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miércoles, 21 de enero de 2026

La Biblia Negra

Paranoid (Black Sabbath, 1970)

HEAVY BLUES DE CATACUMBAElectricidad mórbida, tierra de cripta, veneno rítmico y toda la parafernalia mortuoria al servicio de un heavy blues que nunca ha sonado tan vicioso, sanguinario o letal. Por mucho que sus acólitos lo hayan intentado todo, desde subir el volumen hasta lo insoportable, exagerar lo demoníaco hasta lo ridículo o aplicar una guturalidad de orco que más de una vez ha acabado dando más risa que otra cosa.

Lo cierto es que nadie ha podido nunca igualar este segundo capítulo de la Biblia Negra que ha alimentado las pesadillas y ha moldeado los mandamientos fundamentales de lo que iba a ser el heavy metal. En cualquiera de sus sucias mutaciones, aunque especialmente en los géneros más oscuros y siniestros, ninguno de los grandes popes del género que reventaría en los 80 puede ni quiere escapar al influjo malsano de Black Sabbath en general ni de este disco muy en particular.

El secreto de su grandeza es fácil de apreciar y difícil de describir. Está en el sonido entre vidrioso y agonizante. Un sonido especial y único que debe tanto a la afinación especial de la guitarra de Tony Iommi como a la base rítmica con la demoledora presencia de ese pulpo llamado Bill Ward a los tambores y esa vibración tan personal y tan increíble de Geezer Butler al bajo. Es esto una de las cosas que más me han llamado la atención siempre, ese groove gomoso y bulboso que me traslada al pantano y a la cripta.

Mención aparte merece la voz, un Ozzy Osbourne que nunca estará entre las voces más impresionantes del rock ni nada de eso, pero que con su personalidad y su estilo ha marcado absolutamente a todos después de él. Su graznido de corto alcance puede que no impresione a nadie de primeras, pero no se puede negar que acaba hipnotizando como nadie. Eso y su manía tontorrona de cantar siguiendo la línea de bajo o de guitarra sin salirse. Un recurso tan simplón, tan poco imaginativo que no sé si se le había ocurrido antes a alguien, pero que Ozzy acaba convirtiendo en arte mayor.

Todos estos detalles unidos al oportunismo de llegar en el momento justo hicieron su trabajo para encumbrar a Paranoid a la categoría de clásico indiscutible, de disco transversal que todo aficionado a la música en cualquier género debería conocer. Luego existe la posibilidad de que se convierta en obra de cabecera y fundes bandas como Venom, Slayer o Motörhead. Que se dice pronto. 


 

A1 War Pigs
A2 Paranoid
A3 Planet Caravan
A4 Iron Man
B1 Electric Funeral
B2 Hand of Doom
B3 Rat Salad
B4 Fairies Wear Boots

Total: 42 min. 

martes, 9 de abril de 2024

Cuero y acero

British Steel (Judas Priest, 1980)

HEAVY METAL. El sexto álbum de Judas Priest fue el que materializó de manera física el poder legendario de una de las bandas más icónicas del heavy metal. La que más, me atrevería a decir. La que se adelantó a todos y selló los manierismos y lugares comunes de una música que entraba en su década de mayor éxito. Con los Judas el metal era lo que siempre debería ser: una cosa sucia, rápida y venenosa como un aguijón.

En este disco cumplen con creces con esa premisa y entregan uno de los tratados más canónicos y brutales del género. Con una terna inicial que a día de hoy no ha sido igualada, se consagran como los mesías de una forma de ver la música de la que iban a tomar nota todos los demás. Basta con pegar la oreja a esa apertura, "Rapid Fire", para mí su mejor canción, para dejarse vapulear por la cantidad de referencias que manejan y la miríada de semillas que plantaron. En ella es imposible no oler el aroma bastardo de Black Sabbath, Motörhead, Venom y los Metallica del Kill 'Em All (1983).

"Metal Gods" es desde su título el epítome de todo un género y "Breaking the Law" derrama a manos llenas esa rudeza callejera que acerca a la obra al rock urbano y que es la culpable de su perdurabilidad y de su capacidad transversal a la hora de captar oyentes en casi cualquier esfera del ámbito rockero. Como "Grinder" y su riff destrozacuellos o ese clásico del rock de carretera made in USA que es "Living After Midnight". Todo eso junto a una misteriosa "The Rage", construida sobre una curiosa línea de bajo y a esa genial "Steeler", con su coda de solos trepanadores que no quieres que terminen nunca, conforman lo más espectacular de un discazo eterno.

Las comparaciones con Iron Maiden siempre han sido la tónica con este grupo, pero en mi opinión con este disco quedan totalmente fuera de lugar. El rango vocal y la variedad de registros de Rob Halford no tiene parangón y así lo demuestra aquí, llegando donde nadie más puede con su aullido y regalándonos interpretaciones rasposas y crujientes justo en el otro extremo. Además, Judas Priest siempre han tenido algo muy especial que en esta, su obra maestra, queda reflejado mejor que nunca: esa capacidad para sonar oscuros, sucios y muy de verdad. Con el punto justo del toque más siniestro de Sabbath y sin llegar a los excesos de la euforia épica de Maiden. Manejando siempre los controles con un equilibrio y una sabiduría que los han hecho, eso, los auténticos dioses del metal.

★★★★☆

A1 Rapid Fire 4:07
A2 Metal Gods 3:58
A3 Breaking the Law 2:34
A4 Grinder 3:56
A5 United 3:31
B1 You Don't Have to Be Old to Be Wise 5:03
B2 Living After Midnight 3:30
B3 The Rage 4:43
B4 Steeler 4:28
Total: 35:50

La influencia de Judas Priest para con el heavy no se limita al sonido del género, sino que marcó la tendencia también en la estética, la pose y la actitud en el escenario. Y en gran medida todo eso lo marcó este disco de manera decisiva. 

No hay más que ver su contraportada para entender de qué va esto de tener todo el poder del metal corriendo por tus venas. Concretamente la indumentaria de Rob Halford marcó a más de unos miles, millones diría yo, de chavales en este planeta. Y es que si Iron Maiden eran los fuegos artificiales y la grandiosidad más bombástica, Judas Priest eran simplemente los dioses del cuero y el acero. 

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