INDIE ROCK. A este disco hay que subirse en marcha porque arranca desde el éxtasis . La instrumental "Cecilia Ann" nos lleva a todo galope a través de una experiencia sónica inigualable que culmina con la preciosa "Havalina". En medio toda una sucesión de los postulados esenciales del sonido Pixies: guitarras de azufre y miel, base rítmica pulmonar y las voces que unas veces son ladrido y otras canto celestial. Si añadimos un chorreón de la lírica obtusa e íntima de Black Francis, sale un cóctel fuerte y dulce a la vez.
Y es que si los primeros discos de la banda se podrían calificar como agresión endulzada, este comienzo del fin se podría definir como "miel envenenada". Se le achaca que no contiene los himnos incontestables de su predecesor, y es verdad ("Velouria", lo siento), pero el resultado no solo es digno, sino sobresaliente. Sin duda, perdurará.
¡Larga vida a los Pixies!
domingo, 21 de mayo de 2023
Los planetas
sábado, 13 de mayo de 2023
Miel envenenada
Fue el primero y supieron hacerlo de lujo. Portada misteriosa y turbadora con ese hombre-mono, letras y títulos herméticos y esa forma de cantar de Black Francis, como no habíamos oído jamás. Lo tenían todo y ya desde el principio se ve que eran muy conscientes de ello. Eran dueños del feedback porque sabían cómo divertirse con él. Un secreto que nadie ha logrado arrebatarles.
sábado, 12 de mayo de 2018
perVERSIONES #27: devoción a uno mismo
Porque a veces no hay que ser el más marciano para dar en el clavo. Porque no siempre hay que buscar una innovación tan deseada como pervertida a veces. Por eso y por más, Pixies triunfan llevando a su terreno un clásico de Jesus & Mary Chain como "Head On", una pieza tan reconocible que podría haberles hecho naufragar, pero que, sin dejar de sonar reconocible, acaba siendo una de las canciones más pixies de los Pixies. Turn it up!!!
lunes, 7 de septiembre de 2015
Si el hombre es el 5...
Doolittle (Pixies, 1989)
INDIE ROCK. ¡Qué difícil resulta encontrar las palabras exactas! Sobre todo para describir el gozo supino. Y eso es lo que consigue provocar este clásico de pop acorazado, de punk sin fisuras. El pináculo definitivo de la banda de los 80 y de los 90. Es lo que tiene dominar el yermo terreno de nadie. Es lo que tiene ser dueños de la melodía agreste y del desgarro algodonado, de las canciones sin solos pero llenas de matices que las hacen frescas a cada nueva escucha. Un planeta por descubrir cada vez que se explora. Resulta regocijante poner este disco y tumbarse, gritar, saltar, no parar quieto un instante.
Los Pixies lograron hacerse un nombre que causa un respeto y una devoción casi religiosos. Y lo hicieron a golpe de canciones enormes y discos angulosos y carnales. Con poco sentido lograron expresarlo todo. Un maremágnum de potencia y adhesión incondicional. Todo eso lo elevaron al cielo en una obra tan imperfecta como inmejorable. Es lo que tiene el apego emocional. El GOZO en un clásico que ya es eterno...
"¡Si el diablo es el 6...
Entonces dios es el 7!"
El disco, considerado ampliamente como la obra maestra de Pixies, iba a llamarse en principio Whore. Al final el título no encajaba con la portada, por lo que se decidieron por Doolittle, sacado de la letra de la canción "Mr. Grieves".
Parece que fue durante la grabación y gira de este álbum cuando la fricción entre Black Francis y Kim Deal hirió al grupo de muerte. Francis limitó la participación y el peso de su compañera en el grupo de tal forma que en los dos discos posteriores (y últimos) él se encargaría de la composición y la voz principal de todas las canciones.
viernes, 28 de agosto de 2015
Vamos jugando a la playa
Se puede decir que a finales de los ochenta los Pixies estallaron como una supernova desde su formación y no dejaron títere con cabeza. Nada extraño si nos ponemos este disco. Y es que puede que se nos haya olvidado cómo flipábamos con la dicción del que todavía se hacía llamar Black Francis, con esa base rítmica cardíaca y virulenta y con los chispazos más imaginativos que salían de esa máquina de fuegos artificiales que era la guitarra de Joey Santiago. Puede que ya veamos lejos la media sonrisa socarrona que nos sacaban con ese chapurreo en castellano roto, con esas letras que no sabíamos si llamaban a las armas o qué coño pretendían. Hoy sabemos que nada, pero que no se nos olvide que eso nunca nos importó.
Pixies, ese grupazo. Cuatro discazos largos y se acabó. Este era el primero y uno de mis dos favoritos. Puede que todo lo que se armó con ellos se nos haya olvidado un poco y que no volvamos a sentirlos como la primera vez. Pero cada vez que pongamos este disco podremos desempolvar el recuerdo. Y en algunos casos la nostalgia llena muchísimo. Aunque ya no sea lo mismo.
★★★★★
Total: 34 min.
sábado, 16 de abril de 2011
Lo llaman DUENDE
Pixies siempre mantuvieron su misma formación, algo extraño en el proceloso y árido mundo de la música. Claro que todo se explica porque al fin y al cabo solo grabaron cuatro discos largos. Y no pretendo quitarles el mérito, porque ¡vaya cuatro discos! Estos bostonianos, banda favorita entre favoritas, inyectaron savia nueva en el rock de finales de los 80. Con su actitud única impulsaron (o quizás crearon) eso que se vino en llamar rock independiente. Con su sonido ayudaron a definirlo. Y con sus letras, soflamas bastardas o caprichos jocosos, incrementaron su aura y su misterio. También importaba el envoltorio y no me gustaría dejar de mencionar ese grafismo tan personal del que se rodeaban en sus portadas, sus libretos y sus posters. Una seña de identidad, otra más, que demostraba su compromiso con el arte.
De todas formas lo que más destaca de los Pixies es su sonido, un animal salvaje difícil de capturar. Definirlo es imposible sin recurrir a ese duelo de opuestos que no por manido deja de ser certero. Se valieron de melodías ruidosas, de guitarras imposibles hasta entonces y de ritmos truncados para crear una suerte de pop obtuso, visceral, instintivo y visionario con materiales limitados. Destacar la aportación de cualquiera de sus miembros sería injusto. Es cierto que la guitarra de Joey Santiago tiene su lugar especial en la creación de este sonido. No lo es menos que no serían nada sin la propulsión magnífica de la batería de David Lovering o el bajo de Kim Deal. Y tampoco deberíamos olvidar la lírica y voz de Black Francis, tan personales como irrepetibles. Este último era el líder, pero los Pixies siempre han sido más que la suma de sus partes. La prueba está en la errática carrera de Francis tras la disolución del grupo en 1993. No fue una separación amistosa. Volvieron en 2004 para una serie de conciertos. Y es contradictorio porque la nostalgia nunca debería casar con un grupo que siempre se mantendrá joven gracias a estas canciones tan vivas y coleantes como un barril lleno de serpientes. Se les tiene una reverencia religiosa. Y creo que la merecen.
3 básicos
Surfer Rosa (88) ****1/2
Su estreno en largo ya ofrece desde el segundo 0 ("Bone Machine") el estilo que iban a reventar en sus futuros trabajos con ese bajo tan característico y esa guitarra cortante. Un disco rebosante de ideas irreverentes y soltadas con la seguridad, la urgencia y la inocencia que da la juventud. Rock alternativo de raíces retorcidas que aspiraba a la eternidad. Lo mejor es no pensar... Actuar.
Una copla: "Where Is My Mind"
Doolittle (89) *****
Su obra definitiva. La obra maestra de los Pixies todavía conservaba ese sonid
o sucio y agresivo que discutía constantemente con una melodía presente aunque no siempre clara. Bombazos del calibre de "Debaser", "Wave of Mutilation", "Here Comes My Man", "Hey", "Monkey Gone to Heaven" o "Gouge Away" se iban a instalar para siempre en su repertorio y en la memoria colectiva de toda una generación.
Una copla: "Hey"
Bossanova (90) ****
Depuran el sonido pero sin perder fuerza en un disco más hecho y con un brillo pop más que notable. Variedad estilística que pierde solo en una cosa. No contiene los himnos infalibles de sus dos hermanos mayores. No hay problema. "Velouria", "Cecilia Ann", "Rock Music", "Allison" o "Havalina" pueden arreglarle el día a cualquiera.
Una copla: "Cecilia Ann"
Su mejor canción
"Holiday Song" puede que no sea la canción más recordada de los Pixies. Puede que no tenga el carácter de himno de tantas otras pero me maravilla cómo, tantos años después, sigue emocionando como el primer día con ese lick de guitarra tan maravilloso y esa energía punk que te arrasa. Y en dos minutejos. Estaba en su ep de debut Come On Pilgrim (87) y llega a través del tiempo para quedarse con nosotros (y nuestros hijos).






