miércoles, 14 de enero de 2026

La vida errando

Recent Songs (Leonard Cohen, 1979)
 

CANCIÓN EXÓTICA. Recent Songs es el disco exótico de Leonard Cohen. El violín del gitano Raffi Hakopian domina el paisaje entre eslavo, oriental y fronterizo. Un sonido que surge sin duda de la herencia hebrea del cantautor y que lo emparenta de manera clara con hitos como ese Desire con el que Bob Dylan sorprendiera tres años antes.

Todos estos aires floridos y acústicos contrastan con su excesivo trabajo anterior y nos devuelven a un Cohen mucho más reconocible. Por mucho que cueste entender cómo se pueden mezclar el klezmer,los mariachis y el country. Será por lo pastoso del asunto que a veces parece que el disco se desliza suavemente, sin esfuerzo, pero otras nos puede parecer que se arrastra con dificultad. 

Una impresión que puede venir dada también por su tendencia a la solemnidad y a lo taciturno. Hasta el extremo. Ni siquiera cuando intenta alegrar el tempo —"The Lost Canadian (Un Canadien errant)"— consigue salir del pozo de lágrimas en el que nos sume con una música tan intensa. No digamos ya en auténticas postales en blanco y negrísimo como "The Guests" o "The Gypsy's Wife"; o en ejercicios de belleza extática que tampoco consiguen liberarse de la tensión de las cuerdas de Hakopian —"The Window". Una impresión que las escuchas van borrando hasta hacerla desaparecer por completo.

Al fin y al cabo, Recent Songs, más que una vuelta a las formas que tantos echaban de menos, acaba siendo una reafirmación. El disco que demostraba que lo de Death of a Ladies' Man (1977) no podía tener continuidad, que Cohen no había olvidado cómo escribir una canción para desnudarla, pero sobre todo dejaba claro que estaba en plena forma, con todo por decir y con ganas de marcar el camino a seguir. Luego, por supuesto, nada de esto le serviría y tiraría por otros derroteros, cómo no. Sin embargo, mucho del buen hacer de este disco, su pausa y su poder evocador se quedaron para siempre en su tintero para teñir siquiera un poquito sus obras postreras. Brindemos por ello.

★★★★☆

A1 The Guests 6:37
A2 Humbled in Love 5:13
A3 The Window 5:54
A4 Came So Far for Beauty 4:01
A5 The Lost Canadian (Un Canadien errant) 4:40
B1 The Traitor 6:14
B2 Our Lady of Solitude 3:11
B3 The Gypsy's Wife 5:10
B4 The Smokey Life 5:15
B5 Ballad of the Absent Mare 6:40

Total: 52:55 

Xxx

DISCOS RELACIONADOS


 
  

martes, 13 de enero de 2026

Muerte de un mujeriego

Death of a Ladies' Man (Leonard Cohen, 1977)
 

CANCIÓN RESACOSA. Ya no me cabe la menor duda; este es uno de los trabajos más injustamente infravalorados de la historia. Cohen rompe con todo y todos, como hiciera Dylan años antes, pero en la dirección contraria. Endulza su sonido (que no sus textos) y lo engalana con el "majestuoso" muro de sonido de Phil Spector. 

La verdad es que así dicho da bastante repelús, pero el resultado, tras una escucha desprejuiciada, derrocha emoción, frescura y filin. Teclados, vientos y todo tipo de orquestaciones que no ahogan la crudeza de la carne viva que expone Cohen, porque lo que cuenta sigue siendo verdad suprema. Lo que parecía un nuevo comienzo se convirtió tan solo en un paréntesis. Los derroteros no iban por ahí. Por suerte, dirían algunos y, vistas algunas cosas que estaban por llegar, tenían razón.

Sin embargo, solo el hecho de ser su álbum más divisivo, el más extremo y el más autárquico ya le otorga un valor inconmensurable a este quinto trabajo. Más allá de las pistolas, de la locura cocainómana de un Spector que acabó haciendo lo de siempre, esto es, lo que le salía de sus santas gónadas, aquí hay canciones. Unas melodías que se contagian del pop cincuentero del productor y que dejan al descubierto al Cohen más vulnerable y casi dicharachero. Unas canciones en las que colaboran de Ronee Blakley a Bob Dylan y de Hal Blaine a Allen Ginsberg. Y unas canciones, en definitiva, que no necesitaban todo este aparataje ampuloso, pero que aún hoy sacan la cabeza por encima de unos cortinajes que hacen lo imposible para asfixiarlas. 

Unas canciones que, en una mezcla tan bizarra, consiguen sonar hoy como fuegos artificiales. Toda una fanfarria con la que celebrar la despedida de Leonard del libertinaje. Con toda su euforia y con toda su jocosidad. Como si quisiera dejarnos claro que no tenemos que sentirnos culpables por no creerle. Al fin y al cabo, esto de sentar la cabeza no se lo creía ni él. Y claro, el disco suena como suena. Justo como tenía que hacerlo.

★★★★☆

A1 True Love Leaves No Traces 4:23 feat. Ronee Blakley
A2 Iodine 5:02 feat. Ronee Blakley
A3 Paper-Thin Hotel 5:40
A4 Memories 5:57 feat. Ronee Blakley
B1 I Left a Woman Waiting 3:24
B2 Don't Go Home With Your Hard-On 5:34
B3 Fingerprints 2:58
B4 Death of a Ladies' Man 9:20

Total: 42:18 

lunes, 12 de enero de 2026

El rito de la piel

New Skin for the Old Ceremony
(Leonard Cohen, 1974)

CANCIÓN SACRA. Leonard Cohen nunca ha sido el colmo de lo prolífico. Su arte siempre se ha cocido a fuego lento, con mimo y con mil dudas sobrevolando cada acorde y cada elección. Partos difíciles que van de la mano de su eterna insatisfacción y su incomodidad perenne al no sentirse en su ambiente en esto de la industria musical. Por eso, que pasen tres años desde su último disco de estudio, no debería parecernos una eternidad. Si hablamos del cantautor canadiense, es simplemente el tiempo necesario para que las canciones maceren y cojan los aromas y sabores requeridos.

Teniendo en cuenta todo esto, o no, no se puede negar que este cuarto disco cuenta con un sólido marchamo de clásico. Sin embargo, también queda bastante claro que no convence a todo el mundo. No sé si será su irregularidad, pero no le ayuda en absoluto esa mezcla de clásicos no redondos ("There Is a War", "Lover, Lover, Lover") con otros que conmueven hasta las entrañas ("Chelsea Hotel", "Take This Longing", "Who by Fire") y constructos que no se sabe bien de dónde han salido ("I Tried to Leave You", "Field Commander Cohen", "Leaving Green Sleeves"). 

No obstante, siendo justo, hasta estos últimos pueden escucharse con cierto agrado. A veces, al menos. El sello irrefutable que acaba marcando a este trabajo como el disco obtuso de Cohen. Y sí, elucubremos, por qué no... el favorito de un seguidor tan ilustre como Nick Cave. Que será que no, pero a mí me pega sobremanera.

★★★☆☆

A1 Is This What You Wanted 4:12
A2 Chelsea Hotel #2 3:04
A3 Lover Lover Lover 3:16
A4 Field Commander Cohen 4:04
A5 Why Don't You Try 3:50
B1 There Is a War 2:58
B2 A Singer Must Die 3:16
B3 I Tried to Leave You 2:36
B4 Who by Fire 2:32
B5 Take This Longing 4:04
B6 Leaving Green Sleeves 2:39

Total: 36:31

Greatest Hits (Leonard Cohen, 1975) [RECOPILATORIO]

 

CANCIÓN. Ante tamaña colección no puede uno más que quitarse el sombrero. La primera época del cantautor suicida, la mejor para casi todo el mundo, empaquetada con esmero, con reveladoras notas del propio autor para cada canción y las letras, esas letras imprescindibles. Faltarán algunas de estos años primerizos, pero nada sobra. Ni una nota ni una sílaba.

Doce temas que recorren, casi en orden cronológico, la ambrosía que rebosaba en los cuatro primeros álbumes del cantautor. Tratados de amor y cuitas de escucha imprescindible en su práctica totalidad. Algo que relega a este recopilatorio a un lugar más anecdótico de lo esperado. A ese rincón al que solo accederán los más perezosos y los más impacientes.

Y esa es la única pega de un disco sobresaliente. Que no tiene mérito. Que lo ha tenido todo demasiado fácil. Y que no va a ser capaz de suplantar los placeres infinitos que proporciona la degustación prolongada y paciente de los álbumes de cabo a rabo. Porque a veces no es necesario destilar lo mejor del néctar, sino que hay que dejarlo como está y tomarlo sin mesura ni cuidado. Paladeándolo hasta hacerlo una parte de ti.

Yo qué sé, llámenme loco. Soy consciente de ello. Tampoco se puede ir poniendo pegas al arte mayor sin ton ni son.

★★★

A1 Suzanne 3:50
A2 Sisters of Mercy 3:36
A3 So Long, Marianne 5:40
A4 Bird on the Wire 3:27
A5 Lady Midnight 2:58
A6 The Partisan 3:25
B1 Hey, That's No Way to Say Goodbye 2:57
B2 Famous Blue Raincoat 5:09
B3 Last Year's Man 5:59
B4 Chelsea Hotel No. 2 3:07
B5 Who by Fire 2:32
B6 Take This Longing 4:07

Total: 46:47 

domingo, 11 de enero de 2026

¿No te desnudarás para mí?

Live Songs (Leonard Cohen, 1973) [DIRECTO]

CANCIÓN DESNUDA. Es bien sabida la alergia al escenario del primer Leonard Cohen. El miedo escénico y el pánico a adelgazar la profundidad emocional de sus canciones a base de repetirlas pesaba demasiado en un cantautor que, antes que eso, era poeta. Un escritor al que le costó poner música a sus versos, pero que se resistió aún más a sacarlos de gira.

Así aguantó la presión hasta que hubo que promocionar su segundo disco, Songs from a Room (1969), momento en el cual se embarcó en una gira europea para saciar las ansias de la discográfica y, quién sabe, para probarse a sí mismo. A partir de esa gira ensamblaron este disco. Un producto imperfecto, compuesto básicamente por temas de ese segundo álbum y que cuenta con la capacidad para revivir el ritual a partir de esa solemnidad marca de la casa, pero también con algunos defectos que no podemos pasar por alto.

Para empezar, el sonido no ayuda —o tal vez, bien mirado, su calidad lo-fi, casi casera, acaba acentuando la desnudez de las canciones. Pero es que incluso tomándolo como el punto fuerte del disco. Por mucho que adoremos lo esquelético. Por más que disfrutemos de un artista que declama con tono fantasmal sus anhelos y derrotas, herido, sobrio o en llamas, no podemos obviar la falta de consistencia de una obra que muere un poco con cada fade out entre canción y canción. Eso por si no quedaba claro que aquí se han seleccionado interpretaciones de diferentes conciertos. Algo que no podemos olvidar en ningún momento y que afecta a nuestra capacidad de inmersión.

Luego están esos casi 14 minutos de travesía del desierto con "Please Don't Pass Me By", entre la congoja y el éxtasis. Catorce minutazos que acaban sacando pecho ante dudas y fallos flagrantes como "Improvisation" o "Queen Victoria". Esta última utiliza versos de "Queen Victoria and Me", de su poemario Flores para Hitler (1964), y fue grabada en una habitación de hotel de Tennessee. Ni que decir tiene que toda esa improvisación y casi diría que autoindulgencia se nota demasiado. 

Todos estos detalles hacen de este primer registro en directo del canadiense un objeto tan intrigante como fallido. El reflejo perfecto de la seriedad y el miedo con los que Cohen se tomaba sus apariciones en directo. La certificación de lo mucho que adoraba unas canciones que se arrancaba del tuétano de su alma con cada nueva interpretación, siempre cambiante, siempre viva. Un contenedor de emociones que, además, tiene temas que no vamos a encontrar en ningún otro álbum. Sin embargo, la emoción es amputada con demasiada frecuencia como para poder decir que aquí podemos sumergirnos de manera fidedigna en la experiencia de los recitales del primer Leonard Cohen. Un disco estupendo, de acuerdo, pero, a la vez, de esos que plantean demasiadas dudas.

★★★☆☆

A1 Minute Prologue 1:12
A2 Passing Thru 4:00
A3 You Know Who I Am 5:35
A4 Bird on the Wire 4:10
A5 Nancy 3:50
A6 Improvisation 3:12
B1 Story of Isaac 3:48
B2 Please Don't Pass Me By (A Disgrace) 13:55
B3 Tonight Will Be Fine 6:08
B4 Queen Victoria 3:20

Total: 49:10

sábado, 10 de enero de 2026

Belleza entre los cascotes

Songs of Love and Hate (Leonard Cohen, 1971)
 
 
CANCIÓN SUICIDA. Todos lo hemos pensado alguna vez: vivimos en el peor de los mundos posibles, uno en el que el dolor es perpetuo y en el que estamos condenados a perseguir aquello que nunca conseguiremos. Un pensamiento universal que cobra todo su sentido con estas canciones insondables como el océano más negro. Un pensamiento que encaja con el tercer disco de Leonard Cohen como un guante. Porque si a Cohen se le ha alineado, acertadamente o no, con lo más negro del pesimismo schopenhaueriano, es en grandísima medida por este álbum, uno de los momentos más negros de la historia de la música. Una negrura mate como esa portada sin matices en la que el autor aparece sonriente aplastado por esas canciones de amor y odio del título.

La liturgia se abre con, quizás, el mejor momento del canadiense. El desgarro abre sus alas de albatros en "Avalanche", un alud sentimental que hiere con palabras durísimas. Reproches y anhelos tras el destrozo de una relación con la amante o con Dios. "Last Year's Man" es el retrato del artista atormentado y el dolor del parto creativo en grado sumo. "Dress Rehearsal Rag" es simple y llanamente la captura de un suicidio a cámara lenta. "Diamonds in the Mine" va sobre abortos, asesinatos y sequedad. "Love Calls You By Your Name" intenta alegrar el día pero te deja aún más pensativo y taciturno. Es cierto, el amor te espera y es especial y único para cada uno, pero siempre hay algo acechando, oculto entre la oscuridad y el escenario, entre el túnel y el tren, entre el traidor y su dolor y entre la víctima y la mancha. 
 
Demasiadas preguntas como para poder soportarlo. Se hace necesario un momento de nostalgia, como la maravillosa "Famous Blue Raincoat", recuerdos entre lágrimas sobre la melodía más melancólica posible. Un relato sobre un trío amoroso que parece sacado de su novela Beautiful Losers (1966). "Sing Another Song Boys" está llena de autismo y deseos insatisfechos. Y por último, "Joan of Arc", otro de los momentos clave del canadiense, se regodea en el sacrificio y el poder del amor. Un puntito de esperanza a pesar de su taciturna melodía. Porque al final toda esta pasión y este anhelo se consume en sus propias llamas entre la crueldad y el brillo.

Y aquí se acaba. Sin aspavientos, tras ocho temas sofocantes e intensos. Cohen vuelve a hacerlo de nuevo. Una vez más se muestra infalible a la hora de describir el alma humana. Desde el lado más oscuro posible esta vez. Una aproximación que apela a nuestra empatía y a nuestros terrores más inconfesables. Como decir que te encanta este disco, que te ha salvado la vida varias veces. Pocos serían capaces de admitirlo. No, Songs of Love and Hate nunca será algo de lo que estar orgulloso. Pero qué falta nos hace.
 
★★★★
 
A1 Avalanche 4:59 
A2 Last Year's Man 5:58 
A3 Dress Rehearsal Rag 6:02
A4 Diamonds in the Mine 4:00
B1 Love Calls You by Your Name 5:37
B2 Famous Blue Raincoat 5:06 
B3 Sing Another Song, Boys 6:09
B4 Joan of Arc 6:22
Total: 44:13

Aprovecharemos la ocasión. A Leonard Cohen no hay comparación, ni literaria ni de ningún tipo, que pueda venirle grande. Será que ya era un escritor reputado cuando decidió colgarse la guitarra o será que lo suyo con el arte siempre ha sido una cosa muy seria, pero con su obra, y este disco en particular, se agolpan las referencias a cual más leída y a cual más profunda.

 

Schopenhauer y su pesimismo laten con fuerza en los versos del poeta canadiense. Y más que nunca en este tercer disco, pero no quisiera dejar pasar la oportunidad de relacionarlo con ese fastuoso y abisal Carl Theodor Dreyer, cineasta danés de un compromiso y una visión personales e irrenunciables. Concretamente, supongo que lo adivinarán, me fijo en esa obsesión que es La pasión de Juana de Arco, cinta de 1928 en la que Dreyer nos fulmina a través de la interpretación sobrenatural de una Maria Falconetti hecha icono para siempre a través de la mirada del danés.

Unos planos cortos que retratan el alma humana y que no se me quitan de la mente cuando suena este disco. Por supuesto que por esa "Joan of Arc" que habla por sí misma, pero también por "Avalanche", "Love Calls You by Your Name" y demás piras funerarias en las que purgar los pecados, los anhelos y las derrotas más amargas.

DISCOS RELACIONADOS

 

El otro lado de las islas griegas

Songs from a Room (Leonard Cohen, 1969)
 

 
CANCIÓN ESPARTANA. Para su segunda colección de canciones Cohen se camufla en una parquedad aún más extrema y las desnuda de arreglos para dejarlas en el hueso pelado del nailon y la laringe. Grabado en Nashville con la ayuda de un puñadito de músicos locales de sensación, el disco siempre estará asociado a sus dos fuentes de inspiración: la estancia del canadiense en la isla griega de Hydra y su musa del momento, la noruega Marianne Ihlen. Sí, la de "So Long Marianne".

Marianne incluso aparece en la contraportada de un álbum producido por Bob Johnston, elección basada en las "críticas" que el poeta había recibido respecto al sonido de su primer disco. Demasiado lujoso y arreglado, decían algunas luminarias del folk, ahogaba las melodías y tapaba las palabras. Paparruchas o no, Cohen se arrojó de cabeza a lo espartano desde el primer momento con esta continuación y logró unos resultados rutilantes a partir de tan pobre materia prima.

Aquí volvemos a encontrar piezas de toque fundamentales en el canon coheniano. De entre ellas destacaría, aunque no son las únicas, la apertura, con una "Bird on the Wire" que a partir de aquí siempre abriría sus conciertos. Se trata de una canción mítica por derecho de la que se ha dicho de todo. Kris Kristofferson, por ejemplo, quiere los primeros versos en su lápida. Una canción eterna, como ese "The Partisan" que retoma directamente de la segunda guerra mundial y adapta para darle su forma definitiva. O como esa desarmante "Seems So Long Ago, Nancy", elegía por una amiga demasiado libre y demasiado triste. Triste como la brecha que narra una "You Know Who I Am" que me gustaría pensar inspirada en Marianne. Una canción que es todo abandono y todo hermosura.

El difícil segundo disco se salda con éxito absoluto por parte de un Cohen al que no se le veía ni el techo ni el fondo. Un Cohen que da un golpe en la mesa y demuestra que los arreglos no enmascaran su talento. Demuestra que sabe cómo escribir canciones que perduren en la memoria colectiva de varias generaciones. Ya lo había dejado bastante claro con su estreno unos meses antes, pero aquí fulmina cualquier duda malintencionada, si es que puede haber gente de tan baja estofa. El canadiense, ese pájaro en el alambre, siempre ha intentado a su manera ser libre. Y siempre lo ha conseguido. Sobradamente.

★★★★

A1 Bird on the Wire 3:26 
A2 Story of Isaac 3:35
A3 A Bunch of Lonesome Heroes 3:12
A4 The Partisan 3:26 
A5 Seems So Long Ago, Nancy 3:39 
B1 The Old Revolution 4:46
B2 The Butcher 3:17
B3 You Know Who I Am 3:28 
B4 Lady Midnight 2:56
B5 Tonight Will Be Fine 3:47
Total: 35:32

Este disco siempre irá unido a la desnudez y la hermosa parquedad de la isla de Hydra, en Grecia. Sus casitas blancas, su placidez al margen del caos de la vida moderna, en definitiva, una beatitud cándida en medio del caos que nos rige. 

Un ambiente y una forma de vida que se coló de alguna forma en el disco más minimalista y sentido del poeta canadiense. Por supuesto, el aire que se respiraba en la isla en los 60 y 70, el cual no tiene nada que ver con la gentrificación que no deja títere con cabeza en nuestros días.

DISCOS RELACIONADOS


 

Cuando no queda nada

Il n'y a plus rien (Léo Ferré, 1973)

 

CHANSON INCENDIAIRE. El vigésimo sexto disco de Léo Ferré es una nueva cumbre. Quizás la más alta de su discografía, lo que no es decir poco. Un álbum que, tras el paréntesis de una recreación increíble de su clásico La chanson du mal aimé (1972) y dos discos en italiano, recoge el testigo de La solitude (1971) para ahondar en la desesperanza hasta el nihilismo. Porque si en el disco del 71 la esperanza de crear un mundo nuevo a través de la unión se empezaba a agotar, aquí solo queda un cráter vacío y apagado por completo.

Un desencanto extremo que no evita que Ferré, con 57 años por entonces, se emplee a fondo para seguir encontrando nuevas vetas para su arte. Aquí no hay rock, como en Amour anarchie (1970), pero sigue habiendo desgarro y electricidad en unas palabras que se derraman de su garganta como ríos, irrefrenables y salvajes como nunca. De los seis temas, solo dos bajan de los cinco minutos, y los dieciséis del cierre conforman un recitado semiautomático espeluznante en el que importa tanto lo que pasa en la superficie—las palabras en la forma de un manifiesto furioso, visionario— como lo que bulle debajo: una música coleante, hermosa y evocadora, en las antípodas de la dureza monocorde de ejercicios similares, como esa también brutal "Psaume 151" de 1970. Desde luego, si no es su mejor canción, seguro que está en el pódium.

Una canción que contiene todo lo excesivo y desatado que ha habitado en Ferré desde siempre. Sí, también soy consciente de su tendencia a tomarse a sí mismo demasiado en serio, de que puede sonar demasiado dogmático y sermonear más allá de sus posibilidades. No voy a decir que eso sea algo bueno ni necesario. Es cierto también que aquí suaviza todo ese gigantismo ególatra en unos versos en los que se sigue sabiendo poeta, pero en los que también deja claro que no espera nada de ninguna revolución. Además, se incluye en el desastre de ese mundo que soñó, pero que es consciente de que nunca se hará realidad. 

Todo esto construye un disco especialmente difícil y escarpado dentro de una discografía llena de ellos. Un disco que se erige en el epítome de un artista demasiado adusto y demasiado autoinvestido de inmortalidad. Sin embargo, debemos tener claro que nada de esto es forzado y, sobre todo, que ninguna de estas opiniones podrían importarle lo más mínimo. Que no se nos olvide eso.

★★★★★

A1 Préface 3:20
A2 Ne chantez pas la mort 7:34
A3 Night and Day 6:40
A4 Richard 5:08
B1 L'oppression 4:18
B2 Il n'y a plus rien 15:55

Total: 42:55