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lunes, 6 de abril de 2026

La trampa y el cartón

Deceit (This Heat, 1981)
 

POST-PUNK RETORCIDO. Estamos ante el segundo y último álbum de una banda especial como pocas. Una banda que no encontró mejor forma de expresarse que a través de la improvisación y la instalación sonora más extrema. Con un pie en el post-punk y otro en el art rock más irreverente e indescriptible, los ingleses se despidieron con un disco en el que juegan con la sonoridad de su nombre en su título para acabar colándonos una trola en toda regla. Un engaño de esos en los que adoramos caer, todo sea dicho.

Porque lo que contiene este álbum, grabado en un almacén refrigerado en desuso, está atravesado por una coherencia totalmente inesperada en un artefacto de pulso tan aleatorio. Un bichejo bulboso nacido del apareamiento entre los rasgueos de guitarra más violentos y caóticos, una base rítmica siempre al borde del precipicio y una obsesión malsana por la devastación nuclear que venía de esos tiempos duros de una guerra fría que había imprimido su terror lejano pero profundo en las almas de Charles Hayward, Gareth Williams y Charles Bullen.

Sí, a eso podríamos decir que suena Deceit: al pavor que viene de vivir siempre en la cuerda floja del colapso. Un motivo de peso para que exorcizaran su pesimismo en canciones que hablan de radiación, incomunicación y barbarie. Todo desde una óptica gélida y totalmente expresionista por encima de la forma o las convenciones. Un sonido que me remite a discos como Low (David Bowie, 1977) o Fear of Music (Talking Heads, 1979). Después de romperlos en mil pedazos y pisotearlos, eso sí. Algo así como el Tago Mago (Can, 1971) o como el hormigueo previo al apocalipsis.

★★★★☆

A1 Sleep 2:14
A2 Paper Hats 6:02
A3 Triumph 2:55
A4 S.P.Q.R. 3:28
A5 Cenotaph 4:41
B1 Shrink Wrap 1:40
B2 Radio Prague 2:21
B3 Makeshift Swahili 4:04
B4 Independence 3:42
B5 A New Kind of Water 4:57
B6 被爆症 (Hi baku shyo) (Suffer Bomb Disease) 4:03

Total: 40:07

Este es uno de esos álbumes asociados a un período muy concreto. Las fotos de su artwork, las letras, los títulos de las canciones y su ambiente opresivo nos llevan directamente a los momentos en los que la amenaza nuclear estaba más al rojo que nunca. Una época de incertidumbre y miedo que nunca ha llegado a irse del todo y que parece estar volviendo con fuerza en esta mitad de la tercera década del siglo XXI.

 

Treinta y seis años después de Hiroshima y Nagasaki y a solo cinco años de Chernobyl, Deceit se convierte en todo un panegírico con tintes premonitorios. Un lamento y una advertencia a la que nadie hizo caso y que ha caído en el olvido más absoluto. Una vez más. ¿Aprenderemos alguna vez?  

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lunes, 28 de abril de 2014

Psiconautas benditos

Tago Mago (Can, 1971)

KRAUTROCK. Can, ese organismo pulsante y poderoso, se erige desde los rincones más oscuros del Inner Space (su estudio y base de operaciones) como la célula de exploración sónica definitiva. En su tercer disco sellan para la eternidad una forma de explorar los límites del sonido y la conciencia. Can, los más grandes psiconautas que haya dado el rock experimental, ofrecen en Tago Mago un viaje mental hacia los confines de lo desconocido.

Ya se ha dicho prácticamente todo sobre la capacidad exploradora de estos pioneros del krautrock. Que su viaje iba en dirección opuesta a la del progresivo clásico. No buscaban las estrellas sino las simas del entendimiento. Un compromiso neuronal tan abstracto que puede ocultar injustamente sus capacidades como músicos. La historia de Can es la de la OBSESIÓN, una fijación absoluta, que se traduce en repetición, hipnosis, protoelectrónica, jazz y rock enfurecido. Obsesión por la coherencia desde el caos más evidente.

Todo esto cristalizó como nunca en la obra magna del combo teutón. Tago Mago asedia por acumulación, ya sea por sus infinitas capas de sonido, sus baterías anegantes o el magma sonoro que sacude tu médula con su miríada de detalles. Resulta intrigante y adictivo cómo el disco empieza siendo un algo casi comprensible en sus tres primeras piezas, ejemplos de un rock raro pero turgente. "Paperhouse", "Mushroom" y "Oh Yeah" conforman el pórtico rockista de un disco que a la altura de "Halleluhwah" se parte en dos para inundar la habitación con la inmensidad de la que puede ser la pieza más importante del disco y una de las más importantes del krautrock. Tras el sometimiento a sus más de 18 minutos, la cosa se pone realmente dura para el oyente ocasional. Chelos rotos, corta-pega y ruido nos sacuden en la imponente "Aumgn"; "Peking O" es un puro exabrupto vocal; y por último, "Bring Me Coffee or Tea" trata de poner orden en un caos que nunca sonó tan embriagador. No lo consigue, por fortuna.

Tago Mago es el mejor disco de Can y uno de los más espectaculares atentados a la música que se hayan producido jamás. Fue fundamental la participación de Damo Suzuki como vocalista en lugar de Malcolm Mooney. La entrada del japonés en el grupo es uno de esos momentos catárticos en los que la casualidad se alió con la historia. Desde este punto ya nada volvería a ser igual. Tampoco para nosotros.

★★★★★
A1 Paperhouse 7:29
A2 Mushroom 4:08
A3 Oh Yeah 7:22
B Halleluwah 18:32
 
C Aumgn 17:22
D1 Peking O. 11:35
D2 Bring Me Coffee or Tea 6:47
Total: 73:15 

Holger Czukay, bajista, se encontró a Damo Suzuki actuando en la calle a cambio de comida en Múnich. Le invitó a unirse al grupo y esa misma noche ya estaba actuando con Can.

 

La grabación se realizó en el Castillo Nörvenich, cerca de Colonia. El grupo vivió allí durante un año sin pagar nada gracias al permiso del dueño, un coleccionista de arte. Esto les permitió afrontar la grabación de manera relajada y a la vez poco ortodoxa. Además de las tomas instrumentales de costumbre, se grababan largas jams sin que los músicos se dieran cuenta y se editarían posteriormente en sesiones maratonianas de corta y pega.

El nombre del disco viene de la isla ibicenca de Tagomago (en la foto), un pequeño trozo de tierra de propiedad privada, gestionada como resort de superlujo exclusivo para muchimillonarios. Una característica que pega poco con una banda que siempre ha tenido en el jipismo su ethos y razón de ser.

domingo, 14 de abril de 2013

Ritmo motórico y rock fumeta

 
Neu! (Neu!, 1972)
 

MOTORIK ROCK. La metronómica e inexorable "Hallogallo" marca la pauta. Señala hacia donde soplan los vientos de este disco, que estrenaba el concepto de 'motorik rock' con el que uno de sus creadores lo definió. Una etiqueta algo limitada si sopesamos el conjunto, con los ambientes fantasmagóricos de "Sonderangebot" y "Im Glück", más el rock al ralentí de "Weissensee" o la trepanación sónica (martillo neumático incluido) de la brutal "Negativland". 

Klaus Dinger y Michael Rother dejaron Kraftwerk con la idea de liarla a base de bien, y vaya si lo hicieron. Este debut no es que fuera un cataclismo en la época. Aun vendiendo bastante bien para un disco underground, pocos podían imaginar lo influyente que llegaría a ser esta obra con el paso del tiempo. Si hablamos de krautrock, este disco es referencial, pero lo mejor es que no se limita a ese estilo y con los años se ha convertido en visita obligada para gourmets y casi cualquiera con pretensiones creativas en esto del rock moderno.

Neu! es una obra exigente, pero muy gratificante. Se puede paladear desde diferentes ángulos y se le puede sacar muchísimo jugo. Es envolvente y atmosférico, opresivo por momentos, saca pecho con un ruidismo del que el noise de los 80 y 90 tomó muy buena nota, y sacude al oyente con su rítmica nuclear. Eso es lo más destacado de un disco que celebra la precisión y la obcecación de las matemáticas y las plasma con un metrónomo industrial y metalúrgico de una frialdad marcial e inhumana de primeras, pero que acaba siendo profundamente emocional. Tal vez ahí esté su secreto, en ese pálpito inclemente, maquinal y, sobre todo, ¡nuevo! Revelaciones de un futuro que ya es pasado.

★★★★★

A1 Hallogallo 10:07
A2 Sonderangebot 4:50
A3 Weissensee 6:42
Jahresübersicht
B1    a) Im Glück 6:52
B2    b) Negativland 9:46
B3    c) Lieber Honig 7:15
Total length: 45:32

Neu! lo formaban Michael Rother y Klaus Dinger. Surgió a raíz de su abandono de Kraftwerk. Esta ruptura con lo anterior se refleja en la portada de este disco, la cual repetirían con variantes en posteriores trabajos. Esta era de una simpleza inmaculada y bebía del pop-art tan de moda en la época como opuesto a las ideas estéticas de los militantes en el krautrock.

Dinger fue el que bautizó el sonido de temas como "Hallogallo" o "Negativland" como ritmo Motorik, aunque esto es dudoso porque él mismo niega haber usado ese nombre. Sea como fuere, este fue el comienzo de ese subgénero (motorik rock) del que este álbum fue el germen y el exponente máximo. Este ritmo es un simple y obsesivo 4/4 con apenas interrupciones. El resultado es una hipnosis maquinal, un bucle robótico de indudable poder mántrico.

El disco es respetadísimo en la actualidad por su influencia incontestable y aún así sus ventas en la época fueron exiguas como merece cualquier obra experimental con intenciones rupturistas.

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