sábado, 18 de abril de 2026

Suscipe me, Domine, in sinu tuo

 
Título: Misa en si menor, BWV 232

 Título original: „H-moll-Messe“

Autor: Johann Sebastian Bach

Año de composición: 1733-49

Género: Barroco/Misa
 

 Grabaciones de referencia:

  • Mass in B Minor (John Eliot Gardiner / Monteverdi Choir, 1985) 

 

Estamos ante una versión extendida de la Misa ordinaria, composición que establecía las partes invariables de la liturgia eucarística cristiana. Para ello, Bach reutilizó motivos de obras anteriores como el Sanctus de 1724. La composición de esta Misa en si menor le llevó, según los estudiosos, no menos de 16 años, de 1733 a 1749, completándola tan solo un año antes de su muerte. Este arco temporal no queda del todo claro, como es habitual, aunque se sabe con certeza que el de Eisenach empezó a trabajar en una Missa con motivo del fallecimiento de Augusto II de Polonia, el "fuerte", y en honor a su heredero, Augusto III.

Ese pudo ser el punto de partida de esta obra postrera, ya que una Missa es solo una porción de la liturgia, la cual amplió a la ceremonia completa en su definitiva Misa en si menor. Una composición que nos lleva por los entresijos del rito cristiano, siendo válida tanto para ceremoniales católicos como luteranos. Todo un hito y uno de los logros más elevados en toda la historia de la música. En esta partitura, voces e instrumentos se entrelazan en un suspiro redentor que hace que el creyente visite la Gloria por momentos. Pero, lo más increíble no es esto. Para mí, esta música consigue lo más difícil: que los ateos convencidos se planteen la posibilidad de la existencia de Dios durante su escucha.

Epifanía que solo puede ocurrir con las obras más profundas y valiosas. Ocurre, diría yo, con el Requiem de Mozart y con obras de ese pelaje y dimensión. Trabajos crepusculares en su mayoría, postreros, casi agónicos, en los que el autor parece tener su alma ya entre dos mundos. Como si le estuvieran dictando unas armonías y unas cadencias que nos transportan a un sitio totalmente desconocido, pero lleno de luz.

A todo eso suena esta Misa en si menor. Y una vez más, no puedo decir que la disfrute con todo mi ser. Primero por ser música vocal, algo que ya me pone en guardia, Sin embargo, disfruto intensamente los primeros movimientos. Hasta que en su larguísimo desarrollo —algo que también la hace cuesta arriba—  se produce un cambio de atmósfera a la altura del Quoniam tu solus Sanctus, con ese barítono, que la hace algo farragosa para mi oído maleducado. Después, la cosa se vuelve a poner emocionante al máximo con el cierre del Gloria mediante un extático Cum sancto spiritu capaz de erizar el vello de cualquiera. 

Los siguientes movimientos varían en su emotividad y en su capacidad de atracción. Y por supuesto que la obra conmueve como pocas en su conjunto, si bien no entra de primeras. O quizás es que, en esta época caótica y sin pausas, no estemos preparados para aguantar la hora y tres cuartos que dura la grabación de Gardiner a la que me he sometido. La cuestión es que, en cuanto encontremos el momento y estemos del humor requerido, nos daremos cuenta enseguida de que estamos ante uno de los hitos más gigantescos del canon occidental. Simplemente imagínense cómo sonaría esto en una catedral, con las voces, las cuerdas y los vientos rebotando en las paredes, las bóvedas y las columnas. Solo así podremos hacernos una idea de la magnitud de lo que suena por nuestros pobres altavoces.

1. Kyrie
    1. Kyrie I
    2. Christe
    3. Kyrie II
2. Gloria
    1. Gloria
    2. Et in terra pax
    3. Laudamus te
    4. Gratias agimus tibi
    5. Domine Deus
    6. Qui tollis
    7. Qui sedes
    8. Quoniam tu solus sanctus
    9. Cum sancto spiritu
3. Credo
    1. Credo in unum Deum
    2. Patrem omnipotentem
    3. Et in unum Dominum
    4. Et incarnatus est
    5. Crucifixus
    6. Et resurrexit
    7. Et in Spiritum Sanctum
    8. Confiteor
    9. Et expecto
4. Sanctus
    1. Sanctus
    2. Pleni sunt coeli
    3. Osanna in excelsis
5. Benedictus
    1. Benedictus
    2. Osanna in excelsis
6. Agnus Dei
    1. Agnus Dei
    2. Dona nobis pacem

viernes, 17 de abril de 2026

Paz y amor

Honora (Flea, 2026)

 

JAZZ FUSIÓN. Este artefacto se presta a la sospecha. No voy a negar que, al enterarme de que el bajista de Red Hot Chili Peppers sacaba un disco en el que tocaba la trompeta para arrimarse al jazz, lo primero que pensé es que iba a ser el capricho de un nuevo rico con poca sustancia y demasiado relumbrón. Los vídeos de Flea tocando la trompeta con Nirvana en esa versión infame de "Smells Like Teen Spirit" tampoco ayudaban.

Prejuicios que puse en entredicho nada más ver la portada. La suegra iraní de Balzary en una preciosa foto juvenil con una paloma en el hombro. Todo eso rematado con el nombre de la tatarabuela del bajista como título de la obra. Sin haber escuchado una nota aún, no pude evitar pensar que no se puede ser más sutil, más profundo ni más oportuno. Con la que está cayendo. Con el ambiente bélico y las revueltas que Trump está provocando en su propio país y en todo el mundo, no hacía falta sumergirse en esta música para saber que aquí iba a haber miga de la buena.

Una miga que encontramos en la forma de tocar la trompeta de Flea, en las antípodas de esa torpeza infantil del vídeo de Nirvana. Luego lees por ahí que ha estado practicando y aprendiendo, no solo técnica, sino claves de composición jazzística con nada menos que Ricky Washington, el padre de un tal Kamasi, y que se ha rodeado de la flor y nata del jazz angelino para dar forma a esta plegaria redentora, y claro, todas las piezas encajan de repente.

Comprendes de inmediato que, por mucho que su nombre le haya ayudado a la hora de contar con la libertad, el tiempo y el dinero para desarrollar su proyecto, que lo ha hecho, todo lo que suena aquí está bañado por la sinceridad y el amor por la música. Todas las reverencias a Miles Davis, John Coltrane y Funkadelic. Las colaboraciones rutilantes de Thom Yorke y Nick Cave —esta última, aun siendo estupenda, rompe por completo el ritmo y la cadencia del disco. Y, por supuesto, las versiones de todo pelaje, del "Maggot Brain" al "Thinkin' Bout You" de Frank Ocean. Creíamos que esto era un arrebato y al final nos damos cuenta gozosos de que casi todo tiene sentido en un álbum que, si no es jazz, como muchos dicen, lo parece en cada repliegue y cada decisión. Por la libertad en que se baña, por su atmósfera casi espiritual y por su alma combativa.

Jamás pensé que diría esto y muchos me llamarán exagerado, pero para mí estamos ante uno de los discos del año. Dejémonos de tonterías y admitámoslo de una vez.  

★★★★☆

1 Golden Wingship 1:01
2 A Plea 7:38
3 Traffic Lights 5:41 feat. Thom Yorke
4 Frailed 10:50
5 Morning Cry 3:31
6 Maggot Brain 4:52
7 Wichita Lineman 4:22 feat. Nick Cave
8 Thinkin Bout You 4:10
9 Willow Weep for Me 3:53
10 Free as I Want to Be 5:13

Total: 51:11 

Yunque, clavo y alcayata

Te lo dice Camarón (Camarón, 1986)

FLAMENCO. Este fue el disco de la segunda "ruptura" con Paco de Lucía, la definitiva. Si tras la primera surgió una obra de la trascendencia de La leyenda del tiempo (1979), no podemos decir algo parecido en este caso. Te lo dice Camarón, con la dirección musical del propio José Monge, adolece de demasiadas cosas para que pueda ocupar un lugar de importancia en el canon del de San Fernando. 

No es un disco malo, en absoluto. Más que eso, lo que pasa aquí es que por vez primera Camarón no suena rotundo y se le ve algo perdido en un falso equilibrio estilístico que no acaba de sentarle bien. En su obsesión por innovar, creo que se pierde en popularizar el género en extremo. Y a la vez se hunde en piezas del flamenco más oscuro y jondo, como para compensar. Una idea que en principio no era mala, pero que en la práctica deja un disco interesante, pero pálido si lo comparamos con la solidez de una discografía intachable.

En mi humilde opinión, enfrentar cosas de la superficialidad y sosería de "Te lo dice Camarón" (la canción) con la profundidad abisal de "Homenaje a Chaqueta" es cuando menos peligroso. Me encantan las innovaciones del cantaor y esa obcecación por popularizar un arte demasiado recluido en círculos herméticos. Aun así, me parece que con la canción titular se le fue la mano y le salió un algo kitsch de difícil digestión. Un simple tropezón que amplía su efecto al ser comparado con el glorioso álbum que le precedió. Nada preocupante, eso seguro.

★★★☆☆

A1 Pistola y cuchillo
A2 Tu mare Rosa
A3 Otra galaxia
A4 Te lo dice Camarón
B1 Vente conmigo
B2 Bórrame de tu memoria
B3 Homenaje a "Chaqueta"
B4 Los inmortales

Total: 35 min.

miércoles, 15 de abril de 2026

Anti-todo

Renegade (Thin Lizzy, 1981)

HARD ROCK. Tanto en su portada como en su título, el undécimo álbum de Thin Lizzy, se presenta belicoso y reivindicativo. Un intento desesperado por darse importancia y tratar de dejar claro que seguían vivos y vigentes. Algo que, en esta segunda y última obra con Snowy White a una de las guitarras solistas, no se materializa en sus surcos.

A mi modo de ver, Renegade, como su hermano mayor, Chinatown (1980), pero un poco más si cabe, es un disco formulaico en el que no me queda claro que Phil Lynott hubiera puesto sus cinco sentidos. Recordemos que entre el 80 y el 82 publicaría sus dos discos en solitario. Este trabajo está en medio de ellos, imagino que obras más íntimas y queridas para el cantante y compositor.

Un detalle muy sintomático que no ayuda a que Renegade alce el vuelo entre sutiles capas de teclados y una insulsez que empezaba a aposentarse de manera preocupante. Y eso que cuenta con sus momentos garbosos. "Angel of Death", sin ser mi favorita, resulta interesante por mostrar que el grupo había absorbido el sonido incipiente de la NWOBHM, con Iron Maiden a la cabeza. De hecho, cada vez que la oigo, no consigo dilucidar si es más lo que tomaron los irlandeses de todo eso o si el galope de esta canción está anunciando lo que los londinenses iban a hacer en un futuro nada lejano. 

También está claro que la dureza que armaría el álbum de despedida de Lizzy, Thunder and Lightning (1983), queda prologada en este tema inaugural. Como también en una crujiente y rocanrolera "Leave This Town", que parece escamoteada a todos unos ZZ Top y que para mí es, más que posiblemente, la mejor pieza del álbum. Todo un chute de energía en medio de un páramo en el que la banda suena tan correcta y tan en su sitio como aburrida hasta el bostezo. 

Está claro que todo en esta vida tiene una caducidad. Thin Lizzy, después de una década de carrera discográfica, parecía estar acercándose a su final, algo que materializarían apenas un par de años después de una forma que casi nadie esperaba. Sí, eso será otra historia. Afortunadamente, en todos los sentidos.

★★☆☆☆

A1 Angel of Death 6:17
A2 Renegade 6:08
A3 The Pressure Will Blow 3:45
A4 Leave This Town 3:48
B1 Hollywood (Down on Your Luck) 4:10
B2 No One Told Him 3:36
B3 Fats 4:02
B4 Mexican Blood 3:40
B5 It's Getting Dangerous 5:46

Total: 41:12

martes, 14 de abril de 2026

El barrio chino

Chinatown (Thin Lizzy, 1980)

HARD ROCK. Gary Moore ya sonaba en Black Rose: A Rock Legend (1979) con una intensidad tan suicida que se percibía de alguna forma que no iba a durar en la banda. Esa manera de vaciarse con el instrumento estaba vaticinando su abandono. El miedo a la vorágine de excesos que habitaba en el grupo, su afán perfeccionista y su necesidad de perseguir su propia visión fuera del abrazo asfixiante de un Phil Lynott omnipotente fueron los detonantes de su marcha.

Su hueco lo cubrió otro enorme guitarrista: Snowy White. Con un bagaje excelso como instrumentista de apoyo para Pink Floyd, Cliff Richard o Peter Green, entró en Lizzy como miembro de pleno derecho para grabar un par de discos de los que este iba a ser el primero. Su estilo, contenido y absolutamente profesional, dio otro aire al grupo, aportando solvencia, eficacia y un saber estar que no les vino nada mal en ese momento. Un estilo, todo sea dicho, que redundó en el tono eléctrico y también algo estancado que acabó suponiendo para Thin Lizzy esta entrada en la nueva década.

Un estancamiento no exento de contundencia. Y es que, por mucho que se le critique, este disco es más que válido. Puede que se muestre derivativo, pero también es efectivo al máximo. Se le puede achacar que no supone avance alguno, pero contiene un buen puñado de clásicos para seguir incendiando los escenarios. En definitiva, sin estar entre los mejores discos de Thin Lizzy, este Chinatown, con su sonido callejero y peligroso, es un magnífico motivo para seguir creyendo en la banda. Un disco de transición que para más de uno puede ser su favorito. Y si no, puede que como a mí te parezca que, sin poder compararse a los de la etapa dorada del grupo, sí que es bastante mejor que esos primeros álbumes que solo defienden los seguidores más fanáticos de los irlandeses. No me parece poco, la verdad.

★★★☆☆

A1 We Will Be Strong 5:07
A2 Chinatown 4:40
A3 Sweetheart 3:28
A4 Sugar Blues 4:18
A5 Killer on the Loose 3:53
B1 Having a Good Time 4:35
B2 Genocide (The Killing of the Buffalo) 5:05
B3 Didn't I 4:25
B4 Hey You 5:06

Total: 40:37 

Desde el fondo de esta carcasa mortal

It'll End in Tears (This Mortal Coil, 1984)

POP ONÍRICO. Más que una banda al uso, This Mortal Coil fue un colectivo de artistas dirigido por Ivo Watts-Russell, fundador del sello 4AD, marca en la que operaban o con la que se relacionaban los colaboradores participantes en el proyecto. Se puede decir, por tanto, que el núcleo del grupo lo formaban Watts-Russell y John Fryer, ambos en tareas de dirección y producción, siendo miembros de Cocteau Twins, Dead Can Dance, Cindytalk o Colourbox los que dan forma con sus voces y sus instrumentaciones a este curioso debut.

Por lo tanto, no hay más que echar un vistazo a los artistas en nómina para predecir a qué va a sonar esto. No hay peligro de equivocarse. Aquí hay dream pop, pasajes atmosféricos que transitan entre la pesadilla y el embeleso, voces de helio enfrentadas a sintetizadores vaporosos y percusiones crudas... Todo el arsenal de rigor, entre el duermevela malsano de David Lynch y los paisajes bucólicos de Kenneth Grahame, que ya conocerás si estás familiarizado con las bandas mencionadas.

Una coherencia sónica que tampoco esquiva la sensación de amalgama inconexa que da el hecho de contar con cinco vocalistas y una decena de instrumentistas diferentes. La narrativa, sin embargo, está ahí en cierta forma y creo que se debe más al sonido que sacan de las cuatro versiones escogidas para la ocasión —de Big Star, Tim Buckley y Roy Harper—, el cual les sirve de molde para esculpir el resto del disco con tonadas bastante deudoras de tan egregio e imponente molde.

Tampoco se trata de despachar esto diciendo que las versiones son lo mejor del disco y el resto no aguanta el tipo. En realidad, por mucho que temas como "Song to the Siren", el más conocido con diferencia, parezcan mejor acabados frente a unas canciones propias que se pierden en devaneos atmosféricos sin dar sensación de solidez, el conjunto presenta pocas fisuras y la sensación de obra completa se consigue a pesar de su evidente falta de cohesión. Otra cosa son los toques un pelín demasiado pastelosos — "Another Day" a la cabeza— y que el artificio de una propuesta que nació antinatural no acabe de sonar creíble. Un equilibrio inestable y cambiante que al final, de alguna forma, cae del lado de la calidad.

★★★☆☆

A1 Kangaroo 3:31
A2 Song to the Siren 3:30
A3 Holocaust 3:38
A4 FYT 4:24
A5 Fond Affections 3:51
A6 The Last Ray 4:08
B1 Another Day 2:54
B2 Waves Become Wings 4:26
B3 Barramundi 3:56
B4 Dreams Made Flesh 3:48
B5 Not Me 3:44
B6 A Single Wish 2:27

Total: 44:17 

Al final este disco suena a lo que suena. Sin poder ocultarlo ni rebajarle una micra su espesura fantasmal, esto suena a Twin Peaks, a Julee Cruise, a los Cowboy Junkies, a medio catálogo de 4AD, a misterio y a panegírico.

 

A demasiadas cosas, y ninguna mentalmente sana, precisamente. Por eso, lo mismo que puede arreglarte el día, lo más normal es que este trabajo te acabe dejando mala cara. Es lo que tiene hacer las cosas para ti en vez de para el mundo. Con This Mortal Coil conceptos como carrera, industria y público se difuminan hasta quedar borrados para siempre.

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domingo, 12 de abril de 2026

Te doy la vida

Viviré (Camarón, 1984)

 

FLAMENCO. El disco se abre con un laúd que hilvana pespuntes de belleza cristalina con sus aires morunos. Y un pequeño toque de disonancia, junto a la percusión y al bajo eléctrico, pone a prueba una vez más a los oyentes más vetustos e inmovilistas. Está claro, Camarón no da ni un paso atrás. Olvídense, señores. Ese es el tono en uno de sus discos más majestuosos. Un disco en el que la interpretación del de San Fernando es ardiente y cruda, con una entrega que hace relucir la belleza del dolor más extremo.

Esos toques extravagantes mencionados, algún brochazo de disonancia hiriente, como el comienzo de "Campanas del alba", cuerdas aquí y allá... Todos esos son los aceites novedosos con los que el cantaor pinta este lienzo fastuoso. Un disco que eriza el vello como muy pocos en su catálogo. Una obra que apela al dolor más primario con los adornos más exquisitos. Un álbum profético a solo ocho años del fatal desenlace. "Viviré", canta Camarón, y lo hace con la convicción del que ve lo que se avecina. O eso me parece a mí, tal es su decisión, su inmersión en lo que cuenta y la verdad de un fraseo sobrehumano en claro contraste con su aspecto avejentado y casi yerto.

Pocas veces ha conjurado el cantaor tanto dolor como en estas tonadas de muerte en las que el título del disco, más que una reafirmación, es casi una condena. Incluso cuando le canta al amor ("Nuestros sueños") suena desesperado y descreído, casi implorante. Camarón no parecía estar viviendo el mejor momento en su vida y, como pasa a menudo, esto se traduce en una obra de arte inmarchitable. El disco definitivo con el que nos dice que, de una vez por todas, le importa bien poco lo que digan de él. Nunca iba a poder acallar las voces críticas ya, así que mejor aprender a vivir con ello.

★★★★★

A1 Viviré
A2 Campanas del alba
A3 Mi sangre grita
A4 Mar amargo
B1 Na más que'r día
B2 Nuestros sueños
B3 Dios de la nada
B4 Tres luceros

Total: 31 min.