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domingo, 23 de febrero de 2025

El grito de los apestados

La Banda Trapera del Río (La Banda Trapera del Río, 1979)

ROCK DE ALCANTARILLA.

"O sembrar mi flor en tu rodillo, o derretir el azogue en el espejo, ¡O esto! ¡O esto!
O levantar la enagua a la luna, o tactar con la piel del gato, ¡O esto! ¡O esto!
O encenderme en las farolas, o apagarme en la moneda, ¡O esto! ¡O esto!
O rozar el infinito, o herirme con pinchos de alambre, ¡O esto! ¡O esto!
¡Hacerme una paja!”

(“Meditación del pelos en su paja matinera”)

 

Así se las gastaba la Trapera. Solo podían expresarse explorando los extremos. Entre Bukowski y Rimbaud, entre las nubes tóxicas y el asfalto más duro es donde encontraban su espacio. Un espacio que llenaron como nadie en la España gris que nos dejó Franco. Un espacio que nadie reclamó y en el que ellos se sentían tan a gusto soportando el ninguneo de una escena laietana en la que mandaba el folk y el jazz-rock. Algo que los de la "Ciudad Satélite", en Cornellà de Llobregat, no estaban dispuestos más que a despreciar.

Se formaron en 1976 y ya entonces trabajaban un sonido protopunk que bebía, cómo no, del rock duro de Led Zeppelin y Black Sabbath más que de otra cosa. Tuvo que llegar Tío Modes con su guitarra para aportar esa dosis de napalm que los iba a convertir en lo más parecido a los Stooges que hayamos tenido en este país. Morfi Grei al micro, esa criatura mítica más que famosa, y Raf Pulido a la batería formaron junto a Modes el triunvirato que encontró el sonido y la dirección que debía tomar la banda. A ellos les acompañaron, en estos primeros tiempos, Rayban al bajo y Rockhita, entre otros muchos, a la guitarra rítmica. Una formación inestable, salvo por los tres pilares mencionados, que fue la que grabó este primer álbum.

Un disco que se abre con "Curriqui de barrio", nuestro "Search and Destroy" particular, y que fluye con insolencia entre paletadas de feísmo para denunciar y ser el alarido deforme de los desheredados. Sin intelectualismos, pero con sus buenas dosis de poesía maldita. Con un sonido eléctrico y cortante como una navaja. Un sonido que parece imposible que hubieran conjurado unos tíos con formación en el rock progresivo y sinfónico, pero que debe ser por eso que aun hoy día nos lo sigamos tomando tan en serio.

Y eso que la repulsión que produce viene desde unos mismos títulos que no hacen justicia a la profundidad de las canciones. Unos títulos que ya anuncian la desintegración casi instantánea que sufrió el grupo. Hubo varios intentos de lanzarlos a un público más comercial, pero la honestidad y los principios de la banda siempre estuvieron por encima de todo eso. Ni Morfi Grei aceptó tomar clases de canto, ni pudieron con las drogas que alimentaban todo su caos, ni las discográficas supieron qué hacer con un grupo como este. Por eso el siguiente álbum se quedó en el limbo durante once años. Y es que en el fondo nadie estaba preparado para una banda como esta. Ni siquiera ellos mismos.

A1 Curriqui de barrio 2:52 ✔
A2 No dais la cara 3:10 ✔
A3 Meditación del pelos en su paja matinera 2:53
A4 Venid a las cloacas 3:42 ✔
A5 Confusión 3:54 ✔
A6 Eunucos mentales 3:51 ✔
B1 Ciutat podrida 2:22 ✔
B2 La regla 4:28
B3 Padre nuestro 4:11 ✔
B4 Nos gusta cagarnos en la sociedad 4:41 ✔
B5 Nacido del polvo de un borracho y del coño de una puta 4:35 ✔

Total: 40:39

El auténtico secreto de esta banda, lo que los lanza hacia la posteridad, está en su autenticidad suicida. Por su idiosincrasia, por su inexistente modus operandi y por su falta de visión estaba claro que no podían perdurar. Pero es que ahí está el atractivo animal de un grupo que ni pudo ni supo plegarse a los designios del mercado.

Cómo me hice rockero

Y es que estamos hablando de música peligrosa hecha por gente peligrosa. Pendencieros y violentos en sus formas, prácticamente todos en la banda tuvieron su época de traficantes. Después de sus conciertos siempre era un buen momento para sacarse un jugoso sobresueldo. Todo el dinero que no olieron ni por sus actuaciones ni por este disco. También era habitual que Morfi se metiera con todo dios, público incluido, acabando todo en trifulca y en una buena paliza para todos, él el primero.

Si a todo esto le añadimos las adicciones severas que se alojaron en el seno del grupo, con Morfi y Tío Modes en primera línea, tendremos el cóctel perfecto que explica que el grupo se desintegrara después de este primer disco sin perspectiva alguna más allá de un hedonismo y una desidia que no podía ser más criminal. La muerte fue el ingrediente que faltaba, cebándose con los miembros del grupo de una manera no por lógica menos trágica.

De todas formas, pensar en lo que podrían haber sido es totalmente futil. Porque no hay manera de predecirlo, pero sobre todo, porque de haber tenido otra personalidad, seguro que no hubieran tocado como lo hacían. Y seguro que hoy día no habría leyenda alguna que contar.

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martes, 17 de diciembre de 2024

Corazón de napalm

Raw Power (Iggy & the Stooges, 1973)

PROTO-PUNK. El grupo quedó hecho cenizas tras el disco anterior y no parecía posible que volvieran. Hasta que un tal Bowie mostró interés por las andanzas de la iguana y después de varios intentos con diversos músicos, el de Detroit decidió reflotar la banda con la inclusión de James Williamson a la guitarra. El bajo recaería en el antiguo guitarrista Ron Asheton.

Así grabaron un disco que tenía que aspirar a lo imposible: superar a Fun House (1970). No lo hizo, pero sí que mantuvo el listón de la maestría con un sonido más agudo y afilado y clasicazos inmortales del nivel de "Search & Destroy", "Gimme Danger", "Raw Power" o "Shake Appeal". Esto sí fue el final por varias décadas. Y ¡qué final! Un monumento a la distorsión, al ruido y a una pasión por la música sólo comparable a la adicción más profunda.

Un disco polémico por una producción y unas mezclas que generaron controversia desde su lanzamiento. Estas fueron realizadas por Iggy y ante el resultado la discográfica prácticamente le obligó a que aceptara la remezcla de las mismas por parte de David Bowie. Solo tuvo un día para hacerlo y el resultado, aunque más del gusto de la compañía, tampoco ha sido del agrado de buena parte de los fans durante años. Casi veinticinco después, Iggy volvió a mezclar el disco subiendo el volumen y la compresión de manera extrema en la que ha quedado como la forma definitiva de Raw Power.

Una forma salvaje y crudísima de mejorar un producto que en realidad no necesitaba ningún retoque. Me gusta más esta mezcla postrera, todo hay que decirlo, pero eso no quita que la de Bowie tenga su gracia. Y es que en realidad da exactamente igual, porque cada vez que lo pongo en cualquiera de sus pieles tengo menos dudas al respecto. Este álbum solo puede compararse con la droga más dura. Y nada más.

★★★★★

A1 Search and Destroy 3:26 
A2 Gimme Danger 3:28
A3 Your Pretty Face Is Going to Hell (Originally Titled "Hard to Beat") 4:52 ✔
A4 Penetration 3:35
B1 Raw Power 4:22
B2 I Need Somebody 4:50
B3 Shake Appeal 3:00
B4 Death Trip 5:53
Total: 33:26

miércoles, 20 de abril de 2022

¡Cojones, ya!

Supershitty to the Max! (The Hellacopters, 1996)

 

HARD ROCK/PUNK. Este disco es una tentación para el sacrilegio. Esa herejía que supondría meterlo en el saco del "lo mismo de siempre". El insulto de pensar que no ofrece nada nuevo. No porque nada de esto sea mentira, sino porque todo eso supone menospreciar a una de las propuestas más sinceras, honestas y viscerales del rock de la segunda mitad de los 90 en adelante.

Agotado el grunge, todavía había gentuza que excavaba en el pasado en busca de un nuevo filón. Estos suecos dieron con uno y lo explotaron con una rabia furibunda. El garage sesentero más furioso, el de Sonics y demás, el punk rock más cavernícola y unos brochazos gruesos del mejor hard rock, ese que se arrima al metal peligrosamente, fueron las vetas que exploraron los de Estocolmo con fe ciega.

Los resultados saltan a la vista ya en este estreno. Lo mejor del grupo no es que suenen como una apisonadora ni que consigan invocar al pasado para devolvérnoslo casi intacto. Lo mejor es que suenan a los más grandes. Aquí están los MC5 y los Stooges, AC/DC y Motörhead, los New York Dolls y los Dead Boys. Y además consiguen que resuenen todos al unísono, tirándose a nuestro cuello con una furia demoníaca, como pocos en su generación han logrado.

Un disco fresco, descarado y sin dobleces. Pura tralla de la que siempre se agradece, sin imposturas, sin poses. Sólo la celebración de la electricidad y el alarido al máximo de entrega y al máximo de todo.

★★★★☆
 
1 (Gotta Get Some Action) Now! 3:16
2 24h Hell 1:33
3 Fire Fire Fire 1:31
4 Born Broke 4:13
5 Bore Me 3:18
6 Tab 5:34
7 How Could I Care 3:52
8 Didn't Stop Us 1:46
9 Random Riot 1:44
10 Fake Baby 2:59
11 Ain't No Time 2:56
12 Such a Blast 2:13
13 Spock in My Rocket 22:15
Total: 57:10

Xxx

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martes, 19 de octubre de 2021

Noise sangrante

Jet Generation (Guitar Wolf, 1999)

JET ROCK 'N' ROLL. La discográfica lo anunciaba a bombo y platillo con una pegatina rimbombante y jocosa en la que advertían de los daños que podías causarle a tu equipo reproduciendo esto simplemente a un volumen normal. Y es cierto: este disco es aberrante, una afirmación que, por una vez, no es positiva al 100%. 

Porque, aunque te deja clavado al asiento, con momentos de puro terrorismo sónico (véase el mismo inicio de"Jet Generation", puro ruído blanco sin adulterar capaz de volarte la tapa de los sesos), tiene varios detalles que lo hacen algo monótono: linealidad "melódica", falta de pericia del guitarrista, horrenda producción (en algunos temas solo se escucha un agudo extremo que no deja distinguir nada más). 

Defectos que en este estilo, no me canso de repetirlo, no dejan de ser tremendas virtudes. Sea por esto último o por sus momentos salvables, esta atrocidad acaba saliendo a flote. Será por "Cosmic Space Girl", el "Summertime Blues" de Eddie Cochran, por toda la segunda parte del disco... Será porque no dejan dudas acerca de sus influencias. Algo habrá en todo este amasijo de brutalidad alambrada, en toda esa actitud pendenciera reconcentrada. No sé qué será, pero hay que tenerlos bien puestos para redoblar los niveles de lo insoportable y sacar un sexto álbum que suene como si estuvieras grabando tu primer ensayo. Esa es su gran baza, poco más. El dejar clarinete, sin verlos en el escenario, que en directo van a barrer a cualquiera.

★★★☆☆

1 Jet Generation 3:22
2 Fujiyama Attack 2:35
3 Kaminari One 1:53
4 Kung Fu Ramone 2:31
5 Teenage U.F.O. 1:54
6 Cosmic Space Girl 2:59
7 Roaring Blood 4:32
8 Gakulan Rider 3:11
9 Refrigerator Zero 3:13
10 Shimane Slim 1:59
11 Cyborg Kids 3:22
12 Summertime Blues 2:36
13 Can-Nana Fever 2:02
Total: 36:09

 

Aunque hay una película alemana de 1968 del mismo título que este álbum, es poco probable que los japoneses se inspiraran en ella para nada más que bautizarlo. La temática y la estética del film no tiene nada que ver con ese pastiche entre moteros años 50 y protopunks recién salidos de Detroit que se gastan Seiji y sus secuaces.

Una estética que parece descuidada, pero que está más que pensada para ocupar ese hueco que nadie antes que ellos pareció reclamar en el país del sol naciente. Al menos nadie lo ha hecho con su decisión y su vehemencia. Por eso hay que acabar reconociendo que en todo este plastiquete brilla la verdad con una contundencia aplastante. Toda una virtud de la que no todos pueden jactarse.

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