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lunes, 26 de agosto de 2024

Bordeando el bushidō

Discipline (King Crimson, 1981)

 

ROCK ETNO-PROGRESIVO. Después de un hiato de siete años y de entregar una obra maestra del calibre de Red (1974), King Crimson se reforma bajo los auspicios de Robert Fripp y completa un formato de cuarteto con Tony Levin al bajo, Bill Bruford a la batería y Adrian Belew a la guitarra y voz. Esta puede considerarse la formación más estable de la banda, alineación con la que completarían dos discos más.

Sin duda, la adición más definitiva para el nuevo sonido del combo fue la de Belew, guitarrista feroz y absolutamente iconoclasta trabajado y forjado con gente de la exigencia y el nivel de David Bowie, Frank Zappa o Talking Heads. Precisamente se unía al rey carmesí después de la fastuosa gira de esa joya llamada Remain in Light (Talking Heads, 1980), donde su guitarra era un ingrediente más que importante. Y no se puede decir que no se trajera nada de dicha colaboración. Que me perdonen los fanáticos, pero todo el sonido étnico mezclado con la insolencia de la new wave más experimental no puede venir de otro sitio que de su contacto con los rostros parlantes.

Que Robert Fripp transigiera con esta nueva dirección, además de resultar sorprendente, da fe de la inteligencia y el instinto que siempre ha conservado el genio de Dorset. Sabedor de que la banda, después de siete años en barbecho, necesitaba un nuevo rumbo, se decidió por hacerla sonar más contemporánea que ninguna, pero desde un ángulo tan obtuso que no lo pareciera. Así, la new wave lo invadió todo en el sonido de la banda, eso sí, desde una óptica étnica que ya venía anunciando gente como Peter Gabriel y que Paul Simon reventaría algo más de un lustro después. África y Asia resuenan en estos surcos con una fuerza solo comparable al duelo de guitarras entre Fripp y Belew, un auténtico festín en el que el de Kentucky logra sacar unos sonidos de su instrumento de un exotismo alienígena.

En definitiva, lo que más impacta del plástico es cómo consiguen sonar retadores a partir de unas sonoridades más o menos asequibles, duros y crudos a partir de sintetizadores de fantasía. Con ellos nunca hay lugar para la duda. Acertarán más o menos, se acercarán mucho o darán en el centro de la diana. Lo que no han hecho nunca, te guste su obra o no, es errar el tiro por completo. Los otros dos discos que seguirían a este son otra historia bien diferente, pero con Discipline King Crimson entran en los 80 por la puerta grande. Con un trabajo mayúsculo que no tiene nada que envidiar a sus momentos más inspirados.

★★★★☆

A1 Elephant Talk 4:42
A2 Frame by Frame 5:08
A3 Matte kudasai 3:45
A4 Indiscipline 4:31
B1 Thela Hun Ginjeet 6:25
B2 The Sheltering Sky 8:22
B3 Discipline 5:02

Total: 37:55

Me sigue sobrecogiendo cómo en este disco los músicos consiguieron seguir siendo progresivos mientras se daban un baño de modernidad e invocaban a todos los dioses paganos de África y Asia para sonar como lo hacen.

Está claro que el uso de instrumentos exóticos como el tambor de hendidura africano y la inspiración en formaciones musicales como el gamelán indonesio fueron definitivos a la hora de moldear el sonido de este álbum. Pero no menos importante es la dosificación y la ordenación de todos estos ingredientes tan inconexos a priori.


Todo este misticismo se redondea con la elección del nudo celta adaptado de un diseño de George Bain. Este tipo de ornamentación que podemos encontrar en lápidas, cruces y elementos de piedra de las construcciones celtas se basa en patrones de bucle infinito que van la mar que pintados para la filosofía trascendental que buscaba la banda con el sonido mayestático, polivalente y absolutamente avasallador de un disco, creo que lo he dejado claro, único.

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jueves, 30 de julio de 2020

De cabeza hacia la luz

Remain in Light (Talking Heads, 1980)
 

ART ROCK. Espoleados por las nuevas tendencias del cambio de década, Talking Heads se metieron en faena con la tarea en mente de crear una secuela digna de Fear of Music (1979). El hip hop venía pisando fuerte y su interés por los ritmos africanos ya había sido puesto de manifiesto en más de un detalle de sus grabaciones. Con todo este bagaje y la libertad creativa en modo on, los de David Byrne se pasaron el verano del 80 entre Bahamas y Philadelphia para grabar su obra maestra y uno de los mejores discos de la historia en cualquier género.

Parece ser que el grupo, Byrne sobre todo, estaba obsesionado con un disco por esa época, el Afrodisiac (1973) de Fela Kuti. Así, no es de extrañar que, usando este disco como plantilla y al nigeriano como gurú, el grupo se lanzara a grabar estas densas polirritmias que hacen al disco galopar como ninguno y son capaces de levantar a los muertos. El estilo sigue siendo ese rock arty que tan bien han facturado siempre, pero la inmersión en territorio africano es mucho más profunda que nunca antes.

La densidad de Remain in Light es algo que apabulla a cualquiera que se aproxime a él. Los ritmos mencionados te trepanan sin anestesia, no digamos ya las guitarras de Adrian Belew, auténticos machetes que abren las canciones en canal, véase "Crosseyed and Painless" y, sobre todo, "The Great Curve", puros tratados de ruido y groove a chorro. Ante todo esto nadie puede quedar impasible, ni ante los momentos más mainstream, es un decir, como el single, "Once in a Lifetime", una de sus mejores canciones, o ese cierre entre los estertores del apocalipsis llamado "The Overload", con el que parecen jugar a la ouija para invocar al fantasma de Ian Curtis.

Remain in Light tiene motivos más que de sobra para encaramarse a lo más alto de cualquier recuento histórico que se haga. Su sonido es sobrecogedor, su cantidad de detalles sónicos hacen que resista miles de escuchas. Siempre vas a descubrir algún detalle nuevo. Es un disco perturbador y hermoso, de una viveza a prueba de bomba. Una obra que muestra otra forma de hacer las cosas. Cuando medio mundo estaba retorciéndose con la angustia existencial del postpunk, ellos se miraron en los sonidos más vivos y más calientes para retorcerlos y crear algo propio. Tan propio que hoy este disco es el símbolo por el que Talking Heads serán recordados. Una obra que causa respeto, se haya escuchado o no. Una de esas ante las que caer de rodillas por los siglos de los siglos.
 

A1 Born Under Punches (The Heat Goes On) 5:46
A2 Crosseyed and Painless 4:45
A3 The Great Curve 6:26
B1 Once in a Lifetime 4:19
B2 Houses in Motion 4:30
B3 Seen and Not Seen 3:20
B4 Listening Wind 4:42
B5 The Overload 6:00
Total: 39:48


Podría haberlos relacionado con Andy Warhol y sus famosas serigrafías. La portada, el componente artístico de su música y que el grupo venga de Nueva York me empujaban a ello. La innovación, la modernidad y el aliento rupturista de pintor y músicos, también. Sin embargo, al final me decanto por otro pintor. El siempre sugerente y misterioso Magritte, con esa serie de cuadros inquietantes y turbadores en los que de una forma u otra tapa la cara de los protagonistas. Con velos gruesos y asfixiantes o con manzanas, el caso es provocar y hacernos pensar sobre las relaciones y nuestro lugar en el mundo. Exactamente igual que lo que han estado haciendo Talking Heads en toda su carrera, muy especialmente en esta, su obra maestra indiscutible.