lunes, 13 de marzo de 2023
El libro rojo
miércoles, 8 de marzo de 2023
Voyeurs con teleobjetivo
ART POP. Japan siguen disfrutando de su recién alcanzada mayoría de edad con un disco aun más sugerente e imaginativo que el anterior. Una obra en la que parecen dispuestos a ir cortando las pocas conexiones con el mundo real que parecían quedarles.
Un mundo real que siempre ha sido sinónimo del aburrimiento más atroz. Algo a lo que David Sylvian y los suyos se declaran alérgicos de manera definitiva. O eso diría yo ante el festival de polirritmias, soniquetes de dudosa procedencia y títulos tan explícitos como "Burning Bridges", "My new Career" o "Methods of Dance".
Elementos disuasorios para cualquier rockero empedernido, pero por supuesto elementos que llamarán la atención inmediata de cualquier melómano que se precie de serlo.
Porque este cuarto álbum no es un disco fácil. Parece que sí, que con un par de escuchas lo hemos entendido todo. Y no nos gusta, claro, porque en realidad debajo hay mucho más de lo que parece. Cosas que se van revelando con los intentos, con todas las rendiciones y todas las victorias que nos va a regalar un álbum extraño, evocador, casi incomprensible, pero por todo eso también magnético.
★★★★☆
domingo, 5 de marzo de 2023
Hiroshima, mon amour
Quiet Life (Japan, 1980)
ART POP. Japan, y más en concreto David Sylvian, siguen con su búsqueda particular. Una búsqueda de sí mismos que les hace olvidarse de las guitarras de manera radical, o al menos estas pierden protagonismo en medio de una marea de sintetizadores y atmósferas que los emparentan con el Bowie berlinés, que estaba pegando tan fuerte por aquel entonces.
Tampoco habría que olvidarse del estilo vocal de un Sylvian que encuentra el que iba a ser su voz definitiva con ese empleo de su tono barítono en detrimento del gruñido con el que nos había regalado en sus álbumes anteriores. Un estilo que lo acerca de manera irremisible a ese Bryan Ferry, cuya banda, Roxy Music, tanto ha tenido que decir en el desarrollo de Japan.
Unas referencias que les granjearon bastantes críticas y ninguneos por una supuesta falta de personalidad que los colocaba poco menos que en burdos imitadores del grupo mencionado. Críticas que el tiempo ha acabado tachando de injustas ante la avalancha emocional de un álbum que iba a marcar el comienzo de su etapa más exitosa, también en ventas y fama, pero sobre todo en lo artístico.
Los críticos suelen colocar a este álbum como el pistoletazo de salida del movimiento de los Nuevos Románticos que bandas como Duran Duran o Spandau Ballet estandarizaron para exprimirle todo el vil metal que pudieron. No sé si se lo imaginan, pero David Sylvian renegó de la etiqueta desde el segundo cero. Para nada quería que los metieran en ese saco. Otra cosa es que no tuviera su influencia en el mismo. Eso, aparte de importarnos bien poco, es innegable. Tan innegable como que este disco es mucho mejor que cualquiera de sus posibles hijos no reconocidos.
★★★★☆
viernes, 3 de marzo de 2023
Los alegres desviados
NEW WAVE. En su segundo álbum, Japan matizan su propuesta y sin abandonar las guitarras, abren su abanico a nuevas sonoridades, diluyendo aún más el funk en la mezcla o añadiendo algo de reggae a su post-punk de corte cada vez más atmosférico y casi diría que romántico.
Unas adiciones que no evitan que el grupo siga sonando afilado en una aproximación al kabuki que no deja de lado ni la sangre ni los cristales rotos. Una forma de pintar los nubarrones muy personal y que encuentra en ciertos momentos mágicos la suficiente carnaza para que esto se pueda considerar arte mayor.
No hay más que dejarse llevar por el increíble bajo (sin trastes) que vertebra "Automatic Gun"; o por los aires caribeños y casi reggae de una "...Rhodesia" que parece pensada para aquellos a los que The Police se les queda algo cortos; sin olvidar el post-punk vidrioso y astillado de "Love Is Infectious"; o las atmósferas turbias de "Obscure Alternatives"; o esa dupla con la que parecen invocar a Bowie en su cierre: "Suburban Berlin" (el título lo dice todo) y "The Tenant", la pieza perdida que el Camaleón podría haber olvidado meter en su gigantesco Low (1977).
Demasiados hitos como para despachar a este disco con la etiqueta de "obra de transición" o cosas peores. Personalmente me sorprende que tenga tan mala prensa. Puede situarse en esa ingrata tierra de nadie en la que no se puede aspirar a trascender, pero a su manera se acaba erigiendo en una obra con personalidad y atractivo indudables. Una obra donde relucen como en ninguna otra las dosis ingentes de Bowie, Roxy Music y The Velvet Underground que han tomado David Sylvian y los suyos. No puedo imaginarme que con tales referentes pudiera salir algo malo. Al menos no en esos años.
★★★★☆
jueves, 2 de marzo de 2023
¡Sexo gratis!
Adolescent Sex (Japan, 1978)
NEW WAVE. Japan, o bien empezaron muy perdidos, o supieron cómo jugar al despiste desde el primer momento. Este disco plagado de funk, soul, glam e incluso acid jazz no es en ningún caso esa versión inglesa de los New York Dolls que nos habían prometido. Según las biografías de la banda, eso es lo que pretendían, no solo con el bautismo de sus tres miembros fundadores en honor a las cabezas visibles de las muñecas neoyorquinas, sino con la búsqueda de un sonido en el que la brillantina quedara hecha cenizas a base de espasmos eléctricos.
Lo que les salió, sin embargo, puede tener un aire a ese proto-punk glamuroso, sobre todo en algún que otro exceso de Rob Dean a las seis cuerdas, pero es sin duda un aire muy lejano. Lo que suena aquí puede invitar al baile tranquilo, a la meditación o al alcoholismo, pero no a reventar cráneos. Ahí están esas eyaculaciones de sinte, que no por formulaicas o previsibles, dejan de resultar atractivas (para según qué publico, claro). Y ahí está ese sonido de raíz negroide que no nos esperábamos en absoluto (yo al menos, claro).
Con algunos toques progresivos y de pura seda como los que vertebran temas tan distintivos como "Wish You Were Black" o "Performance", parecen acercarse más a Steely Dan que, digamos, a unos T-Rex con los que nuestras mentes calenturientas pretendían relacionarlos. Cosas estas que no son malas de por sí. De hecho, aunque para muchos sean avisos de peligro de aburrimiento terminal, creo que acaban revistiendo a Japan de una clase y una elegancia que no está al alcance de todo el mundo.
Puede que el disco haya sido maltratado por un buen sector de sus seguidores (otros lo adoran como el mejor), y es bien sabido el hecho de que David Sylvian lo calificó como un error que ni siquiera podía ser llamado el estreno de la banda, pero para mí basta con centrarse en los vapores orgánicos y perturbadores de ese cierre en la cumbre que es "Television" para poder apreciar que esto, sin ser la panacea, sí que es un álbum valiosísimo, como mínimo, para captar la grandeza de una banda que supo ser especial a base de intentarlo desde el primer momento.
★★★☆☆
Con un título equivalente a ese letrero de "¡Sexo gratis!" con el que hace un tiempo se adornaban multitud de anuncios de toda clase con el único objetivo de llamar nuestra atención, Japan iniciaron una carrera discográfica que fueron modelando a golpe de ensayo y error en una evolución tan sorprendente como suculenta.
Sus dos primeros álbumes son los más orgánicos, aquellos en los que, además de otros instrumentos, podemos decir que mandan las guitarras. Y si no mandan, sí que tienen un papel importante al menos. Esto se olvidaría en sus siguientes movimientos en favor de los sintetizadores y cualquier cosa que ayudara de manera más bestia a crear las atmósferas que buscaban, pero aquí están como el recordatorio perenne de que el grupo surgió a raíz de la adoración de sus tres miembros fundadores por los New York Dolls.
Así queda patente en su bautismo para el arte. Ni David Sylvian ni Mick Karn ni Steve Jansen se llamaban así, sino que se pusieron esos nombres en honor a David Johansen, Arthur Kane y Sylvain Sylvain, cabezas visibles de la banda neoyorquina de sus amores. Una maniobra algo simplona y casi burda, pero que viene a demostrar una vez más que nos debemos a nuestros ancestros y que nada viene de la nada.
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