miércoles, 25 de marzo de 2026

Música francesa en el corazón de Alemania

 Título: Suites para orquesta, BWV 1066-1069

 Título original: „Ouvertures“

Autor: Johann Sebastian Bach

Año de composición: 1725-39

Género: Barroco/Suites
 

 Grabaciones de referencia:

  • Orchestral Suites BWV 1066-1069 (Dunedin Consort / John Butt, 2022)

Para empezar, tenemos que aclarar que no estamos ante una obra en bloque del genio de Eisenach, sino de una colección de oberturas independientes entre sí que Bach fue escribiendo y retocando a lo largo de un periodo de unos tres lustros. Una música en la que parece querer demostrar sus habilidades para maravillar con lo que era capaz de escribir para una orquesta. 

Danzas cortesanas y vientos fastuosos conforman la estructura de unas obras que parecen huir de lo religioso a través de una música que puede gustar a todo el mundo, que no busca subrayar la devoción por lo divino, pero que cuenta con la complejidad requerida para hacerlas grandes. Esta vez, y sabemos que no siempre fue así, Bach consigue agradar al público a la vez que sigue impresionando a los entendidos. Esto último es importante recordarlo en unas partituras que a pesar de su aparente ligereza, vuelven a ser complejas y elaboradas al máximo para conseguir aspirar a la eternidad. Algo que es la tónica con la música del compositor alemán.

Lo que más llama la atención en estas partituras es, sin duda, la influencia francesa que el compositor parece invocar para satisfacer el gusto de las élites. Una influencia que acerca esta música a la corte y a los actos públicos para alejarla, como digo, de sus creaciones para la Iglesia. Música agradable y festiva por encima de otras consideraciones. ¿Demasiado? Bueno, eso va a depender de cada oyente, aunque si lo menciono es porque para mí, en todo su esplendor, es un conjunto de piezas más respetables que matadoras. 

Se dejan escuchar con total agrado. Muestran una maestría contrapuntística y rítmica equiparable a cualquiera de sus mejores obras. Son, en definitiva, una de las colecciones esenciales para conocer el impresionante alcance del arte del alemán. Sin embargo, no serían las que elegiría como las más señeras de su autor. Sin que esto implique menosprecio alguno hacia su belleza inmarchitable ni hacia su enorme importancia dentro del canon occidental.

 

Suite orquestal nº 1 en do mayor

1. Ouverture
2. Courante
3. Gavotte I, II
4. Forlane
5. Menuett I, II
6. Bourrée I, II
7. Passepied I, II 

Suite orquestal nº 2 en si menor

1. Ouverture
2. Rondeau
3. Sarabande
4. Bourrées I & II
5. Polonaise & Double
6. Menuett
7. Badinerie 

Suite orquestal nº 3 en re mayor

1. Ouverture
2. Air [Air on a G String]
3. Gavotte I, II
4. Bourrée
5. Gigue 

Suite orquestal nº 4 en re mayor

1. Ouverture
2. Bourrée I, II
3. Gavotte
4. Menuett I, II
5. Réjouissance

martes, 24 de marzo de 2026

Orfanato, triste orfanato

Shades of a Blue Orphanage (Thin Lizzy, 1972)

BLUES ROCK/HARD ROCK. En este segundo álbum sigue la primera formación de Thin Lizzy. Un power trio solvente que todavía suena amordazado. No carente de ideas ni de ganas, por supuesto. Lo demuestran a la hora de buscarse un título en el que mezclan los nombres de las bandas originales de sus miembros ("Shades of Blue" y "Orphanage"). Podría parecer una remembranza de la infancia de Phil Lynott, el cual, sin llegar a ser huérfano, sí que creció en medio de una familia fragmentada, pero no, es puro ingenio. Una maniobra que, no obstante, acaba limitando a un álbum que nace así dirigido hacia el melodrama sin matices.

Un melodrama que se traduce en un tono decididamente más pausado y reflexivo. Algo que tampoco les acaba ayudando a encontrar su camino y que se hace moroso y arrastrado más que etéreo o evanescente. Un tono que me obliga a abrir una tercera vía entre aquellos que piensan que el disco es una mejora respecto al anterior y esos otros que creen que mantiene el nivel. Ambas opiniones podrán ser las más extendidas entre el núcleo duro de seguidores de la banda, pero para mí, la idea de que este disco es perceptiblemente peor que su debut no me parece descabellada en absoluto.

Para afirmar esto, me apoyo en una producción en la que se nota que los de la discográfica todavía no han invertido con enjundia y en ese ambiente soseras que hace que el disco no despegue hasta la mitad de la quinta canción. Con todos los matices que se quieran, un retroceso en toda regla. Al menos, a mi modo de ver. Una percepción que no puedo quitarme de encima y que me hace colocar a este segundo álbum en los puestos más bajos de la discografía de un grupo que no haría sino despegar de manera fulgurante solo unos meses después con la edición de un single que lo iba a cambiar todo para ellos.

☆☆☆☆

A1 The Rise and Dear Demise of the Funky Nomadic Tribes
A2 Buffalo Gal
A3 I Don't Want to Forget How to Jive
A4 Sarah
A5 Brought Down
B1 Baby Face
B2 Chatting Today
B3 Call the Police
B4 Shades of a Blue Orphanage

Total: 40 min.

Whisky in the Jar / Black Boys on the Corner (Thin Lizzy, 1972) [SINGLE]

FOLK ROCK/HARD ROCK. Tendremos en cuenta que la banda sacó este single muy a su pesar, que no les gustaba que la versión de una canción tradicional fuera su mascarón de proa y que accedieron cuando les ofrecieron la posibilidad de sacarlo con dos caras A. Algo que no impidió que la versión de marras, por mucho que no representara su estilo ni presente ni futuro, fuera número 1 en Irlanda y entrara en las listas de medio mundo.

Así las cosas, sí que hay que decir que la segunda cara A, "Black Boys on the Corner", sí que es representativa de lo que eran Thin Lizzy, y más aún, de lo que estaban a punto de ser en sus siguientes álbumes. Lo que suma por un lado, pero resta por otro. Porque la calidad se mantiene arriba, pero la coherencia y la solidez del single como unidad de destino en lo universal se resiente en demasía.

En resumidas cuentas, por mucho que a ellos no les gustara, hoy día no se puede conocer a Thin Lizzy sin escuchar "Whisky in the Jar" —sí que se puede llegar a comprenderlos perfectamente sin toparse con "Black Boys on the Corner"—. Y a la vez, es un auténtico pecado el quedarse con esa canción sin profundizar en una obra tan densa y profusa que no puedes imaginarte si te quedas en el folk rock enérgico que nos endosan con su tema más exitoso. Puede parecer una buena entrada de cara a conocer a esta banda, pero en el fondo no lo es. Para nada. Disfrútala, eso sí, pero pasa a otra cosa rápido, por favor.

☆☆★★★

A Whisky in the Jar
B Black Boys on the Corner

Total: 9 min.

lunes, 23 de marzo de 2026

La delgada Isabelita

Thin Lizzy (Thin Lizzy, 1971)

BLUES ROCK/HARD ROCK. Es cierto que entre la base de seguidores más hardcore de Thin Lizzy no encuentran un disco malo de sus héroes. Este no tasa entre los más queridos, es cierto, pero ni aun así le ponen demasiadas pegas más allá de que es más folkie que el resto y que muestra a una banda que está buscando todavía su sonido. Y es cierto. Poco puede achacársele en el campo de la composición, las letras o la interpretación, con unos músicos que parecen ya curtidos en mil batallas.

Aquí la formación nuclear de Lizzy es un power trio formado por Phil Lynott (bajo, voz y guitarra acústica), Eric Bell (guitarras) y Brian Downey (batería y percusiones). Lejos, por tanto, de ese sonido protometálico y de esas dobles armonías que serían su sello de identidad en pocos años. También lejos de la rotundidad y la contundencia que los definiría en su etapa gloriosa de mediados a finales de los 70.

Aquí lo que dominan son los toques de blues y de folklore irlandés. Este último, más en las letras que en las músicas, aunque no podemos decir que estas estén exentas de leprechauns y calderos llenos de oro. Arco iris psicodélicos que suman en el toque lisérgico de rigor. En canciones profusamente arregladas y llenas de teclados y progresiones elegantes y de una complejidad que no casa con lo que se espera de un disco de debut. Unas canciones en las que destaca una decisión que, aun lejos de sus hitos futuros, es más que reveladora de la calidad que atesoraba Phil Lynott como compositor, líder y, ¿por qué no?, incluso poeta. Con todo, a veces me parece muy digno, con ese encanto de lo que está a medio hacer, pero otras no puedo olvidarme de que simplemente no llega donde debería.

★★☆☆

A1 The Friendly Ranger at Clontarf Castle
A2 Honesty Is No Excuse
A3 Diddy Levine
A4 Ray-Gun
A5 Look What the Wind Blew In
B1 Eire
B2 Return of the Farmer's Son
B3 Clifton Grange Hotel
B4 Saga of the Ageing Orphan
B5 Remembering

Total: 39 min.

miércoles, 18 de marzo de 2026

Peligrosos como un cable pelado

Live and Dangerous (Thin Lizzy, 1978) [DIRECTO]

HARD ROCK. Al César lo que es del César. Antes de Gary Moore, esta banda ya era increíble. Ya tenían un repertorio construido a base de canciones sólidas y duraderas, con un frontman excepcional al que algunos se atreven incluso a llamar poeta. Lo fuera o no, Phil Lynott siemre se encontró como en casa en el escenario. Eso sí que era inapelable. Será por eso que para muchos este sea su mejor disco. Y la verdad, no encuentro motivos para llevarles la contraria. Puede que dude delante de Jailbreak (1976), pero, bien mirado, precisamente ese álbum conforma el esqueleto de este directo de sonido impecable, interpretaciones torrenciales y canciones que van de lo bueno a lo superior. 

Y no soy sospechoso de venderme barato, porque nunca he sido amigo de los discos en vivo. De ahí que me aproxime a este con la ceja levantada para rendirme a la altura de la enorme "Still In Love With You", una canción por la que hubiera matado el Prince de Purple Rain (1984), ahí es nada. Y no es ese el único motivo para agenciarse este compendio de la etapa gloriosa de un gran grupo. Un grupo que está a medio camino entre los jevis y los rockeros algo más abiertos. Esa indefinición me encanta. Y la forma de cantar de Lynott. Y el duelo de guitarras encendidas. Y por supuesto, el constatar que esta banda fue un animal de escenario salvaje y libre en toda la extensión de ambos términos. 

PD: Todo esto lo escribo a pesar de saber la controversia que existe sobre la "pureza" de este "documento". Según algunas fuentes, solo la batería y los gritos del público están grabados en directo y el resto son los infames overdubbings. Me parece algo a tener muy en cuenta, pero al fin y al cabo ¿no es el artificio una parte inseparable de la creación musical? ¿No tendría su mérito el construir esto desde la nada? Yo lo tengo claro, y a pesar de las dudas que puedan surgir, concluyo que no me importa que me mientan si lo que me cuentan es tan bonito.

 ★★★★

A1 Jailbreak
A2 Emerald
A3 Southbound
A4 Rosalie / Cowgirl's Song
B1 Dancing in the Moonlight (It's Caught Me in Its Spotlight)
B2 Massacre
B3 Still in Love With You
B4 Johnny the Fox Meets Jimmy the Weed

C1 Cowboy Song
C2 The Boys Are Back in Town
C3 Don't Believe a Word
C4 Warrior
C5 Are You Ready
D1 Suicide
D2 Sha-La-La
D3 Baby Drives Me Crazy
D4 The Rocker

Total: 76 min.

Aparte de lo que pueda impresionar el disco, su aura también queda dañada —o quizás al contrario, ¿quién sabe?— por las dudas que siempre han surgido acerca de su autenticidad como documento totalmente en directo. La mecha la prendió su productor, Tony Visconti, cuando afirmó que prácticamente el 75% del disco estaba rehecho en el estudio y que solo la batería y parcialmente el público eran auténticos. Incluso mencionó que buena parte del sonido de la audiencia fue creado artificialmente usando sintetizadores.

 

En cuanto a la banda, Phil Lynott solo admitió algunos overdubs necesarios, pero nada que empañara la condición de documento en vivo. El guitarrista, Brian Robertson, afirmó que lo que decía Visconti era "gilipolleces" y que el disco estaba grabado y producido totalmente en vivo.

Nunca va a quedar claro qué parte de este disco es verdad y qué parte pura cosmética. Tampoco va a ayudar a zanjar el debate acerca de cuánto retoque se permite para que un disco siga considerándose un documento en directo. Lo único que importa es que, ya sea porque nos muestra una versión idealizada de la banda, o porque captura con eficacia la fuerza de su despliegue en el escenario, estamos ante un registro descomunal que sigue ganando adeptos y al que nadie consigue bajar de su pedestal entre los mejores directos o "directos" de la historia. Tampoco fue el único que sufrió los supuestos retoques, una práctica más que extendida en la época. Por tanto, se hace necesaria una petición: no lo crucifiquemos sin más,  por favor.  

Rompiendo las cadenas

Jailbreak (Thin Lizzy, 1976)

 

HARD ROCK. El sexto disco de Thin Lizzy es un clásico irregular y hermoso. Un disco que casi todos encaraman a lo más alto de su discografía y al que no se le puede negar su condición de leyenda, aunque solo fuera por la gran acumulación de canciones definitorias y esenciales para la banda irlandesa. Del tema titular a "The Boys Are Back in Town" y de "Cowboy Song" a "Emerald", no se me ocurre álbum en su discografía que aglutine tal cantidad de clásicos instantáneos.

Sin embargo, como digo, no se trata de un pelotazo perfecto de cabo a rabo. En su debe, habría que situar los toques celtas o medievales que, aunque escasos, han sido detectados y copiados rápidamente por toda la camarilla heavy, al igual que el ultraefectismo guitarrístico, que también lo hay. Toques rancios y querencia masturbatoria al mástil que, sin ser malos de por sí, pueden molestar a los degustadores de músicas, digamos, más sutiles.

Por otra parte, en su haber, encontramos una contención vocal exquisita e inesperada para un artefacto protometálico como este, unas guitarras vertiginosas y punzantes en los momentos más aguerridos y una base rítmica a prueba de bomba. Virtudes que, unidas a los supuestos defectos mencionados arriba, no solo los diluyen, sino que incluso los hacen valiosos. Así, lo rancio se transforma en deliciosa raigambre y lo exhibicionista en radiante expresionismo.

Con todo esto en mente, no podemos más que concluir que, por mucho que este disco sea más rock que roll, por una vez no importa. Algo que puede chocar ante la anemia que exuda algún que otro tema —"Running Back", "Romeo and the Lonely Girl"—. Una falta de hierro que parecen confundir con elegancia solemne y belleza ingrávida, pero que, no solo no acaba dañando al álbum, tal y como me parecía tras escuchas incipientes y atolondradas, sino que le granjea una personalidad y un poder absolutamente inexpugnable. No sé de qué me extraño. Por mucho que me haya hecho el duro, al final mis defensas han caído. No quedaba otra.

★★★★☆

A1 Jailbreak
A2 Angel From the Coast
A3 Running Back
A4 Romeo and the Lonely Girl
A5 Warriors
B1 The Boys Are Back in Town
B2 Fight or Fall
B3 Cowboy Song
B4 Emerald

Total: 36 min.

Las comparaciones de Phil Lynott con Jimi Hendrix siempre me han parecido exageradas y algo racistas, la verdad. Como si simplemente por ser rockeros y negros ya tuvieran que tener todo en común. Es cierto que la admiración del bajista por el de Seattle siempre fue manifiesta. Hasta el punto de influir en el estilo escénico del irlandés de origen inglés, en su imagen y hasta en su forma de vestir. Una admiración que también le instigó para escribir una canción en honor al cherokee, "Song for Jimi".

 

Sin embargo, todo esto no puede traducirse en el calco inerte que muchos pregonan. Y eso que aquí hay una canción, "Warriors", que me lleva a contradecirme una y otra vez. Por su mención a Venus y Marte en la letra, por su estilo y por su pirotecnia guitarrística, me parece a mí que Jimi se paseaba por la mente de Phil más a menudo de lo que estoy dispuesto a admitir. En cualquier caso, bendito influjo.

martes, 17 de marzo de 2026

Las nanas que nunca querrías oír

Lincoln (They Might Be Giants, 1988)

 

GEEK MUSIC. They Might Be Giants siempre han sido únicos en su especie. Pocas bandas se han balanceado con tanto éxito entre lo experimental y lo juguetón, entre lo perverso y lo abiertamente infantil. Música para niños, dicen por ahí, aunque, escuchadas estas canciones pseudoinfantiles llenas de aristas y recovecos, no sé yo si se puede despachar esto de una manera tan sencilla.

Hay demasiada inteligencia y demasiada mala leche en unas melodías llenas de humor de todos los colores y de frases para la posteridad. Demasiado conocimiento de lo que ha sido el pop en sus mil pelajes y demasiada habilidad actoral para impersonarse con gracia en los grandes popes del género sin sonar a copia barata. De Elvis Costello a Stephin Merritt y de Jonathan Richman a los Proclaimers, influyentes e influenciados se pasean con garbo por una obra variada, multiforme e imposible de atrapar. Eso es lo mejor del disco: por mucho que te empeñes en pillarlo, siempre se te va a escabullir entre los dedos.

Porque su encanto es tan palpable como incomprensible. No sabrás de dónde surge, pero notarás que te va envolviendo con las escuchas y conforme el disco avanza. No es inmediato, por supuesto, como las mejores cosas de la vida. El disco necesita maceración y se toma su tiempo para revelarse en toda su gloria, pero no dudes que lo disfrutarás al máximo si le das la oportunidad. Dieciocho miniaturas que van a estar entre lo más original que hayas escuchado jamás. Poca broma.

★★★★☆

A1 Ana Ng
A2 Cowtown
A3 Lie Still, Little Bottle
A4 Purple Toupee
A5 Cage & Aquarium
A6 Where Your Eyes Don't Go
A7 Piece of Dirt
A8 Mr. Me
A9 Pencil Rain
B1 The World's Address
B2 I've Got a Match
B3 Santa's Beard
B4 You'll Miss Me
B5 They'll Need a Crane
B6 Shoehorn With Teeth
B7 Stand on Your Own Head
B8 Snowball in Hell
B9 Kiss Me, Son of God feat. Members of The Ordinaires  

Total: 40 min.

viernes, 13 de marzo de 2026

Canciones de vida y lucha

We Shall Overcome: The Seeger Sessions (Bruce Springsteen, 2006)

 

FOLK. No parece un plato muy apetitoso a priori lo que cocía Springsteen a costa del cancionero popular trabajado con esmero por el venerable Pete Seeger. Canciones más que manoseadas, canónicas, a las que costaba creer que se les pudiera insuflar vida nueva. Canciones protestonas de melodías claras, pero más pasadas que el propio Seeger. Ni el Boss ni el vejestorio del banjo despiertan pasiones unánimes. Comparten el hecho de tener seguidores tan fanáticos como sus detractores. Hipertrofiado interpretativamente el de New Jersey, soseras hasta la muerte el neoyorquino y populistas ambos, todos estos adjetivos les ha dedicado más de una vez su camarilla de fieles odiadores.

Ante todo este panorama, la sorpresa es mayúscula, porque cuando no se espera nada, es motivo de euforia el que se reciba tantísimo. Porque Bruce simplemente ha hecho lo que sabe y porque gracias a dios se ha dejado aconsejar por la violinista Soozie Tyrell a la hora de juntar una banda paralela a la E-Street Band que ejerce su papel a la perfección. Springsteen ni quiere ni sabe hacer marcianadas y en estos tiempos el ser capaz de limitarte a lo que dominas es motivo de celebración. Springsteen triunfa en este experimento porque surge del puro entretenimiento. Porque siguió su instinto cuando su hija le comentó lo divertida que era "We Shall Overcome", versión que grabara para un tributo a Seeger. Y porque es único a la hora de templar la voz, rugir y sonar auténtico, desde el corazón y las tripas. No hace falta nada más para redondear un disco de intenciones humildes y que es capaz de arreglarte el día, el mes y un trocito de tu vida.

★★★★☆

1 Old Dan Tucker 2:31
2 Jesse James 3:47
3 Mrs. McGrath 4:19
4 O Mary Don't You Weep 6:05
5 John Henry 5:07
6 Erie Canal 4:03
7 Jacob's Ladder 4:28
8 My Oklahoma Home 6:03
9 Eyes on the Prize 5:16
10 Shenandoah 4:52
11 Pay Me My Money Down 4:32
12 We Shall Overcome 4:53
13 Froggie Went A Courtin' 4:33 

Total: 61 min.

No tendría sentido tocar estas canciones de combate si no es para hacerlas revivir en nuestros tiempos, para airear un mensaje que sigue siendo tan válido hoy como hace cien años. Bruce lo sabía bien y por eso, además de arreglarlas con mimo para hacerlas estallar en nuestros altavoces, añade cosas como esa "Bring 'Em Home" en la que combina las canciones "Bring Them Home (If You Love Your Uncle Sam)", de Pete Seeger, y  "When Johnny Comes Marching Home", canción popular de la Guerra Civil americana.

 

Una creación propia de Springsteen —que solo puede escucharse en la American Land Edition del disco— a partir de canciones ya existentes que siempre ha sido el modus operandi favorito de los cantantes de folk. Y una canción que le vino como anillo al dedo para reclamar al gobierno que trajera de vuelta a los soldados de una guerra de Irak que ya pesaba demasiado en las conciencias y el corazón de las buenas gentes de Norteamérica.