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viernes, 8 de diciembre de 2023

Vamos a lo oscuro...

Dark Side of the Moon (Pink Floyd, 1973)
 

ROCK SINFÓNICO. No comparto la teoría tan extendida de que esta es la obra maestra de Pink Floyd. Tampoco me coloco en el extremo opuesto. No, no es un mal disco. ¡Qué poca loa para tamaño monumento!, dirán muchos. Y es que no soy muy fan del rock sinfónico, esa es la verdad. Lo que no quita que aprecie los hallazgos sonoros de este grupo, que, con sus luces y sombras, han ofrecido cimas de experimentación en estudio y un puñado de melodías para la posteridad.

El disco, más que por sus letras, suena conceptual. Otro motivo para la sospecha si no fuera por la solidez de su fluir, que hace imposible no acabárselo cada vez que se pincha. Además, a veces pienso que suena tan tranquilo que aburre, aunque a decir verdad tampoco hay que ser injusto. Lo cierto es que de alguna manera va aumentando en intensidad de forma gradual hasta estallar en los coros soul de "Great Gig in the Sky" y en el solo de guitarra de "Money". Eso sí que me gusta. Lo que no está directamente emparentado con los fastos huecos que Dave Gilmour se apresuró a incorporar al sonido de la banda una vez que se deshizo de Syd Barrett. Y es que, si en los primeros discos sin el geniecillo lisérgico parecían no atreverse a dejar totalmente de lado los postulados con los que se inició el grupo, en esta obra de sonido y magnetismo faraónicos se quitan la careta y ofrecen una muestra más que evidente de lo que iba a ser Pink Floyd en su estado más sinfónico y tremendista. Sí, el título no engañaba.

El disco significaba la culminación de un viaje cuyo origen podíamos situar en el libro infantil The Wind in the Willows (Kenneth Grahame, 1908) y con destino en 2001: A Space Odissey (Stanley Kubrick, 1968). O eso les gustaría a ellos, porque apelar a la hondura filosófica de la obra de Kubrick me parece demasiado para con un grupo que se perdió en sus ínfulas y no supo apreciar la ironía, la perversidad y el gusto exquisito de la locura de Syd Barrett. Lo que hace más sorprendente y arrebatadora esta lección de góspel espacial en toda regla.

En conclusión, con todas sus luces y sombras, el álbum no puede llenar el título. Un título tan evocador y afortunado que duele que se aplique a esta obra. Y precisamente por todo esto no puedo hundirlo en el olvido de los errores discográficos. Hay demasiados de este tipo por ahí que hacen que se puedan apreciar los vapores de autenticidad que emanan de una obra que, para bien o para mal, va a sobrevivirnos. Y eso vale mucho.

★★★★☆

A1 Speak to Me
A2 Breathe
A3 On the Run
A4 Time
A5 The Great Gig in the Sky
B1 Money
B2 Us and Them
B3 Any Colour You Like
B4 Brain Damage
B5 Eclipse

Total: 43 min.

jueves, 27 de agosto de 2015

Acidez, deliciosa acidez

The Early Singles (Pink Floyd, 1992) 
 

PSICODELIA FREAK. Sacar este recopilatorio en medio de los fastos engolados de "Delicate Sound of Thunder" (1988) y "The Division Bell" (1994) me parece de lo más necesario. Para que nunca se olvide que el nombre de Pink Floyd, que ha acabado agenciándose David Gilmour, es como poco multifacetado. Aquí se recogen los primeros singles del grupo, todos, excepto "The Scarecrow", no incluidos en ningún LP de la banda. En orden cronológico podemos disfrutar de algunos de los escasos y gloriosos momentos grabados del grupo con Syd Barrett, entre ellos la maravillosa "See Emily Play".

Estos singles fueron grabados y publicados entre 1967 y 1968. Los primeros 5 temas de esta colección fueron compuestos por Barrett. "Apples and Oranges" fue la última canción que compuso para Pink Floyd y "Paintbox" la última que grabó con ellos. Estos seis temas me parecen los más interesantes junto al espléndido cierre con "Careful With That Axe Eugene" y "Julia Dream". Son las muestras más frescas del pop psicodélico y electrificado que bullía en la banda en estos orígenes. Parecen tener un mismo cordón umbilical, un algo que los conecta y los hace funcionar juntos a pesar de estar pensados como singles y no como LP. Otro ejemplo más de lo sobrevalorado que está el "concepto" como vertebrador de cualquier obra.

En su conjunto, estos diez temas logran formar un todo coherente y terriblemente atractivo. Muchísimo más emocionante que lo que Pink Floyd llevaban haciendo durante años o incluso décadas. Incluso los temas sin Barrett se infectan de su bendita locura y conforman una obra notable que no podemos olvidar que está hecha a la fuerza. Por ello no disfruta del prestigio que quizás merecería. Una obra que el seguidor del grupo que viniera degustando sus últimas "delicatessen" no podrá entender. Menuda aberración escuchar esto tras la versión en directo de "Comfortably Numb" que incendia su disco anterior. ¡Y qué necesario para tener el cuadro completo!

★★★★☆

1 Arnold Layne 2:57
2 Candy and a Currant Bun 2:47
3 See Emily Play 2:54
4 Scarecrow 2:10
5 Apples and Oranges 3:08
6 Paint Box 3:47
7 It Would Be So Nice 3:46
8 Julia Dream 2:35
9 Point Me at the Sky 3:35
10 Careful With That Axe, Eugene 5:44

Total: 33:23

Cada vez que se produce un hallazgo en forma de temas nuevos de una banda como Pink Floyd se produce un pequeño cataclismo discográfico que hace que desata la locura entre los aficionados. Más si cabe, creo yo, cuando ese descubrimiento se refiere a la corta pero intensísima etapa con Syd Barrett.

No es de extrañar que fuera eso lo que pasara con el tema que titula este single pirata y que se desenterró en 2010 para darle su forma "definitiva" en 2016 con motivo de su inclusión en la caja The Early Years 1965-1972.

El tema se grabó en 1967 con la intención de incluirlo en A Saucerful of Secrets (1968). El abandono/expulsión del grupo por parte de Syd Barrett hizo esto inviable y la canción quedó en el limbo. Más que injustamente como podrán comprobar.

Vegetable Man (Pink Floyd, 2016) [SINGLE, BOOTLEG]
 
 
PSICODELIA FREAK. Dos temas perdidos de la primera época del grupo. Escritos por Syd Barrett y dejados a medio terminar, llegaron a producirse en ciertas condiciones para entrar en ese "Opel" (1988), que recogía descartes del genio de Cambridge, pero el grupo se negó a ello. Por eso, salvo las ediciones pirata de rigor, ha habido que esperar hasta 2010 para escuchar estos dos temas con el lustre que merecen para así certificar lo inabarcable del talento de un Barrett nunca bien ponderado.

En el tema titular nos encontramos la lírica incisiva en la que se reafirma en su locura y nos dice "este soy yo, el hombre vegetal, lo tomas o lo dejas". Todo envuelto en una rudeza casi proto-punk que se desmorona con el almíbar de los coros de rigor. Un ejemplo perfecto de lo afilado de la inspiración de Syd, la canción iba a ser el tercer single del grupo, luego iba a formar parte de un "A Saucerful of Secrets" (1968) que tuvo que cambiar de dirección forzosamente con la incorporación de David Gilmour.

La segunda pista, por su parte, es otro tema de Syd y también se barajó como single que siguiera la estela de "See Emily Play" (1967). También de las sesiones de "A Saucerful of Secrets", cuenta con Nick Mason como voz principal, algo que el batería ha hecho bien poco en la historia del grupo. Se trata de un corte de psicodelia libérrima con acelerones y tormentas de wah-wah que lo convierten en una pieza realmente endemoniada que casa a las mil maravillas con "Vegetable Man". Quizás por eso también se llegó a pensar en publicarlos en un mismo single, siendo "Scream Thy Last Scream" la cara A.

Desgraciadamente nada de eso se hizo y hemos tenido que esperar una eternidad para disfrutarlos en todo su esplendor. Aquí los tenemos reunidos de una manera no muy legal, pero más que necesaria. Dos canciones a medio acabar, perdidas y enterradas en vida, como su autor. Tan gozosas en su libertad extrema que son capaces de maravillarnos y hacer que tengamos un motivo más para adorar a esos Pink Floyd que a finales de los 60 podían ser perfectamente el mejor grupo del mundo. A ver quién es capaz de negarlo.

★★★★☆

  1. Vegetable Man
  2. Scream Thy Last Scream
Total: 7 min.

"L'homme à tête de chou", ese disco conceptual que Serge Gainsbourg dedicó a la estatua del hombre-repollo que adornaba su propio jardín, me sobrevuela cuando pienso en el hombre-vegetal de Syd Barrett. Gainsbourg mostraba su autoindulgencia a manos llenas para que el mundo sintiera pena por ese hombre inocente asediado por un sexo femenino que no hacía más que aprovecharse de él. Las motivaciones de Barrett no iban por ese camino. Lo suyo era más volátil y menos turgente, pero la asociación en mi mente es inevitable.

martes, 25 de agosto de 2015

Pesadilla de posguerra

The Final Cut
(Pink Floyd, 1983)

ROCK SINFÓNICO. Es demasiado fácil establecer la línea roja en "The Wall" (1979). La línea a partir de la cual no hay nada que llevarse a la boca en la discografía de Pink Floyd. Ciertamente es demasiado fácil ver su continuación, "The Final Cut", como un disco muy menor y como el primero de su imparable caída. Lo suyo sería valorarlo como una obra otoñal y sincera en la que Roger Waters homenajea a las víctimas de la guerra, con las Malvinas como telón de fondo. Habría que tener el valor suficiente para reconocer el mérito artístico que supone desarrollar un concepto tan ambicioso.

Y parece que una vez más, tratar de encontrar maravilla entre la mediocridad, es imposible. Deberíamos ser capaces de ver algo hermoso, aunque como suele suceder, la canción se supedite al concepto. Podríamos ser benevolentes y apreciar el esfuerzo de Waters, no como un liderazgo dictatorial e insensible, sino como una guía sabia y juiciosa. Que esto sea la resaca de la borrachera de ego que el bajista se pilló con el disco anterior no debería sino parecernos una minucia. Y aunque los resultados estén más que a la vista, deberíamos dedicar nuestro valioso tiempo a estos balbuceos melindrosos en piezas que pretenden ser importantes y son tan insulsas que acaban con la paciencia de un santo. Aquí todo lo escribe Waters, casi todo lo canta él y Richard Wright no está. Vayan haciendo sus cuentas.

El duodécimo disco de Pink Floyd es el menos Pink Floyd de todos. Y eso, que podría ser algo bueno, acaba siendo una losa imposible de levantar. Después de este, Roger Waters, miembro fundador, abandonaría el grupo con la consiguiente batalla legal por el nombre y el mando en manos de David Gilmour. Motivos de peso para replantearse el interés por el grupo. Reconozcámoslo, nos encanta morder y hacer sangre y detectamos al instante cualquier síntoma de debilidad. Sí, "The Final Cut" lo pone fácil. Demasiado fácil.

★★

A1 The Post War Dream
A2 Your Possible Pasts
A3 One of the Few
A4 The Hero's Return
A5 The Gunners Dream
A6 Paranoid Eyes
B1 Get Your Filthy Hands Off My Desert
B2 The Fletcher Memorial Home
B3 Southampton Dock
B4 The Final Cut
B5 Not Now John
B6 Two Suns in the Sunset

Total: 46 min.

domingo, 23 de agosto de 2015

Animal farm

Animals (Pink Floyd, 1977)

ROCK SINFÓNICO. Animals muestra a los Floyd más conceptuales, a los más hipertrofiados, a los más dignos de ser odiados por Johnny Rotten. Siguiendo el concepto de Wish You Were Here (1975) pero en sentido inverso, parten un tema y lo ofrecen al principio y al final. En esta ocasión se trata de una canción extremadamente corta y de tono insustancial que contrasta con la dureza de las ideas que anegan los tres cortes que colocan en medio.

La idea central del disco parte, ay, de Waters y en esta ocasión se mira en "Animal Farm", novela en la que George Orwell condena a la vez el capitalismo y el estalinismo. Los perros, cerdos y ovejas que pueblan el disco se inspiran directamente en la novela para denunciar las condiciones sociales y políticas en las que estaba inmerso el Reino Unido a finales de los 70. Una idea ambiciosa de las que gustaba desarrollar Waters y que precisaba de una música bombástica como esta.

En los larguísimos temas centrales, el grupo se dedica a destilar lo que venía probando desde The Dark Side of the Moon (1973). Podríamos tomar la suite "Dogs" como el momento cumbre del disco. En su desarrollo excesivo podemos incluso extasiarnos con las guitarras explosivas de un David Gilmour desbocado. Un trabajo más que notable muy bien maridado con los teclados flotantes que Richard Wright había empezado a aplicar en el trabajo anterior. "Pigs (Three Different Ones)" y "Sheep" se dejan oir a pesar de su extensión y completan un trabajo cabezón pero sólido que no gustará a los acérrimos del punk y que a día de hoy suena caduco y hortera. Aún así, todo un dechado de frescura si lo comparamos con el "fastuosíssimo" The Wall (1979) que esperaba a la vuelta de la esquina.

Si quedaba algo de los Pink Floyd primerizos, los que experimentaban juguetones con luces estroboscópicas en garitos de mala muerte, este disco acabó por obliterarlo. La gira que le siguió, que llamaron "In the Flesh Tour", fue un llenazo de estadios continuo y febril y los gigantescos cerdos volantes que usaron para promocionar el álbum volaban sobre una audiencia extasiada ante el gigantismo de una banda que estaba a punto de reventar de éxito. Un grupo que trataba de ocultar la infección que crecía en su seno y se dedicaba simplemente a presentar un buen álbum a pesar de los pesares.

★★★☆☆

A1 Pigs on the Wing 1
A2 Dogs
B1 Pigs (Three Different Ones)
B2 Sheep
B3 Pigs on the Wing 2

Total: 42 min.

jueves, 20 de agosto de 2015

Leche materna atómica

Atom Heart Mother
(Pink Floyd, 1970)

ROCK SINFÓNICO/EXPERIMENTO. Siguen las ínfulas y no parecía haber manera de rebajarlas. No entiendo cómo un disco con una portada tan icónica, divertida, sencilla y genial puede estar plagado de tanta nada. Si después de la quimera de esos veinticuatro minutos de cara A que construyen algo que hacen llamar "Atom Heart Mother" (la canción) crees que has sobrevivido a lo peor, no puedes estar más equivocado. Resulta que ese tour de force es lo mejor del álbum. A pesar de su incoherencia y de vertebrarse alrededor de una fanfarria errática e inconexa, tiene algo de candor. No sabemos muy bien si aspira a la grandeza de la música clásica o ironiza con ella. No es grandiosa, como seguro que pretendían, sino simplemente una pieza nada desdeñable en su cancionero.

Lo que sigue no merece tanto mi atención. Y eso que a priori, por su duración, parece tratarse de canciones más llevaderas. La realidad es que las tres siguientes padecen una falta de hierro terminal. Insulsas y melindrosas hasta el extremo, son de lo más aburrido que grabara Pink Floyd. En cuanto al cierre con ese desayuno psicodélico de Alan, supongo que pretendían encaramarse en la cima de la experimentación seria, pero para mí no es más que una tontería como un camión. Ruidos de ambiente que pretenden ser narrativos, mezclados con trocitos de musiquilla de mercadillo nunca va a poder defenderse como el colmo del arte mayor. Seguro que valoro mejor otras pretenciosidades igualmente infumables, pero en las artes algo te llega o no lo hace, y a veces no hay nada que explicar. Esto no me llega. Y no será porque no le pongo empeño. Quizá la próxima será.

★★

A Atom Heart Mother
    a. Father's Shout
    b. Breast Milky
    c. Mother Fore
    d. Funky Dung
    e. Mind Your Throats Please
    f. Remergence
B1 If
B2 Summer '68
B3 Fat Old Sun
B4 Alan's Psychedelic Breakfast
    a. Rise and Shine
    b. Sunny Side Up
    c. Morning Glory

Total: 52 min.

miércoles, 19 de agosto de 2015

Ecos del espacio exterior

Meddle
(Pink Floyd, 1969)

ROCK SINFÓNICO. Meddle, el sexto disco de Pink Floyd pasa por ser su mejor obra desde su debut. Nunca un disco con toda una cara dedicada a una canción ha sonado tan refrescante y claro. Y esto no es solo gracias a sus virtudes, que habría que matizar, sino también por venir después de dos ladrillazos antológicos como son Ummagumma (1969) y Atom Heart Mother (1970).

La apertura con la instrumental "One of These Days" augura que todo había cambiado aquí. El tema es una apuesta cristalina por la claridad y la contundencia. El bajo marca un ritmo vertiginoso que se contagia desde que empieza a sonar. Tras él pasan a combinar lo épico y lo melindroso aunque con una gracia que no encontrábamos no mucho tiempo atrás. Y todo con una duración razonable. Al menos hasta llegar al cúlmen del disco. Su piedra de toque. Un tema de más de 23 minutos que se come, como decíamos, la segunda cara del vinilo. Con estos datos, "Echoes" parece algo poco apetecible a primera vista y sin embargo conquista desde las pulsaciones que lo inauguran, fruto de los jugueteos casuales de Rick Wright. "Echoes" es todo lo que habían pretendido ser algunas de sus aburridas epopeyas anteriores. Es voluptuosa, lírica y coherente. Bulle cuando lo tiene que hacer y se solaza en el reposo sin aspavientos. Es uno de los grandes hallazgos de Pink Floyd, la excusa perfecta para agenciarse este disco.

Sin exagerar, colocaremos al sexto de los de Cambridge en un lugar destacado de su discografía, pero para nada dentro del canon occidental. El álbum muestra demasiadas lacras como para considerarse siquiera excelente. Refresca y se agradece, sobre todo, si nos enfrentamos a la obra de este grupo de una manera cronológica. Compréndanme. Acabo de tragarme dos mamotretos de órdago. Por todo lo expuesto, Meddle sabe a gloria. Porque es simplemente un buen disco. Y eso a veces es más que suficiente.

★★★☆☆

A1 One of These Days
A2 A Pillow of Winds
A3 Fearless (Including "You'll Never Walk Alone")
A4 San Tropez
A5 Seamus
B Echoes

Total: 47 min.

martes, 18 de agosto de 2015

Como somos tan geniales...

Ummagumma
(Pink Floyd, 1969)

ROCK SINFÓNICO. Ummagumma partía de una idea que ya olía. A mierda. Un tufillo nada sutil que emanaba de una ocurrencia de lo más peregrino. "¿Y si componemos un mamotreto cada uno y los reunimos para formar un disco?". Me pregunto si el mismo que propuso esa idea añadió, "¡pero que sean piezas infumables de verdad!", o es que salieron así por casualidad. Se podían haber conformado con una cara del vinilo para el experimento, pero no, necesitaban toda la rodaja para dar rienda suelta a su ingenio desbocado.

Por si no fuera suficiente, añaden otro disco con tomas en directo de su material reciente. Este en su conjunto no está nada mal. Incluso se podría calificar como un buen directo. Si es que se pudiera descontextualizar, lo cual no sería ni justo ni realista. Ummagumma no salió bien porque no podía salir bien. Con el tiempo el grupo en bloque ha acabado renegando de un álbum que glosa como ninguno los excesos que Pink Floyd han representado a lo largo de su historia.

Detenerse a analizar las cinco piezas que llenan el segundo volumen sería tedioso e innecesario. Se trata de material inclasificable en el que confunden lo experimental con la boutade. Solos de batería entre especias exóticas se indigestan junto a chorradas que pretenden pasar por experimentos vocales. La cantidad de música sin sentido que puebla esta obra es sencillamente inabarcable. Evidentemente, la función del disco en directo es la de entregar al comprador algo por lo que merezca la pena el desembolso, pero dudo mucho que lograran satisfacer en este último punto. Señorxs, he aquí todo un ejemplo de autoindulgencia a manos llenas.

★★

Live Album Recorded at MOTHERS Birmingham & Manchester College of Commerce, June 1969
A1 Astronomy Domine
A2 Careful With That Axe, Eugene
B1 Set the Controls for the Heart of the Sun
B2 A Saucerful of Secrets
 
Studio Album
C1 Richard Wright - Sysyphus
    - Part 1
    - Part 2
    - Part 3
    - Part 4
C2 Roger Waters - Grantchester Meadows
C3 Roger Waters - Several Species of Small Furry Animals Gathered Together in a Cave and Grooving With a Pict
D1 David Gilmour - The Narrow Way
    - Part 1
    - Part 2
    - Part 3
D2 Nick Mason - The Grand Vizier's Garden Party
    - Part 1: Entrance
    - Part 2: Entertainment
    - Part 3: Exit

Total: 86 min.

viernes, 14 de agosto de 2015

Tormenta cósmica

 
The Piper at the Gates of Dawn (Pink Floyd, 1967)

 

PSICODELIA FREAK. El estreno del supercombo de Cambridge es una isla en su discografía. Un caleidoscopio psicodélico que se incendia y se consume para no dejar rastro ni descendencia. No en vano fue el único disco de Pink Floyd en el que el duende esquizofrénico de Syd Barrett iba a dirigir a tiempo completo. Un momento maravilloso y efímero. Por desgracia nunca sabremos qué rumbo habría cogido el grupo de haber continuado Barrett en él.

En esta obra maestra se aprecia claramente el dominio absoluto de nuestro desequilibrado amigo. En su guitarra y sus quiebros vocales, este Jimi Hendrix lisérgico, dirige sus pasos hacia terrenos esquizoides no exentos de una brillantez melódica apabullante. "Lucifer Sam", "Matilda Mother", "Flaming", "The Gnome" o "Bike" son joyitas de pop psicodélico de un valor incalculable. Triunfan en nuestro subconsciente y siempre lo harán merced a unas melodías saturadas de azúcar y visiones psicotrópicas enmarcadas en armazones unas veces sólidos y otras volátiles como el polvo de estrellas.

En estos momentos iniciáticos el grupo estaba experimentando con un sonido innovador y de alta toxicidad que claramente no pudieron acabar de digerir. Barrett abandonaría la nave y en el siguiente disco su participación sería puramente testimonial. Y el resto intentaron seguir la senda marcada por esta obra imposible en futuros intentos, aunque la fórmula se diluiría demasiado pronto en el océano de ideas que inundó al grupo con la entrada del más ortodoxo David Gilmour. Lo que más perduró en la banda fue el eco de los temas más densos y duros de este disco. Epopeyas cósmicas alucinógenas del calado de "Astronomy Domine", "Pow R. Toc H." o "Interstellar Overdrive". Su rastro siguió fresco en buena parte de la obra que siguió aunque la fiera había perdido ya casi todo su salvajismo.

Esto es lo grandioso y lo triste de un disco único. Un testamento candoroso y sulfúrico, la única obra en la que podemos recrearnos en la acidez eléctrica de Syd. Después crearía un puñado de joyas en solitario, aunque con un perfil principalmente acústico. Solo en estas canciones podemos disfrutarlo enchufado al fluido espacial que le sirvió de inspiración y acabó siendo su condena. Dulce condena.

★★★★★

A1 Astronomy Dominé
A2 Lucifer Sam
A3 Matilda Mother
A4 Flaming
A5 Pow R. Toc H.
A6 Take Up Thy Stethoscope and Walk
B1 Interstellar Overdrive
B2 The Gnome
B3 Chapter 24
B4 The Scarecrow
B5 Bike
 
Total: 42 min. 

El álbum tomó su título del séptimo capítulo del libro The Wind in the Willows de Kenneth Graham, una novela para niños. Ese piper se refiere concretamente al dios Pan. Una elección maravillosa que refleja tanto los intereses literarios del grupo como el tono jocoso y travieso de buena parte de esta música.

Parece que a Barrett le gustaba hacerse llamar Piper, por lo que se vería como la personificación del dios Pan. De hecho en la canción "Shine On You Crazy Diamond" de 1975, que el grupo dedicó a Syd, lo llaman así.

Syd Barrett dejaría la banda en abril de 1968, víctima de un cóctel explosivo compuesto por traumas infantiles y adicción severa al LSD. Todo esto fue la bomba que reventó su frágil estabilidad psíquica y emocional. Con Pink Floyd solo grabó cuatro singles y este LP y colaboró sutilmente en A Saucerful of Secrets (1968).

lunes, 4 de junio de 2012

Cómodamente insensibilizado

Delicate Sound of Thunder
(Pink Floyd, 1988)

ROCK SINFÓNICO. Este disco en directo glosa la gira de A Momentary Lapse of Reason (1987), y como los de su estirpe se asocia con etapas de escasez creativa. Poco debía quedar ya en el pozo salvo la bilis de la disputa entre David Gilmour y Roger Waters. El primero acabó quedándose con el nombre y la dirección artística de una banda que había dado todo lo que podía ya. 

Así las cosas, este disco se antoja redundante, forzado e innecesario como los solos que inflan las canciones. Más que otra cosa, un golpe de reafirmación para Gilmour y compañía, una forma de recordar glorias pasadas y de saldar cuentas. Y todo con un artefacto que es un monumento al hieratismo más postizo y al gigantismo más hueco. Algo que el no fanático no pedía precisamente.

Tampoco es que se recreen en el pasado totalmente. Abren con una toma impoluta y atmosférica de "Shine On You Crazy Diamond", pero a partir de ahí nos endosan el grueso del disco anterior como diciendo "seguimos vigentes, seguimos dando guerra". Pero no cuela. Demasiado limpio y demasiado autómata para sonar creíble. El segundo disco se entrega de lleno al recuerdo de épocas "gloriosas" con canciones de Meddle (1972), Dark Side of the Moon (1973), Wish You Were Here (1975) y The Wall (1979). Lo que sea para que el público siga encandilado. Para que siguiera creyendo que Pink Floyd eran aún necesarios e importantes a esas alturas. No sé si coló, pero hoy no, no cuela.

PD: Dicho todo esto a pesar del incendio que provoca el solo de "Comfortably Numb"... ¡Es-pec-ta-cu-lar!

★★

A1 Shine on You Crazy Diamond 11:53
A2 Learning to Fly 5:27
A3 Yet Another Movie 6:21
A4 Round and Round 0:33
B1 Sorrow 9:28
B2 The Dogs of War 7:18
B3 On the Turning Away 7:58
 
C1 One of These Days 6:15
C2 Time 5:16
C3 Money 9:52
C4 Another Brick in the Wall Part II 5:28
D1 Wish You Were Here 4:49
D2 Comfortably Numb 8:56
D3 Run Like Hell 7:12
Total: 96:46