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sábado, 4 de julio de 2026

Desterrados de por vida

Tassili (Tinariwen, 2011)

TISHOUMAREN. Tinariwen planeaban grabar su quinto álbum en Tessalit, su pueblo natal en el norte de Mali, pero no era viable por el recrudecimiento de los conflictos que asolan la zona desde siempre. Por ello se fueron al sudeste de Argelia, al Parque Nacional de Tassili n'Ajjer, donde, con cientos de kilos de equipo de grabación y generadores, dieron forma a este Tassili, que les valió un grammy al año siguiente. 

Un álbum que se beneficia del aislamiento del entorno y en el que domina lo acústico. Buena parte de los temas fueron grabados al aire libre, por la noche, algo que parece permear un sonido íntimo y desnudo como pocas veces ha logrado invocar el combo. También se atreven a meter los vientos de la Dirty Dozen Brass Band, de Nueva Orleans. Colaboración esta que se une a otras de las que hablaremos después y que son clave en la acogida del disco.

Aunque Tinariwen ya eran muy conocidos a estas alturas, merecían subir un escalón más y con este disco culminan la salida de la relativa invisibilidad a la que se ven sometidos la gran mayoría de artistas que operan fuera del radar de nuestro etnocentrismo occidental. Una salida que no es casual y que se debe, no me cabe duda, a la mano que metieron luminarias como Nels Cline (Wilco) a la guitarra en el primer tema o Tunde Adebimpe o Kip Malone (TV on the Radio) aportando voces y guitarras en varias canciones. Todo en un álbum mezclado en París y masterizado en California con el que abrieron las puertas de EE.UU. de par en par.

No es que todas estas colaboraciones le quiten mérito alguno al grammy ni a la visibilidad tan merecidos por la banda. Sin embargo, sí que parecen concesiones sine qua non si quieres que tu música tenga un alcance mundial. Tinariwen, como he señalado arriba, ya eran muy conocidos por los melómanos de todo el mundo en este punto de la historia. Tampoco percibo que la banda se haya vendido aquí ni de lejos. Las contribuciones de Malone y Adebimpe pueden sonar algo más invasivas —sobre todo en lo vocal—, pero ni la producción ni la guitarra de Cline, sutil y delicada como todo lo que hace el californiano, ahogan la pureza arenosa de unos tuareg que se presentan aquí con las ideas claras y en plena forma. Una vez más, Tinariwen se muestran irreductibles en su identidad, y si bien el disco se muestra florido y novedoso en su continente, se despliega puro y hondísimo en un contenido que es una vuelta a las bases en muchos sentidos. Que el tramo que va de "Walla Illa" a "Tiliaden Osamnat" me corta un poco el ritmo, también. Algo que es más gusto personal que defecto por su parte, pero que debo valorar negativamente.

Dicho esto, puede ser que nos choque esta nueva frivolidad aperturista enfrentada a la historia vital de una banda que sabe en primera persona lo que es el sufrimiento, el exilio y la lucha armada. Lo cierto es que no puede dejar de sorprenderme el exceso de dulzor que aplican a algún tema. Pero también, por la historia personal de estos músicos, me veo estúpido analizando y tasando la obra de unos músicos que están por encima de estas consideraciones tan banales. Al lado de lo que han vivido y de lo que significa la música para ellos y para su pueblo, cualquier intento por categorizar o fiscalizar sus álbumes me parece diminuto y pretencioso. No obstante, no puedo evitar seguir trazando mi mapa de ruta, por inútil que sea en este caso. Por poco que valga ante una música hecha de sangre, sudor y lágrimas, y que grita revolución en cada suspiro.

★★★☆☆

1 Imidiwan Ma Tennam 4:41
2 Asuf D Alwa 4:14
3 Tenere Taqhim Tossam 4:15
4 Ya Messinagh 5:31
5 Walla Illa 4:55
6 Tameyawt 4:39
7 Imidiwan Win Sahara 3:45
8 Tamiditin Tan Ufrawan 3:04
9 Tiliaden Osamnat 3:26
10 Djeredjere 4:38
11 Iswegh Attay 5:50
12 Takest Tamidaret 4:56

Total length: 53:54 

jueves, 2 de julio de 2026

El agua es la vida

Aman Iman (Tinariwen, 2007)
 

TISHOUMAREN. Tinariwen siguen subiendo de nivel en muchos aspectos: en la producción, que redunda en un sonido más espacial en el que los instrumentos respiran con más libertad y claridad; y en la ampliación de su paleta sonora desde dos ángulos casi contrapuestos. Por un lado, ahondan en sus raíces tuareg mediante el empleo de coros femeninos que, con sus ululaciones rituales, fortalecen el arraigo de esta música en la tierra desértica de la que brota. Y por otro, multiplican los recursos de su toque de guitarra, al que incorporan elementos de folk y rock sin mesura ni miedo a la mezcla. Ahora sí, sin miedo, los Jimi Hendrix de las dunas.

Una mezcla extrema que, oh sorpresa, les hace sonar tan auténticos como siempre a la vez que aumentan su brillo y ganan potencial para atraer a oyentes, digamos, más casuales. Algo que está bien y con lo que no tengo problema, si bien sigo prefiriendo el cante jondo de antaño. Un poquito más solamente, porque la realidad es que no puedo quitarme de la cabeza estas progresiones adictivas. Porque, al final, aunque parezca que entre tanto fulgor no puedes distinguir con claridad el oropel del corazón de las canciones, este se hace fuerte por encima de todas las dudas. Por mucho que vuelvan a menudo a melopeas y melodías ya conocidas. Una prueba evidente de que la evolución de Tinariwen no consiste en la sustitución de elementos, sino en la sedimentación de estos. 

Esto es lo que hay. Tinariwen están creciendo a su manera y no tenemos ningún derecho a cuestionar un modus operandi que sigue respetando lo que siempre han sido. Ya sea entre wah-wahs serpentinos o entre sonidos acústicos, esto suena tan de verdad que no puedes más que acogerlo con los brazos abiertos. Un disco enorme que mira hacia el futuro desde su árido y precioso lugar en el mundo. Puede que antes no hubiera más que corazón y muy poco envoltorio, y fuera fácil jugar al "lo tomas o lo dejas", pero eso acaba importando poco ante este ejercicio supremo de integración.

★★★★☆

1 Cler Achel 4:27
2 Mano Dayak 5:43
3 Matadjem Yinmixan 5:45
4 Ahimana 4:58
5 Soixante Trois 4:13
6 Toumast 4:26
7 Imidiwan Winakalin 4:27
8 Awa Didjen 4:14
9 Ikyadarh Dim 3:37
10 Tamatant Tilay 3:21
11 Assouf 3:58
12 Izarharh Tenere 5:02

Total: 54:11

martes, 30 de junio de 2026

Nómadas

Amassakoul (Tinariwen, 2004) 

TISHOUMAREN. Tres años después de ese hito que fue The Radio Tisdas Sessions (2001), los bluesmen azules del desierto continúan perfeccionando la fórmula. Su carrera se iba a caracterizar por una progresión tranquila y aparentemente quieta como las arenas del Sáhara, sin volantazos bruscos ni giros mareantes. Sin embargo, como las arenas, moverse se mueven, y en este disco el avance es muy evidente en cuanto a sonido y a la incorporación de unas percusiones realmente adictivas.

Eso es lo mejor de un álbum que está en lo más alto de la apreciación de público y crítica. Un trabajo que no se olvida de lo principal, las raíces bereberes de una música que suena atávica por mucha guitarra eléctrica que le metan. Una combinación de tradición y modernidad que encuentra aquí su equilibrio más perfecto. Por eso estamos ante el álbum que consolidó definitivamente la repercusión internacional de la banda. Por eso y por la construcción de unas canciones que vibran de manera diferente entre sí y en las que se atreven con modernidades ancestrales como ese canto de acción-reacción emparentado con el rap en "Arawan". Un detalle, entre otros muchos, que habla de evolución y de una capacidad de dejarse influir por el exterior que no iba a dejar de crecer.

¿Y es bueno todo este equilibrio tan bien logrado? Tendrá su público y seguro que ha sido el gran culpable de que yo esté hoy hablando de esta banda. Sin embargo, si comparamos este disco con la hondura del anterior, me tengo que quedar con Radio Tisdas. Me quedo con el ritual y con la hipnosis. Porque aquí, sin huir de la tradición ni del pellizco, tampoco exageremos, parece que todo va más rápido. Echo en falta algo más de fuego lento y no sé si las percusiones, tan pintonas ellas y tan necesarias en números más moviditos —"Oualahila ar Tesninam"—, han tenido culpa de algo en mi apreciación. Que ha sonado más negativa de lo que es en realidad, aunque tampoco me convenza esa "Arawan" de la que hablaba arriba.

Tengo claro que estamos ante un buen disco, y acepto la opinión de que pueda ser el mejor de la banda, pero a mí hay dos o tres canciones que me parecen algo menos importantes o que me llegan menos. Algo que, unido a un ambiente que describiría como más repetitivo que hipnótico y más tedioso que solemne, me llevan a colocarlo un escalón por debajo de lo que imaginaba.

★★★☆☆

1 Amassakoul 'n' Ténéré 3:24
2 Oualahila ar Tesninam 3:47
3 Chatma 5:36
4 Arawan 4:06
5 Chet Boghassa 3:52
6 Amidinin 2:51
7 Ténéré Daféo Nikchan 4:51
8 Aldhechen Manin 3:54
9 Alkhar Dessouf 4:55
10 Eh Massina Sintadoben 4:29
11 Assoul 4:07

Total: 45:52

sábado, 27 de junio de 2026

Oasis eléctrico

The Radio Tisdas Sessions (Tinariwen, 2001)
 

TISHOUMAREN. Tinariwen se formaron en un campamento tuareg en Argelia. La época embrionaria de la banda la podemos localizar en Tamanrasset, en 1979. Ese es el momento en el que Ibrahim Ag Alhabib e Inteyeden Ag Ableline, junto con otros jóvenes inquietos, empezaron a dar a conocer sus canciones a través de conciertos por los campamentos de la zona y a distribuir casetes con esos temas.

No fue hasta 1993 cuando publicaron el que se considera su primer trabajo oficial, Ténéré. Una casete más profesional, que consistía, básicamente, en una recopilación de esos temas que habían ido circulando de manera artesanal durante más de una década. Para su primer lanzamiento en CD y con difusión internacional habría que esperar algo más, hasta 2001, año en el que publicaron este The Radio Tisdas Sessions. Unas grabaciones que registraron en la emisora maliense de Kidal en sesiones entre las 7 de la tarde y la medianoche, único momento en el que disponían de electricidad.

Todo esto ayuda a entender por qué la banda suena como suena. Al menos en parte. El componente ritual, chamánico, desértico, telúrico y casi hipnótico de estas melopeas es el secreto mejor guardado y lo más difícil de explicar cuando nos sometemos a esto. Otra cosa es la profesionalidad y lo fluido de su interpretación. Eso sí que lo entendemos cuando nos dicen que estamos escuchando a una banda que lleva más de dos décadas fogueándose en las arenas del Sáhara. Demasiado tiempo como para que una destilación de lo mejor de su arte pudiera salir defectuosa. Porque eso es lo que representa este álbum: la culminación de décadas de trabajo duro y digestión lenta de una tradición que les rebosa por cada poro, por cada melisma y por cada inflexión.

Una tradición que reformulan envuelta en un festival de guitarras eléctricas que se convierte en el sello de su sonido. Unas guitarras que comparten algo con parientes venerables como Ali Farka Touré, pero también con el grito redentor de Bob Marley o la poesía galvánica de Bob Dylan. El auténtico blues del desierto, tishoumaren lo llaman ellos, aumentado por el efecto devastador de los amplificadores. Una adición técnica que ahonda en el impacto del bucle y lo magnético de la repetición. Señas identitarias que también hacen de este álbum un producto más difícil de lo que parece al principio. Son canciones perfectamente conectadas entre sí, capaces de crear una atmósfera densa y masticable, pero si no entras con la actitud adecuada, se te pueden hacer bola. Nada que no esperáramos y nada que nos vaya a detener a la hora de zambullirnos de lleno en las arenas infinitas de Tinariwen.

★★★★☆

1 Le chant des fauves 7:32
2 Nar Djenetbouba 4:46
3 Imidiwaren 6:26
4 Zin Es Gourmeden 5:22
5 Afours Afours 5:27
6 Tessalit 3:58
7 Khedou Khedou 6:13
8 Mataraden Anexan 5:47
9 Bismillah 4:22
10 Tin-Essako (Live) 2:08

Total: 52:01

jueves, 24 de junio de 2010

momentazo #20: los hombres azules





Tinariwen
es un grupo al que se le podrán achacar algunas cosas (tampoco tantas). Lo que no se podrá negar jamás es que es un grupo auténtico como ninguno. Su biografía es de película y aunque llevan más de treinta años en esto de la música, al principio solo grababan alguna que otra cassette medio improvisada que se difundía por el desierto como la pólvora. A occidente empezaron a llegar en esta última década con la edición de sus primeras grabaciones, digamos, masivas y pulcras en CD.

Desde que comenzaran han pasado por numerosas vicisitudes como refugiados del Sáhara que son. Aunque originarios de Mali, hay gente que los toma por argelinos y es raro el rincón de África con el que no tengan asociación por uno u otro motivo. Libia sería otro, ya que llegaron a convertirse en guerrilleros a las órdenes de Gadaffi. Ellos creían que las aspiraciones del líder libio coincidían con sus ansias de libertad para su pueblo. En realidad pronto se desengañaron al comprobar que solo lo movía su ansia de expansión y tuvieron que abandonar.

Su sonido es blues del desierto. Ellos lo llaman tishoumaren. Aunque usan guitarras eléctricas, siendo precursores entre los tuareg a los que pertenecen, suenan antiguos y telúricos, arenosos y místicos. Una experiencia cálida y flotante que podemos encontrar en los tres discos que se me han pegado como lapas: The Radio Tisdas Sessions ***1/2 (01), Amassakoul ***1/2 (04) y Aman Iman ***1/2 (07). Ali Farka Touré y Led Zeppelin, Jimi Hendrix y Salif Keita... Todos bendecirían esta música. Un auténtico regalo del desierto.