ANARCOPUNK. En su tercer disco, The Ex enseñan la patita sin pudor y mutan buena parte de su componente punk en favor del noise más descarnado. Ese que se regodea en el alambre de espino de la distorsión crepitante y las cuchilladas eléctricas, los espasmos y los gritos amputados. Ese que también juega con el tintineo inclemente de las tuberías. Como sus vecinos Einstürzende Neubauten, The Ex generan una suerte de expresionismo ruidista a la centroeuropea. Un movimiento, como mínimo, digno de toda nuestra atención.
Una atención que siempre es difícil mantener durante mucho tiempo con los álbumes de los neerlandeses. Esa puede ser su mayor tara, pero a la vez es ese puntito que los hace tan diferentes y tan adictivos. The Ex redondean aquí una de sus obras mayores. Un disco que supuso todo un avance con respecto a lo que venían haciendo. Aunque no te quedes con una u otra canción. Aunque te cueste llegar al final. Y aunque por mucho que te lo pongas no llegues nunca a decidir si verdaderamente te encanta o simplemente es una melopea perniciosa de la que no puedes escapar. Que tampoco es que quieras, reconócelo.
★★★☆☆
A1
Bouquet of Barbed Wire
6:58
A2
Fear
2:17
A3
Hunt the Hunters
3:34
A4
Survival of the Fattest
5:18
A5
Red Muzak
2:44
A6
Happy Thoughts
5:33
B1
The Well-Known Soldier
2:22
B2
Black and White Statements
4:39
B3
Squat!
2:25
B4
Same Old News
2:08
B5
F.U.N.E.I.D.Y.
5:23
B6
O.S.L. (New Schvienhunt League)
2:42
B7
Island Race
7:17
Total: 53:20
El componente anarquista siempre ha estado en las entrañas de esta banda. También su defensa a ultranza de la okupación (ahí está esa más que explícita "Squat!"). Ideas que usan como armas arrojadizas para arrear a ambos lados del espectro ideológico, cómodos en medio de un caos que siempre han dominado como nadie.
Por todo esto establecer un paralelismo entre esa figura de rojo demoníaco liberándose de sus cadenas y la cartelería de la propaganda soviética en la Segunda Guerra Mundial puede ser arriesgado e inexacto. Y por eso precisamente no me resisto a hacerlo. Ni aun sabiendo que el comunismo (y más el de salón) se les queda demasiado pequeño a estos.
From Her to Eternity(Nick Cave & the Bad Seeds, 1984)
ROCK APOCALÍPTICO. En un torbellino, Nick Cave disuelve a sus abrasivos Birthday Party para empezar esta "deliciosa" aventura con los Bad Seeds. La banda que lo haría mundialmente famoso se foguea en estos momentos iniciáticos como los gurús de una misa pagana, intensa y sulfúrica. Este álbum, su estreno, supuso un asentamiento de los cimientos angulosos y torcidos de los proyectos anteriores de Cave. Una construcción interrumpida por oleadas salvajes de demolición. No se podía esperar otra cosa al fichar a Blixa Bargeld de Einstürzende Neubauten o a Barry Adamson de Magazine.
From Her to Eternity juega en su título con el de la película de Fred Zinnemann y esa es la única concesión lúdica que se permite. Es un disco austero, cosido a cuchilladas, espinoso, cruel y humeante. Y buena parte de la culpa, además de las composiciones, la tienen esos Bad Seeds, que empiezan aquí a buscar un sonido inasible, contaminado, plagado de silencios y chirridos fantasmales. En la grieta que separa "From Her to Eternity" - la canción - y "A Box for Black Paul" encontramos el futuro de un grupo inimitable. Esas guitarras brumosas que apuñalan las líneas de piano, ya sean estas líricas o vanguardistas, son el colchón ideal para que Cave se revuelque como un poseso.
Da igual si versionan a Leonard Cohen o te hablan de santos, moscas y miserias. Todo aquí tiene un propósito malsano, una pasión febril que, eso sí, había que controlar y dirigir hacia un objetivo concreto. No se puede tener todo, pero es que aquí ya hay muchísimo.
★★★★☆
A1
Avalanche
5:03
A2
Cabin Fever!
6:12
A3
Well of Misery
5:24
A4
From Her to Eternity
5:33 ✠
B1
Saint Huck
7:22
B2
Wings Off Flies
4:06
B3
A Box for Black Paul
9:42
Total: 43:22
Esa foto de portada con ese vampiro casi adolescente que era Nick en esos años berlineses me transmite todo el deseo, el ansia y también las dudas que debían asediar al australiano en esa época en la que estaba empezando un proyecto que lo iba a convertir en uno de los más grandes.
Esa instantánea, el sonido metálico y aplastante de este debut, esa participación en la seminal y más que significativa El cielo sobre Berlín(Wim Wenders, 1987)... Demasiadas imágenes, demasiadas ideas las que acaban aplastándome como la avalancha que es esta obra maestra contrahecha y reptante. A veces me cuesta abarcar su auténtico poder, pero es imposible no intuir que está ahí agazapado y acechándote.