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viernes, 6 de marzo de 2026

Sin rastro de humanidad

Dehumanizer (Black Sabbath, 1992)

HEAVY METAL. Once años después del exitoso Mob Rules (1981), y sin saber muy bien cómo, Tony Iommi consigue reunir la formación que grabó dicho álbum. Ronnie James Dio a las voces, Geezer Butler al bajo y Vinny Appice a la batería acompañan al guitarrista en un disco marcado por los continuos saltos al charco entre EE.UU. e Inglaterra para su grabación, lo que supuso un despilfarro que el propio Iommi no se ha cansado de mencionar.

Debió doler a la vista del resultado que, una vez más, muestra a unos Sabbath más orientados a lo que estaba haciendo Dio en ese momento que a la dirección que habían tomado desde Tyr (1990), álbum con el que habían logrado volver a invocar la oscuridad desde el ángulo de las leyendas escandinavas. ¿Algo que es malo per se? La verdad es que no. Son dos formas complementarias de entender el metal. Sin embargo, algo ha pasado siempre con la relación entre Iommi y Dio o con la de este último y Ozzy, quién sabe, pero lo cierto es que esta formación duró bien poco, volviendo Tony Martin al acabar la gira de presentación de este disco.

Un disco bastante bien considerado entre la crítica y los seguidores más acérrimos. Puedo entenderlo. El aura y la potencia escénica de Dio son muy grandes como para pasarlas por alto. Las ganas de revivir antiguas victorias, también. Aun así, tampoco veo mucho que celebrar en un álbum que me suena cabezón y poco imaginativo. Una obra que no aporta gran cosa ni al canon del grupo ni al del metal. En plena era de dominio del grunge, puede que se agradeciera que hubiera abnegados trabajadores del heavy de toda la vida para dar el contrapunto, pero, desde luego, se necesitaba algo más para equilibrar la balanza. 

★★☆☆☆

1 Computer God 6:15
2 After All (The Dead) 5:41
3 TV Crimes 4:02
4 Letters From Earth 4:17
5 Master of Insanity 5:55
6 Time Machine 4:15
7 Sins of the Father 4:46
8 Too Late 6:55
9 I 5:13
10 Buried Alive 4:50
11 Time Machine (Wayne's World Version) 4:19

Total: 56:28

miércoles, 21 de enero de 2026

La Biblia Negra

Paranoid (Black Sabbath, 1970)

HEAVY BLUES DE CATACUMBAElectricidad mórbida, tierra de cripta, veneno rítmico y toda la parafernalia mortuoria al servicio de un heavy blues que nunca ha sonado tan vicioso, sanguinario o letal. Por mucho que sus acólitos lo hayan intentado todo, desde subir el volumen hasta lo insoportable, exagerar lo demoníaco hasta lo ridículo o aplicar una guturalidad de orco que más de una vez ha acabado dando más risa que otra cosa.

Lo cierto es que nadie ha podido nunca igualar este segundo capítulo de la Biblia Negra que ha alimentado las pesadillas y ha moldeado los mandamientos fundamentales de lo que iba a ser el heavy metal. En cualquiera de sus sucias mutaciones, aunque especialmente en los géneros más oscuros y siniestros, ninguno de los grandes popes del género que reventaría en los 80 puede ni quiere escapar al influjo malsano de Black Sabbath en general ni de este disco muy en particular.

El secreto de su grandeza es fácil de apreciar y difícil de describir. Está en el sonido entre vidrioso y agonizante. Un sonido especial y único que debe tanto a la afinación especial de la guitarra de Tony Iommi como a la base rítmica con la demoledora presencia de ese pulpo llamado Bill Ward a los tambores y esa vibración tan personal y tan increíble de Geezer Butler al bajo. Es esto una de las cosas que más me han llamado la atención siempre, ese groove gomoso y bulboso que me traslada al pantano y a la cripta.

Mención aparte merece la voz, un Ozzy Osbourne que nunca estará entre las voces más impresionantes del rock ni nada de eso, pero que con su personalidad y su estilo ha marcado absolutamente a todos después de él. Su graznido de corto alcance puede que no impresione a nadie de primeras, pero no se puede negar que acaba hipnotizando como nadie. Eso y su manía tontorrona de cantar siguiendo la línea de bajo o de guitarra sin salirse. Un recurso tan simplón, tan poco imaginativo que no sé si se le había ocurrido antes a alguien, pero que Ozzy acaba convirtiendo en arte mayor.

Todos estos detalles unidos al oportunismo de llegar en el momento justo hicieron su trabajo para encumbrar a Paranoid a la categoría de clásico indiscutible, de disco transversal que todo aficionado a la música en cualquier género debería conocer. Luego existe la posibilidad de que se convierta en obra de cabecera y fundes bandas como Venom, Slayer o Motörhead. Que se dice pronto. 


 

A1 War Pigs
A2 Paranoid
A3 Planet Caravan
A4 Iron Man
B1 Electric Funeral
B2 Hand of Doom
B3 Rat Salad
B4 Fairies Wear Boots

Total: 42 min. 

domingo, 2 de noviembre de 2025

Ofrenda al que todo lo ve

ᛏᛉᚱ [Tyr] (Black Sabbath, 1990)

HEAVY METAL. Parece ser que el regreso radical a los postulados más nigrománticos de la banda en el disco anterior fue cosa de Tony Martin, su vocalista y letrista. Algo que no acabó de convencer a los demás miembros, Tony Iommi a la cabeza. Demasiado burdo, demasiado in your face como para sonar creíbles, pensaba el guitarrista y líder del combo. Seguro que ese fue el motivo del giro que Martin aplica en este disco al teñir su impostada oscuridad con las leyendas y la mitología escandinava.

Un toque vikingo que no es tan profundo como para que hablemos de obra conceptual alguna. Sin embargo, tampoco lo veo tan leve como algunos fans pregonan. Solo mirando al título de las canciones, podemos observar que Odín y Freya han paseado por los sueños de un Martin, que, quizás espoleado por toda esta ambientación, vuelve a despendolarse hasta sus extremos habituales. Una hiperexpresividad que cabalga a lomos de unas baterías brutales. Bestiales desde el mismo sonido apabullante con el que están mezcladas. No es de extrañar, teniendo en cuenta que el propio Cozy Powell coproduce esto junto a Tony Iommi.

¿Y qué sale de todo esto? Pues un disco de heavy metal que podría ser perfectamente el molde del género que había florecido en los 80. Black Sabbath inician la nueva década poniendo un colofón rotundo a la anterior más que iniciando nuevo camino alguno. De hecho, y perdónenme el atrevimiento, diría que en lugar de impartir magisterio, han seguido los designios de alumnos aventajados, como Iron Maiden. El frenesí, el galope tendido, esas armonías más épicas que tenebrosas y, sobre todo, la voz de Martin hacen que esto suene poco a Sabbath y mucho a NWOBHM. A tres segundos del estallido del grunge, eso sí.

No sé si todo esto explica el bache que empezaba a sufrir el género, necesitado de nuevos aires. Lo que sí tengo claro es que lo de Black Sabbath desde el principio de los ochenta en adelante no tiene nombre ni defensa posible. Y eso que este disco mantiene los ligerísimos aires de recuperación que ya anunciaba el anterior. Poca cosa, seamos claros.

★★☆☆☆

1 Anno Mundi 6:12
2 The Law Maker 3:53
3 Jerusalem 3:59
4 The Sabbath Stones 6:46
5 The Battle of Tyr 1:08
6 Odin's Court 2:42
7 Valhalla 4:41
8 Feels Good to Me 5:44
9 Heaven in Black 4:05

Total: 39:10 

lunes, 27 de octubre de 2025

Cruz decapitada

Headless Cross (Black Sabbath, 1989)

HEAVY METAL. Black Sabbath vuelven a las simas más oscuras, a lo pagano, casi a lo satánico, en este segundo álbum con Tony Martin en las voces, el primero con Cozy Powell en los parches y el único con el bajista de sesión Laurence Cottle.

En cierta forma, siendo la voz uno de los elementos más distintivos de un grupo, aunque también por culpa de la dirección musical marcada por Tony Iommi, el cual incluso coproduce con Powell aquí, la banda encauza mejor un sonido que en los últimos tiempos parecía condenado a perderse para siempre.

Las razones para congratularnos por ello están en una querencia prevalente por los medios tiempos. También en una lentitud generalizada y muy bien llevada merced a arpegios introductorios y sutiles atmósferas de sintetizador. La voz de Martin parece contenerse siquiera un pelín, si bien es cierto que tampoco acaba esto siendo la panacea, en buena medida por esos momentos de pirotecnia vocal que espolean los solos de Iommi hasta hacer de esto puro y duro heavy metal del más obcecado y clásico.

¿Y esto es malo? Objetivamente no, pero para mi paladar, tantos saltos, tanto cuero y tanto acero necesitan mucha más justificación para que me resulten válidos. Aun así, entiendo el entusiasmo que provocó el álbum tras unos cuantos intentos totalmente fallidos. También reconozco que canciones como "When Death Calls", con solo de Brian May, puede competir con lo mejor de la banda en la época de Dio. O que los dos últimos temas representan un bienvenido, aunque leve, regreso a las formas que los hicieron grandes. Es lo máximo que concedo a un álbum que sí, marca una mejoría, pero que no es ni de lejos lo mejor que debía ofrecer un grupo con el nombre sagrado de Black Sabbath. 

★★☆☆☆

A1 The Gates of Hell 1:06
A2 Headless Cross 6:28
A3 Devil and Daughter 4:39
A4 When Death Calls 6:56
B1 Kill in the Spirit World 5:09
B2 Call of the Wild 5:18
B3 Black Moon 4:05
B4 Nightwing 6:32

Total: 40:13 

jueves, 14 de agosto de 2025

La pesadilla de Rodin

The Eternal Idol (Black Sabbath, 1987)

HEAVY METAL. Estamos ante el decimotercer álbum de Black Sabbath, banda en la que solo quedaba Tony Iommi, de ahí que muchos seguidores llamen a esta etapa la de Iommi y amigos. Lo que me lleva a preguntarme por qué tuvo tantos miramientos a la hora de sacar un disco bajo el nombre de Sabbath con el anterior, Seventh Star (1986), mientras que aquí no le tembló el pulso a la hora de parir una obra de su puño y letra en lo musical para sacarla bajo el paraguas mitológico de un nombre tan grandioso.

Puede que fuera por resignación, por tratar de capitalizar el éxito de un nombre que al fin y al cabo había contribuido a crear y engrandecer o porque veía que aquí se abría una nueva etapa de Sabbath con la incorporación de Tony Martin a las voces, un cantante que permanecería en el grupo durante dos álbumes más. Después regresaría, pero esa es otra historia. La cosa es que aquí, el entonces desconocido vocalista realiza un trabajo mayúsculo en lo profesional, aunque una vez más alejado para mí del estilo que pedía la oscuridad de la banda de Birmingham.

Todo eso unido a un grupo de canciones formulaicas y que parecen ir a rebufo de las bandas a las que precisamente habían influido hace que el disco sea aburrido y monótono. Hasta el punto de que solo salvaría sin peros su cierre con una canción titular que sí que nos devuelve a las nieblas densas del pasado. No es pecar de exceso de nostalgia ni incapacidad para aceptar el crecimiento de una banda que no es tal. Lo que trató de hacer Iommi en estos años era una huida hacia delante sin resuello y sin mirar atrás. Vale, lo comprendo, pero tampoco tengo claro que olvidarse totalmente del pasado sea la solución para tus problemas. Un nuevo intento fallido que todos sabíamos que no iba a ser el último.

★☆☆☆☆

A1 The Shining 5:59
A2 Ancient Warrior 5:31
A3 Hard Life to Love 5:00
A4 Glory Ride 4:48
B1 Born to Lose 3:44
B2 Nightmare 5:20 ✔
B3 Scarlet Pimpernel 2:07 ✔
B4 Lost Forever 4:03
B5 Eternal Idol 6:34 ✔

Total: 43:06

La portada aquí es un trasunto curioso. Basándose en la escultura The Eternal Idol de Auguste Rodin, aprovechan para titular el álbum y adornarlo, aunque al no contar con el permiso necesario para utilizar una fotografía de la estatua, decidieron recrearla usando modelos a los que embadurnaron en pintura color bronce. El resultado es extraño, como demasiado hierático para mi gusto.

Sin embargo, lo peor del tema no fue si quedó bien o mal, sino que los modelos tuvieron que ser ingresados en el hospital tras la sesión por la toxicidad de la pintura empleada en sus cuerpos. Una dejadez o temeridad muy en la línea de unos Black Sabbath que habían perdido a sus figuras más tóxicas en lo drogota, pero que seguían contando con un Tony Iommi que siempre las ha matado callando. 

jueves, 31 de julio de 2025

El elegido

Seventh Star (Black Sabbath featuring Tony Iommi, 1986)

HARD ROCK/A.O.R. Lo de este disco no tiene nombre ya desde el planteamiento. Se suponía que iba a ser un trabajo de Tony Iommi en solitario y no de Black Sabbath, pero la discográfica presionó para que el nombre del mítico cuarteto de Birmingham estuviera en la portada. Una portada en la que sale solo el bueno de Tony, porque en realidad era el único superviviente del grupo original y porque este iba a ser su disco. Un gesto que lo dice todo acerca de lo que nos vamos a encontrar dentro y que junto a ese featuring Tony Iommi que colocan junto al nombre del grupo parece susurrarnos que el guitarrista tampoco estaba especialmente contento con firmar esto con el nombre de un grupo que sencillamente ya no existía.

No creo que nadie se creyera que esto iba a sonar ni de lejos a lo que hacía la banda en cualquiera de sus encarnaciones anteriores, pero es que es ponerlo y no poder creer lo que escupen los altavoces. Nunca mejor dicho lo de "escupen", porque esta zambullida en el hard rock y hasta el AOR, con la voz épica y gigantesca de Glenn Hughes, jamás debería haber sido el duodécimo álbum de Black Sabbath. Sin entrar en si suena bien o mal, que para mi gusto sería más bien lo segundo, esta música estaría bien si fuera dirigida a los seguidores de grupos como Trapeze o Deep Purple, de donde venía Hughes. Ese es su nicho de mercado y ahí no tengo nada que rebatir.

Sin embargo, la avaricia, una vez más, se pasó por el forro toda la coherencia artística y los deseos del músico. Aun sin estos prejuicios y consideraciones previas, me he puesto el disco y lo he tasado con imparcialidad, pero es que esta música no es para mí. Me parece aburrida, histriónica y absolutamente desconectada no ya de clásicos como "War Pigs", sino del mismísimo Born Again (1983), al que casi hace bueno este álbum infame. Sonará duro, pero esto son, ni más ni menos, treinta y cinco minutos de mi vida que no me va a devolver nadie.

★☆☆☆☆

A1 In for the Kill 3:48
A2 No Stranger to Love 4:28
A3 Turn to Stone 3:28
A4 Sphinx (The Guardian) 1:12
A5 Seventh Star 5:20 ✔
B1 Danger Zone 4:26 ✔
B2 Heart Like a Wheel 6:36 ✔
B3 Angry Heart 3:06
B4 In Memory 2:36

Total: 35:00 

martes, 29 de julio de 2025

Retoño maldito

Born Again (Black Sabbath, 1983)

HEAVY METAL. Black Sabbath son unos supervivientes. Eso hay que reconocérselo. A pesar de los numerosos cambios en un puesto tan definitorio como el de vocalista, se las han ingeniado para seguir con su mismo nombre, sus resultados han sido más que irregulares, y aun así han mantenido su masa de fans más o menos intacta. Algo de lo que este disco en particular es el ejemplo perfecto.

Born Again juega en el título con la idea de ese renacer tras el segundo intento de destrucción del grupo. La primera vez tuvieron que despedir a un Ozzy enloquecido por las drogas y aquejado de una notable falta de compromiso y motivación. Ahora se les iba Ronnie James Dio, frustrado por la falta de profesionalidad del grupo, y en su lugar ficharon a todo un Ian Gillan (ex-Deep Purple). Una voz demasiado icónica y reconocible, en mi opinión, como para que el proyecto pudiera tener éxito.

Efectivamente, la opinión mayoritaria me da la razón. En este disco no funciona prácticamente nada. La voz de Gillan, aun estupenda, había perdido buena parte del brillo de los 70 y además ni ella ni el estilo escénico del vocalista se ajustaban a los manierismos y el aura de Black Sabbath. La producción es desastrosa, y no lo digo solo yo, los propios miembros del grupo no se mostraron precisamente satisfechos con la mezcla final. Pero lo peor de todo son las canciones. Todos tenemos algún disco favorito con una producción infame, porque una buena canción lo puede todo, pero aquí es que tampoco podemos agarrarnos a eso en casi ningún caso. Especialmente sangrantes son los casos de "Disturbing the Priest" o "Digital Bitch". De lo peor que haya grabado Sabbath jamás.

Así las cosas, entiendo que el grupo necesitara reivindicarse después de tantos reveses y entiendo que nos presentaran su undécimo disco como un renacer absoluto. Comprendo que haya seguidores que defiendan las novedades que presenta el álbum y por supuesto estoy hasta de acuerdo con el hecho de que la banda estaba casi renaciendo de sus cenizas aquí. Otra cosa es que la criaturita que estaba llegando a la vida fuera más o menos agraciada. Por mi parte tengo claro que la horrible portada que escogieron es más que descriptiva y hace justicia a este engendro discográfico de manera magistral. He dicho.

★☆☆☆☆

A1 Trashed 4:16
A2 Stonehenge 1:58 ✔
A3 Disturbing the Priest 5:49
A4 The Dark 0:45
A5 Zero the Hero 7:35 ✔
B1 Digital Bitch 3:39
B2 Born Again 6:34 ✔
B3 Hot Line 4:52
B4 Keep It Warm 5:35

Total: 41:03

La infame portada fue diseñada por Steve Joule, colaborador habitual de Ozzy. Según explicó después, para evitar que Osbourne se enfadara por colaborar con Black Sabbath, les envió bocetos mal hechos con el fin de que los rechazaran. Pero no, les gustó su trabajo y aceptó el contrato que le ofrecieron.


El diseño se derivaba de la fotografía de un bebé sacada de la revista Mind Alive (1968). Lo más curioso es que no fue el único que la había utilizado, ya que un par de años antes Depeche Mode usó la misma fotografía para su single "New Life" (1981). Una portada, esta última, que a pesar de su fealdad, supera con mucho en atractivo al aborto demoníaco de Black Sabbath. Un engendro que siempre he pensado que era perfecto para lo que suena en el disco.

viernes, 25 de julio de 2025

Las leyes de la turba

Mob Rules (Black Sabbath, 1981)
 

HEAVY METAL. Al principio parece que tengo que volver a irritarme. Cuando una portada como esta no se ve reflejada en lo que suena, no puedo evitar cabrearme. Y eso es lo que pasa, al menos en las primeras escuchas, en el segundo disco de Black Sabbath con Ronnie James Dio a la voz. Porque yo me esperaba un sonido fangoso, sucio y muy oscuro. Algo que no te dan de manera directa, pero que va supurando conforme avanza el álbum. Es como si Mob Rules fuera desenredando su telaraña poco a poco, como si Dio hubiera entendido su papel en el grupo y estos volvieran a sonar crudos y amenazantes, algo que no hicieron en ese disco de reubicación que fue Heaven and Hell (1980).

Eso me queda claro cuando empiezo a entender los entresijos de un disco que suena más oscuro que el anterior. Un disco que no renuncia a ese metal desaforado que propone Dio, pero que deja espacio también para los riffs envenenados de Tony Iommi. Un álbum que no llega a acercarse lo suficiente a esos Sabbath primerizos que me enamoraron, pero que al menos parece otearlos siquiera en el horizonte. Puede que no sea suficiente, claro que no, pero al menos me daba una cierta esperanza a la luz negra de medios tiempos y lentas tan ominosas y clarividentes como "The Sign of the Southern Cross", "Falling off the Edge of the World" o esa excelentísima "Over and Over".

Si a esto le acompañan temas más fuertes como "Voodoo", "The Mob Rules" o "Country Girl". Canciones que, sin ser la panacea, no me dan tanta cosica como otras de su mismo pelaje, puedo decir con orgullo que estoy ante el álbum post-Ozzy que más me gusta. No tanto como para disfrutarlo a tumba abierta, pero sí lo suficiente como para escucharlo con agrado. Teniendo siempre en cuenta que hay un escalón insalvable entre esto y lo que para mí son los auténticos Sabbath. Eso no puedo olvidarlo, pero con decir que no pienso en ello mientras suena Mob Rules, creo que ya estoy diciendo mucho.

★★★☆☆

A1 Turn Up the Night 3:42
A2 Voodoo 4:33 ✔
A3 The Sign of the Southern Cross 7:49 ✔
A4 E5150 2:51
A5 The Mob Rules 3:15 ✔
B1 Country Girl 4:03 ✔
B2 Slipping Away 3:46
B3 Falling Off the Edge of the World 5:05 ✔
B4 Over and Over 5:27

Total: 40:31

Mob Rules pertenece a esa caterva exclusiva de álbumes en los que no puedo entrar a pesar de mi buena predisposición. Son discos cuya portada, aura o lo que dice la gente de ellos me piden toda la generosidad a la hora de disfrutarlos, pero que por mucho que pongo de mi parte, no puedo hacerlos míos.



Discos como The Runaways (The Runaways, 1976), Seventh Son of a Seventh Son (Iron Maiden, 1988) o Blues for the Red Sun (Kyuss, 1992), por decir los tres primeros que me vienen a la mente. Al menos los dos últimos siempre me han hipnotizado con su portada. Algo que también hace este Mob Rules.

Al respecto habría que decir que en el caso de este álbum se trata de la adaptación del cuadro Dream 1: Crucifiers (Greg Hidebrandt, 1978), el cual podemos ver arriba. Una pintura bastante más malsana y siniestra que lo que suena aquí. Sin embargo, creo que de alguna forma acaba potenciando el veneno que supura Black Sabbath en un disco que acaba resultando mejor de lo que parecía. El clásico para el mundo siempre será Heaven and Hell (1980), pero yo disfruto este un poquito más. Y no sé realmente por qué.

sábado, 19 de julio de 2025

El olor pestilente de la venganza

Live at Last (Black Sabbath, 1980)

HEAVY BLUES DE CATACUMBA. Este disco salió sin el permiso de la banda. Aunque habían estado tonteando con la idea del álbum en directo hasta el punto de realizar unas grabaciones en 1973 para lanzarlo, no quedaron conformes con los resultados y estos registros quedaron archivados. Tras despedir a su mánager, Patrick Meehan a finales de los 70, entablaron una lucha judicial por sentirse estafados durante su gestión. Ya fuera por venganza o como una manera de sacar tajada, o por los dos motivos, Meehan, que tenía los derechos sobre estas grabaciones, lanzó este directo sin el consentimiento de la banda.

Como podrán imaginar, con todos estos preliminares, la cosa no podía resultar muy exitosa desde el punto de vista artístico. Todo ese apresuramiento, que la banda no supervisara el lanzamiento y que se tratara de tomas que no habían pasado el filtro de calidad en su momento eran cuestiones que no auguraban nada bueno. Y sí, efectivamente, el disco es una decepción en toda regla. Un constructo en el que duele ver impreso el nombre de Black Sabbath. Como duele que en los créditos le endosen las voces a un tal Ossie [sic.] Osbourne. Parece que el rencor de Meehan no tenía límites.

En este despropósito, las canciones suenan desafinadas por momentos, y no me refiero solamente a Ozzy, y buena parte de ellas no tiene la fuerza que podíamos esperar de los de Birmingham. Estos no es que no suenen en forma, porque la verdad es que defienden el material con solvencia, pero está claro que no fueron las mejores noches de su carrera. Es lo que pasa cuando te empeñas en sacar lo que tienes disponible sin posibilidad de elegir o mejorarlo. Hay quien además se queja del repertorio, con ausencias mayúsculas, aunque no les doy la razón ahí. Al fin y al cabo, Sabbath aquí estaban en la gira de presentación de Vol 4 (1972), así que es normal que dominen los temas de dicho álbum en detrimento de algún que otro clásico que nunca puede faltar.

Aun así, tampoco puedo decir que la selección de temas no acabe afectando a la impresión que nos llevamos de Live at Last. Un disco que no debió salir nunca, por mucho que los fans acabáramos saciando nuestra curiosidad con temas gloriosos de esa primera etapa de la banda con Ozzy, la única culpable de que hayan entrado en los anales de la historia. El grupo contestaría un par de años después con Live Evil (1982), ya con Ronnie James Dio y sin Bill Ward. Según los supervivientes, su primer directo oficial, pero lo cierto es que, por mucho que critiquemos la maniobra de Meehan, en este al menos tenemos a los cuatro magníficos. Algo que se nota sobremanera y que hace que podamos pasar por alto parte de sus taras. No todas, por supuesto, pero quizás sí las suficientes como para no tirarlo a la basura.

★★☆☆☆

A1 Tomorrow's Dream 3:10
A2 Sweet Leaf 5:27
A3 Killing Yourself to Live 5:28
A4 Cornucopia 3:57 ✔
A5 Snowblind 4:47 ✔
A6 Children of the Grave 4:31 ✔
B1 War Pigs 7:37 
B2 Wicked World 18:44 ✔
B3 Paranoid 3:23

Total length: 57:04

domingo, 13 de julio de 2025

How dare you!

Never Say Die! (Black Sabbath, 1978)

HARD ROCK. Los Sabbath siguen con su lento pero inexorable proceso de desintegración. Este es su octavo disco y como los dos o tres anteriores no estuvo exento de tensiones ni problemas de comunicación. El principal era el abuso de cocaína y alcohol (entre otras cosas), algo que ya era la tónica y estaba totalmente asentado en el seno de la banda desde hacía años. Un hábito que no deja de ser un problema y que potenció hasta el infinito las diferencias artísticas. De hecho, Ozzy dejó el grupo poco antes de empezar a grabar el álbum.

Llegó a ser sustituido por Dave Walker (Savoy Brown, Fleetwood Mac), con el que ensayaron temas para el disco. No llegó a grabarlos porque finalmente Osbourne regresó al redil, aunque se negó a cantar cualquier canción escrita durante la estancia de Walker. Ante la escasez de material, la banda se empeñó en usar una de esas canciones, "Swinging the Chain", motivo por el cual es Bill Ward el que canta en ella tal y como ya hizo en "It's Alright" del álbum anterior.

Los defensores del que iba a ser el último disco en el que participara Ozzy Osbourne hasta 2013 se agarran a su sonido más directo y rockero si lo comparamos con su último trabajo. Y sí, algo de eso hay, no lo voy a negar. Ahí está la canción titular o "Junior Eyes" para corroborarlo. También la buena noticia de una experimental y pianística "Air Dance", que juega a su favor. Sin embargo, tampoco podemos olvidar piezas como "Over to You", que de ampulosa no se sostiene, o una "Swinging the Chain" que cuenta con unos cambios tan inexplicables como su final inexpresivo y abrupto en fade out cuando menos te lo esperas. Por no hablar de lo insípido de canciones como "A Hard Road" o "Shock Wave". 

Ejemplos perfectos de la falta de dirección por parte de una banda totalmente perdida, sin rumbo y absolutamente poseída por las sustancias más tóxicas. Un callejón sin salida que se saldaría con la salida definitiva de Ozzy y con una deriva creativa e identitaria que les traería un par de hallazgos valiosos en las siguientes décadas, pero que se iba a quedar muy lejos de lo conseguido en sus años iniciáticos, los cuales jamás lograrían replicar.

★★☆☆☆

A1 Never Say Die 3:47 ✔
A2 Johnny Blade 6:27
A3 Junior's Eyes 6:41 ✔
A4 A Hard Road 6:03
B1 Shock Wave 5:13
B2 Air Dance 5:15 ✔
B3 Over to You 5:21
B4 Breakout 2:36 ✔
B5 Swinging the Chain 4:18

Total: 45:41

Nativity In Black

Black Sabbath (Black Sabbath, 1970)

 

HEAVY BLUES DE CATACUMBA. Toda una muestra de intenciones. El disco de la trinidad impía: Black Sabbath (canción, disco y grupo), muestra su insolencia con el canto lúgubre que lo abre y sigue apareándose de manera primitiva y bastarda con el blues. Por ello aquí todavía hay conexiones muy fuertes con coetáneos como Cream o Led Zeppelin. Están los riffs blueseros y los solos elásticos, aunque es una psicodelia que busca el viaje a las simas del alma en lugar de la expansión mental hippy. 

Pocas veces, si es que ha habido alguna, se ha podido rastrear el comienzo de todo un movimiento de manera tan clara. Hay quien dice que el heavy metal empezó cuando Link Wray subió el overdrive en su ampli y rasgó las primeras notas de "Rumble". Otros afirman que fueron Blue Cheer los que lo empezaron todo con su psicodelia pesada... Por mi parte lo veo clarísimo. Eso fueron los prolegómenos del fenómeno, los preliminares, la preparación, pero el verdadero kilómetro cero del heavy metal está en Black Sabbath. Más concretamente en la canción que abre este disco, en esa lluvia y esas campanas, en esos acordes mínimos y espaciados que ya suenan a doom metal, en esa imaginería demoníaca en su letra y en ese cambio de ritmo tan increíble.

Lo más sorprendente es que todo lo que contribuyó al surgimiento de esta música es más fruto del azar que de plan alguno. Y por mucho que Ozzy Osbourne se lleve los méritos por carisma y por guiar al grupo en su búsqueda de una oscuridad que nadie antes había abrazado, el auténtico arquitecto de todo este sonido fue el guitarrista Tony Iommi, Lord of Doom, cuya aportación es tan incalculable como a menudo infravalorada. De todos es sabido que sufrió un accidente su último día de trabajo en la industria metalúrgica en el que vio amputadas las falanges de dos de los dedos de su mano derecha, la que recorría el mástil de su guitarra. Era zurdo. Los médicos le dijeron que se olvidara de volver a tocar, pero él, pasado el shock inicial, empezó a buscar soluciones inspirado por Django Reinhardt, también tullido y uno de los mejores guitarristas que ha habido jamás.

De todas estas limitaciones surgió el auténtico corazón del sonido de Black Sabbath. Iommi se fabricó unas prótesis con forma de dedal para sus dedos lastimados y cambió las cuerdas de su guitarra por unas más livianas, llegando a usar cuerdas de banjo. Esto le permitía tocar a pesar de la pérdida de sensibilidad y fuerza en sus dedos, aunque alteraba el sonido de la guitarra significativamente, cosa que demostró ser definitiva con el tiempo. Máxime cuando en futuros discos descubrió las ventajas de bajar la afinación de su guitarra varios tonos. Con ello aliviaba notablemente la tensión en sus dedos y además lograba un sonido aún más lúgubre y amenazante.

En este disco, sin embargo, la afinación todavía era estándar. Si sonaba tan diferente a todo era por el uso de tritonos, por ralentizar los riffs hasta lo moroso y por centrarse en las progresiones menores en los temas. Recursos sencillos pero impactantes que nadie antes había utilizado con tal profusión y maestría. En un álbum que grabaron en un solo día. Un disco con una producción ultrabásica, un sonido mate y casi diría que lo-fi, pero que fue capaz de inspirar a todo un movimiento. Eso, junto a su maravillosa portada, lo hacen una obra maestra tan inesperada como incontestable. Un disco al que el tiempo, por fin, lo está poniendo en su sitio.   

★★★★★

A1 Black Sabbath 6:21 ✔
A2 The Wizard 4:24 ✔
A3 Behind the Wall of Sleep 3:38 ✔
A4 N.I.B. 6:06
B1 Evil Woman, Don't Play Your Games With Me 3:25
B2 Sleeping Village 3:46 ✔
B3 Warning 10:32 ✔

Total: 38:12 

viernes, 11 de julio de 2025

Tormento eterno

Technical Ecstasy (Black Sabbath, 1976)

ROCK. La visión popular es clara al situar aquí el primer bajón notable en la discografía de Black Sabbath. Discrepo en cierta forma. El socavón es claro, pero para mí con Sabotage (1975) ya habían bajado un escalón. Aquí no hacen más que incidir en ese hundimiento hasta hacerlo totalmente evidente. Bajo mi punto de vista, Sabotage parece destacar más de lo que debería porque contiene picos muy altos. Sin embargo, los puntos bajos en Technical Ecstasy no son tan clamorosos como en ese álbum.

Dicho de otra forma, si bien aquí no hay nada del nivel de "Hole in the Sky" o "Symptom of the Universe", tampoco hay nada tan deplorable como "Am I Going Insane (Radio)". Con los primeros alientos del punk los de Birmingham se vieron espoleados, casi obligados diría yo, a buscar nuevos territorios para su música. Todo eso se tradujo en canciones más complejas y floridas en una huida de la desesperación y la oscuridad que siempre había teñido su música. Aquí lo oscuro, que algo sigue habiendo, suena en forma de blues y se permiten el lujo de fabricar baladas soleadas como una "It's Alright" que canta Bill Ward y que en realidad era un descarte de las sesiones de Vol 4 (1972). Era imposible que hubiera entrado en un álbum tan duro, por su luminosidad, pero aquí encontró su sitio. Creo que con eso está todo dicho.

En definitiva, aunque he tratado de defender el que puede ser el álbum más discutible de la era de Ozzy, lo cierto es que Technical Ecstasy sufre de una falta de dirección demasiado palpable. Entre la necesidad por no perder el tren de la modernidad persiguiendo una comercialidad que no necesitaban y las tensiones internas el disco no se sostiene. Tony Iommi tuvo que tomar las riendas de la producción para sacarlo adelante; Ozzy estaba más fuera que dentro, de ahí que no cantara en "It's Alright"; y Geezer Butler apenas escribió letras para el álbum, reconociendo a posteriori que no se involucró lo que debía. Así las cosas, salió lo que salió: una obra demasiado ecléctica y demasiado desenfocada. Aun así, un disco nada desdeñable, aunque tengo que reconocer que hay que respirar hondo para reivindicarlo.

★★☆☆☆

A1 Back Street Kids 3:46 ✔
A2 You Won't Change Me 6:34 ✔
A3 It's Alright 3:58 
A4 Gypsy 5:10
B1 All Moving Parts (Stand Still) 4:59
B2 Rock 'n' Roll Doctor 3:25
B3 She's Gone 4:51 ✔
B4 Dirty Women 7:15 ✔

Total: 39:58 

lunes, 7 de julio de 2025

Ni "jartos" de opio

Vol 4 (Black Sabbath, 1972)
 

HEAVY BLUES DE CATACUMBA. Black Sabbath impactan con su cuarta entrega en una demostración de cómo sonar sucios y crudos como solo ellos saben mientras añaden capas y capas de lo que empieza a parecerse al rock progresivo. Lo hacen de una manera sutil, sin olvidar ni sus orígenes ni su personalidad, pero lo dejan claro en aproximaciones que empiezan a rozar lo megalomaníaco, como esa apertura en las alturas que es "Wheels of Confusion", con letra de Geezer Butler, que refleja la conmoción provocada por la pérdida de un ser querido, pero que también conectaba siquiera tangencialmente con la espiral de excesos, giras interminables y caos en una banda que podía muy bien haberse desintegrado en esos años.

Por suerte aguantaron el tirón. Y en parte lo hicieron por sus ansias por reciclarse a la búsqueda de algo nuevo. Si algo destaca en este álbum es un espíritu experimentador que no se había visto en el grupo hasta entonces. Ahí está esa balada sin coartada que es "Changes". Una canción a piano y voz en la que la torpeza de un Tony Iommi, que no había tocado jamás el instrumento, consigue realzar al máximo la fragilidad y el candor de la interpretación de un Ozzy, como siempre, tan ingenuo como genial al micro.

A este tema se unen experimentos con la estática y el feedback como "FX", nada destacable pero interesante, y la adición de toda una orquesta en "Snowblind" y "Laguna Sunrise". Una novedad fastuosa que contrasta con detonaciones más clásicas que siguen la estela de Master of Reality (1971), como "Supernaut". Volviendo a "Snowblind", pieza central en el álbum, sorprende al contener cambios de dinámicas que conectan con el progresivo y que se iban a convertir en la tónica más que en la excepción en futuros trabajos. "Cornucopia" es otro ejemplo de ese viraje, ya que aunque está básicamente tocada en 4/4, sus extrañas acentuaciones rítmicas y síncopas crean una sensación de desequilibrio enfatizada cuando en algunos pasajes coquetean con el 3/4 y el 2/4 sin acabar de redondearlos.

Esos son algunos detalles de los muchos que hacen de Vol 4 un disco fascinante dentro del catálogo de Sabbath. Un álbum pesado, pero también variado y colorido. Una obra que se abre a una cierta experimentación dentro de los patrones inamovibles de una banda que vuelve a abrazar la oscuridad impenetrable en un cierre, "Under the Sun", en el que pasean por el abismo como siempre han hecho. ¿Como Dios manda?

 ★★★★☆

A1 Wheels of Confusion 8:02 ✔
A2 Tomorrow's Dream 3:13 ✔ 
A3 Changes 4:45 ✔
A4 FX 1:43 
A5 Supernaut 4:39 ✔
B1 Snowblind 5:34 ✔
B2 Cornucopia 3:54 ✔
B3 Laguna Sunrise 2:56
B4 St. Vitus Dance 2:29 ✔
B5 Under the Sun 5:51 ✔

Total: 43:06 

domingo, 6 de julio de 2025

La tierra del cementerio

  

Black Sabbath 

Birmingham, ENG, UK

 

Black Sabbath ha amasado una reputación que cotiza bien tanto entre el fanatismo metalero como entre los gustos más exquisitos. No es que sea un plato para cualquier paladar, pero siempre va a haber oídos desprejuiciados que van a apreciar su legado por encima del plastiquete que rodea su imagen de dioses del metal oscuro. Los Sabbath han sobrevivido al peso de su leyenda y a principios del siglo XXI son respetados por casi todos y adorados por un buen puñado. 

Se forman en Birmingham en 1968 con un núcleo duro que iba a reinar durante más de diez años. Sin duda fue su mejor época y yo diría que la única que se puede defender ante la masa. En estos diez años (y no tanto los últimos) el grupo definió y refinó un sonido y una parafernalia que los iba a hacer eternos. Ozzy Osbourne a la voz, esa voz claramente escasa pero con un encanto indudable que muchos han tratado de imitar. Eso es fácil. Lo difícil era crearla de la nada con esa sencillez a la hora de cantar siguiendo el riff. Demasiado básico. Demasiado adictivo. Un sello propio que se incrementa con el señor del riff, Tony Iommi, guitarrista fino y pulcro que tras un accidente en el que perdió la punta de dos dedos tuvo que alterar su forma de acercarse al instrumento e incluso de afinarlo. Los resultados son más que patentes en trabajos de elegancia y oscuridad insondables en los que la pirotecnia se deja siempre al servicio de la canción. Contención. Esa sería la palabra que definiría también al fabuloso Geezer Butler, una bestia del bajo, que con su sonido bulboso otorgó credibilidad a un grupo demasiado primitivo para la época. Primitivo como la violencia con la que Bill Ward aporreaba la batería. Una violencia no exenta de un virtuosismo perturbador e impactante.

Este fue el cuarteto que marcó un antes y un después en el rock duro. Aunque pueda parecer mentira después de ver su influencia en grupos contemporáneos, Black Sabbath empezó como un canto al minimalismo. Los silencios y los ritmos morosos otorgaban un aire religioso a su música. Sus cambios de ritmo que truncaban la canción nunca han sido igualados en gusto o pericia. Black Sabbath siempre fueron unos visionarios que apostaron por la lentitud y las atmósferas por encima de todo. Puede que fuera por sus limitaciones, aunque viendo lo grandes músicos que eran se me antoja que había algo más. Una actitud vital y una atracción malsana hacia lo macabro y lo escabroso. Como Poe o Lovecraft.

Ozzy dejó la banda en 1979. Al parecer lo echaron por pasarse con las drogas. A partir de este punto se fueron sucediendo los cantantes en el grupo. El que más huella dejó en los seguidores fue Ronnie James Dio, aunque bajo mi punto de vista el portentoso cantante engulló el estilo originario del combo y los dirigió por vericuetos mucho más barrocos y creo que caducos. Tras él, el acabose. Ian Gillan (ex-Deep Purple), un desconocido David Donato o Glenn Hughes (ex-Trapeze), todos probaron la miel amarga de no poder suceder al señor Osbourne. El grupo parecía una caricatura de sí mismo. Bill Ward también fue sustituido en uno de estos cambios y Geezer Butler dejó la banda en 1984.

Tras algunos cambios más con los que el grupo se ha ido arrastrando por el tiempo sin poder nunca ni rozar la gloria del pasado, se produce una reunión en 2013 con la formación original salvo el batería Bill Ward. La cuestión económica pesa mucho siempre. Aún así se atisba un tenue brillo en la gruta por la sorprendente calidad del nuevo material. La producción de Rick Rubin también ayuda, todo hay que decirlo. ¿Sería esta la digna despedida que el grupo merecía? ¿Un nuevo comienzo? El tiempo nos ha confirmado que sí lo ha sido en cuanto a obras de estudio con nuevas canciones.

El grupo quedó finiquitado de manera oficial con una fastuosa despedida de los escenarios para Ozzy el 5 de junio de 2025. El espectáculo, que contó con invitados de renombre de todas las esferas del metal, fue culminado con una actuación de algo de más de media hora por parte del Príncipe de las Tinieblas y sus compañeros de armas. Ese fue el último alarido de la banda que inventó el metal.

DISCOGRAFÍA (MÁS O MENOS) SELECCIONADA

   
   
   
  

 
 
CANTANDO SUS ALABANZAS
 
 

 
LOS 3 GRANDES
 
 


EN DIEZ CANCIONES: South of Heaven

1. "Black Sabbath" (1970)

Lluvia, campanas y toda la parafernalia del terror gótico que ya anuncia eso que alguien llamaría heavy metal. Esta canción fue el comienzo de todo eso. El comienzo para el grupo y el camino a seguir desde el segundo cero. Por eso quizás es la más importante.

2. "N.I.B." (1970) 

Una línea de bajo adictiva y el mejor ejemplo de eso de cantar la misma melodía encima, un recurso que de infantil no se le había ocurrido a nadie. Al menos con esa mala follá con la que Ozzy lo elevó a categoría de arte.

3. "War Pigs" (1970)

La epopeya antibelicista de Black Sabbath ha sido versionada por casi todos. Y eso que no es una canción especialmente fácil. Ni por sus cambios de ritmo, ni por sus pausas, ni por su esquizofrenia reconcentrada. Un clásico con todas las letras para abrir Paranoid (1970), su obra maestra absoluta.

4. "Paranoid" (1970)

Nadie puede dudarlo: esta es la canción más reconocible, coreada y esperada en sus conciertos. Siempre la dejaban para el bis, lo que significa que en sus comienzos la tocaban dos veces. Un chute de protopunk que sigue levantando a los muertos por muchos años que pasen.

5. "Planet Caravan" (1970)

Para mí lo más bonito que compusiera el grupo. Una balada evanescente que flota en el aire como el humo del ganja materializando un firmamento lleno de estrellas y nubes vaporosas. La inclusión de los bongos no pudo ser más acertada, el susurro de banshee de Ozzy apenas entendible no pudo ser más pertinente, el bajo de Butler lo conecta todo de manera sublime, pero es que lo que hace Iommi a la guitarra es algo para lo que no hay palabras posibles.

6. "Fairies Wear Boots" (1970)

Un canto amable a las damas que ejercen la prostitución. Un tema peliagudo que hoy día no sería posible tratar. Nos habríamos perdido una de las canciones con el ritmo más pegadizo e infeccioso del grupo. Siempre me va a incitar a cantarla y a moverme. Así de buenísima es.

7. "Into the Void" (1971)

Por su introducción solemne y negra, por sus trepidantes cambios y por la sensación succionante de su riff. Todo esto hace de "Into the Void" un vórtice giratorio al que es casi imposible resistirse. Al final acabas arrojándote al corazón mismo de sus preciosas tinieblas.

8. "Sabbath Bloody Sabbath" (1973)

La apertura del que puede ser su disco más emblemático. Un tema serio de riff duro y envolvente marca de la casa con espacio para la improvisación y el desbarre al que se pegarían en esfuerzos ulteriores. Sin duda, entre sus tres temas más clásicos de siempre.

9. "A National Acrobat" (1973)

Una idea de Geezer Butler al bajo devino en ese riff con el que engancha Bill Ward a la perfección con esa síncopa de batería que lo hace pegajoso hasta decir basta. Entre los tres consiguen una de esas cadencias que estarías escuchando para siempre sin hartarte.

10. "Sabbra Cadabra" (1973)

La tercera pata del banco se construye, sí, sobre otro riff indestructible por parte de un Tony Iommi en estado de gracia. Poco que añadir salvo que si hubieran seguido en esta línea, Sabbath Bloody Sabbath (1973) sería uno de los mejores discos de rock de todos los tiempos. Lamentablemente, en mi opinión, la acabaron cagando, pero eso no quita que esta canción ejerza del perfecto cierre que requiere una selección de Black Sabbath.