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martes, 12 de septiembre de 2017

El UFO llegó...

Chávez Ravine (Ry Cooder, 2005)

ROCK PACHUCO. A estas alturas parece claro que Ry Cooder no hace los discos de forma casual. Cuando se embarca en un proyecto suele haber mucha miga detrás. Aquí toca ponerle música a un documental que narra el expolio sufrido por los habitantes de Chávez Ravine. Su bullente comunidad de origen mexicano en su mayoría fue literalmente expulsada en la década de los 50 del pasado siglo para construir el estadio de los Dodgers. 

Imagen relacionada Tamaña injusticia merecía un disco de enjundia como este. En sus setenta minutos nos deleita con un abanico estilístico espectacular. Como es costumbre en Cooder también le sirve para reivindicar a viejos artistas de la zona, pachucos medio olvidados, que se recrean en boleros, rock chicano, ritmos tex-mex y aires latinos cantados en inglés, español y el spanglish de rigor. Un retrato del momento y el lugar absolutamente fidedigno y reivindicativo. Todo un homenaje.

Esta labor casi arqueológica le da un plus de interés al disco. Además de Cooder, el siempre fiable maestro de cermonias, hay que celebrar aquí la participación de artistas ocultos que son todo un descubrimiento. Lalo Guerrero, Ersi Arvizu o Flaco Jiménez dan lustre a una obra que es todo un documento periodístico y que ayuda a comprender la herida aún abierta en toda una comunidad que vio amputado su futuro y enterrado su pasado. No es perfecto, peca de disperso, pero es más que necesario. Un acto de justicia. 

★★★☆☆

1 Poor Man's Shangri-La 5:28
2 Onda callejera 3:51
3 Don't Call Me Red 4:58
4 Corrido de boxeo 3:21
5 Muy fifí 4:03
6 Los chucos suaves 3:10
7 Chinito chinito 4:52
8 3 Cool Cats 3:14
9 El U.F.O. cayó 8:21
10 It's Just Work for Me 5:58
11 In My Town 5:41
12 Ejército militar 3:16
13 Barrio Viejo 4:42
14 3rd Base, Dodger Stadium 5:51
15 Soy luz y sombra 3:23
Total: 70:09

jueves, 7 de septiembre de 2017

La edad de oro

Buena Vista Social Club (Buena Vista Social Club, 1997)
 

CUBA. Proyecto personal de Ry Cooder que rescata y pone en valor todo un tesoro olvidado de la música cubana. A algunos puede que les escueza pero tuvo que llegar un gringo, californiano para más señas, para descubrirnos a todo un elenco de artistazos que parecía haberse tragado la tierra y que demuestran aquí que todavía tenían mucho que decir.

El disco, que después se convertiría en película dirigida por un tal Wim Wenders, en gira mundial y en disco en directo desde el Carnegie Hall, no hace más que revalorizarse con el tiempo. Pocos podrían adivinar el impacto de un proyecto bautizado como el popular club de La Habana que viviera su época dorada en las décadas de los 30 y los 40 del pasado siglo y que llevaba cerrado casi 50 años.

La labor de Ry Cooder fue prácticamente de caza y captura, localizando y reclutando artistas cubanos que habían disfrutado de su gloria en décadas pasadas pero que en su mayoría no se encontraban ya en activo o eran bastante irrelevantes para el público. Así, Cooder consigue reunir un elenco espectacular que incluye a Omara Portuondo, Ibrahim Ferrer, Eliades Ochoa, Compay Segundo, Barbarito Torres, Rubén González, Pío Leiva, Puntillita y Orlando "Cachaíto" López entre otros.

Todos a una se conjuran para derramar sus dotes y su arte en un documento irrepetible rebosante de latinidad, donde apenas se nota la mano de un Cooder más forjado en las músicas de raíz norteamericana. Algún bottleneck o algún arreglo por su parte se cuela aquí o allá pero lo que manda aquí es el son, la guajira, la salsa, el jazz afrocubano y el bolero, con mención especial para las descargas, esa traslación del concepto de jam a la música salsera. Estas estallan en plenitud en dos temazos espectaculares como son "Candela" y "El cuarto de Tula", monumentos al ritmo con la pulsión sexual a tope.

Tampoco querría dejar de mencionar mis otros dos temas favoritos, "Chan Chan" y "El carretero", donde podemos disfrutar del arte de Compay Segundo y Eliades Ochoa y donde podemos regocijarnos en la autenticidad de un proyecto que bebe de la tradición más enraizada para refrescarla y mostrarla a un mundo sediento. Un mundo que descubrió en este disco a Ibrahim Ferrer, quizás mi favorito entre los demás, un cantante versátil que lo mismo te destroza con un bolero que se mete a dar caña en una descarga implacable. Su voz es dulce como la caña, dúctil, cálida y acariciante, una de las mejores voces que servidor haya escuchado jamás. Sin alardes ni aspavientos, un auténtico bálsamo curativo.

"Buena Vista Social Club" podría verse como algo oportunista, como el timo de la estampita con el que Ry Cooder quiere dárnosla con queso. Me parecería un craso error no apreciar sus enormes virtudes. Ya sé que están demasiado claras y eso siempre resulta sospechoso, pero es que es tan evidente que su autenticidad te deja estupefacto. Lo que ves es lo que hay. Gente enamorada de la vida tocando la mejor música del mundo. Punto.
 
★★★★
 
1 Chan Chan 4:16
2 De camino a la vereda 5:03
3 El cuarto de Tula 7:27
4 Pueblo nuevo 6:05
5 Dos gardenias 3:02
6 ¿Y tú qué has hecho? 3:13
7 Veinte años 3:29
8 El carretero 3:28
9 Candela 5:27
10 Amor de loca juventud 3:21
11 Orgullecida 3:18
12 Murmullo 3:50
13 Buena Vista Social Club 4:54
14 La Bayamesa 2:50
Total: 59:43

El Buenavista Social Club fue un local nocturno de La Habana fundado en 1932 y en el que vibraban cada noche las clases más populares de la isla. Cambió de ubicación y fue un hervidero de artistas y aficionados, sobre todo afrocubanos, que impulsaron el desarrollo de la guajira, el son montuno y el bolero.

En su honor, Ry Cooder reúne a estos músicos para tratar de reverdecer los laureles de una época olvidada que hay que sacar de las tinieblas para que nunca olvidemos la gracia embriagadora de esas noches interminables.

DISCOS RELACIONADOS



Llanto en medio del desierto

Paris, Texas (Ry Cooder, 1985) [BANDA SONORA]


COUNTRY BLUES/BANDA SONORA. Ry Cooder se mete en esta película como un actor más. Es como el polvo del desierto o la luz cegadora de sus imágenes. Un elemento más en el entramado visual que crea Wim Wenders en esta cinta genial. Cooder lo hace aportando la música, que a la postre se iba a convertir en uno de los elementos más recordados y definitorios de "Paris, Texas". De alguna manera inexplicable, ese lamento de acústica se ha tatuado para siempre en la piel desértica de la película. Un éxito rotundo y eterno que pocas veces alcanza tal intensidad.
 
Para contar su parte de "Paris, Texas", Cooder se vale de slides y bottlenecks con los que acaricia y espolea guitarras diversas. El disco es toda una oda al minimalismo y a las posibilidades expresivas de la guitarra, que en sus manos se nos muestra como un material dúctil y extraordinariamente expresivo. Casi todos los cortes son instrumentales y el tema principal, como es habitual en las bandas sonoras, se repite aquí y allá en diferentes motivos, salpicando el disco con su presencia imponente.

Aunque todos los cortes tienen algo interesante, destacaría tres por su presencia e importancia. El tema titular, que abre y que ya hemos mencionado, auténtico icono para cinéfilos y buenos aficionados al country atmosférico y crepuscular. "Canción Mixteca", el único tema cantado, que impresiona por su hondura y hermosísima desolación. Y "I Knew These People", que en sus ocho minutos recoge el impactante diálogo entre el protagonista y su ex para deleitarnos una y otra vez en el recuerdo de sus imágenes.

Ry Cooder ofrece aquí una de sus obras maestras. Un portento de contención y riqueza emocional comprimida entre las cuerdas de su guitarra. Juega con el sonido y el silencio moldeando el aire de la habitación y ofreciendo al oyente una experiencia auditiva y cerebral de primer orden. No es necesario haber visto la película pero sin duda querrán verla tras escuchar esto.

★★★★☆

A1 Paris, Texas 2:56
A2 Brothers 2:06
A3 Nothing Out There 1:30
A4 Canción Mixteca 4:17
A5 No Safety Zone 1:55
A6 Houston in Two Seconds 2:00
B1 She's Leaving the Bank 5:56
B2 On the Couch 1:28
B3 I Knew These People 8:38
B4 Dark Was the Night 2:50
Total: 33:36

viernes, 25 de enero de 2013

perVERSIONES #21: cual hoja al viento



José López Alavez compuso su "Canción Mixteca" en 1915. Por mi parte la descubrí gracias a ese instigador que se llama Ry Cooder, el cual la incluyó en su mítica banda sonora Paris, Texas (1985). Y aunque sé que puede resultar sospechoso que un norteamericano se atreva con esta canción, hay que alabar la sutileza y la abisal tristeza que transmite esta versión. Hay miles de versiones más tradicionales, como la de Antonio Aguilar, y todas son portentosas. A mí me gusta mucho la de Cooder, es la que se me ha metido en la piel y la que me deja al borde del llanto, desvalido cual hoja al viento.

lunes, 26 de diciembre de 2011

El ADN del blues

 Talking Timbuktu (Ali Farka Touré With Ry Cooder, 1994)
 
 
BLUES AFRICANO. ""Yet to understand the effect of it on me you ought to know how I got out there, what I saw, how I went up that river to the place where I first met the poor chap. It was the farthest point of navigation and the culminating point of my experience. It seemed somehow to throw a kind of light on everything about me -- and into my thoughts. It was sombre enough, too -- and pitiful -- not extraordinary in any way -- not very clear either. No, not very clear. And yet it seemed to throw a kind of light." (Joseph Conrad, Heart of Darkness (1902)).

Como el viaje iniciático de Marlow en el relato de Conrad, Ry Cooder se embarcó en este proyecto ambicioso y con sustancia en una singladura inversa hacia los orígenes del blues y otras músicas de raíz. Si Marlow fue en busca de su condena y su salvación río Congo arriba, Cooder tenía que atravesar el Atlántico porque las células madre del blues no están en otro sitio que en África, en las orillas del Níger, en Malí. Y sin duda uno de sus mayores exponentes (o el mayor) es, fue, será Ali Farka Touré. La colaboración no podía ser más que jugosa, y así fue. Touré despliega sus habituales habilidades como griot, la voz de generaciones de malís pertenecientes a tan noble casta, y nos somete a una sesión de hipnosis donde la polirritmia, los arabescos a las cuerdas y la voz telúrica mandan su claro y devastador mensaje. Mensaje que el misterio de un idioma ignoto para mí y la repetición paciente y minuciosa, mántrica, no hacen más que convertir en un alud que baña mis neuronas sin comprender de qué trata. Eso es África.

Normalmente es el artista menos conocido el que sale beneficiado de toda colaboración. En este caso Touré se beneficia por el acceso que se le abre a occidente pero Cooder saca ventaja de la relación porque a partir de este disco su aureola de autenticidad, su prestigio se incrementó hasta niveles inalcanzables anteriormente. Se le pegó la grandeza de un artista superlativo de los que en el mundo civilizado no pueden existir. Por integridad y sabiduría decir que puede tutear a Robert Johnson, Charley Patton o John Lee Hooker es decir muy poco. Tal vez no sea su mejor disco pero sin duda es el más importante.

"I did not envy him his devotion to Kurtz, though. He had not meditated over it. It came to him, and he accepted it with a sort of eager fatalism. I must say that to me it appeared about the most dangerous thing in every way he had come upon so far." (Joseph Conrad, Heart of Darkness (1902))

La devoción hecha justicia.
 
★★★★☆
 
1 Bonde 5:28
2 Soukora 6:05
3 Gomni 7:00
4 Sega 3:10
5 Amandrai 9:22
6 Lasidan 6:06
7 Keito 5:42
8 Banga 2:32
9 Ai Du 7:09
10 Diaraby 7:24
Total: 59:58

 

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