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viernes, 14 de febrero de 2025

Cadáveres desgarrados

Pleasure to Kill (Kreator, 1986)

THRASH METAL. ¡Menudo salto cualitativo dieron Kreator con su segundo disco! Por mucho que lo anunciaran con su debut, no creo que nadie pudiera esperarse esta avalancha de salvajismo, brutalidad y putrefacción. Con Endless Pain (1985) sentaron las bases y demostraron que tenían mucho que decir, pero lo hicieron con la mirada puesta en sus ídolos, los cuales les marcaban el paso en todo momento. Aquí la cosa cambia y desde el comienzo dejan claro que ellos eran los únicos dueños de su destino. Con una rabia, una decisión y una precisión que no pueden ser más aterradoras.

Sí, en el año de Master of Puppets (Metallica), Reign in Blood (Slayer) o Peace Sells... But Who's Buying? (Megadeth), los de Essen se suben al carro para marcar el ritmo con otro manual de referencia para el thrash metal. Lo que pasa es que a diferencia de esos álbumes, salvo el de Slayer, aquí todo suena más crudo, más rápido y más perverso. Hasta el extremo. Será por eso que Pleasure to Kill sea una obra visionaria y precursora para el death, el speed y hasta el black metal. No en vano, Cannibal Corpse , Deicide, Morbid Angel o Sepultura han citado a este disco como clave a la hora de moldear su sonido.

Y lo mejor de todo es que el tiempo no le ha restado ni una micra de su pegada avasalladora. Todavía hoy, y me temo que por siempre, someterse a la masacre indiscriminada que perpetra aquí el todavía power trio sigue teniendo mucho de redención. No negaré que tal alud de baterías en cascada, como martillos, esa distorsión que te raja en canal y esa voz que no puede ser más impía es algo más que un gusto adquirido. Es el auténtico molde para medir cuán abyecta es tu pasión por el sadomasoquismo en grado sumo. Una perversión como otra cualquiera que sale a la luz con este discazo devastador. 

★★★★☆

A1 Choir of the Damned 0:46 ✔
A2 Ripping Corpse 3:33 ✔
A3 Death Is Your Saviour 3:45
A4 Pleasure to Kill 3:52 ✔
A5 Riot of Violence 4:46 
B1 The Pestilence 7:00 ✔
B2 Carrion 4:42 ✔
B3 Command of the Blade 3:46
B4 Under the Guillotine 4:37 ✔
Total: 36:47

La portada nos remite directamente a la de Doom, el videojuego que rompió moldes en los 90. Su carnaza digital y su planteamiento sanguinario casan de maravilla con este disco. De hecho, Josh Romero, uno de los creadores del juego siempre ha reconocido la influencia del thrash y el death metal en general, y de este disco en particular, en la atmósfera y la ambientación del juego. También en su banda sonora, donde podremos apreciar riffs metaleros muy cercanos a los de este disco y otros del género. 

Pero lo más claro lo encontramos en la carátula. En ambos casos nos encontramos los mismos ingredientes: violencia, demonios y un héroe en medio del caos. No creo que sea casualidad.

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jueves, 11 de abril de 2024

Analeptic

Painkiller (Judas Priest, 1990) 

HEAVY METAL. La brutalidad metalizada del duodécimo álbum de Judas Priest es legendaria. Por eso uno se sumerge en él con una mezcla de miedo y respeto, los cuales quedan volatilizados o refrendados (según se mire) desde el mismo instante en que esa batería empieza a percutir para noquearnos y hacer que comprobemos aterrados si es verdad que la casa no se está viniendo abajo.

Ese es el gran secreto del sonido de este disco mítico. Un sonido de batería absolutamente avasallador que influye de manera directa en el apocalipsis sonoro en el que nos envuelven los de Black Country. Todo cortesía del nuevo baterista, un imperial Scott Travis y de un más que atinado Chris Tsangarides en la producción. El resultado es un sonido reluciente, en las antípodas del rock crudo de antaño, pero que esta vez en lugar de restar, resulta decisivo para afilar el armamento de los Priest hasta que corte como la mejor hoja japonesa.

No solo la debacle percutiva es lo que maravilla aquí. También, como siempre, el ya mítico juego de guitarras de Glenn Tipton y K. K. Downing y un Rob Halford que con su alarido infinito consigue convertir toda esta obra en una auténtica ópera del averno. Una partitura tenebrosa y ampulosa a partes iguales, la cual tiene sus momentos álgidos en el tema titular, cómo no, unas "Hell Patrol" y "All Guns Blazing" que dejan al oyente grogui y sin capacidad de reacción alguna, o una "Night Crawler" que parece sacada de algún oscuro musical mefistofélico.

No es lo único a destacar en una obra brutal como ha habido pocas. Un disco tan sólido como el acero galvanizado de ese motorista del Hades que lo adorna. Justo el disco que necesitaba el grupo para recuperar la credibilidad dilapidada tras unos cuantos álbumes más que dudosos. Un registro avasallador, imponente y que culminó toda una era para el grupo. Rob Halford lo dejaría aquí y no volvería hasta quince años después. Por supuesto, ya no iba a ser lo mismo. Por eso este disco representa a la vez un pináculo y un epitafio prematuro para toda una forma de entender la música y la misma vida.

★★★★☆

1 Painkiller 6:06
2 Hell Patrol 3:37
3 All Guns Blazing 3:58
4 Leather Rebel 3:35
5 Metal Meltdown 4:49
6 Night Crawler 5:45
7 Between the Hammer & the Anvil 4:49
8 A Touch of Evil 5:45
9 Battle Hymn 0:58
10 One Shot at Glory 6:49
Total: 46:11

Es ponerlo y acordarme de inmediato de ese glorioso "Reign in Blood" (1986) con el que Slayer pusieron el mundo a sus pies casi un lustro antes. Será la barbarie tamborilera que comparten, la iconografía malsana (más atinada y perturbadora en los californianos), ese speed metal del que parecen alimentarse ambas obras aun de manera diferente, o en definitiva ese efecto aplastante que provoca la música y que con solo tres temas te abruma hasta el punto de no poder pensar en otra cosa ni apartar tu atención de ella. Será eso, será el frenesí anfetamínico que se desata. O quizás, simplemente, que no se pueda pasar por alto el hecho de que estemos ante dos obras mayores dentro de un género, en mi opinión, no demasiado sobrado de ellas.

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jueves, 9 de febrero de 2012

Reinado sangriento

Reign In Blood (Slayer, 1986)
 

THRASH METAL. El reinado de sangre de Slayer pasa por ser una joya musical de quilates y enjundia muy por encima del campo limitado del metal. En su tercer disco largo, lo cual es un decir con sus escasos 30 minutos, el combo californiano ofrece una dosis extrema de violencia, sangre y poder metálico para facturar una obra maestra que traspasa géneros y edades, y se instala definitivamente como uno de los mayores tratados de música heavy y una de las obras clave para entender el ruido y las pasiones primitivas y atávicas que este arte puede desatar.

El thrash metal más o menos ortodoxo de los inicios de la banda cobra aquí un estatus legendario merced a un alud instrumental apabullante donde la batería de ese titán llamado Dave Lombardo es más que nunca una apisonadora (véase ese inicio con "Angel of Death"), la voz impía de Tom Araya se muestra elástica y ruín como nunca hasta entonces, y las guitarras entrópicas y brutales de Kerry King y Jeff Hanneman coquetean con el noise, el caos y una suerte de free jazz que muchos llamarán de pacotilla pero que ahí está. Y no es esta la única virtud de un disco que noquea por su discurso encendido y fluido en una continua alabanza de la violencia y las simas más abyectas de la conciencia humana. Un sinsentido pútrido en el que se hace doloroso asomarse e insoportable sumergirse. Los ritmos marciales se suceden sin descanso, las pausas son instantes de aliento mínimos y perfectamente distribuidos y las dosis de acción, semicalma y salvajismo se suceden en un collage sangriento y apabullante.

Black Sabbath marcaron una senda que bandas como Slayer pretendían explorar y ensanchar con su estilo sin prisioneros. En Reign In Blood todo se conjura para erigirse en obra capital. La misma portada, con esa iconografía incómoda que hace más que rozar lo herético, solo aumenta el atractivo de lo que podemos encontrar en su interior. Siempre va a pasar lo mismo con estas cosas. El triunfo no se busca, se encuentra. Sobre todo cuando se llega a ese punto justo en el que la expresión logra conectar con unos cientos de miles de almas atormentadas que ven reflejada su vida interior en un puñado de canciones. Un puñado como el rosario de rubíes que erupciona en este trabajo volcánico y avasallador. Uno de mis discos favoritos, aunque no le haya hecho justicia con mis palabras. Compréndanlo. No se puede.


 
 
A1 Angel of Death 4:50
A2 Piece by Piece 2:02
A3 Necrophobic 1:38
A4 Altar of Sacrifice 2:49
A5 Jesus Saves 2:49
B1 Criminally Insane 2:13
B2 Reborn 2:20
B3 Epidemic 2:12
B4 Postmortem 2:44
B5 Raining Blood 4:23

Total: 28:00

Parece que la corta duración del álbum, que tiene más que ver con el punk que con el metal, se debe a que al escuchar los discos de Metallica o Megadeth del momento notaron que les cansaba el repetir los riffs hasta la saciedad. No fue algo buscado, según Jeff Hanneman. El otro guitarrista, Kerry King, afirma que buscaban otra aproximación. Recortar las canciones supuso el hallazgo de un disco más intenso y directo.

La velocidad se puede medir y en este disco la media estaría en los 210 golpes por minuto.

La banda recibió críticas encendidas por "Angel of Death", canción que se refiere a Mengele y sus experimentos en Auschwitz. Se les achaca que no critiquen las acciones del doctor nazi ni las condenen. Una neutralidad peligrosa que Hanneman justifica diciendo: "no puse nada en la letra que dijera que era un hombre malvado porque para mí ¿no es algo obvio? ¿es que tengo que decírtelo?"