfonía nº 3 en re menor

 Título original: „Sinfonie Nr. 3 in d-Moll“

Autor: Gustav Mahler

Año de composición: 1893-96

Género: Romanticismo tardío
  

Grabaciones de referencia:

  • Symphony No. 3 in D minor (New York Philharmonic / Leonard Bernstein, 1962) ★★★★☆

Mahler siempre ha sido analizado como un continuador de las enseñanzas de Liszt, Wagner o Brahms. También de la poesía y la filosofía, con figuras del calibre de Nietzsche permeando algunos matices de sus obras. Este filósofo es especialmente importante para el trasfondo de esta sinfonía. Sin embargo, si tenemos que nombrar a una figura capital para el aprendizaje sinfónico de Mahler, ese sería sin duda Beethoven, una verdadera referencia para la arquitectura monumental que el austriaco fue desarrollando en esta forma musical.

En cuanto a esta tercera sinfonía, nos encontramos ante la que puede ser su obra más ambiciosa, dramática y colosal. Lo que sí está claro es que, si nos centramos en sus sinfonías, esta es la más gigantesca. No solo por su duración, la cual oscila entre los 90 y los 105 minutos, dependiendo de la interpretación, sino por su enorme complejidad tanto orquestal como, sobre todo, emocional. Esto no hace especialmente fácil sentarse a disfrutar de esta música, pero sin duda es un esfuerzo que será altamente recompensado. Solo hay que dejarse vapulear por esta música tumultuosa, en el lado opuesto del minimalismo y absolutamente subyugante si la dejamos crecer como nos propone.

Y para someternos como es debido, tomaremos una grabación clásica que tasa muy alto en el inconsciente colectivo. Me refiero a la que realizó Leonard Bernstein al frente de la Sinfónica de Nueva York en 1962, obra que, a pesar de los años, sigue manteniendo la adoración casi intacta. Los motivos saltan a la vista: Bernstein introdujo a Mahler en un repertorio, el estadounidense, en el que no había tenido cabida con la suficiente profusión hasta entonces; y luego está el toque secreto del director norteamericano, a partir del cual consigue sacar toda la carga filosófica y emocional de una pieza en la que amplifica los tempos lentos y aporta esa sonoridad cálida y potente en los nubarrones que enmarcan la tempestad. 

Al fin y al cabo, todo lo que ha sido siempre Bernstein: sentimiento, contraste y emoción a flor de piel. Algo que siempre agradeceré en la interpretación de los clásicos porque creo que es la única forma de hacerlos eternos. Y algo que con Mahler se hace imprescindible. No me extraña que cambiara la percepción del compositor austriaco para siempre. No solo en su país, sino en todo el mundo.  

♪♪

1. Kräftig. Entschieden
2. Tempo di menuetto
3. Comodo (Scherzando)
4. Sehr langsam - Misterioso
5. Lustig im Tempo und keck im Ausdruck
6. Langsam - Ruhevoll - Empfunden