domingo, 18 de enero de 2026

A mil besos de profundidad

Ten New Songs (Leonard Cohen, 2001)

CANCIÓN DESOLADA. Nueve años es una eternidad en esto de la música. Eso es lo que media entre este disco y el anterior, The Future (1992), algo que para el ritmo creativo de Leonard Cohen no deja de ser un suspiro. Un suspiro en el que tuvo tiempo de retirarse a un templo budista. Más que una huida del mundo, una escapada espiritual para encontrarse a sí mismo. En el monasterio fue ordenado monje zen y pasó a llevar una vida sin comodidades en la que tenía que cocinar o limpiar retretes, olvidándose prácticamente de la música. No de la escritura, eso es importante señalarlo.

Aparte de eso, en ese "suspiro" de casi diez años también sufrió la traición de su representante, Kelly Lynch, la cual vació sus cuentas dejándolo en la ruina. Un golpe tremendo en términos económicos, pero también a nivel personal, por la humillación que supuso y por la obligación que le imponía de volver al mundo si quería sobrevivir. De todos estos escombros surge esta obra, un objeto que nace de la necesidad física más que del deseo de expresar. Aun así, Cohen se emplea a fondo en tratar de ofrecer un álbum que refleje su momento personal. Un disco que, al contrario que el anterior, deja de lado la beligerancia para albergar todo su cansancio existencial, su decepción y la más invencible de las derrotas.

Un trabajo tremendamente irregular a pesar de su tono más que uniforme. Como Various Positions (1984), cuenta con tres temas para enmarcar —"In My Secret Life", "A Thousand Kisses Deep" y "Here It Is". Pero mientras que el álbum mencionado presentaba una secuenciación que apuntalaba su estructura y tenía un par de secundarios aguerridos, aquí eso no se cumple. Sin ser malas, las demás canciones presentan una irrelevancia que no puede espolear su belleza. Son bonitas, pero no creo que nadie se acuerde de ellas apenas unas semanas después de dejar de escucharlas.

Ahí está el problema. El disco es correctísimo, pero no debemos olvidar que no es que Cohen estuviera nueve años trabajándolo. Solo pensó en que debía ponerse a ello tras descubrir el desastre financiero en el que le habían sumido. Por eso, podemos decir que no fue hasta el 99 o el 2000 cuando empezó a fraguar Ten New Songs. Además, no lo hizo solo, sino que contó con la colaboración de Sharon Robinson, tanto en labores escriturales como en la producción. Está claro, viendo el resultado, que se hizo lo que se pudo, aunque, como podemos comprobar, Cohen y las prisas nunca se han llevado bien. Máxime si el cantautor se había esforzado durante tanto tiempo en olvidarse de ser Leonard Cohen. Oyendo esto, me parece a mí que necesitaba más tiempo para volver a vestir ese traje. 

★★☆☆☆

1 In My Secret Life 4:57
2 A Thousand Kisses Deep 6:31
3 That Don't Make It Junk 4:30
4 Here It Is 4:20
5 Love Itself 5:28
6 By the Rivers Dark 5:22
7 Alexandra Leaving 5:27
8 You Have Loved Enough 5:43
9 Boogie Street 6:06
10 The Land of Plenty 4:36

Total: 53:00

Manoseando los manuscritos sagrados

I'm Your Fan: The Songs of Leonard Cohen By... (VV.AA., 1991)

HOMENAJE. Aquí toca preguntarse una vez más, ¿qué aspiración debe tener un buen disco tributo? ¿Debe exudar pasión hacia el homenajeado por parte de los oficiantes? ¿Debe tratar las canciones con el respeto debido o debe darles la vuelta para que cada artista se las lleve a su terreno? Estos serían dos puntos lo suficientemente interesantes como para ponerlos en los cimientos de tu proyecto.

Y en este caso, creo que el sí que pide la primera pregunta se cumple de manera notable. Lo del segundo punto no tiene respuesta posible, si bien lo lógico sería preferir que la personalidad del que versiona se mezcle con gracia con la del versionado. No diría que esto se cumpla en todos los casos a lo largo de este disco, aunque es algo que podemos esperar en medio de tal heterogeneidad.

En primer lugar debo valorar el hecho de que el proyecto incluya nombres que siempre han mostrado su devoción por el canadiense. Esto lo aleja de la maniobra comercial pura y dura de otras aproximaciones —véase, por ejemplo, Tower of Song: The Songs of Leonard Cohen (1995). Ian McCulloch, Jack Black, Nick Cave o R.E.M., por decir algunos, siempre se han deshecho en halagos hacia el cantautor de Montreal. Casualmente, o no, mis rendiciones favoritas en el disco son las suyas. Bueno, más o menos, porque la de Cave me parece muy interesante en lo artístico pero con nulo atractivo para tus orejas.

No son las únicas aproximaciones que han masajeado con alegría mi oído interno. También tendría que destacar la sobriedad de The House of Love o a unos sorprendentes Dead Famous People, que inyectan pop del bueno a una genial "True Love Leaves No Traces". Tampoco puedo olvidarme de la eficacia incontestable de Robert Forster en "Tower of Song" o el cierre elegante y sentido de un John Cale, que deja en los huesos todo un "Hallelujah" para colocarse al lado de Jeff Buckley en la que puede ser una de las mejores versiones de la muy versionada canción.

En general, diría que el disco mejora en su tramo final, si bien durante el trayecto hemos tenido que soportar la tibieza y los intentos fallidos de rigor. Mientras lo escucho pienso que en su búsqueda de esa cara diferente quizás tendrían que haber dejado respirar a las canciones de manera más natural. Y es esta sensación de estar forzando las cosas sin fruto la que me hace preguntarme por la calidad intrínseca de unas composiciones que demuestran no sostenerse en bastantes casos sin la voz y los arreglos elegidos por el maestro. ¿Será que no son nada si las sacas de su hábitat natural? La gente siempre dice por ahí que a una buena canción no importa lo que le hagas, que siempre va a sonar bien. Y no es que dejen de hacerlo aquí, pero sí que molesta cuando se quedan tan lejos de lo que nos habían hecho sentir en su origen.

Si a esta tibieza le sumamos los atentados de rigor, tendré que concluir que este homenaje, repleto de buenas intenciones, acaba siendo un álbum interesante, pero poco más. Véase la coda totalmente postiza e innecesaria que le mete James a toda una "So Long Marianne" o la vergüenza a la que Jean-Louis Murat somete a "Avalanche", transformándola en una canción de lounge pop para poner en cualquier puticlub de carretera. Dos ejemplos extremos y definitivos a la hora de tasar un producto que iba por buen camino, que te puede alegrar la tarde, pero que no sé hasta qué punto va a enganchar al novato o saciar al veterano. Para ponérselo sabiendo lo que esperar y, sobre todo, habiendo digerido antes la ambrosía de las canciones en su versión original.

★★★☆☆

1 The House of Love - Who by Fire 2:26
2 Ian McCulloch - Hey, That's No Way to Say Goodbye 3:21
3 Pixies - I Can't Forget 3:24
4 That Petrol Emotion - Stories of the Street 4:58
5 The Lilac Time - Bird on the Wire 3:20
6 Geoffrey Oryema - Suzanne 4:29
7 James - So Long Marianne 4:47
8 Jean-Louis Murat - Avalanche IV 5:13 🕱
9 David McComb & Adam Peters - Don't Go Home With Your Hard-On 5:13
10 R.E.M. - First We Take Manhattan 6:05
11 Lloyd Cole - Chelsea Hotel 3:24
12 Robert Forster - Tower of Song 3:19
13 Peter Astor - Take This Longing 4:39
14 Dead Famous People - True Love Leaves No Traces 3:37
15 Bill Pritchard - I'm Your Man 4:00
16 The Fatima Mansions - A Singer Must Die 3:53
17 Nick Cave & The Bad Seeds - Tower of Song 5:39
18 John Cale - Hallelujah 4:06

Total: 75:53

viernes, 16 de enero de 2026

Esperando el milagro

The
Future
(Leonard Cohen, 1992)

CANCIÓN AMARGA. The Future, ya lo anuncia el tema titular, es un vaticinio oscuro y totalmente real. Leonard Cohen da continuidad al glorioso I'm Your Man (1988) de la única forma posible, dando una vuelta de tuerca a una amargura que quema hasta el tuétano. Sin llegar a alcanzar la maravilla del disco anterior, The Future se sostiene y enseña los dientes como otro de los discos más que recomendables del canadiense.

Y si lo consigue es porque no se limita a lloriquear. En frases como "las cosas se deslizan en todas direcciones", "he visto el futuro hermano, está lleno de asesinatos", "nunca he estado más feliz desde que acabó la segunda guerra mundial", "las guerras serán luchadas de nuevo, la paloma sagrada será de nuevo atrapada"... Se recrea en imágenes de una fuerza pictórica tremenda, oraciones que advierten y muerden. No son simples lamentos, llaman a la acción.

También hay momentos más livianos en el décimo disco de Cohen. Momentos bañados por la esperanza como "Be for Real", "Anthem", "Closing Time" o "Light As the Breeze", pero incluso estas canciones tienen un hálito de cinismo, de falta de fe, que las hace también asesinas. En su conjunto The Future es un disco melancólico y crítico. Una faceta, esta última, algo desconocida en un cantautor que, no obstante, ya había dado alguna muestra de ello. Pienso sin ir más lejos en "First We Take Manhattan", pero también en "The Partisan" o "Story of Isaac". Aquí, sin embargo, es más duro y critica todo lo criticable, la guerra, la injusticia o la falsa democracia.

Así están las cosas para el Leonard Cohen más maduro y certero. En su (pen)última obra de enjundia aparece cansado, pero dispuesto, harto de esperar el milagro, belicoso, con ganas de darte lo tuyo y de morir matando. Aunque solo parezca uno más de sus discos tristones, aunque parezca que solo nos pinta el futuro más negro en el que se pueda pensar.

★★★

1 The Future 6:41
2 Waiting for the Miracle 7:42
3 Be for Real 4:29
4 Closing Time 5:58
5 Anthem 6:06
6 Democracy 7:13
7 Light as the Breeze 7:14
8 Always 8:02
9 Tacoma Trailer 5:57

Total: 59:22

Seguro que soy el único, pero este disco me trae a la cabeza la mítica serie Doctor en Alaska y sus seis temporadas emitidas entre 1990 y 1995. Y es por lo más tonto del mundo: por algún soniquete de armónica que me recuerda a su tema de introducción y por el origen norteño de Cohen, tan próximo geográficamente a esa Cicely en la que la vida es tranquila, pero las mentes y los corazones de sus habitantes bullen apasionados mientras se hacen las eternas preguntas.

No, puede parecer lo contrario, pero yo no lo veo descabellado.

Here comes the man

I'm Your Man (Leonard Cohen, 1989)
 
 
CANCIÓN ENGALANADA. En esta época, Leonard Cohen estaba luchando por salir de la irrelevancia en la que le habían sumido sus últimos movimientos discográficos. Su ritmo se había ralentizado desde hacía lustros y entregaba un disco cada cinco años. Eso siempre ha ido a favor de la calidad de una discografía intachable, pero también suponía una amenaza a la hora de mantener el interés del público. Así, si con Various Positions (1984) había logrado conquistar a un público maduro deseoso de rememorar las glorias del pasado, con este I'm Your Man se confirma como el artista imprescindible que siempre ha sido y asalta las listas con una fuerza renovada e implacable.

Al grito de "First We Take Manhattan" el álbum de la esplendorosa madurez de Cohen va imponiendo sus detalles, su exotismo y las verdades de una poesía que suena más libre que nunca, para cantarle al inconformismo, al anhelo, a la arrogancia y a las simas insondables del amor. Para ello invoca a Lorca y a Hank Williams y rodea sus canciones de orquestaciones electrónicas donde la amenaza y lo exótico conviven en una armonía tan imposible como real.
  
Cohen hace gala de su dominio interpretativo y demuestra que sabe cómo acariciar y rascar como la lija con esa voz dorada, ese instrumento de dominación que va perdiendo octavas con los años y ganando hombría y profundidad. Canta, recita, se pierde en la gravedad de los abismos más negros y se deja acompañar por ese coro de ángeles que ya brilla con fuerza aquí.

Por una vez el intento por sonar moderno y relevante no se queda en nada. Era peligroso eso de añadir capas de sintetizadores a unos versos que siempre se habían mostrado más cómodos con una instrumentación más espartana. Es cierto que, después de experimentos como el muro de sonido de Phil Spector en Death of a Ladies Man (1977), estamos curados de espantos, pero eso no quita que se pueda acceder a I'm Your Man con un cierto recelo. Un recelo que es dinamitado por una voz auténtica que dice cosas implacablemente bellas. Una voz que sella con este disco el momento más estremecedor de una etapa de madurez que ofrecería alguna que otra gema más, pero que nunca alcanzaría las cotas de calidad del último alarido libertario del poeta canadiense.
 
★★★★
 
A1 First We Take Manhattan 6:01
A2 Ain't No Cure for Love 4:50
A3 Everybody Knows 5:36 ❤
A4 I'm Your Man 4:28 ❤
B1 Take This Waltz 6:00 ❤
B2 Jazz Police 3:53
B3 I Can't Forget 4:31
B4 Tower of Song 5:37
Total: 40:56

Austin City Limits #1411 [Friends of Austin City Limits — Leonard Cohen] (Leonard Cohen 1989) [VIDEO]

CONCIERTO ENGALANADO . Directo emitido por la TV norteamericana basado en el exuberante repertorio del muy reciente I'm Your Man (1988). Dentro del muy exigente y prestigioso programa Austin City Limits, el cantautor se presenta elegante y perfectamente arropado por músicos y coristas. En esa tesitura, con la que afrontar el final del milenio, Cohen desgrana unas canciones que ya forman parte de la conciencia colectiva. Toda una celebración de la palabra ante un público totalmente entregado.

El pero lo ponen un "The Partisan" demasiado movidito y una "Joan of Arc", versión soul adulto, algo aburrida. El colofón, sin embargo, es un ascenso a los cielos con unas "If It Be Your Will" y "Take This Waltz" inolvidables. La demostración sin tapujos ni fisuras de la absoluta grandeza del disco que vertebra este concierto. Y la aceptación definitiva del canadiense dentro de los exigentes círculos de la música tradicional norteamericana, que lo acogen para venerarlo a partir de este momento con uno de los conciertos históricos de la serie.

☆★★★

1. First We Take Manhattan
2. Tower of Song
3. Everybody Knows
4. Ain't No Cure for Love
5. The Partisan (Marly/Zaret)
6. Joan of Arc
7. Jazz Police (Cohen/Fisher)
8. If It Be Your Will
9. Take This Walt

Total: 61 min.

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jueves, 15 de enero de 2026

Kamasutra sentimental

Various Positions (Leonard Cohen, 1984)

CANCIÓN ADUSTA. Sostenido por el triángulo equilátero que conforman "Dance Me to the End of Love", "Hallelujah" y "If It Be Your Will", este disco se erige en una pirámide indestructible. A pesar de no contar con los mejores materiales —véase "The Law" o "Hunter's Lullaby"—, cuenta con cimientos muy profundos y muros de carga robustos ("Coming Back to You", "The Captain"). 

Sin embargo, y debido a todo lo reseñado, nos deja con la sensación de que todo él en su conjunto, soberano en su altura, podría haber arañado el cielo. Y no es que el séptimo disco del canadiense no se disfrute, no es que no sea una buena introducción para lo que iba a ser su sonido de madurez. El problema está en el abismo insalvable que separa los tres temas mencionados al principio, tres de las canciones más impresionantes que escribiera nunca, y el resto.

Irregularidad, lo llaman por ahí. Algo que en este disco, más que en ningún otro, no debería preocupar a nadie. Porque Cohen demuestra que sigue pudiendo llegar hasta el tuétano de nuestra alma en cuanto se lo propone y porque en esa calma engañosa que bulle en sus canciones seguimos apreciando un alma ardiente y con ganas de farra. 

Desde su dedicatoria a los músicos judíos obligados a tocar en los campos de exterminio nazis mientras otros eran llevados a su muerte, al canto de alabanza más extático, entre lo sacro y lo carnal, que hubiera escrito, pasando por esa plegaria de sometimiento a Dios en la que se pregunta sobre la vigencia de su voz, podemos certificar sin miedo que la expresividad del cantautor se encuentra al límite, en plena ebullición y sin visos de extinguirse. Demasiados detalles como para pensar que esta pausa para tomar aire pueda asemejarse a una derrota.

★★★☆☆

A1 Dance Me to the End of Love 4:40
A2 Coming Back to You 3:30
A3 The Law 4:22
A4 Night Comes On 4:36
B1 Hallelujah 4:34
B2 The Captain 4:05
B3 Hunter's Lullaby 2:23
B4 Heart With No Companion 3:01
B5 If It Be Your Will 3:40

Total: 34:51

 
Leonard Cohen abre el disco con una dedicatoria incandescente a esas bandas de músicos judíos que eran obligados a acompañar el camino hacia la muerte de sus propios compañeros en los campos de concentración nazis. 
 
"Dance to the End of Love" se erige así por sí misma en todo un monumento capaz de encapsular en su hermosísima melodía todo el dolor, la barbarie, la culpa y también la esperanza redentora de todo un pueblo. Y a la vez consigue ser metáfora del poder infinito de lo que significa amar hasta el último aliento, por encima incluso de la aniquilación.

Una canción que contrasta su dulzura con todos esos violines en llamas y que entronca de manera tangencial pero inevitable con piezas como el Cuarteto para el final de los tiempos, pieza compuesta y estrenada por Olivier Messiaen en el mismo campo de concentración donde se encontraba recluido allá por 1941. En la obra el tiempo queda suspendido como sus notas, flotantes, sin buscar clímax alguno. Una pieza tan conmovedora y radical como las circunstancias en las que se gestó. 

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miércoles, 14 de enero de 2026

La vida errando

Recent Songs (Leonard Cohen, 1979)
 

CANCIÓN EXÓTICA. Recent Songs es el disco exótico de Leonard Cohen. El violín del gitano Raffi Hakopian domina el paisaje entre eslavo, oriental y fronterizo. Un sonido que surge sin duda de la herencia hebrea del cantautor y que lo emparenta de manera clara con hitos como ese Desire con el que Bob Dylan sorprendiera tres años antes.

Todos estos aires floridos y acústicos contrastan con su excesivo trabajo anterior y nos devuelven a un Cohen mucho más reconocible. Por mucho que cueste entender cómo se pueden mezclar el klezmer,los mariachis y el country. Será por lo pastoso del asunto que a veces parece que el disco se desliza suavemente, sin esfuerzo, pero otras nos puede parecer que se arrastra con dificultad. 

Una impresión que puede venir dada también por su tendencia a la solemnidad y a lo taciturno. Hasta el extremo. Ni siquiera cuando intenta alegrar el tempo —"The Lost Canadian (Un Canadien errant)"— consigue salir del pozo de lágrimas en el que nos sume con una música tan intensa. No digamos ya en auténticas postales en blanco y negrísimo como "The Guests" o "The Gypsy's Wife"; o en ejercicios de belleza extática que tampoco consiguen liberarse de la tensión de las cuerdas de Hakopian —"The Window". Una impresión que las escuchas van borrando hasta hacerla desaparecer por completo.

Al fin y al cabo, Recent Songs, más que una vuelta a las formas que tantos echaban de menos, acaba siendo una reafirmación. El disco que demostraba que lo de Death of a Ladies' Man (1977) no podía tener continuidad, que Cohen no había olvidado cómo escribir una canción para desnudarla, pero sobre todo dejaba claro que estaba en plena forma, con todo por decir y con ganas de marcar el camino a seguir. Luego, por supuesto, nada de esto le serviría y tiraría por otros derroteros, cómo no. Sin embargo, mucho del buen hacer de este disco, su pausa y su poder evocador se quedaron para siempre en su tintero para teñir siquiera un poquito sus obras postreras. Brindemos por ello.

★★★★☆

A1 The Guests 6:37
A2 Humbled in Love 5:13
A3 The Window 5:54
A4 Came So Far for Beauty 4:01
A5 The Lost Canadian (Un Canadien errant) 4:40
B1 The Traitor 6:14
B2 Our Lady of Solitude 3:11
B3 The Gypsy's Wife 5:10
B4 The Smokey Life 5:15
B5 Ballad of the Absent Mare 6:40

Total: 52:55 

Xxx

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martes, 13 de enero de 2026

Muerte de un mujeriego

Death of a Ladies' Man (Leonard Cohen, 1977)
 

CANCIÓN RESACOSA. Ya no me cabe la menor duda; este es uno de los trabajos más injustamente infravalorados de la historia. Cohen rompe con todo y todos, como hiciera Dylan años antes, pero en la dirección contraria. Endulza su sonido (que no sus textos) y lo engalana con el "majestuoso" muro de sonido de Phil Spector. 

La verdad es que así dicho da bastante repelús, pero el resultado, tras una escucha desprejuiciada, derrocha emoción, frescura y filin. Teclados, vientos y todo tipo de orquestaciones que no ahogan la crudeza de la carne viva que expone Cohen, porque lo que cuenta sigue siendo verdad suprema. Lo que parecía un nuevo comienzo se convirtió tan solo en un paréntesis. Los derroteros no iban por ahí. Por suerte, dirían algunos y, vistas algunas cosas que estaban por llegar, tenían razón.

Sin embargo, solo el hecho de ser su álbum más divisivo, el más extremo y el más autárquico ya le otorga un valor inconmensurable a este quinto trabajo. Más allá de las pistolas, de la locura cocainómana de un Spector que acabó haciendo lo de siempre, esto es, lo que le salía de sus santas gónadas, aquí hay canciones. Unas melodías que se contagian del pop cincuentero del productor y que dejan al descubierto al Cohen más vulnerable y casi dicharachero. Unas canciones en las que colaboran de Ronee Blakley a Bob Dylan y de Hal Blaine a Allen Ginsberg. Y unas canciones, en definitiva, que no necesitaban todo este aparataje ampuloso, pero que aún hoy sacan la cabeza por encima de unos cortinajes que hacen lo imposible para asfixiarlas. 

Unas canciones que, en una mezcla tan bizarra, consiguen sonar hoy como fuegos artificiales. Toda una fanfarria con la que celebrar la despedida de Leonard del libertinaje. Con toda su euforia y con toda su jocosidad. Como si quisiera dejarnos claro que no tenemos que sentirnos culpables por no creerle. Al fin y al cabo, esto de sentar la cabeza no se lo creía ni él. Y claro, el disco suena como suena. Justo como tenía que hacerlo.

★★★★☆

A1 True Love Leaves No Traces 4:23 feat. Ronee Blakley
A2 Iodine 5:02 feat. Ronee Blakley
A3 Paper-Thin Hotel 5:40
A4 Memories 5:57 feat. Ronee Blakley
B1 I Left a Woman Waiting 3:24
B2 Don't Go Home With Your Hard-On 5:34
B3 Fingerprints 2:58
B4 Death of a Ladies' Man 9:20

Total: 42:18