
Grabaciones de referencia:
- Mass in B Minor (John Eliot Gardiner / Monteverdi Choir, 1985)
Estamos ante una versión extendida de la Misa ordinaria, composición que establecía las partes invariables de la liturgia eucarística cristiana. Para ello, Bach reutilizó motivos de obras anteriores como el Sanctus de 1724. La composición de esta Misa en si menor le llevó, según los estudiosos, no menos de 16 años, de 1733 a 1749, completándola tan solo un año antes de su muerte. Este arco temporal no queda del todo claro, como es habitual, aunque se sabe con certeza que el de Eisenach empezó a trabajar en una Missa con motivo del fallecimiento de Augusto II de Polonia, el "fuerte", y en honor a su heredero, Augusto III.
Ese pudo ser el punto de partida de esta obra postrera, ya que una Missa es solo una porción de la liturgia, la cual amplió a la ceremonia completa en su definitiva Misa en si menor. Una composición que nos lleva por los entresijos del rito cristiano, siendo válida tanto para ceremoniales católicos como luteranos. Todo un hito y uno de los logros más elevados en toda la historia de la música. En esta partitura, voces e instrumentos se entrelazan en un suspiro redentor que hace que el creyente visite la Gloria por momentos. Pero, lo más increíble no es esto. Para mí, esta música consigue lo más difícil: que los ateos convencidos se planteen la posibilidad de la existencia de Dios durante su escucha.
Epifanía que solo puede ocurrir con las obras más profundas y valiosas. Ocurre, diría yo, con el Requiem de Mozart y con obras de ese pelaje y dimensión. Trabajos crepusculares en su mayoría, postreros, casi agónicos, en los que el autor parece tener su alma ya entre dos mundos. Como si le estuvieran dictando unas armonías y unas cadencias que nos transportan a un sitio totalmente desconocido, pero lleno de luz.
A todo eso suena esta Misa en si menor. Y una vez más, no puedo decir que la disfrute con todo mi ser. Primero por ser música vocal, algo que ya me pone en guardia, Sin embargo, disfruto intensamente los primeros movimientos. Hasta que en su larguísimo desarrollo —algo que también la hace cuesta arriba— se produce un cambio de atmósfera a la altura del Quoniam tu solus Sanctus, con ese barítono, que la hace algo farragosa para mi oído maleducado. Después, la cosa se vuelve a poner emocionante al máximo con el cierre del Gloria mediante un extático Cum sancto spiritu capaz de erizar el vello de cualquiera.
Los siguientes movimientos varían en su emotividad y en su capacidad de atracción. Y por supuesto que la obra conmueve como pocas en su conjunto, si bien no entra de primeras. O quizás es que, en esta época caótica y sin pausas, no estemos preparados para aguantar la hora y tres cuartos que dura la grabación de Gardiner a la que me he sometido. La cuestión es que, en cuanto encontremos el momento y estemos del humor requerido, nos daremos cuenta enseguida de que estamos ante uno de los hitos más gigantescos del canon occidental. Simplemente imagínense cómo sonaría esto en una catedral, con las voces, las cuerdas y los vientos rebotando en las paredes, las bóvedas y las columnas. Solo así podremos hacernos una idea de la magnitud de lo que suena por nuestros pobres altavoces.
♪♪♪
1. Kyrie
1. Kyrie I
2. Christe
3. Kyrie II
2. Gloria
1. Gloria
2. Et in terra pax
3. Laudamus te
4. Gratias agimus tibi
5. Domine Deus
6. Qui tollis
7. Qui sedes
8. Quoniam tu solus sanctus
9. Cum sancto spiritu
3. Credo
1. Credo in unum Deum
2. Patrem omnipotentem
3. Et in unum Dominum
4. Et incarnatus est
5. Crucifixus
6. Et resurrexit
7. Et in Spiritum Sanctum
8. Confiteor
9. Et expecto
4. Sanctus
1. Sanctus
2. Pleni sunt coeli
3. Osanna in excelsis
5. Benedictus
1. Benedictus
2. Osanna in excelsis
6. Agnus Dei
1. Agnus Dei
2. Dona nobis pacem






