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martes, 18 de julio de 2023

Mi amigo el miedo

Fear (John Cale, 1974)
 

ART ROCK. John había descubierto la cocaína y en plena vorágine toxicómana parió este disco con la inestimable ayuda de Brian Eno a los sintetizadores y mandos y de Phil Manzanera a la guitarra. Él mismo se atrevió a punzarnos los nervios con su recién descubierta afición ampérica en un disco que trataba de continuar ese oasis irrepetible que había sido Paris 1919 (1973). Por supuesto, le salió otra cosa. Un artefacto mucho más autista y alambrado, en el que sobrevolaban todos sus fantasmas drogotas en sentencias como "el miedo es el mejor amigo del hombre" o en esa foto de portada en la que el artista aparece con una preocupante palidez espectral (por mucho que la foto hubiera sido convenientemente filtrada y trucada por el gran Keith Morris).

No es de extrañar, por tanto, que este disco posea un aura ultraterrena. Al fin y al cabo surge de un estado de paranoia como no había tenido ni iba a tener Cale jamás. Un estado mental que se acaba filtrando en las canciones. Unos temas que siguen manteniendo el fantástico equilibrio melódico que Cale logró en su álbum anterior, por mucho que cuenten también con esa buena dosis de incomodidad que surge en cuanto el galés intenta salirse de lo que él pueda percibir como el redil. Y eso es algo que se percibe en la turbiedad de unas gemas que pueden parecerse a cosas tan admitidas y casi superadas como la música de los 50, pero que acaban siendo otra cosa ("The Man Who Couldn't Afford to Orgy").

Eso, junto al tono solemne y definitivamente elegante de temazos como "You Know More Than I Know", "Emily" o "Buffalo Ballet", es lo que más sorprende en cuanto las vemos entrechocarse con tonadas más juguetonas o más decididamente rockeras. "Fear Is a Man's Best Friend", "Barracuda", "Ship of Fools", esa "Gun" con su solo revientatímpanos, la psicosis en bruto de "Momamma Scuba".... Demasiados motivos como para no amar el cuarto disco de un artista que, si bien no iba a encontrar su voz definitiva jamás, se toparía continuamente con hallazgos durante esa búsqueda. Un motivo más que suficiente para que lo coloquemos en el panteón sagrado de los más grandes.

★★★★☆

A1 Fear Is a Man's Best Friend
A2 Buffalo Ballet
A3 Barracuda
A4 Emily
A5 Ship of Fools
B1 Gun
B2 The Man Who Couldn't Afford to Orgy
B3 You Know More Than I Know
B4 Momamma Scuba
 
Total: 41 min. 

Por razones peregrinas (o no tanto, como siempre) saco a colación de este disco la obra de Thomas De Quincey, Confessions of an English Opium Eater (1821). Un libro que fue todo un escándalo en la época previctoriana y en el que De Quincey hacía gala de toda su honestidad al mostrar al mundo los paraísos y las pesadillas de su adicción al láudano, bebida alcohólica con opio, la cual le acompañó hasta el final de sus días y de la que habla con una franqueza que era totalmente rompedora en esos años en los que mandaba el puritanismo y las formas por encima de todo lo demás.

No es que el cuarto álbum de John Cale esté plagado de referencias a las drogas ni nada de eso, pero sí que va unido inextricablemente al momento vital de su autor, totalmente inmerso en ese mundo. Por eso, y por supuesto, mucho de ello se acaba virtiendo en el primer disco de la trilogía que iba a grabar con Brian Eno para Island. Ya hemos mencionado la carátula y el giro fantasmagórico de muchas letras, como la del primer tema. Y no es lo único. Si tuviera que mencionar algo definitivo para explicar esta abyecta conexión, me detendría en "Gun". Por sus guitarras supurantes de esa fría agonía eléctrica y por su letra, la cual nos sumerge en una pesadilla extraña e inexplicable, podemos decir que no todo era brillo en la vida de John Cale en esos momentos.

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jueves, 16 de septiembre de 2021

Si hay que bailar, que sea con esto

Nightclubbing (Grace Jones, 1981)

DISCO. Reggae, funk, soul, cabaret... Clase infinita. Eso es lo que se gastaba en las pistas de baile de unos 80 nunca más injustamente denostados. Máxime viendo lo que nos ponen en estos tiempos más plásticos que el plástico. Y creíamos que habíamos aprendido una lección que, al calor de este disco, se antoja totalmente falsa. 

Así se las gasta una Grace Jones que domina desde el segundo cero una jungla de bajos y teclados de los que dejan huella. Incluso se atreve con el francés (quizás eso sobraba) en un disco para bailar y escuchar. Una música que se ajusta a la perfección a su voz grave y autoritaria. La voz de una pantera dominante para un disco que gana cuando se envuelve en terciopelo y pierde con un par de salidas de tono que lo alejan de la eternidad irremisiblemente.

Nightclubbing en una palabra es diverso. Curiosamente no es la versión de Iggy Pop que lo titula lo que más destaca. Personalmente me quedo con la terna inicial y la final, los auténticos motivos para amar un disco imperfecto y que puede no haber envejecido de la mejor manera posible, pero que nos recuerda, una vez más, que antes se hacían las cosas de otra forma. Sí, podemos decirlo sin timidez... Mejor.

★★★

A1 Walking in the Rain 4:18
A2 Pull Up to the Bumper 4:40
A3 Use Me 5:03
A4 Nightclubbing 5:04
B1 Art Groupie 2:40
B2 I've Seen That Face Before (Libertango) 4:28
B3 Feel Up 4:02
B4 Demolition Man 4:04
B5 I've Done It Again 3:48
Total: 38:07
 
Grace Beverly Jones nació en Jamaica y siempre se ha caracterizado por esa belleza racial que ha usado como un arma de confrontación en toda su carrera artística. Como cantante, modelo o actriz, siempre se ha caracterizado por la provocación y el arrojo. Muy en la línea de congéneres de personalidad fuerte como la gran Nina Simone o la más actual Skin (Skunk Anansie).

Todo eso te explota en la cara al mirar la portada de este disco con la pose de la artista, su negrura impúdica y reluciente, toda esa insolencia y ese toque de androginia que siempre ha usado en su beneficio. También detecto un hieratismo casi escultórico como si estuviéramos ante un retrato de Ingres. Todo eso ha sido y todo eso me sugiere la señora Jones. Mil perdones por el atrevimiento.

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domingo, 5 de noviembre de 2017

La roja insignia...

Broken English (Marianne Faithfull, 1979)

ROCK. El inglés roto. Relaciones rotas por la falta de comunicación que desembocan en guerra. También un toque de atención a las conciencias y un ejercicio de autocrítica. No le echéis la culpa a los rusos ni a los alemanes. Las guerras se hablan en inglés roto. El inglés roto de las arengas políticas que enardecen al pueblo. El de los alaridos de los heridos y los muertos. El argot lleno de errores gramaticales que se expone en novelas como The Red Badge of Courage (Stephen Crane, 1895). El lenguaje de la impotencia y la injusticia.

Faithfull también explora el idioma de la crítica antipuritana y del canto a la vida ("Witches' Song"), el de la autoafirmación y la relación absorbente ("Guilt", "Brain Drain"), el inglés narrativo ("Ballad of Lucy Jordan"), el de la revuelta social ("Working Class Hero"), y desemboca en el inglés sucio, el de la lasciva y desafiante "Why d'Ya Do It?". El volcán que cierra el disco con un ritmo insistente y eléctrico.

Un cierre apabullante para una obra maestra que viene a ocupar el nicho dejado por el paréntesis que Patti Smith se tomó entre el 79 y el 88. Y para todo ello se vale de rock funky, blues seco y folk de cámara. Todo remozado en teclados, alquitrán y hormigón. El toque urbano. Como la Smith de los últimos 80, pero sin la tontería. Avanzando de alguna forma a la Smith de los 90. La desbordada. Así la espera se hace más llevadera. Marianne toma el testigo y lo hace sobrada. Y de paso se crea un nuevo mito.

★★★★☆

A1 Broken English 4:35
A2 Witches' Song 4:43
A3 Brain Drain 4:13
A4 Guilt 5:05
B1 The Ballad of Lucy Jordan 4:09
B2 What's the Hurry? 3:05
B3 Working Class Hero 4:40
B4 Why D'Ya Do It 6:45

Total : 37:15

El lenguaje de la confrontación, el inglés forzado para ser usado en comunicaciones no deseadas, todo lo descarnado que late en este álbum inigualable me lleva, ya lo he dicho arriba, a esa The Red Badge of Courage con la que Stephen Crane puso del revés un mundo literario que no estaba acostumbrado a declaraciones tan honestas y sangrantes.

Con Crane la guerra deja de ser algo heróico y sagrado para que por fin la viéramos como lo que es en realidad: la expresión más abyecta de la ambición y la estupidez humana. En su novela no hay héroes, sino vísceras, no hay testosterona, sino vómito. Y miedo, mucho miedo.

Su ateísmo y su humanismo rezumaron con fuerza en las doce novelas que escribió antes de morir trágicamente de tuberculosis en Alemania. Solo tenía veintiocho años.

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