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jueves, 2 de septiembre de 2021

Cuando las guitarras bailan

LC (The Durutti Column, 1981)

GUITARRA FORESTAL MÍNIMA. Vini Reilly es una luminaria, un genio mal ponderado, uno de esos gurús a los que solo unos pocos siguen, eso sí, con fe ciega. No son pocos los músicos reputados que lo llaman maestro ni los que lo encumbran como el mejor guitarrista del mundo. Si hablamos de digitación espídica o del vértigo del virtuosismo más atroz, será difícil comprenderlo. En cambio, si nos fijamos únicamente en la emoción que consigue transmitir, ahí es donde empezaremos a entender afirmaciones tan osadas.

John Frusciante es uno de los que lo idolatran como he dicho arriba. Brian Eno, por su parte, considera este disco su favorito de todos los tiempos. Como verán, no estamos hablando de un artista que se deba tomar a la ligera. Y menos aquí, en el que está ampliamente considerado como su trabajo más redondo. Porque este LC tiene algo que emociona, algo incomprensible que te hace ponértelo una y otra vez para tratar de llegar a un fondo que acaba estando demasiado abajo como para poder alcanzarlo alguna vez.

El título viene de las siglas de Lotta Continua, expresión italiana que significa algo así como lucha continua y que calificaba a un grupo de extrema izquierda fundado en el país transalpino a finales de los 60. El amigo Reilly posicionándose sin tapujos y haciendo amigos entre las mentes más reaccionarias, cosa que nunca le importó. Aquí queda claro que él se debe a su música. Una música que aquí se hace carne y agua, hielo y burbujas, entre paisajes de helio y una hermosura siempre intransferible.

Destacar algo aquí es tan difícil como describir lo que suena. Quizás, si me amenazan de muerte, hablaría de la seriedad rítmica de "Messidor"; de las dos "Sketch for Dawn", que serán bocetos, pero no lo parecen; también de esa coda al piano tan delicada que es "The Sweet Cheat Gone"; o de esa despedida para su amigo Ian Curtis, "The Missing Boy", para la que no hay palabras. Pero sin duda, el punto fuerte, fortísimo, del disco está en una "Never Known" que supura emoción como una herida mal curada y que es, no tengo dudas, una de las mejores canciones de los 80. Como mínimo.

LC podría haber sido mejor, cómo no, pero cada vez que ese pensamiento me asalta la mente, me contesto a mí mismo... ¿Cuánto? Y claro, ahí no encuentro respuesta más allá de las micras. 

★★★★

A1 Sketch for Dawn (1)
A2 Portrait for Frazer
A3 Jacqueline
A4 Messidor
A5 Sketch for Dawn (2)
B1 Never Known
B2 The Act Committed
B3 Detail for Paul
B4 The Missing Boy
B5 The Sweet Cheat Gone

Total: 42 min.

 

Lotta continua, brama el disco a través de esos balbuceos eléctricos llenos de lirismo. Balbuceos llenos de sentido en toda su volatilidad. Suspiros con la pretensión de rozar el infinito. Arte mayor desde los huesos, como un haiku, como el soplo prolongado de una vela, como esas pinturas rupestres que inspiran su portada. Cosas demasiado grandes como para ser confinadas entre cuatro palabrejas mal colocadas.


 

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miércoles, 1 de septiembre de 2021

El parlamento de las aves

The Return of the Durutti Column (The Durutti Column, 1980) 

GUITARRA FORESTAL MÍNIMA. Sutil experimento para guitarra eléctrica. Los ecos amplificados revolotean por la habitación sobre bases rítmicas electrónicas y ocasionales baterías que subrayan detalles y nunca avasallan. Se trata de un viaje tranquilo con Vini Reilly como guía sereno, virtuoso y perturbador. Un disco que hace pensar y que deja hacerlo entre pespuntes delicados y arrebatos jazzísticos en baja fidelidad. 

El grupo fue una de las primeras apuestas de Factory Records, el mítico sello que también "descubrió" a bandas como Joy Division, A Certain Ratio o Happy Mondays. Por ello, la banda fue inmediatamente encuadrada en un movimiento postpunk y new wave que nunca se ajustó a lo que hacían Reilly y sus secuaces. Lo suyo, por muy experimental que fuera, estaba muy lejos de una rabia distorsionada que el guitarrista de Manchester consideraba intolerable.

Así lo demuestra en esta pequeña gema en la que podemos apreciar un tratamiento novedoso y único en esa guitarra eléctrica que Vini sabe multiplicar en mil ecos que parecen venir de muchos sitios a la vez, pero también sabe hacerla susurrar y callarse cuando toca, vibrar nerviosa, brillar cristalina o enfundarse el luto más solemne. Todo rodeado de unos pedales de efectos que en sus pies no son una excusa para tapar carencia alguna, sino la paleta maravillosa con la que pintar este precioso cuadro. Como en un haiku, con Reilly lo mínimo se reduce a su esencia en píldoras de mil colores que si no llevan el menos es más a otra dimensión, sí que marca el camino a seguir en esto del minimalismo aplicado al pop.

★★★

A1 Sketch for Summer 3:02
A2 Requiem for a Father 5:07
A3 Katharine 5:29
A4 Conduct 5:02
B1 Beginning 1:40
B2 Jazz 1:39
B3 Sketch for Winter 2:24
B4 Collette 2:23
B5 In "D" 2:26
Total: 29:12

El título del disco se deriva de la Internacional Situacionista (SI), organización revolucionaria adepta a las ideas del marxismo libertario y que se nutría de gente del arte vanguardista, intelectuales y teóricos de la política. Una asociación que deja ver los intereses y las sanas inclinaciones de Vini Reilly y sus compinches, pero que tampoco revela mucho acerca de lo que suena aquí, más allá de un ansia experimentadora fuera de toda duda.

Sin embargo sí que relaciono el disco, obtuso de mí, con lo forestal y lo selvático. Con una naturaleza que por muy enlatada que se presente y por muy fría que se despliegue en cortes de marcialidad glacial, florece de alguna forma entre cantos de pájaros (robóticos) y vergeles de arpegios extasiados por el eco.

Por eso traigo a colación ese Parlamento de las aves en el que Geoffrey Chaucer nos sumerge en un sueño en el que las aves dialogan el día de San Valentín para escoger sus parejas para la próxima primavera. Por mucho que esta obra de finales del siglo XIV no tenga nada que ver con la modernez que trata de exudar este álbum, hay algo en ambas que se acaba conectando en mi cerebro. 

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