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miércoles, 1 de septiembre de 2021

El parlamento de las aves

The Return of the Durutti Column (The Durutti Column, 1980) 

GUITARRA FORESTAL MÍNIMA. Sutil experimento para guitarra eléctrica. Los ecos amplificados revolotean por la habitación sobre bases rítmicas electrónicas y ocasionales baterías que subrayan detalles y nunca avasallan. Se trata de un viaje tranquilo con Vini Reilly como guía sereno, virtuoso y perturbador. Un disco que hace pensar y que deja hacerlo entre pespuntes delicados y arrebatos jazzísticos en baja fidelidad. 

El grupo fue una de las primeras apuestas de Factory Records, el mítico sello que también "descubrió" a bandas como Joy Division, A Certain Ratio o Happy Mondays. Por ello, la banda fue inmediatamente encuadrada en un movimiento postpunk y new wave que nunca se ajustó a lo que hacían Reilly y sus secuaces. Lo suyo, por muy experimental que fuera, estaba muy lejos de una rabia distorsionada que el guitarrista de Manchester consideraba intolerable.

Así lo demuestra en esta pequeña gema en la que podemos apreciar un tratamiento novedoso y único en esa guitarra eléctrica que Vini sabe multiplicar en mil ecos que parecen venir de muchos sitios a la vez, pero también sabe hacerla susurrar y callarse cuando toca, vibrar nerviosa, brillar cristalina o enfundarse el luto más solemne. Todo rodeado de unos pedales de efectos que en sus pies no son una excusa para tapar carencia alguna, sino la paleta maravillosa con la que pintar este precioso cuadro. Como en un haiku, con Reilly lo mínimo se reduce a su esencia en píldoras de mil colores que si no llevan el menos es más a otra dimensión, sí que marca el camino a seguir en esto del minimalismo aplicado al pop.

★★★

A1 Sketch for Summer 3:02
A2 Requiem for a Father 5:07
A3 Katharine 5:29
A4 Conduct 5:02
B1 Beginning 1:40
B2 Jazz 1:39
B3 Sketch for Winter 2:24
B4 Collette 2:23
B5 In "D" 2:26
Total: 29:12

El título del disco se deriva de la Internacional Situacionista (SI), organización revolucionaria adepta a las ideas del marxismo libertario y que se nutría de gente del arte vanguardista, intelectuales y teóricos de la política. Una asociación que deja ver los intereses y las sanas inclinaciones de Vini Reilly y sus compinches, pero que tampoco revela mucho acerca de lo que suena aquí, más allá de un ansia experimentadora fuera de toda duda.

Sin embargo sí que relaciono el disco, obtuso de mí, con lo forestal y lo selvático. Con una naturaleza que por muy enlatada que se presente y por muy fría que se despliegue en cortes de marcialidad glacial, florece de alguna forma entre cantos de pájaros (robóticos) y vergeles de arpegios extasiados por el eco.

Por eso traigo a colación ese Parlamento de las aves en el que Geoffrey Chaucer nos sumerge en un sueño en el que las aves dialogan el día de San Valentín para escoger sus parejas para la próxima primavera. Por mucho que esta obra de finales del siglo XIV no tenga nada que ver con la modernez que trata de exudar este álbum, hay algo en ambas que se acaba conectando en mi cerebro. 

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miércoles, 28 de julio de 2021

La bruma

  Seventeen Seconds (The Cure, 1980)


POP SINIESTRO. Reflexiones sobre étereos estados de ánimo, un bajo omnipresente y la guitarra nerviosa y precisa de Robert Smith. Todo esto nos encontramos en el extremo brumoso de la "trilogía siniestra", el principio de una de las etapas más jugosas para el grupo que iba a convertir el negro en tendencia entre las multitudes de jovenzuelos inadaptados en busca de sí mismos.

Lo que más me gusta del disco es ese minimalismo ambiental que lo cubre todo. Y cómo han conseguido esto con tan poco. La batería de Lol Tolhurst sabe sonar metronómica, implacable y casi electrónica, pero lo que sin duda hace que todo cambie, aparte de la guitarra taquicárdica de Robert Smith, es el ingreso en el grupo de un Simon Gallup al bajo que lo iba a cambiar todo a partir de aquí.

Por todo esto, Seventeen Seconds es un decidido paso adelante incomparable e inesperado si pretendemos buscar pistas de su origen en ese Three Imaginary Boys, que parecía tan lejano ya entonces. La evolución se basa en la ambición de un Robert Smith que se lo jugó todo a la carta del desnudo y que estableció conexiones, queriéndolo o no, con cosas antes imposibles, como el Low (1977) de David Bowie, los guitarreos aéreos de Vini Reilly (The Durutti Column) o incluso el ambient de Brian Eno.

Con su segunda entrega, The Cure fabrica un pequeño clásico de esos que van a habitar nuestros sueños para siempre. Por su sonido melancólico y sólidamente brumoso, por su densa oscuridad y por entregar dos de las joyas más refulgentes de su canon. Me refiero, cómo no, a esas "Play for Today" y "A Forest", quizás los dos mejores ejemplos de cómo casar melancolía terminal con esas melodías que se te clavan en el alma. Para siempre.

★★★★☆

A1 A Reflection ✔
A2 Play for Today ❤
A3 Secrets
A4 In Your House
A5 Three 
B1 The Final Sound 
B2 A Forest
B3 M
B4 At Night
B5 Seventeen Seconds
 
Total: 36 min.
 

Las elucubraciones sobre el título del álbum son variadas y para todos los gustos, aunque centrándose en esos aspectos tétricos y morbosos que son los que un álbum así acaba despertando. Así, hay quien dice por ahí que 17 segundos es el tiempo que se tarda en morir cuando se secciona una arteria o que cada 17 segundos se produce un suicidio en el mundo.

Lo cierto es que Robert Smith nunca ha aclarado la elección del título más allá de afirmar que se trata de una medida de tiempo arbitraria que se encontraba por todas partes en la época. Poca chicha encontraremos por tanto si vamos por ahí.

Sería una conexión muy burda para la sutileza que siempre ha derrochado el de Blackpool. Una sutileza que derrama a manos llenas en una cubierta borrosa y atractiva como pocas en la historia de la banda. Una portada que habla de todos esos sentimientos etéreos de los que hablábamos y de una pasión contenida que me lleva directamente a Caspar David Friedrich y sus paisajes al límite de la expresión, con los elementos en todo su esplendor.

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