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lunes, 24 de enero de 2022

La tierra tiembla

Turn (The Ex, 2004)

AFRONOISE. The Ex se lían la manta a la cabeza y se sumergen de lleno en los entresijos de una música con la que ya venían tonteando de una u otra forma desde hacía años. Me refiero a la hipnosis insondable de esa música africana, más concretamente, la que se hace en la parte oriental del continente, de Eritrea a Etiopía y del Congo a Sudán. Unas rítmicas y un espíritu atávico que sitúan al grupo al borde de sí mismos, explorando lo infinito del bucle como ceremonia, rito y catarsis colectiva.

Con estas premisas se enfrentan a todo un disco doble en el que hacen algo más que homenajear a un sonido que los traía de cabeza. Ni que decir tiene que Katrin, la batería, es la que siempre ha parecido sentirse más cómoda ante cualquier atisbo de exotismo, y no solo cumple con solvencia, sino que brilla con una luz cegadora. Siempre he pensado que buena parte de culpa del apareamiento de la banda con la música africana debe ser de ella. Pero también he de destacar el contrabajo de Rozemarie Heggen, un ente brutal que, entre la profundidad de su toque acústico y ese pellizco lírico o disonante al frotarlo con el arco, se convierte en el arma secreta definitiva que encumbra a este disco como la joya que es.

Todo esto sin olvidar a un G. W. Sok que sigue igual de irreductible al micro y de un dúo de guitarras que mudan su piel para adaptarse a la nueva situación como si llevaran toda la vida moldeando este sonido entre la arcilla y el alambre, entre el polvo y las raíces. Un ruido salvaje y epidérmico que nos sacude durante toda la duración de una bestia de disco, el anuncio perfecto de lo que iban a hacer, ya más perfeccionado, en ese Moa Anbessa (2006), que compartirían con un Gétatchèw Mèkurya, al que homenajean en el tema "Getatchew". Eso, junto a la tradicional eritrea "Huriyet" y esa "Theme from Konono", pueden parecer lo más abiertamente africano del álbum, aunque no es lo único.

El latido del continente está en el alma de unas composiciones en las que The Ex demuestran que la música que les ha volado la cabeza, además de ancestral, ritual y arraigada, tiene ese componente catártico que la puede hacer una de las músicas más explosivas del planeta. Es cierto que las guitarras eléctricas pueden amplificar esa sensación, pero tampoco debe escapársenos que toda esa fuerza, toda esa potencia sísmica ya está en el ADN mismo de unas melodías y unos ritmos que merecen mucho más respeto que el simple turismo de postal con el que se las despacha. No estamos ante una música anecdótica, The Ex lo dejan claro. Con este disco los neerlandeses nos muestran el sonido de lo absoluto. Por eso es un punto y aparte en su discografía, su mejor obra y una piedra indestructible sobre la que construir lo que les venga en gana.

1.1 Listen to the Painters 4:13
1.2 Prism Song 5:51
1.3 Dog Tree 6:28
1.4 Getatchew 5:05
1.5 The Pie 8:46
1.6 3:45 AM 5:26
1.7 IP Man 8:24
 
2.1 Theme From Konono 8:24
2.2 Huriyet 5:11
2.3 Sister 6:24
2.4 Confusion Errorist 4:49
2.5 The Idunno Law 5:11
2.6 Henry K 4:59
2.7 In the Event 7:42

Total: 86:53

El compromiso que The Ex mostraron con el continente africano va más allá de lo turístico. Su afán por dar a conocer a través de su sello autogestionado a lo más granado del underground del continente, su obsesión por girar con ellos allí y aquí, su continuo descubrir y poner en valor cosas tan ajenas a nuestra cultura y tan valiosas, todo eso los hace auténticos y da buena cuenta de que si hablamos de compromiso y generosidad, no tienen igual.

 

De todo esto habla este disco. Solo unos meses después de su Ethiopia Tour 2004 (2004) y apenas un par de años antes de sellar su colaboración con Gétatchèw Mèkurya en Moa Anbessa (2006), Turn se hace su hueco y sabe a sangre y a sudor, a tierra y huesos, en definitiva, a verdades despellejadas. No estamos acostumbrados a que nos cuenten así las cosas. Por eso, más que gustarnos, este disco nos deja noqueados para siempre.

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martes, 27 de abril de 2021

El león conquistador

Moa Anbessa (Getatchew Mekuria & The Ex & Guests, 2006)

EX-ETHIO-JAZZ. The Ex venían de grabar Turn (2004), un disco más que influenciado por las músicas del Congo y Etiopía. Incluso contaba con un tema llamado "Getatchew", en el que rendían tributo al saxofonista de Yifat. Muchas pistas y muchas ganas, por tanto, de materializar este encuentro en la cumbre con el maestro del etiojazz. Una llamada que llegó por parte del africano, el cual los invitó a tocar con él, cosa que hicieron regularmente como su banda de apoyo desde 2004.

Por tanto, la integración de estos extremos, aparentemente opuestos, tuvo el tiempo necesario para empastar y solidificar en el estallido sónico que nos encontramos en este disco grabado un par de años después de que empezaran a colaborar. Un disco en el que manda el saxo y el ritual ancestral de Mèkurya sobre el calambrazo raquídeo de los holandeses. Retroalimentación desigual en la que el saxofonista ejerce de guía y mentor, marcando la ruta a seguir por veredas serpenteantes y florestas de una exuberancia inaccesible, mientras las guitarras, la voz ocasional y la base rítmica le proporcionan un andamiaje frágil y tembloroso, pero absolutamente borboteante y vivo. Material indestructible sobre el que divagar.

Esas serían las características de este Moa Anbessa (el león conquistador). Un clásico inesperado con el que Mèkurya empieza a poner el colofón dorado a una carrera que se remonta a 1949. Un discazo con el que The Ex, a pesar de quedar en la sombra, acaban reluciendo y llamando la atención de medio mundo. Los motivos son de relumbrón e imposibles de glosar, aunque no me resisto a mencionar algunos puntos destacados entre tanta cumbre puntiaguda. como el aplastamiento con el que entra la banda al completo en esa "Ethiopia hagere", que abre fuego; o el tono místico y, perdonen, casi semanasantero de "Sethed seketelat"; o la fúnebre y hondísima "Eywat setenafegagn", con gorjeos eléctricos que parecen replicar la agonía de algún ave gigantesca. Un tono lúgubre que se amplifica y se prolonga en los ocho minutazos de "Aynotche terabu / Shemonmwanaye".

Mención aparte merece la introducción a guitarra pelada de esa gloriosa "Musicawi silt" con esa subyugante entrada de los vientos y esos solos de saxo primero y guitarras encabritadas después, auténtica piedra de toque de esta colaboración. Y no me puedo olvidar tampoco de la trascendental y preciosa "Tezeta", con un Mèkurya a solas con su soplido, enseñándonos lo inmenso de su arte. Tampoco, y con esto acabo, de la fiesta en mitad del desierto que es "Almaz yeharerwa", auténtica melopea tuareg que conecta el árbol genealógico de unas músicas tan lejanas para el oído africano y tan parecidas para nuestros oídos occidentales, mucho más simples y menos entrenados.

Muchas veces, demasiadas, las colaboraciones heterodoxas acaban naufragando por diversos motivos. Puede que les falte una motivación pura y auténtica más allá del maquillaje, el turismo de postal o las ganas de hacer caja. O simplemente la cosa no fluye. Creo que no tengo ni que decirlo, pero aquí no vamos a encontrarnos ninguna de esas taras. Esto es una de las mejores noticias de esa palabrota que es el "mestizaje". Uno de los motivos que dan sentido a esa tan denostada globalización que lo propicia. Una mundialización que facilita el encuentro y el entendimento. De ella se aprovechan, aunque sea para reventarla desde dentro. ¿O qué se esperaban?

1 Ethiopia hagere 6:30
2 Sethed seketelat 4:30
3 Eywat setenafegagn 5:05
4 Che belew shellela 4:50
5 Aynamaye nesh 5:54
6 Aynotche terabu / Shemonmwanaye 8:15
7 Musicawi silt 4:22
8 Tezeta 4:16
9 Almaz yeharerwa 5:35
10 Tezalegn yetentu 6:02
11 Aha begena 6:30
Total length: 61:49

En la música de este gigante nos encontramos el eco de lo rural, con todo ese sabor tradicional, con lo festivo y lo mortuorio de una música que clava las raíces hasta lo más hondo de la historia del hombre. Pero también cuenta con ese eco cosmopolita, acerado y galáctico que mira directamente al cosmos y a la modernidad.

Como Addis Ababa, la urbe que lo vio nacer como artista y donde ha vivido durante casi toda su vida antes de dejar este mundo en 2016 por una infección causada por la diabetes. Es inevitable percibir el pulso caótico, ancestral y perfumado de la capital del nordeste africano cuando nos sumergimos en las progresiones dulces o demoníacas que llenan esta obra magistral.

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