viernes, 30 de enero de 2026

Un cotidiano alivio de las tensiones interiores

Cantata Laxatón (Les Luthiers, 1972)
 

COMEDIA MUSICAL. Nadie puede negar a Les Luthiers su condición de pioneros, su agudísimo instinto para el humor más incisivo e ingenioso ni sus grandes dotes musicales. Unas virtudes que florecen esplendorosamente en el escenario, pero que se vuelven algo más discutibles en su trasplante al formato disco. El plástico es la única forma de inmortalizar sus shows, hay que asumirlo. Sin embargo, sus deliciosas ocurrencias no brillan lo que deben en una prisión pensada para la repetición interminable e inerte.

Aun así, benditos sean por dejar registrada esta obra para la posteridad. Un disco construido alrededor de toda una cantata barroca que tiene como letra el prospecto de un laxante. Una idea tan suculenta que no hace falta añadir nada más para venderla. Y con todo, también se inventan una historia alrededor de Johann Sebastian Mastropiero, ese personaje que les acompañaría durante toda su carrera. Un alter ego que les sirve para firmar de manera ficticia un bolero, un blues, un tango, una chacarera y hasta un vals. Todas caricaturas serias, parodias excelsas de los estilos mencionados. Todas tocadas con precisión, amor y maestría, con esos instrumentos imposibles fabricados por ellos mismos y de nombres descacharrantes, los cuales amplifican la parodia de la letra en la propia música.

Con todos estos ingredientes; con los ingeniosos comentarios de la voz en off, tan sarcásticamente rimbombante; con esos juegos de palabras tan geniales; con ese vals despachado literalmente en un segundo... Un álbum por el que no daba un duro acaba respirando con una fluidez casi líquida. Una fluidez que vence a cualquier incongruencia y redondea una obra que, a pesar de su patente heterogeneidad, acaba solidificada en un bloque robusto y sobradamente atractivo. 

En resumidas cuentas, aun no teniéndolo todo a su favor, podemos cantar "ebrios de gozo" tras presenciar con júbilo cómo gana el efecto laxante sobre todo lo cargante del asunto. Entonemos un aleluya. Aunque sea difícil de creer, la música experimental también puede ser lo más divertido del mundo.

★★★★☆

A Cantata Laxaton 17:33
B1 Bolero de Mastropiero 5:49
B2 Tristezas del Manuela 4:02
B3 Pieza en forma de tango 4:13
B4 Si no fuera santiagueño 3:43
B5 Vals del segundo 2:54

Total: 38:14

jueves, 29 de enero de 2026

El eco helado del fiordo

Coal (Leprous, 2013)
 

EMO-METAL PROGRESIVO. Coal pasa por ser la cumbre de Leprous, o una de ellas. Lo que sí parece claro es que es el más querido de sus primeros álbumes. Algo que no me extraña en absoluto tras someterme a su sonido aplastante, denso y casi apocalíptico. Un sonido que define a la banda y la imbuye de una unicidad indiscutible.

Porque Leprous tiene sus referentes, eso está claro, y toma del metal avanzado, de lo emocional y del progresivo, pero lo hace de una manera intransferible. Con un estilo que no apela al death ni al black metal que otras bandas de esas latitudes han explorado con profusión. Puede que haya restos de esa conflagración, pero sin duda son brasas minúsculas y agónicas. Lo suyo tiene más que ver con la colisión desmedida entre el metal y la música de cámara, entre lo sofocante y lo epidérmico. 

Y ahí es donde está el problema con Leprous en general y con este disco en particular. En todo ese tremendismo que habita en unas canciones larguísimas, de desarrollos faraónicos y épicas hasta la desmesura. En la indescriptible voz de Einar Solberg: melódica, dúctil, profunda y capaz de pasearse sin dudar por todo el espectro, de lo sentimental a lo gutural, sin perder credibilidad por un instante. ¿Y son estas cosas un problema? Pueden serlo si no les compras su... ¿cómo lo llamó un amigo? Sí, su tono lastimero. Algo que muchos otros llamarán emoción pura.

No estamos, por tanto, ante un disco de unanimidades. Lo de Coal es un pastiche lleno de lirismo y pasión, una obra emocional hasta el tuétano y en todo momento. Algo a lo que hay que acostumbrarse y que te puede llegar a cansar, pero que no se puede menospreciar jamás. Siendo gráfico, todo esto suena como si al cantante de Muse le hubieran metido por el culo la discografía completa de King Crimson. Una cosa condenada a llamar tu atención sí o sí.

Creo que he dejado claro, de una vez por todas, que Coal no es para todo el mundo. Es cierto que parece capaz de congraciar a los fans de Neurosis con los de Muse y a los de Porcupine Tree con los de Radiohead. Sin embargo, tampoco tiene mucho recorrido más allá del campo del metal progresivo. Es un disco muy directo si tenemos en cuenta lo alambicado de unas composiciones kilométricas. Es incluso acogedor, pero ¿vas a vencer la resistencia inicial a subirte en él? Deberías. Aunque sea lo único que escuches del grupo, merece muchísimo la pena someterse a toda esta devastación.

★★★★☆

1 Foe 5:15
2 Chronic 7:19
3 Coal 6:50
4 The Cloak 4:09
5 The Valley 8:59
6 Salt 4:30
7 Echo 9:41
8 Contaminate Me 9:02

Total: 55:48 

Leprous es el sonido indómito de la naturaleza más salvaje, el eco helado del fiordo, la materialización acústica del nacimiento de una ciclogénesis. De alguna forma, sin sonar tradicionales, sin apelar al terruño, acaban llevando su Noruega natal en unas composiciones absolutamente brutales.

 

Los fiordos, el Preikestolen, las auroras boreales... Todo cobra vida en esta obra monumental. También el arte vikingo, el acero y el alma indómita de todo un pueblo. Y no sé por qué. No hay razones objetivas para establecer estas conexiones, pero lo cierto es que en mi cabeza cobran todo el sentido cada vez que me sumerjo en esta tormenta.

Música rebelde

Natty Dread (Bob Marley & the Wailers, 1974)

 

REGGAE. Bob Marley toma las riendas más que nunca y eso se refleja en la misma portada, con ese fantástico dibujo de su rostro en primer plano y con esa firma que cambia el anterior "The Wailers" por "Bob Marley & The Wailers". También en la autoría de unas canciones que, aunque aparecen firmadas por mil manos, muchas veces parientes o amigos, no dejan de ser obra exclusiva de Marley. Los problemas contractuales por los que atravesaba parece que fueron el detonante de esta maniobra de distracción.

No fue lo único novedoso en este séptimo disco del jamaicano. El primer álbum tras el abandono del grupo de Peter Tosh y Bunny Wailer es una obra en la que se redobla el compromiso sociopolítico y el tono espiritual. Las canciones de Natty Dread rebosan denuncia y misticismo, temáticas que elevan a los cielos a un puñado de melodías que puede que sean lo más inspirado que Marley escribiera nunca. Al menos como conjunto. 

Además de todo esto, destacaría el tono soul que proporciona una nueva incorporación que iba a ser capital en el devenir de la carrera genio antillano. Me refiero a la inclusión de las míticas I Threes, trío vocal que incluía a Rita, esposa de Bob, y que dotó al sonido del grupo de una dulzura y una potencia estratosféricas. Una adición nada anecdótica y que contribuye, no me cabe la menor duda, a hacer de este disco una de sus mejores obras.

Para mí, Natty Dread es un aspirante muy serio a mejor disco de Marley y los Wailers. Es cierto que Catch a Fire (1973) marcó un antes y un después, y su importancia puede ser objetivamente mayor, pero el nivel de disfrute que me provoca este álbum es por momentos superior. Prácticamente no hay momentos desechables aquí. Todo fluye en una secuencia infecciosa y adictiva, las letras te secuestran irremisiblemente y las músicas no abandonan lo memorable en ningún momento. Más allá de la manoseada "No Woman No Cry", fastuosa por otra parte, Natty Dread tiene tal cantidad de ganchos y de momentos excelsos que simplemente nunca se acaba. Sea el mejor o no, siempre encontraremos un nuevo motivo para amarlo. Sí, es uno de esos pocos.

★★★★★

A1 Lively Up Yourself 5:29
A2 No Woman, No Cry 4:06
A3 Them Belly Full (But We Hungry) 3:10
A4 Rebel Music (3 O'Clock Road Block) 6:40
B1 So Jah Seh 4:25
B2 Natty Dread 3:33
B3 Bend Down Low 3:10
B4 Talkin' Blues 4:06
B5 Revolution 4:20

Total: 38:59 

miércoles, 28 de enero de 2026

Le punk, monsieur, le punk!

Mauvaise foi (Les Lullies, 2023)

PUNK & ROLL. Con el marchamo de mejor banda de rock & roll del Hexágono, les Lullies ponen en juego sus mejores bazas en este LP, el segundo que publican en cinco años. Un disco en el que acentúan sus habilidades melódicas para ese rock & roll garajero que los ha encumbrado como la penúltima sensación de la temporada.

El cuarteto brilla con fuerza aquí, aunque no se acercan a la potencia aplastante de un directo descomunal. Es en el escenario donde se crecen realmente y donde sacan lo mejor de sí mismos sobre la estructura a prueba de bomba que les proporciona una base rítmica indestructible. Ahí es donde podremos apreciar de verdad las habilidades de una banda que lo apuesta todo a eso de sonar lo más juntos posible para que sea más difícil recuperarse del puñetazo.

Todo esto no dejan de ser motivos de celebración al final. Cosas que cualquier grupo se tomaría como algo positivo. En cuanto al álbum, un LP grabado para reproducirse a 45 rpm, podemos disfrutar mucho más de los matices, los arreglos y los juegos de voces. Sutilezas que puede que no sean lo que buscas cuando te pones un disco de estos, pero esos detallitos son los que te van a acabar conquistando al final. Seguro.

★★★☆☆

1 Mauvaise foi
2 Pas de regrets
3 Ce que je veux
4 Soirée standard
5 Ville musée
6 Zéro ambition
7 Dernier soir
8 When You Walk in the Room
9 Station service
10 Animal
 
Total: 29 min.

Xxx

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martes, 27 de enero de 2026

¡Levántate, Babilonia!

Burnin' (The Wailers, 1974)

 

REGGAE. Sacado de la misma camada de canciones que los Wailers escribieron para Catch a Fire (1973), grabado como ese álbum de manera cruda en Jamaica y depurado y mezclado en Londres durante la gira del disco anterior, Burnin' supuso la reafirmación de Bob Marley y los suyos como embajadores de una música que había venido para quedarse. También iba a ser lastimosamente el último álbum en el que colaboraran Marley, Peter Tosh y Bunny Wailer, auténticos motores creativos del combo.

La base de esta exuberancia sónica siempre ha estado en el perfecto ensamblaje de fuerzas que ha caracterizado a los Wailers. Un ensamblaje que tiene su clave en una base rítmica dúctil, melódica y tremendamente versátil. Ahí es donde entran los hermanos Carlton y Aston Barrett. El primero a las percusiones y el segundo al bajo y en el papel de inefable y ultrarreconocible director musical de la banda. Piezas que sí que siguieron acompañando a Marley en una aventura que no había hecho más que empezar y que fueron bastante culpables del éxito que llevaban amasado y el que les esperaba.

Pero no nos adelantemos. El trío de ases en voces y composición del que hablábamos seguía activo y a pleno rendimiento para un álbum que se escoró hacia lo combativo de manera más clara. Ahí están temas para encender la mecha de la revuelta como "Get Up, Stand Up", "Burnin' and Lootin'" o "I Shot the Sheriff". Himnos instantáneos que nos muestran a unos compositores en plenitud, si bien no ocultan el desgaste que había sufrido un grupo que apenas había empezado a caminar. Si no, cómo se explica la regrabación de temas que ya habían lanzado en sus coproducciones primerizas para el sello Upsetters de Lee Perry.

Son temas algo más imberbes y se nota. Lo que no quita que disfrute mucho canciones como "Put It On", "Small Axe" o "Duppy Conqueror". Puede que se les vean las costuras y se perciba que pertenecen a otra era en la banda, pero no suponen bajón alguno en cuanto al nivel. No como una más plana "Pass It On", que tampoco erosiona un trabajo bien construido y mejor acabado. Un disco básico para entender la música jamaicana en su despertar al mundo, con espacio también para lo espiritual. Ojo al cierre con una "Rasta Man Chant" que parece querer reconciliar a la banda con sus ancestros y con una forma de hacer música que podía estar quedando diluida en una fusión babilónica que no por necesaria iba a dejar de tener detractores y de sembrar dudas en el mismo seno de la banda. Dudas que iban a dejarnos al hilo de tres carreras discográficas diferentes, interesantes todas, pero entre las que no hay color a favor de un Marley que se acabaría haciendo fuerte para convertirse en la figura global más importante salida de los márgenes de la cultura "occidental". 

Otra historia que iremos contando a su debido tiempo, pero no olvidemos que los orígenes de esa epopeya están en estos años convulsos y definitorios.

★★★★★

A1 Get Up, Stand Up 3:15
A2 Hallelujah Time 3:27
A3 I Shot the Sheriff 4:39
A4 Burnin' and Lootin' 4:11
A5 Put It On 3:58
B1 Small Axe 4:00
B2 Pass It On 3:32
B3 Duppy Conqueror 3:44
B4 One Foundation 3:20
B5 Rasta Man Chant 3:43

Total: 37:49

Hálito criogenizado

Thanks for the Dance (Leonard Cohen, 2019)

CANCIÓN EXHUMADA. La beatitud serena del último Leonard Cohen palpita en esta música con una belleza y una autenticidad pocas veces vista en los testamentos que nos endosan las discográficas y los familiares del artista fallecido de turno. Poco importa que todas estas tonadas hayan sido reconstruidas a partir de las pistas de voz del canadiense y sin su intervención ni visto bueno. Poco importa que estemos ante una obra-frankenstein orquestada, arreglada y erigida por Adam Cohen, hijo de nuestro héroe. Y tampoco tiene importancia la cantidad de gente que ha metido sus manazas aquí, de Daniel Lanois a Beck, de Jennifer Warnes a Damien Rice.

Como digo, todo esto importa poquísimo, porque el resultado habla de un trabajo bien hecho, de emoción y de grandeza para un proyecto cargado de todas las dudas del mundo. Se ve que el respeto de todos los músicos por el canadiense les ha hecho redoblar esfuerzos o no inmiscuirse en demasía, no podemos saberlo, pero lo que sí parece claro es que han encontrado la forma de que Leonard nos hable por última vez de forma clara y potente. Como si quisieran concederle la gracia de una despedida como merece.

Arriba he hablado de dudas hacia un proyecto sospechoso. No podemos olvidar que las pistas vocales fueron sacadas de las sesiones de grabación de You Want It Darker (2016), por lo que comparten un mismo espíritu y esa misma belleza desangelada y terminal que las hace a la vez dolorosas y extáticas. Según comenta su hijo, habían hablado largo y tendido sobre los arreglos, instrumentaciones y los sentimientos que pretendía evocar con esta obra, pero es difícil no pensar que estamos ante unos bocetos que bien podrían ser descartes que no pasaron el filtro para entrar en la última obra que el canadiense vio publicada antes de dejarnos.

"No son ni descartes ni caras B", afirma Adam con rotundidad. Vale, podemos creerlo. Lo que es innegable es que estamos ante una colección de bocetos. Esa sensación, más o menos patente según el tema del que hablemos, revolotea durante toda la escucha de un disco que nos muestra de manera prístina el color ocre y apagado del último aliento del poeta. Y esto se materializa en canciones con un hálito extenuado, flores marchitas de belleza decadente y casi agónica. Todo un catálogo de fotos en sepia con el que poner a prueba nuestra necrofilia más recalcitrante. Y no digo que esto sea malo, que conste. Es más que digno, no diría que la joya que predican por ahí, pero sí elegante hasta decir basta.

★★★☆☆

1 Happens to the Heart 4:33
2 Moving On 3:11
3 The Night of Santiago 4:15
4 Thanks for the Dance 4:13
5 It's Torn 2:57
6 The Goal 1:12
7 Puppets 2:39
8 The Hills 4:17
9 Listen to the Hummingbird 2:01

Total: 29:18

Adam Cohen se tomó este trabajo casi como un mandato de su padre, como su último deseo antes de morir. Según comenta en las entrevistas, su padre, a la vista de que no iba a poder acabar el trabajo, le encomendó como tarea que acabara las canciones. Y eso hizo, no sin rodearse antes de pesos pesados del nivel de Beck, Daniel Lanois o Jennifer Warnes, entre otros.

 
 
Según parece, el hijo trató de seguir en todo momento los deseos del padre basándose en sus conversaciones y en toda una vida mamando el estilo y el gusto de su progenitor. Además, había producido el disco anterior, con el que Leonard había quedado más que satisfecho. Motivos, por tanto, para tener confianza en las intenciones y los resultados de una obra que, sin ser esencial en el canon del poeta, se gana su sitio y acaba reclamando más atención de la esperada.

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lunes, 26 de enero de 2026

Y apagó la llama

You Want It Darker (Leonard Cohen, 2016)

CANCIÓN TERMINAL. Lenny nos conoce muy bien. Lo queremos más oscuro. Siempre. Y ahí está él para apagar la llama. Aunque esta vez se ha pasado. De abisal, de primario, de profeta. You Want It Darker se ha convertido en el último disco de Leonard Cohen. Seguro que sin quererlo, ha prologado la partida accidental, inesperada y dolorosa del genio de Montreal.

El decimocuarto trabajo de Cohen sigue la línea marcada desde su última vuelta al mundo artístico que podríamos situar en esos notabilísimos Old Ideas (2012) y Popular Problems (2014). Este You Want It Darker sigue rebosante de esa hermosa aceptación que surge de tener todas las cuentas saldadas. Leonard Cohen lleva tiempo mirando de cara a lo inexorable, consciente de su caducidad y seguro que orgulloso de sus conquistas. Los modismos y los tics son los mismos, pero algo ha cambiado aquí. Si en sus discos de la primera década del nuevo siglo se ocultaba tras los trinos de su coro de ángeles, llegando incluso a hacerlas protagonistas absolutas en muchos momentos, desde Old Ideas ha ido progresivamente cogiendo el timón de nuevo. Con una voz reventada, con las llagas de la vida supurando en cada fraseo, y con una autenticidad que impone y duele, se marca un disco digno de cerrar el círculo. Aquí todo se paladea con mesura y delicadeza. El amor y la pena de siempre, preñados de ese tono a última vez que sobrevuela cada arreglo y cada sílaba.

Un disco triste, por tanto. Sin paliativos que busquen el eufemismo. Un disco triste. Mucho. Y reconfortante, ¿no es curioso? Así ha sido siempre el maestro. Aquí se marca una vuelta, no sólo a los tiempos negros de Songs of Love and Hate (1971), sino también a los violines expresionistas y gitanos de Recent Songs (1979). Sin nostalgias de ningún tipo, aunque no haya mucho futuro al que mirar. Por eso es tan poderoso. "You Want It Darker", la canción, "Leaving the Table", "If I Didn't Have Your Love" o "It Seemed the Better Way" no podrán competir nunca con las viejas glorias, pero lo mejor es que tampoco parece importarles. Suenan auténticas y orgullosas, transformando su falsa medianía en grandiosidad. Desde lo mínimo, sin aspavientos, dan lustre al mausoleo prodigioso que el canadiense se ha ido construyendo. Año a año, mes a mes, día a día, pensamiento a pensamiento.

★★★

1 You Want It Darker 4:44
2 Treaty 4:02
3 On the Level 3:27
4 Leaving the Table 3:47
5 If I Didn't Have Your Love 3:35
6 Traveling Light 4:22
7 It Seemed the Better Way 4:21
8 Steer Your Way 4:23
9 String Reprise / Treaty 3:26

Total: 36:07

Este disco acaba siendo la despedida perfecta. Y no porque no llevara tiempo anunciando que esto se acababa. Y no porque sea muchísimo mejor que los dos anteriores. De hecho, si cogemos las canciones una a una no vamos a poder entender cómo este tiene cuatro estrellas y los otros tres.

 

Esa diferencia no se explica por una cuestión puramente numérica. Su razón está en el bloque, en ese manto negro que conforman estas canciones arregladas con lo mínimo, susurradas y abisales. Una colección tan llena de sentido y de interconexiones que se convierte en el mejor disco de Lenny en casi treinta años. Sí, desde ese fulgurante I'm Your Man (1988), que se dice pronto.