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martes, 31 de agosto de 2021

Veni, vidi, vici

Havilah (The Drones, 2008)

ROCK. Los Drones descubren la civilización y se entregan jubilosos a la celebración de la vida. Tampoco es que esto sea ninguna fiesta precisamente, aunque si lo fuera, sonaría más bien a musical de Broadway electrocutado, con sus momentos de oropel bombástico y sus minutos de la basura. Con todo lo bueno, lo malo y lo regular que tiene el darlo todo sin dosificar.

Los de Gareth Liddiard suenan aquí más entregados y más que cómodos a la hora de entregar un rock de extremos en el que conviven baladas aletargadas y movimientos tectónicos sobrecogedores con ese martillo de los dioses que es la batería de Mike Noga. Una convivencia que nunca es fácil, pero que se convierte en la salida más natural para estas composiciones en las que Liddiard sigue mirándose en Nick Cave o los Triffids para seguir construyendo su gran novela personal.

Otra cosa es que te moleste especialmente el brillo del neón y encuentres insoportable la sobreactuación. Ahí es donde el artefacto puede empezar a hacerse indigesto a pesar de todas sus guitarras crujientes y sus atractivos riffs invertidos. Un disco requetepensado, perfectamente influido por su entorno y muy bien resuelto, pero para nada cerca de la perfección. Que tampoco es que sea esto último el colmo de lo deseable, pero...

 ★★★☆☆

1 Nail It Down 6:53
2 The Minotaur 3:26
3 The Drifting Housewife 4:01
4 I Am the Supercargo 6:21
5 Careful as You Go 5:02
6 Oh My 4:44
7 Cold and Sober 5:05
8 Luck in Odd Numbers 8:36
9 Penumbra 3:53
10 Your Acting's Like the End of the World 5:22
Total: 53:23

El título, como en el disco anterior, viene directamente del lugar en el que lo grabaron. Havilah es un valle situado a 20 km. de Myrtleford, residencia de Gareth Liddiard y Fiona Kitschin (bajo). 

Pero además de todo esto, Havilah también hace referencia a la ciudad bíblica donde el oro abundaba por doquier. Esa especie de Shangri-La o de Eldorado que ha nublado la razón de los hombres desde el principio de los tiempos.

Un juego muy sugerente que demuestra que este grupo siempre se ha tomado las cosas muy en serio y merece todo el respeto que ha ido amasando, aunque como casi siempre, nadie parezca haberse enterado de su existencia.

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sábado, 28 de agosto de 2021

El blues de la tierra de Oz

Gala Mill (The Drones, 2006)
 

ROCK. Es fácil empatizar con el revuelo de un disco que casi todo el mundo encumbra como una de las mejores obras que ha dado Australia al rock. La dureza y el multicromatismo de las letras de Gareth Liddiard, su incendiario estilo vocal y su oscuridad densa e impenetrable, hacen de este disco un monumento a lo auténtico, lo epidérmico y lo conmovedor.

También creo que falla en un par de temas, demasiado como para colocarlo entre las obras maestras más indiscutibles. Poca tara en realidad, sobre todo si atendemos a la crudeza de su tono funerario, casi comatoso por momentos, a su tremendismo eléctrico y a lo bien que los australianos juegan con la melodía y la tradición. Es precisamente esto último lo que más llama la atención en un grupo que siempre se había aferrado a lo eléctrico por encima de otras sutilezas.

Aquí manda el terruño. Con la crudeza de unos Beasts of Bourbon, con el dramatismo de un Nick Cave y con las raíces de unos Two Gallants, Liddiard y los suyos destilan su versión personal e intransferible de algo que podríamos llamar blues punk o noise folk. "Jezebel", "I'm Here Now", "Words from the Executioner to Alexander Pearce" o una "Sixteen Straws" en la que resuena el Dylan de "Ballad of Hollis Brown" son los estandartes flamígeros de un álbum que hunde sus raíces en la historia de las antípodas. Una historia, por lo visto, sangrienta, cruel y seca como ese Outback que ocupa todo el centro del continente como una maldición.

★★★

1 Jezebel 7:51
2 Dog Eared 4:53
3 I'm Here Now 7:45
4 Words From the Executioner to Alexander Pearce 5:15
5 I Don't Ever Want to Change 3:59
6 Work for Me 5:38
7 I Looked Down the Line and I Wondered 5:29
8 Are You Leaving for the Country 4:26
9 Sixteen Straws 9:35
Total: 54:51
 
El disco se grabó en un molino abandonado en Tasmania, que es el que le da título. Sus sonidos no fueron lo único que se coló en el álbum (el canto de los pájaros y el ladrido de los perros quedó registrado en el mismo). También las historias más trágicas de la isla permearon una música que como todo lo mejor de la vida nace y se desarrolla condicionada por todo ese entorno que le dio la vida.


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