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lunes, 9 de enero de 2017

perVERSIONES #26: el hechizo infinito

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Tratamos con material muy noble. "I Put a Spell on You", original de Screamin' Jay Hawkins, merecedora de entrar en el Salón de la Fama con honores, fue grabada en 1956. La versión punzante y cruda de su autor es de órdago, poblando los sueños húmedos de multitud de artistas que hicieron suya esta tonada inmortal. Mencionaremos tres ejemplos que me tocan la fibra.

En primer lugar destacaría la versión con la que Nina Simone abre su disco de 1965 y que se titula, sí, "I Put a Spell on You". Solemne y profunda, apabulla desde la entrada de esas orquesta que amenaza con envolverte para siempre.

Tampoco se queda atrás el intento de John Fogerty y su Creedence Clearwater Revival. Una vez más la usan para abrir el disco, en este caso su debut de 1968. Con su mezcla de temblor y rugosidad blues, la hacen suya por derecho. Impresionante.

Como impresionante es la apropiación que hace Marilyn Manson, versión brutal que aparece en la banda sonora de "Lost Highway" (David Lynch, 1997) además de en su disco "Smells Like Children" (1995). Aquí le dan la vuelta al tema a base de contundencia siderúrgica que, vale, le quita todo el roll al tema, pero lo lleva a una dimensión desconocida en cuanto a oscuridad y barbarie.

jueves, 4 de julio de 2013

La suma sacerdotisa del soul

Nina Simone, una de las artistas más importantes del siglo XX, aunó tradición y riesgo en una carrera comprometida y única en la que su voz, su activismo racial y su habilidad al piano consiguieron que todos nos sintiéramos un poco más negros, un poco más vivos.

Eunice Kathleen Waymon (1933-2003) fue una niña prodigio al empezar a tocar el piano de oído a la edad de tres años. Sus padres se percataron de sus evidentes aptitudes para la música y recibió algo de instrucción de manos de una profesora particular de piano que la introdujo para siempre en las delicias de Bach, Beethoven o Chopin. Al graduarse con honores en el instituto, su familia reunió dinero para que entrara en Juillard, la prestigiosa escuela musical de Nueva York. No la aceptaron, lo que supuso una decepción terrible para ella, y fue un detonante para el desarrollo de su lucha racial.

Al no poder estudiar música clásica tradicional, se dedicó a lo que llamaría "música clásica negra" en una carrera que estrenó tocando y cantando en bares y clubes nocturnos. Esto empezó a hacerlo 1954 como complemento al dinero que ganaba enseñando música. De ahí a la vorágine. Se bautizó a sí misma como Nina Simone y empezó a grabar singles de más o menos éxito y álbumes en los que conjuraba la tradición del jazz y el blues, Gershwin o Cole Porter.

La Simone no fue simplemente una intérprete genial. Era mucho más que eso, una artista integral. Poseía una voz aterciopelada con tintes andróginos absolutamente única en su especie. Era dueña de unas dotes interpretativas sobrehumanas tanto a la voz como al piano. Además, era una compositora excepcional, vibrante y que asumía riesgos interesantísimos a la hora de retorcer la tradición. Todo esto la hacía capaz de suspender el tiempo en sus actuaciones y entrar en el corazón de todos y cada uno de sus espectadores.

Nina es un mito inalcanzable. Si cerramos los ojos seguro que podemos verla echada sobre el piano, mirada perdida, meciéndose en pos del sonido definitivo, la palabra perfecta, para siempre joven, talentosa, negra y orgullosa.

3 básicos

I Put a Spell on You ****1/2 (1965)
No hemos mencionado su capacidad para robar canciones ajenas. Nina puede que sea la mejor versioneadora de la historia. En este disco hay magníficos ejemplos, como la canción titular, el "Ne Me Quitte Pas" de Jacques Brel, o el clásico de Broadway, "Feeling Good" que pocos se atreverían a cantar después de lo que hizo la diva aquí. Le da igual lo que le echen. No hay miedo en un impresionante trabajo de afirmación personal. 

Pastel Blues ****1/2 (1965)
Su trabajo más serio y para muchos el mejor. Canciones de sutileza imperial que conviven con la fuerza de esa working song que abre, "Be My Husband" o ese tour de force que cierra con 10 minutos de mareante vigor y dominio rítmico y vocal, "Sinnerman". Fruta extraña y apetitosa.

Wild Is the Wind ****1/2 (1965)
Y aquí tenemos a la Simone más peliculera, la que funde el jazz con sus conocimientos de música clásica para ofrecer un rosario antológico. "Four Women", "Lilac Wine", "Wild Is the Wind", "Black Is the Color"... Todas conforman un empeño contundente en hacer de su música un ente respetable y orgulloso de sus orígenes. Lo consigue de manera atronadora, por supuesto.

Una canción
"Feeling Good" fue compuesta por Anthony Newley y Leslie Bricusse para el musical The Roar of the Greasepaint - The Smell of the Crowd. Poco podían imaginar lo que le iba a hacer a la canción nuestra protagonista apenas un año después. En una interpretación para la historia, Nina consigue captar la atención hasta del último mono de la sala con esa introducción a capela que sirve de recibimiento cálido para la entrada de los instrumentos en un momento mágico e irrepetible. Luego dosifica su dicción y la va untando o explosionando para culminar una maravilla impoluta y eterna.

martes, 2 de julio de 2013

Cuatro mujeres en una

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Wild Is the Wind (Nina Simone, 1966)

JAZZ VOCAL. "Jazz is a white term to define black people. My music is black classical music." - (Nina Simone)

Buena manera de comenzar a hablar de este disco. Con una definición de la música de la Simone hecha por ella misma. Puede que no sea una definición muy exacta ni muy original pero es que siempre ha sido difícil definir la belleza y esta aproximación es tan válida como cualquier otra. Bastante reivindicativa quizás, como el contenido del disco que es un canto orgulloso a la pura belleza y sabiduría negras.

Si nos fijamos en lo que se oye podremos asentir satisfechos ante la osada afirmación de Nina, sobre todo en piezas como "Wild Is the Wind" o "Black Is the Colour of My True Love's Hair". La primera presenta un crescendo sostenido que se aleja del jazz para abrazar emociones mucho más dramáticas y que se asemejan a lo que podemos sentir con una buena ópera. La segunda se apoya en un piano que apenas subraya intermitentemente la historia que nos desgrana una voz temblorosa y que domina cada octava.

Pues estos dos extremos son los que pueblan una obra clásica fabricada con arreglos precisos y detallados que conforman un sonido bastante mate. Y bienvenido sea, porque esta falta de brillo orquestal deja a la intemperie la maravilla de la interpretación de la sacerdotisa del soul. Con su voz pincelada por esa pizca de perversa androginia y cargada del dramatismo de las mejores actrices nos desnuda el amor, el orgullo, el prejuicio... La vida.

★★★★☆

A1 I Love Your Lovin' Ways 2:35
A2 Four Women 4:20
A3 What More Can I Say 2:45
A4 Lilac Wine (From "Dance Me a Song") 4:14
A5 That's All I Ask 2:28
A6 Break Down and Let It All Out 2:45
B1 Why Keep On Breaking My Heart 2:30
B2 Wild Is the Wind 6:53
B3 Black Is the Color of My True Love's Hair 3:25
B4 If I Should Lose You 3:55
B5 Either Way I Lose 2:44
Total: 38:34