In Concert (The Doors, 1991) [DIRECTO] [RECOPILATORIO]
ROCK TEATRAL. Una demostración casi definitiva de la fuerza y el magnetismo de The Doors en directo. Se compone básicamente de la compilación de dos discos anteriores como fueron Absolutely Live (1970) y Alive She Cried (1983). Poder y drama que incluye una impagable versión íntegra de "Celebration of the Lizard" como uno de sus mayores ganchos.
Un poder que también le debe algo al monstruoso trabajo de edición que Paul A. Rothchild llevó a cabo. En su intento por lograr la experiencia de directo definitiva del grupo, realizó, según él mismo, unos 2000 ensamblajes y ediciones. Según admite, le fue imposible encontrar tomas completas de muchas canciones y tuvo que pegar diferentes partes tomadas de diversos conciertos.
Este tratamiento a lo Frankenstein consiguió reproducir fastuosamente el efecto dionisíaco de la ceremonia de los Doors en directo. Podemos apreciar el poder chamánico de Jim dirigiendo al grupo en sus devaneos líricos, la enorme capacidad improvisatoria de todos, y en definitiva, la gracia subyugante de un grupo como no ha habido otro.
Sin embargo, no todo es maravilloso. El tratamiento posterior, la restauración y el embellecimiento siempre van a limar demasiadas asperezas, y el resultado, por tanto, no va a ser todo lo auténtico que se desea. El disco no deja de ser un engaño, por muy buenas que fueran las intenciones que lo motivaron. Eso y su duración monstrenca son quizás las dos pegas que le encuentro a una obra, por lo demás, muy recomendable.
★★★☆☆
1.1
House Announcer
2:42
1.2
Who Do You Love
6:03
1.3
Alabama Song (Whiskey Bar)
1:51
1.4
Backdoor Man
2:22
1.5
Love Hides
1:49
1.6
Five to One
4:35
1.7
Build Me a Woman
3:33
1.8
When the Music's Over
14:50
1.9
Universal Mind
4:55
1.10
Petition the Lord With Prayer
0:53
1.11
Dead Cats, Dead Rats
1:53
1.12
Break On Through #2
4:42
1.13
Lions in the Street
1:14
1.14
Wake Up
1:24
1.15
A Little Game
1:10
1.16
The Hill Dwellers
2:40
1.17
Not to Touch the Earth
4:14
1.18
Names of the Kingdom
1:25
1.19
The Palace of Exile
2:21
1.20
Soul Kitchen
7:18
2.1
Roadhouse Blues
6:13✠
2.2
Gloria
6:18
2.3
Light My Fire (inc. Graveyard Poem)
9:54
2.4
You Make Me Real
3:04
2.5
Texas Radio & the Big Beat
1:52
2.6
Love Me Two Times
3:18
2.7
Little Red Rooster
7:06
2.8
Moonlight Drive (inc. Horse Latitudes)
5:33
2.9
Close to You
5:26
2.10
Unknown Soldier
4:25
2.11
The End
15:42
Total: 140:45
En este directo podemos comprobar lo importante que era la improvisación para el grupo. Lo grande que era Morrison como animal de directo y lo buenos que eran los demás manteniendo la cama elástica siempre debajo de las acrobacias del primero.
Es siempre una gozada cuando un grupo no se conforma con recrear los mismos cuatro acordes y mete interludios con otros temas, deja espacio para algún poema, alguna reflexión o algún juego para provocar al público. Todo eso está aquí, dejando constancia de que The Doors fue un grupo único a la hora de introducir la poesía, la provocación o el teatro en sus espectáculos.
Especial relevancia tuvo lo que hacía la compañía del Living Theatre con la obra Paradise Now a la cabeza. Una influencia decisiva en Morrison a la hora de enfrentarse al público. El grupo teatral se inspiraba en el anarquismo para conseguir la respuesta inmediata de la audiencia. Una provocación que forma la esencia de todas las cosas extramusicales, casi siempre relacionadas con el arte, que tiñeron la música de los Doors, pero sobre todo sus directos, hasta convertirlos en una experiencia única e intransferible.
CHANSON. La primera grabación de la Piaf en la mítica sala parisina se salda con un triunfo matizable. Para mí es una maravilla en cuanto a interpretación, aunque no acaba de impresionarme el repertorio que manejaba por aquel entonces. Simplemente es una cuestión personal, lo sé, pero no puedo obviarla.
Destacaría una "Heureuse" que te mete en faena como ninguna, una juguetona "C'est à Hambourg", esa infalible "La goulante du pauvre Jean" y el rajo portuario de esa maravilla que es "Padam padam". Lo demás bascula entre lo inocuo y lo notable. Tampoco importa mucho, porque al final siempre es un deleite sumergirse en los requiebros imposibles de una de las mejores voces de la historia.
Un disco interesante de la más grande. Incluso podría decir que un buen disco. Sí, sin más.
★★★☆☆
A1
Heureuse
A2
Avec le soleil
A3
C'est à Hambourg
A4
Légende
A5
Enfin le printemps
B1
Miséricorde
B2
Je t'ai dans la peau
B3
La goualante du pauvre Jean
B4
Bravo pour le clown
B5
Padam padam
Total: 33 min.
Olympia 61 (Édith Piaf, 1961) [DIRECTO]
CHANSON. Registro histórico de la Piaf en el templo sagrado del Olympia parisino. El segundo que publica, dando fe esta vez de su espectacular madurez en un concierto sobresaliente. En él da rienda suelta a sus mejores dotes interpretativas y deja espacio para todo, errores incluidos. Me refiero exclusivamente a ese inicio en falso en "Mon Vieux Lucien", un fallo tan encantador que se hace hasta necesario. Un fallo mínimo que nos recuerda que la cantante regresaba al Olympia después de algo más de un año de enfermedad.
Sin detalles como este, todo sería demasiado higiénico, demasiado perfecto, demasiado en su sitio. Ni afecta al resultado ni lo araña. Más bien lo mejora, porque no es sino la prueba fehaciente de una decadencia física que, en todo su poder desgarrador, apenas puede herir la potencia infinita de la gran dama de la chanson. Así de superlativo está el gorrión de París en su entorno, un hábitat que venía dominando ya durante casi tres lustros. "Mon Dieu", "Les flons flons du bal" o esa extática "Non, je ne regrette rien", que acababa de grabar poco más de un mes antes, atestiguan el poder supremo de una de las más grandes en un momento de gloriosa emoción.
Precisamente, la interpretación de esa canción, que se convertiría en su sello personal para siempre, fue definitiva para encumbrar a este disco como el documento histórico que es. Por un lado, nos mostraba a una cantante orgullosa de su legado y dispuesta a no dar ni un paso atrás a pesar de su fragilidad. Por otro, Piaf moriría a finales del 63, alrededor de dos años y medio después de este recital. Dato que convierte al concierto y a "Non, je ne regrette rien" en su testamento musical, en una despedida que resume toda su vida.
El símbolo de esa cima inalcanzable que toca con las dos manos en una actuación en la que sentimos en todo momento que estamos a los pies de la eternidad. Algo que podemos vivir muy pocas veces con un disco en directo. Por eso, este, no lo olvidemos, es gigante de gigantes.
★★★★★
A1 Les mots d'amour ❤ A2 Les flons flons du bal A3 T'es l'homme qu'il me faut ❤ A4 Mon Dieu A5 Mon vieux Lucien B1 La ville inconnue ❤ B2 Non, je ne regrette rien B3 La belle histoire d'amour B4 Les blouses blanches
Total: 35 min.
A veces un disco puede ser perfecto para nosotros a pesar de estar lejos de la perfección técnica o de otros tipos. Ese es el caso con este directo. Hay problemas con los cambios de volumen en el público entre canciones y, a veces, incluso el final de la pieza queda amputado en plena explosión de sonido por unos aplausos que se nota que están pegados a destiempo. Esto último es especialmente notorio en el final apoteósico del concierto, el cual debería haber sido otra cosa y nos deja en un coitus interruptus que nos hace plantearnos la grandeza del documento.
Sin embargo, cuanto más escucho este disco, más me queda claro que sus virtudes son demasiado grandes como para detenerse en las minucias sin importancia que acaban siendo sus errores. Es verdad que babeo con la idea de cómo habría sido el álbum con "Non, je ne regrette rien" como cierre. O con la inclusión en ese o cualquier otro punto de una "Hymne à l'amour" que habría encajado de maravilla y me habría hecho llorar sin duda alguna.
Y aun así, analizando y disfrutando lo bueno que hay, tengo que admitir que es mucho, demasiado. El susto que nos da la Piaf cuando se para en mitad de canción en "Mon vieux Lucien". "Remarquez, j'me suis déjà trompée hier. J'vais la recommencer encore une fois, parce que faut que j'me guérisse de ça, sinon je la chanterai jamais. // Fíjense, ya me equivoqué ayer. Voy a empezar otra vez, porque tengo que curarme de esto; si no, no la cantaré nunca", dice antes de retomar el tema. Algo que habla de la capacidad de resiliencia de la artista y que ha quedado grabado para siempre en este álbum.
También podría hablar de la interpretación, pero creo que es superfluo, cuando todo el mundo es consciente de la calidad superlativa de la Piaf sobre un escenario. Aquí se da en grado sumo, y aunque la interacción con la orquesta no es lo perfecta que desearía, creo que es más bien un problema de los medios técnicos del momento y, además, eso acaba dotando a este documento de una humanidad inimitable que todos persiguen, pero que es muy difícil añadir si no se tiene de serie.
Por último, tengo que hablar de la narrativa del disco, que es lo que creo que lo hace realmente especial. Antes he dicho que yo, como mucha gente, preferiría que "Non, je ne regrette rien" cerrara el álbum. Sin embargo, de esa manera nos perderíamos ese descenso a los infiernos que nos cuenta la artista en las dos últimas canciones. "La belle histoire d'amour" es justo lo contrario que promete el título: una historia de amor que pertenece al pasado, a la que se agarra la protagonista, pero que no va a volver. Puro desgarro reflejado en una música en la que la orquesta parece estar clavando los clavos de un ataúd a base de estacatos brutales.
Hablábamos de descenso a los infiernos, el cual se materializa con la canción de cierre, "Les blouses blanches". Una canción que narra la experiencia de una mujer internada en un psiquiátrico. "¡Yo no estoy loca!", repite compulsivamente mientras le obligan a vivir "con los locos". ¿Se relaciona todo esto con sus estancias en el hospital? ¿Con su declive físico? ¿O refleja el hecho de sentirse un bicho raro durante toda su vida? En cualquier caso, un final de concierto que habla de no arrepentirse de nada, de orgullo, pero con un giro brusco y casi lógico hacia el dolor, la reclusión y la despedida. Perfectamente coherente con lo que vendría después. Díganme que detallito estúpido podría mancillar este cuadro.
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In Concert (Édith Piaf, 1963) [VÍDEO]
CHANSON. Documento de enorme valor en el que disfrutamos de la Piaf en su casa, el Olympia parisino, a lo largo de diferentes momentos clave en su carrera. Desde sus inicios hasta sus últimos momentos, podemos disfrutar de una artista siempre vitalista, siempre excelsa, con un dominio escalofriante del espacio escénico, de la gestualidad, de sus manos y su cuerpo. Una artista que proyecta la voz como nadie lo ha hecho desde entonces y una artista que esculpe para la posteridad su monumento definitivo.
Las actuaciones no conforman un concierto completo, sino que, como ya se ha indicado arriba, recopilan diferentes momentos de toda la carrera artística de la francesa. Las canciones elegidas, salvo un par de excepciones, son las que siempre vienen a nuestra mente cuando pensamos en la parisina, y un escalofrío nos recorre cuando comparamos la vitalidad y la exuberancia física y vocal de sus primeros tiempos con el declive, sobre todo en lo físico, de sus últimos momentos. Así acaba el video, con una "Non, je ne regrette rien" dolorosa y casi implorante y una "Milord" en la que la vemos cansada hasta la extenuación, pero sobreponiéndose con esa chispa que conservó hasta el último momento.
Un documento precioso al que le falta unidad, a pesar de contar con el hilo conductor de una breve entrevista a la cantante en la que repasa su vida y su entrega absoluta al amor y la canción. Triste, inconexo y minimalista, se hace esencial para engancharse para siempre al arte de la Môme, sin duda, una de las más grandes.