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lunes, 21 de septiembre de 2020

El rey de Nueva York

Frank Sinatra

Hoboken, NJ, USA, 1915 - Los Angeles, CA, USA, 1998

Estamos ante un personaje que sobrepasa lo que un simple cantante puede representar. "La Voz" se ganó su sobrenombre a base de refnar un estilo interpretativo que creó escuela como ninguno. Como crooner no tuvo rival, elevando a la categoría de clásicos canciones como "My Way" o "New York, New York", temas que han rebasado los límites de lo puramente musical para convertirse en iconos de la cultura popular.

La influencia de Sinatra se desborda e inunda campos como el mundo del cine o el mismo show business. Como actor su trabajo no se queda en lo anecdótico, siendo nominado e incluso ganando premios a la interpretación que lo convierten en un todoterreno como ha habido pocos. También fue miembro de ese famoso Rat Pack, grupo de vividores, comicastros y cantantes afincados en los salones más lujosos de Las Vegas para dar su espectáculo. Eso, por supuesto incluía toneladas de alcohol y otras sustancias, lo que los hacía unos ínclitos tan graciosos como peligrosos.

En el cine, destacaría entre muchos otros papeles, el secundario en "De aquí a la eternidad" (1953), el cual le valió un Óscar, y el protagonista en "El hombre del brazo de oro" (1955) de Otto Preminger. Dos simples ejemplos que dan fe de su grandeza en un campo que, de todas formas, siempre estuvo supeditado a la música.

Porque Sinatra siempre será recordado por su voz, cálida y templada a la perfección, con ese fraseo inmaculado que se ajustaba a la música como un guante de seda llegando a dirigir a la misma orquesta con su aliento. Un cantante como no ha habido ni habrá. Un personaje que se erigió en mito y por encima de su fama de violento, sus más que probables conexiones con la Mafia, su arresto a los 23 años por "seducción y adulterio" y su conservadurismo recalcitrante, es hoy y para siempre símbolo de Nueva York y de unos Estados Unidos a los que siempre representará en toda su gloria y toda su miseria.

DISCOS RUID0

EL MEJOR RESUMEN FICTICIO

  1.  In the Wee Small Hours
  2. Glad to Be Unhappy
  3. You're Getting to Be a Habit With Me
  4. You Brought a New Kind of Love to Me
  5. I've Got You Under My Skin
  6. Anything Goes
  7. The Girl from Ipanema
  8. How Insensitive
  9. My Way
  10. New York, New York

sábado, 19 de septiembre de 2020

Trasplante perfecto

Francis Albert Sinatra & Antonio Carlos Jobim (Frank Sinatra / Antonio Carlos Jobim, 1967)

BOSSA NOVA/JAZZ ORQUESTAL. Si se viene aquí con la idea de sumergirse en las aguas más puras de la bossa nova se puede uno llevar una decepción de campeonato. Tom Jobim, uno de los padres del invento, aporta buena parte del repertorio, toca la guitarra y añade voces de acompañamiento, pero eso no es suficiente para llevarse a su terreno a un Sinatra que es demasiado caucásico, demasiado norteño como para impersonarse en ese desconocido cantante carioca de barrio que nos acompaña en las húmedas noches estivales.

No, esto al final no deja de sonar a jazz orquestal con percusiones y guitarras brasileñas. La Voz se muestra inamovible en su clase, inmaculado en su fraseo, mientras eleva a las alturas este lounge de película ligera. El hecho de cantar en inglés, lejos de restar autenticidad a esta colaboración, acaba siendo clave para que todo suene coherente y verdadero. Era la única forma en la que Sinatra podía seguir siendo él mismo mientras atacaba este nuevo estilo que le era totalmente ajeno.

Esa es la grandeza de esta colaboración. Cómo el brasileño se ajusta a un cantante demasiado totémico, demasiado hecho ya como para cambiarle sus manierismos. Claus Ogerman, el arreglista y director de orquesta, hace que todo suene como si Henry Mancini estuviera a los mandos, y aunque se cuela el sentimiento y la vibración brasileña entre los repliegues de esta música, Sinatra sigue sonando a lo que siempre ha sido: un maestro incontestable capaz de llegar a sitios de nuestra alma a los que nadie ha llegado nunca. Cada uno en su sitio para acabar fundiéndose y completando una de las colaboraciones más importantes y decisivas de la historia de la música.

★★★★★

A1 The Girl From Ipanema (Gârota de Ipanema) 3:00
A2 Dindi 3:25
A3 Change Partners 2:40
A4 Quiet Nights of Quiet Stars (Corcovado) 2:45
A5 Meditation (Meditação) 2:51
B1 If You Never Come to Me 2:10
B2 How Insensitive (Insensatez) 3:15
B3 I Concentrate on You 2:32
B4 Baubles, Bangles and Beads 2:32
B5 Once I Loved (O amor em paz) 2:37
Total: 27:47

Esta colaboración surgió, no me cabe la menor duda, por la gran popularidad que la bossa nova estaba teniendo en EE.UU.. Dos años antes ya había desembarcado Astrud Gilberto con un disco que estaba cantado buena parte en inglés, pero la colaboración clave, y a la que nos remite directamente esta, es la que llevaron a cabo el saxofonista Stan Getz y el guitarrista, vocalista y compositor Joao Gilberto. Me refiero a ese mítico "Getz / Gilberto" (1964), en el que, curiosamente, también participó Jobim, no solo como compositor de bastantes temas, sino también como pianista y arreglista.

jueves, 17 de septiembre de 2020

Hymne à l'amour

Songs for Swingin' Lovers (Frank Sinatra, 1956)

SWING. In the Wee Small Hours (1955) ya era genial. Una obra maestra que ponía el listón demasiado alto para cualquiera. ¿Cualquiera? No para Sinatra. El momento dulce que atravesaba "La Voz" queda refrendado con su disco definitivo, el que estaba llamado a subirse al podio de sus más de 300 álbumes.

Sólo al dejarse acariciar por estas orquestaciones que abrazan la voz y la abrigan sin asfixiarla, dejando que respire y vuele libre, se podrá entender la grandeza de estos temas. Una grandeza que es resultado de una suma incomparable e irrepetible. La suma más obvia estaría compuesta por los arreglos exquisitos de un Nelson Riddle mayestático y por la interpretación de un Sinatra en la cima de sus habilidades.
 
Parece mucho, y en realidad lo es, pero esto solo no explica que estemos hablando de uno de los discos más grandes que se hayan hecho. Sería injusto no mencionar la producción inmaculada de Voyle Gilmore en la que lo pulido y lo angelical se cargan cualquier rastro de ñoñez. Es simplemente el sonido perfecto para realzar y subrayar sin hacerse notar en un álbum que empieza a ser genial desde la misma selección de canciones, un repertorio en el que Sinatra demuestra un gusto infinito y desborda por su sensibilidad y su inteligencia. No solo son bonitas, son las justas y necesarias en ese momento, y el vehículo perfecto para que el fraseo infinito del maestro paladee las palabras y las suelte con ritmo marcado, fluido o elástico, en una muestra de dominio tan avasallador que hace innecesarios al resto de cantantes.

No es "La Voz" por casualidad. Tampoco por potencia. Es por algo que nadie más ha tenido. Esta voz te hace sentir cosas, la puedes notar flotando en el aire, tiene una personalidad inalcanzable, es hermosa por sí misma y, en definitiva, es inexplicable. Baste notar ese "I've Got You Under My Skin", que explica y sintetiza todo el álbum en ese crescendo que sube y sube y sube intentando alcanzar una voz que lo deja atrás a cada paso sin esfuerzo. Y en el intento de alcanzarla nos deja una de las partes instrumentales fundamentales en la historia de la música, una interpretación para la historia. Trompetas y voz en busca de la apoteosis perfecta.
 
 
A1 You Make Me Feel So Young
A2 It Happened in Monterey
A3 You're Getting to Be a Habit With Me ❤
A4 You Brought a New Kind of Love to Me ❤
A5 Too Marvelous for Words
A6 Old Devil Moon
A7 Pennies From Heaven
A8 Love Is Here to Stay
B1 I've Got You Under My Skin ❤
B2 I Thought About You
B3 We'll Be Together Again
B4 Makin' Whoopee
B5 Swingin' Down the Lane
B6 Anything Goes ❤
B7 How About You?
 
Total: 45 min.
 

Precisamente ese "I've Got You Under My Skin" me retrotrae de una manera más que retorcida a ese El hombre del brazo de oro (Otto Preminger), que protagonizara el de Hoboken un año antes de la edición de este disco. Sé que puede parecer un sindiós y que me estoy metiendo en camisa de once varas, pero eso de "te tengo bajo mi piel" nunca me ha parecido tan inocente y siempre ha quedado en mi mente el rastro dulzón y siniestro de la droga dura.
 
La portada original de este álbum es la que se muestra arriba, con Sinatra mirando en dirección opuesta a los amantes. En 1957 se cambió por otra en la que el crooner miraba sonriente a la pareja. Esa es la que se ha mantenido en la mayoría de reediciones en CD. Y es que, en el fondo, los que sacan dinero de esto saben que a todos nos va un poco el voyeurismo.

"I think the album’s quintessence can be found in Sinatra’s rendition of “I’ve Got You Under My Skin”, a song that had been written more than 20 years prior by Cole Porter (in fact, there are so many of these reworkings of songs that were old-timey even then that it’s easy to think of Sinatra approach as analogous to a pop-punk band today taking on a Michael Jackson song). As Sinatra moves in on the original melody, the band buoys him up just enough. But he just keeps letting it build just a little bit—on through the bridge and into the second chorus. Then suddenly the band comes in and blows the doors off for the instrumental break, especially the unhinged trombone solo (allegedly recorded over the wrong chords just to give it that off kilter feel). And that’s when Sinatra takes the gloves off." (Eric Klinger)

En el corazón de la noche

In the Wee Small Hours (Frank Sinatra, 1955)
 

JAZZ VOCAL. Sinatra había estado jugando con la idea del disco conceptual desde el principio de su carrera. Sin embargo, esas intenciones no cristalizaron hasta 1955 en este proyecto faraónico para la época de los diez pulgadas. Y es que el primer disco largo propiamente dicho también contaba con un hilo conductor que lo hacía único y todavía le otorga ese sello de obra esencial.

Esto va de corazones rotos por la incomunicación. De las heridas del amor. Heridas expuestas en temas grabados especialmente para la ocasión y envueltos en una portada clásica teñida de un azul lleno de pesadumbre, que ya nos da pistas sobre qué va esto antes de escucharlo.

Y ya dentro de él, solo una conclusión: es tremendo. El acompañamiento orquestal, tan otoñal, tan de habitación vacía, no puede más que subrayar unos sentimientos que "La Voz" eleva a la categoría de universales. Lo cuenta bien y lo canta mejor, con un dominio de su instrumento que se contagia a la orquesta como solo él lo ha hecho, haciendo imposible que alguien no se emocione cuando nos canta eso de,

"Me las arreglo muy bien sin ti,
Por supuesto,
Excepto quizás en primavera,
Pero nunca debería pensar en la primavera
Porque eso seguro que partiría en dos mi corazón."


Ningún disco ha capturado como este el fantasma del amor en sus surcos. El abandono, la relación rota y el corazón también. Con maestría inigualable atravesamos durante su escucha los diferentes estados de ánimo del amante abandonado. La tristeza, el naufragio emocional, la visión en sueños de la amada, el deseo de recuperar los momentos perdidos, la aceptación y el reproche, el ruego porque la pena acabe y la vuelta al colapso sentimental. Emociones que no se exponen de manera cronológica ni secuenciada, porque no se trata de un libro de autoayuda que analice la situación como un proceso que culmina en la superación del trauma.

No es eso, lo sabemos bien. Toda esta carnicería no se supera, si acaso, solo a ratos, volviendo siempre a la memoria, al dolor. Porque, por muy doloroso que suene, esos momentos se han perdido... Para siempre.

★★★★☆

A1 In the Wee Small Hours of the Morning 3:00
A2 Mood Indigo 3:30
A3 Glad to Be Unhappy 2:35
A4 I Get Along Without You Very Well 3:42
A5 Deep in a Dream 2:49
A6 I See Your Face Before Me 3:24
A7 Can't We Be Friends 2:48
A8 When Your Lover Has Gone 3:10
B1 What Is This Thing Called Love 2:35
B2 Last Night When We Were Young 3:17
B3 I'll Be Around 2:59
B4 Ill Wind 3:46
B5 It Never Entered My Mind 2:42
B6 Dancing on the Ceiling 2:57
B7 I'll Never Be the Same 3:05
B8 This Love of Mine 3:33
Total: 49:52


De Edward Hopper - http://www.artic.edu/aic/collections/artwork/111628, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=25899486

Estamos ante un disco que es la perfecta banda sonora de la soledad. Un disco que, tanto en lo pictórico de esa portada inmortal, como en su contenido nos remite a largas noches en vela, a noctámbulos compartiendo su solitaria existencia, a bares casi vacíos y, sí, a Edward Hooper y obras como ese "Nighthawks" (1942, "Noctámbulos"). Que me aspen si en ese bar no está sonando Frank con esa gravedad y ese desamparo tan desarmantes.