viernes, 13 de marzo de 2026

Así suenan nuestros entresijos

Field of Reeds (These New Puritans, 2013)
 

LITURGIA ABISAL. Que haya gente que diga que no pasa nada en este disco... Es algo que me cuesta digerir. Estoy de acuerdo en que el tercer disco de los británicos, como toda su obra, no es un producto fácil ni se deja atrapar con tan solo un par de escuchas descuidadas. Pero de ahí a que esto sea aburrido, plano o monótono creo que hay un mundo. El mismo universo que constituyen las etiquetas que todo el mundo intenta encontrar para una música que el Sunday Times definió como imposible de categorizar. El reconocimiento de una derrota que acaba siendo el mayor triunfo para unos sonidos tan modernos como atemporales.

Y es que Field of Reeds es una de esas obras que se sitúan fuera del tiempo y el espacio. Un trabajo en el que bulle la música contemporánea —o la clásica de vanguardia—, el jazz y las sonoridades atmosféricas en todas sus vertientes. Todo, eso sí, a partir de la calidez y lo orgánico como santo y seña innegociable. Una calidez que no evita teñirse de ese barniz tenebroso que le da tanto atractivo para los amantes de lo intenso como repulsión para los adoradores de lo inmediato. Extremos que conviven sin problema en temas clave como "V (Island Song)" —puro ritual—, "Organ Eternal" —celebración casi religiosa— o "Nothing Else" —que parece estar formándose ante nuestros oídos en el momento. 

En cualquier caso, dudas y matices aparte, lo que está claro es que no estamos ante un trabajo pacato ni minimalista. Aquí hay progresiones complejas por doquier y capas y capas de arreglos. Aunque el núcleo de la banda es el trío formado por los hermanos Jack y George Barnett más Thomas Hein, cuentan con el apoyo de unos cuarenta músicos de sesión, incluyendo la rutilante contribución de Elisa Rodrigues, cantante portuguesa de jazz y fado. Una obra que nació tras un minucioso y extenuante proceso de grabación en el que, según Jack Barnett, cabrearon y volvieron locos a mucha gente. Parece raro cuando disfrutamos del resultado: un álbum de sonido panorámico y envolvente. Pura ambrosía inmersiva que hace que olvidemos que para hacer la tortilla siempre hay que romper los huevos.

★★★★☆

1 This Guy's in Love With You 3:03
2 Fragment Two 4:34
3 The Light in Your Name 6:03
4 V (Island Song) 9:16
5 Spiral 6:04
6 Organ Eternal 5:32
7 Nothing Else 7:49
8 Dream 4:15
9 Field of Reeds 6:29

Total: 53:05 

jueves, 12 de marzo de 2026

Voy a ser el Rey León y tú lo vas a ver

The "Angry" Young Them! (Them, 1965)
 

RHYTHM & BLUES. Estamos ante el estreno discográfico en largo de todo un Van Morrison. Nada más que por eso, creo yo que merece que le dediquemos nuestro tiempo al debut de Them, banda norirlandesa que podríamos encuadrar en la British Invasion que trató de electrificar el rhythm & blues hasta aproximarlo a un rock que acabaría dominando la Tierra en unos añitos.

Lo cierto es que Them no las tenían todas consigo para triunfar. En primer lugar, no fueron los primeros en golpear precisamente. Los Rolling Stones ya habían debutado el año anterior, los Beatles hacía dos, los Animals y los Kinks también llevaban meses de ventaja y los Who, aunque sí que iban más de la mano en el tiempo, habían demostrado que lo suyo era cosa aparte. Además, el origen periférico de los de Belfast, alejados de los circuitos promocionales de Londres, tampoco jugaba a su favor, si bien, por otra parte y para mí, esa marginalidad les acaba regalando un encanto matador.

También tenían algunas ventajas respecto a las bandas mencionadas que los hacen únicos. Para empezar, destacaremos la voz de Van Morrison, todo un arma de destrucción masiva con la que no podían ni siquiera soñar los demás. Ahí está su carrera en solitario para dejarlo claro, aunque aquí su instrumento ya brilla de manera espectacular. Luego está el hecho de contar con temas propios, seis de los catorce, escritos por el propio Morrison. Algo de lo que pocas bandas de la British Invasion podían jactarse en su debut. Sobre todo por la calidad de los mismos, con una "Gloria" que se convirtió en el molde y casi en asignatura obligada para cualquier banda que empezara a partir de entonces.

Toda una pléyade de virtudes que acaban algo embarradas ante la inclusión de esos poquitos temas más predecibles, canciones que podíamos encontrar en casi cualquier disco de rhythm & blues en esos años. Canciones más superfluas y casi superadas en el 65, "Route 66" a la cabeza. No me entiendan mal. Como banda en ciernes, Them tenían todo el derecho a agarrarse a la solidez de lo conocido, a no soltarse de la mano hasta encontrar esa seguridad que todos necesitamos. Una seguridad que no iban a tener tiempo de disfrutar, ya que Van Morrison abandonaría el barco después del segundo disco, dejándolos prácticamente en cueros.

No sé si soy algo injusto al no poder encumbrar a este debut entre las joyas más refulgentes de su generación, pero, sea por lo que sabemos hoy de Van the Man o por esa sensación de que podían haber rayado más alto, lo cierto es que no puedo decir más que estamos ante un buen disco de una muy buena banda. No creo que sea poco, pero seguro que no es suficiente.

★★★☆☆

A1 Mystic Eyes 2:47
A2 If You and I Could Be as Two 2:59
A3 Little Girl 2:30
A4 Just a Little Bit 2:26
A5 I Gave My Love a Diamond 2:52
A6 Gloria 2:43
A7 You Just Can't Win 2:26
B1 Go On Home Baby 2:41
B2 Don't Look Back 3:26
B3 I Like It Like That 3:22
B4 I'm Gonna Dress in Black 3:38
B5 Bright Lights Big City 2:35
B6 My Little Baby 2:14
B7 (Get Your Kicks On) Route 66 2:27

Total: 39:06 

lunes, 9 de marzo de 2026

Desnudos y helados

Eta edertasunaren lorratzetan biluztu ginen / lorategi izoztuan hezur huts bilakatu arte (Lisabö, 2018/2023)

 

POST-HARDCORE. "Y tras el rastro de la belleza nos desnudamos hasta transformarnos en mero hueso en el jardín helado". Este es el poderoso verso que se forma si juntamos el título de los dos últimos discos de Lisabö, un díptico glorioso y aberrante que no pudo ser por la pandemia, pero que ahora es y se puede disfrutar en toda su gigantesca plenitud. También es la unión entre la frase con la que acaban el primer álbum y la que usan para empezar el segundo.

Cinco años son los que median entre la publicación de ambas rodajas. La idea era sacarlos casi seguidos, pero por lo comentado, además de por el modus operandi de una banda que lo hace todo a fuego lentísimo, no fue posible. Y no hacía falta que el grupo se empeñara en cuidar las formas para aventar con claridad meridiana que los álbumes comparten el mismo ADN. Es cierto que se agradece esa uniformidad en las carátulas, ese yin yang en el que no hay lugar para la duda. Pero, en realidad, no hay más que escuchar las primeras notas de cada obra para entender que se trata de un continuo, de una bilogía, como ellos la llaman, de una profundización en los hallazgos de ese Animalia lotsatuen putzua (2011), que lo cambió todo para los irundarras.

Aquí siguen obcecados en abrirse camino a partir de los postulados más primitivos y más atávicos. Superada ya con creces la etapa en la que metían chelos, y centrados en la barbarie, Lisabö se empeñan en ser nuestros Swans, nuestros Fugazi y nuestros Neurosis. Así de intensos, crudos y emocionales se muestran en un par de álbumes en el que redoblan esfuerzos por multiplicar el efecto de sus obsesiones hasta el infinito. Y no es que trabajen su obcecación o sus lugares comunes como si de tics se trataran, no. Más bien estamos hablando de que todo ese amor por el énfasis encima del énfasis, los mandobles sónicos, las dentelladas instrumentales y esa pasión por lo monocorde hasta el infinito son sus herramientas de trabajo, su instrumental quirúrgico. Y eso, por mucho que en su aparente inmovilismo se les pueda confundir con los Motörhead de Irún, no deja de ser una demostración de fuerza, pasión y coherencia.

No están hechos Lisabö para estos tiempos. Eso creo que lo sabemos todos, ellos los primeros. Tampoco era cuestión de endosarnos un disco doble, algo que hasta ellos entienden como insoportable. Pero qué necesarios siguen siendo. Optar por lo espaciado, por huir de las prisas y lo superficial, es un suicidio en estos tiempos. Precisamente lo que más necesitamos. No el suicidio, claro, sino su maravillosa actitud vital.

★★★★☆

1 Errautsaren bezpera
2 Nomaden zirkulu tematia
3 Olio tantak ezpainetan
4 Oroimena galdu aurretik idatzi gabeku gutuna
5 Hegaldiaren etenaldian
6 Amuz inguratuta
7 Denboratik kanpo bizi garenok

Total: 42 min.

1 Sarraila 0:34
2 Urpekaritza baso kiskalian 8:04
3 Kristalezko begiei so 9:18
4 Gauak gure ametsak baino luzeagoak dira 2:05
5 Gutariko bakoitza gara denok 7:22
6 Hosto zehargarriak 5:54
7 Zeru arrosaren guraizeak 7:33

Total: 40:50

 

Martxel Mariskal sigue detrás de las letras del grupo. Su auténtica arma (no tan) secreta y, como ellos no se cansan de repetir, un miembro más de la banda al 100%. No es para menos. Desde Ezlekuak (2007) se ha encargado de traducir en palabras la música de Lisabö. Sin lugar a dudas, y por encima de giros estilísticos, el hecho más definitivo a la hora de poner las producciones del grupo en otro nivel.

 
Resulta curioso que las palabras sean tan importantes en una música hecha desde las tripas, tan monocorde y tan salvaje. O quizás sea lo más lógico si lo pensamos bien. Porque también es una música que surge de lo más recóndito del alma, de lo más emocional y epidérmico. Una música que necesita esas palabras mayores para expresarse y florecer en toda su plenitud. Por muchos años.

domingo, 8 de marzo de 2026

La última juerga

Little Richard (Little Richard, 1958)
 

ROCK & ROLL. Siguiendo la estela de su predecesor, el segundo disco de Richard Wayne Penniman es una colección de singles de éxito, caras A y B, junto a tres temas inéditos hasta el momento de su edición. Todo se grabó con anterioridad a la retirada de Little Richard del mundo del rock and roll para iniciar su vida como pastor evangelista. Apenas diez meses después de su anuncio, la compañía empaquetó estas canciones para sacar este disco, el cual sigue los postulados del anterior de manera eficiente al mostrar la vehemencia incandescente de rigor.

O casi, porque sí que hay un par de números algo más débiles, cosa que no ocurría con su hermano mayor. Canciones paridas en las entrañas de un Tin Pan Alley que no era lo que más se ajustaba a la flama con la que se empleaba el predicador en ciernes. "By the Light of the Silvery Moon" o "Baby Face" contrastan claramente con joyas de su puño y letra, como "Keep a Knockin'", "Ooh! My Soul" o "Lucille", o una "Good Golly, Miss Molly" que le escribieron y él hizo suya para siempre. Una sensación de desequilibrio que, aun siendo real, se volatiliza porque lo bueno acaba ganando por goleada. Y así nos damos cuenta enseguida de que estamos ante un disco que, dejémonos de tonterías, es un catálogo maravilloso del Richard primigenio. Un artista que duró lo que marcaba un estilo feroz que no dejaba prisioneros ni estaba pensado para dilatarse más allá del alarido.

Parecía que después de haber visto a Dios, Little Richard iba a dejarnos tristes y desvalidos para siempre, cosa que afortunadamente no fue así. Al final, sucumbiendo a la más pura adulación de sus seguidores más jóvenes, el hijo pródigo regresó al redil. Todavía le quedaba una carrera plagada de sobresaltos, de drogas y de epifanías varias. Lo que es cierto es que, aunque logró mantener un éxito bastante estable a través de los años, nada iba a ser comparable con la detonación de sus dos primeros discos, auténticos tratados de referencia para aprender cómo se hace esto del rock and roll. Con ellos en el mundo, de verdad, sin haber hecho nada más, Ricardito ya tendría un hueco en la Torre de la Canción. 

★★★★☆

A1 Keep a Knockin'
A2 By the Light of the Silvery Moon
A3 Send Me Some Lovin'
A4 Boo Hoo Hoo Hoo
A5 Heeby-Jeebies
A6 All Around the World
B1 Good Golly, Miss Molly
B2 Baby Face
B3 Hey-Hey-Hey-Hey
B4 Ooh! My Soul
B5 The Girl Can't Help It
B6 Lucille

Total: 27 min. 

Parece ser que en medio de una gira por Australia, el 12 de octubre de 1957, asediado por las pesadillas y los malos augurios, decidió que la música que hacía venía dictada por el mismo diablo. De la noche a la mañana canceló lo que quedaba de gira y abandonó la música para dedicarse a estudiar teología y a predicar el evangelio por EE.UU. 

 

En 1960, regresó al mundo de la música, pero lo hizo grabando solo góspel hasta que dos años después, en una gira por el Reino Unido, y ante la idolatría que le profesaban artistas como The Beatles o The Rolling Stones, fue incluyendo el rock en su repertorio. Al fin y al cabo, era lo que el público le pedía en los conciertos. 

Así, después de algún single y alguna colaboración, el regreso a la música del diablo se materializó de manera definitiva con la publicación de Little Richard Is Back (And There's a Whole Lotta Shakin' Goin' On!) (1964). 

sábado, 7 de marzo de 2026

Mucho ruido y muchísimas nueces

Getting Killed (Geese, 2025)
 

ART ROCK. En su cuarto disco, Geese nos sumergen en un sueño en el que creemos posible la unión entre lo clásico y lo más rabiosamente actual, entre el plástico del presente y el humo del pasado. Con unas canciones vidriosas, entre la improvisación y la catarsis colectiva, empañadas, entre lo onírico y lo prosaico, nos hacen creer una vez más que otro mundo es posible y que el rock and roll, cierren la boca ya, malditos agoreros, no ha muerto todavía.

El espíritu de los más grandes se nos materializa en estas canciones. En esa lluvia de arreglos sencillos pero fantasiosos, oxidados pero precisos, entre los que juguetea la voz indescriptiblemente hermosa y expresiva más allá de lo humano de su líder, cantante y compositor, Cameron White. A sus veintitrés añitos, él solito —presten atención a su carrera en solitario también— se las arregla para revitalizar  una escena que necesitaba este vapuleo. Con sus letras intrigantes y crípticas, sus cambios rítmicos cortados a cuchillo, sus arreglos entre el ruido y lo sublime, y su entrega vocal, nos enseña el camino a seguir a todos los que estábamos escondidos en nuestra cueva sin posibilidad de ver la luz del sol.

Repito, con herramientas que tampoco pueden considerarse el colmo de la vanguardia. Sin embargo, creo que ya lo he sugerido un par de veces, ni sus melodías ni las soluciones que proponen son predecibles ni acomodaticias. Por eso creo que han llamado tanto la atención. Porque a pesar de esa heterodoxia, no dejamos de ver restos de Television, de Talking Heads, de Blondie o de la Patti Smith más incandescente. De un Nueva York de otro tiempo, lleno de soul, renovado y customizado para nuestros días y quizás, quién sabe, para la eternidad. Solo el tiempo lo dirá, pero la cosa no tiene mala pinta.

★★★★☆

1 Trinidad 3:44
2 Cobra 3:05
3 Husbands 4:08
4 Getting Killed 4:44
5 Islands of Men 5:54
6 100 Horses 3:46
7 Half Real 3:22
8 Au pays du cocaine 3:30
9 Bow Down 3:28
10 Taxes 3:17
11 Long Island City Here I Come 6:37

Total: 45:35

Cuando Dios mira para otro lado

The Times They Are a-Changin' (Bob Dylan, 1964)

FOLKDylan nunca ha sido fácil de encasillar. Por eso nunca estuvo del todo a gusto con la etiqueta de cantautor protesta. Por mucho que cogiera tanto del género como lo que acabó devolviéndole. Sin duda, su afiliación a las causas sociales comenzó de manera clara con ese magno The Freewheelin' Bob Dylan (1963) que precedía a este, la auténtica destilación de eso de cantar los dolores de los más débiles.

En este The Times They Are a-Changin' prácticamente todas las piezas tocan hueso en su denuncia de los abusos del poder. También le dedica algo de espacio al amor y sus puñaladas, eso es algo inevitable en el de Duluth, pero el grueso del álbum es un relato del pulso de un tiempo asesino que debíamos (debemos) cambiar a toda costa. "Los tiempos están cambiando" sería la divisa universal sobre la que giran los versos del bardo, aunque con la negrura de sus relatos también nos advierte de que somos nosotros los que debemos darles un empujón para que todo eso se materialice.

Por eso no es de extrañar que el disco sea como es. Fue grabado en medio de las revueltas y la alta concienciación propiciadas por ese Movimiento por los Derechos Civiles que culminó en esa famosa marcha en Washington DC. Dylan empezó a trabajar en él semanas antes, por lo que la influencia es clara en un disco más que imbuido por el ambiente social que se respiraba. Eso lo hizo una obra mucho más adusta y negra que las dos anteriores, lo que la relegó a pequeña decepción para el gran público, pero también la dotó de una gravedad y una autenticidad devastadoras.

Para mí, no tengo dudas al respecto, los años han otorgado una pátina profética y visionaria a unas composiciones que juntas se convierten en lo mejor que hiciera Dylan en esos primeros años. Es verdad que hay poca diversión en cosas tan profundas y dolientes como "Ballad of Hollis Brown" o "North Country Blues". El propio Dylan cambiaría de tercio rápidamente con el siguiente disco. Pero eso no les quita ni una micra de su oscura belleza ni de su certero pesimismo. Y es que hay obras que existen para recordarnos que, para muchos, demasiados, la vida no es ninguna fiesta.

★★★★

A1 The Times They Are A-Changin' 3:12
A2 Ballad of Hollis Brown 5:03
A3 With God on Our Side 7:05
A4 One Too Many Mornings 2:38
A5 North Country Blues 4:33
B1 Only a Pawn in Their Game 3:30
B2 Boots of Spanish Leather 4:38
B3 When the Ship Comes In 3:15
B4 The Lonesome Death of Hattie Carroll 5:45
B5 Restless Farewell 5:32

Total: 45:11

La Marcha sobre Washington para el trabajo y la libertad fue un momento clave en la lucha por los derechos civiles que se libraba en EE.UU. en los años 60. Bajo el lema "empleo, justicia y paz" consiguió aunar a organizaciones sindicales, religiosas y de derechos civiles para remar en la misma dirección. Un instante de armonía en la lucha de clases que hoy parece simplemente imposible.

 

Y en medio de toda esa vorágine, cantautores, poetas y políticos se encontraron para alzar su voz junto a la de un pueblo más que harto del racismo y los desmanes de los poderosos. La marcha culminó en el Mall de Washington DC, donde ese 28 de agosto de 1963 Martin Luther King pronunció su famoso discurso "Yo tengo un sueño".

Los cambios no llegaron de manera instantánea, pero no se puede negar la importancia de una marea sanadora que hizo algo más que instigarlos. Y mientras tanto, Dylan, que también estuvo allí y cantó un par de temas de este álbum, aún por salir. Como siempre, tomando el pulso de los tiempos, profético, eléctrico... Único. 

 

[...] "I have a dream that my four little children will one day live in a nation where they will not be judged by the color of their skin but by the content of their character. I have a dream . . . I have a dream that one day in Alabama, with its vicious racists, with its governor having his lips dripping with the words of
interposition and nullification, one day right there in Alabama little black boys and black girls will be able to join hands with little white boys and white girls as sisters and brothers."
[...] 

(Martin Luther King Jr.)

Full audio + transcript

viernes, 6 de marzo de 2026

El melocotonazo y la música del diablo

Hereslittlerichard.jpeg

Here's Little Richard (Little Richard, 1957)


ROCK & ROLL. Un negro mariquita tocando la música del diablo. Muy bonito no debía verse esto en la puritana Norteamérica de los 50. No resulta extraño que llegara Elvis y pasara lo que pasó. Aun así, el tiempo ha pasado y ha puesto las cosas en su sitio. A Elvis no hay quien lo mueva de su pedestal, merecidamente a pesar de todo, pero a mi negro afeminado hay que hacerle otro monumento. Uno que pueda cantar sus alabanzas como merece, si es que eso es posible. Por su carrera, por su vozarrón y por este disco increíble.

Esto fue su debut en LP y en menos de media hora ya sentó las bases de un género que, aunque no inventó, sí que le cambió los pañales. La música negra se torna en un animal vibrante de saxos tórridos y un piano ardiente, pensado para ser tocado de pie. Puro punk avant la lettre que era capaz de poner patas arriba cualquier auditorio y hacer enloquecer a una juventud ávida de referentes que sacudieran los convencionalismos. Little Richard no era precisamente la referencia que la timorata Norteamérica blanca quería para sus hijos, por eso el artista era visto como el mismo demonio y no contó con ninguna facilidad en su carrera. Si se acabó imponiendo, fue por vehemencia y por su demoledora calidad artística.

Así, Here's Little Richard no es que sea un mito del rock & roll, ES el rock & roll. Así de simple y así de duro. Tanto como la demencia que Ricardito escupe ante el micro, esa mezcla de locura y seguridad en unas dotes sobrehumanas. Nadie ha cantado jamás como él, eso lo sabe bien hasta Lemmy, adorador confeso del predicador. Y muy pocos, si los hay, han podido igualar la erupción volcánica que sacude tus altavoces tantos años después, con tanto bagaje a nuestras espaldas. Parece imposible que un disco de ¡¡¡1957!!! pueda sonar así y dejarte clavado al asiento, intimidado por un sonido tan bárbaro, para inmediatamente impulsarte a saltar y bailar sin poderte resistir a un poder que ha cruzado los decenios y cruzará eones de tiempo para erigirse siempre en una de las mejores cosas de esta vida. Punto.


 
A1 Tutti Frutti 2:24 ❤
A2 True, Fine Mama 2:41 ❤
A3 Can't Believe You Wanna Leave 2:23
A4 Ready Teddy 2:07 ❤
A5 Baby 2:03
A6 Slippin' and Slidin' 2:38
B1 Long Tall Sally 2:07 ❤
B2 Miss Ann 2:15
B3 Oh Why? 2:06
B4 Rip It Up 2:22
B5 Jenny, Jenny 2:00
B6 She's Got It 2:25
Total: 27:31

Lo dijo bien claro. En su familia no gustaba el rhythm & blues. Eran más de Bing Crosby  y Ella Fitzgerald. Esa fue su formación musical, aunque siempre supo que había algo más fuerte, que lo iba a llenar más. "No sabía dónde encontrarlo hasta que me dí cuenta de que estaba en mí".


 "I call my music the healing music… It makes the blind feel that they can see, the lame feel that they can walk, the deaf and dumb that they can hear and talk." (Little Richard)