lunes, 10 de agosto de 2026

Tres "rusos" para Beethoven

 
Título: Concierto para violín, violonchelo y piano en do mayor, Op. 56; "Triple concierto"
Título original: Concerto für das Pianoforte, Violine, Violoncello und Orchester, Op. 56; „Tripelkonzert“
Autor: Ludwig van Beethoven
Año de composición: 1804
 Género: Concierto para cuerda

Grabaciones de referencia:

  • Beethoven Triple Concerto (The Berlin Philharmonic Orchestra / Herbert von Karajan / David Oistrakh / Mstislav Rostropovich / Sviatoslav Richter, 1969) ★★★★☆


Con este concierto para piano, violín, violonchelo y orquesta, Beethoven estaba hollando terreno casi virgen. Pocos —en realidad no sé si hubo alguno— se habían aventurado a escribir un concierto para esta combinación de instrumentos junto a la orquesta. Una osadía casi vanguardista que el genio de Bonn resolvió con unas formas tan clásicas que podríamos llamar conservadoras sin despeinarnos. 

Algo que se convierte en virtud, aunque con matices. Por un lado, el hecho de elegir estas formas continuistas y casi vintage, incluso para su época, demuestra hasta qué punto Beethoven dominaba el lenguaje y la historia de la música. Como cuando Picasso pintaba esos prodigiosos cuadros naturalistas al más puro estilo de su ídolo Velázquez para dejar después ese estilo en pos de la abstracción y la simpleza extrema. Algo que, aunque exagerado, puedo ver aplicado al compositor alemán, que trabajaba o ya había terminado por esta época obras tan rompedoras y definitivas como la "Heroica", algunas de sus sonatas para piano más innovadoras, como las "Waldstein" o "Appassionata" o algunos de sus cuartetos de cuerda más impactantes.

Por otro, no podemos negar que el contraste entre las formas nuevas y futuristas que estaba planteando el compositor y una pieza como esta, que parece mirar de manera clara al siglo XVIII, a los conciertos de Haydn y Mozart. Algo que no supone un atraso en la evolución de Beethoven, ni mucho menos, pero que hace que el oyente pueda mirar la obra con una cierta, e injusta, condescendencia.

Injusta porque, como podemos comprobar en la grabación que he usado como referencia, la belleza y el alcance de esta composición están fuera de toda duda. Me refiero a la grabación que realizaron Mstislav Rostropovich al chelo, David Oistrakh al violín y Sviatoslav Richter al piano, bajo la dirección de Herbert von Karajan. Una grabación de 1969 que fue criticada por varios motivos.

Para empezar, a Karajan, una vez más, se le achaca que embelleció la composición en demasía, limándole unas asperezas presentes en la partitura, según muchos musicólogos. Richter, por su parte, siempre ha sido muy crítico con una grabación en la que el director austriaco impuso su voluntad en todo momento, eliminando cualquier margen de maniobra por parte de los instrumentistas. Una actitud dictatorial que podemos creernos a tenor de las formas de Karajan, pero que también podemos poner en duda ante la personalidad indiscutible de los tres maestros.

En cualquier caso, y ante tales críticas, se precisa una escucha desprejuiciada y atenta, y después de realizarla, no puedo sino certificar que se hace imposible no sentir que estamos ante un momento histórico irrepetible. La calidad del trío soviético ya es un seguro a todo riesgo. Algo que echa por tierra cualquier intento de fiscalización. La obra es intensa y hermosísima, pero es que la grabación, alterándola o no, es una barbaridad. Un auténtico hito en esto de la música grabada. Sí, señoras y señores, dejémonos de tonterías y disfrutemos de un momento único. 

 

1. Allegro
2. Largo
3. Rondo alla polacca 

Cine negro

Foreign Affairs (Tom Waits, 1977)

CINE NEGRO. El cuarto disco de estudio de Tom Waits es un asunto espinoso. Hay tantos aficionados diciendo que sufre por estar emparedado entre dos obras de la talla de Small Change (1976) y Blue Valentine (1978) como los que afirman que el álbum es malo sin excusa que valga. En mi caso, siempre me he alineado con los segundos... Hasta mis últimas escuchas, las cuales me dejan en esa tierra de nadie en la que es necesario hacer la media entre los extremos.

Y estoy seguro de que me voy a acabar quedando en esa interzona. Porque es tan cierto que el nivel aquí baja un escalón como que Foreign Affairs sufre de un linchamiento que no merece en absoluto. Eso es lo que me dice su portada de cine negro, sus arreglos sencillos que huyen de las orquestaciones del anterior y, en definitiva, su sonido mate. Una atmósfera que, como le dijo el productor Bones Howe al escuchar las maquetas, era de película en blanco y negro.

Todo eso son detalles que suman, pero a la vez restan en una obra diferente del de Pomona. Un trabajo en el que consigue acercarse más que nunca al más puro jazz vocal, pero que no podemos colocar junto a las grandes obras de Sinatra, Armstrong, Simone o Holiday. Esa es la pena para un disco en el que las melodías están apenas esbozadas, como a medio terminar, y los recitados se pueden hacer tan pesados como en una "Potter's Field" que puede hacerte perder la fe en el cantautor.

Menos mal que al final consigue salvar el desaguisado con canciones más memorables, como "Muriel", "A Sight for Sore Eyes" —en la que juega con el "Auld Lang Syne" y la melodía navideña de "The First Noel"—, "Burma Shave" o "Foreign Affair". Canciones que, aun lejos de los hitos de sus discos anteriores, nos traen a un compositor que puede estar algo perdido en este periodo de su vida, pero que no ha perdido ni el filo ni el instinto a la hora de cazar esas canciones, de pensar como la canción e impersonarse en ella. Una técnica que mejoraría horrores desde aquí, pero siempre ha estado presente en su proceso creativo. Incluso en este álbum de enganche, nada impresionante, pero tampoco tan malo como algunos te quieren hacer creer.

★★★☆☆

A1 Cinny's Waltz 2:17
A2 Muriel 3:33
A3 I Never Talk to Strangers 3:38 feat. Bette Midler
A4 Medley: Jack & Neal / California, Here I Come 5:01
A5 A Sight for Sore Eyes 4:40
B1 Potter's Field 8:40
B2 Burma-Shave 6:34
B3 Barber Shop 3:54
B4 Foreign Affair 3:46

Total: 42:03

El disco suena y se presenta deliberadamente como la banda sonora de cualquier película de cine negro o de alguna novela del estilo. Tomemos, por ejemplo, Perdición (Billy Wilder, 1944), aunque valdría casi cualquier otra del período clásico de Hollywood.

 

La película narra la historia de Walter Neff, un agente de seguros que es seducido por la malvada Phyllis Dietrichson para asesinar a su esposo y cobrar un jugoso seguro de accidente doble, desencadenando una espiral de traición, culpa y persecución implacable.

Creo que el argumento por sí mismo explica la relación directa entre este álbum y todo un género literario y cinematográfico. Pocos artistas tan peliculeros como Tom Waits, eso es seguro.

Mutaciones permanentes

Small Change (Tom Waits, 1976)

 

CANCIÓN JAZZ. Este es el verdadero gran salto adelante de Tom Waits. El pequeño cambio que anuncia en su título resulta ser demasiado humilde para lo que contiene el cuarto álbum del de Pomona. Y no hay que ser muy avispado para percibirlo. Basta con sentir la devastación que provoca su primera canción, una "Tom Traubert's Blues..." que para mí es la mejor que nunca haya escrito el cantautor dislocado. Y no está sola. Ahí tenemos criaturas que comparten su precioso pelaje, como "Jitterbug Boy...", "I Wish I Was in New Orleans", "The Piano Has Been Drinking", "Invitation to the Blues", "Bad Liver and a Broken Heart" o "I Can't Wait to Get Off Work...".

Reconozco sin tapujos que esas son las que me conquistan y me dejan tiritando. Lo que no me impide admitir que lo realmente novedoso, lo que, con los años, iba a convertir a nuestro amigo en el genio inclasificable que es y siempre será, son precisamente las otras que no menciono. Los recitados sobre una base de jazz más o menos clara, sobre un simple contrabajo o sobre una percusión galopante. "Step Right Up", "The One That Got Away" o "Small Change...". "Pasties and a G-String" sería otra, pero esa simplemente no la soporto. Uno tiene sus límites, supongo.

Y aun así, no puedo negar que el tema tiene su puntito divertido. Circunstancia que no hace sino dar fe de lo bueno que es un disco absolutamente magistral. Un trabajo en el que Waits da cuenta de la melancolía como alguien que la está viviendo 24/7. Con una interpretación perruna y rugosa como la lija, aún lejos de la corrosión de Swordfishtrombones (1983), pero casi en el umbral de ese festival de lata y óxido. Más que cantar, Tom vomita y se desangra sobre el piano, ofreciéndonos sus entrañas sin ningún tipo de asepsia ni adornos superfluos.

Ninguno más allá de unos arreglos orquestales absolutamente espectaculares, obra de Ed Lustgarten. Unas cuerdas que llevan la música de Tom Waits a otro nivel, siendo las mayores responsables de que estemos ante uno de los pináculos de su carrera. Cúspide que lograría extender su influjo durante cuatro álbumes más, de manera desigual, hasta cambiar de tercio con un Swordfishtrombones que, esta vez sí, cambiaría al maestro para siempre. Otra historia, desde luego, que queda lejos y de la que aquí solo percibimos algún eco deformado. Lo que manda en esta obra maestra por derecho propio es el abatimiento terminal y el noble arte de lamerse las heridas. Cosas que, admitámoslo de una vez, siempre nos van a remover y con las que nos vamos a identificar sí o sí. La más imperfecta de las obras maestras. En una palabra: arrebatador.

★★★★★

A1 Tom Traubert's Blues (Four Sheets to the Wind in Copenhagen) 6:40
A2 Step Right Up 5:39
A3 Jitterbug Boy (Sharing a Curbstone With Chuck E. Weiss, Robert Marchese, Paul Body and the Mug and Artie) 3:41
A4 I Wish I Was in New Orleans (In the Ninth Ward) 4:50
A5 The Piano Has Been Drinking (Not Me) (An Evening With Pete King) 3:37
B1 Invitation to the Blues 5:20
B2 Pasties and a G-String (At the Two O'Clock Club) 2:32 🕱
B3 Bad Liver and a Broken Heart (In Lowell) 4:46
B4 The One That Got Away 4:00
B5 Small Change (Got Rained on With His Own .38) 5:03
B6 I Can't Wait to Get Off Work (And See My Baby on Montgomery Avenue) 3:20

Total length: 49:28

viernes, 7 de agosto de 2026

Noctámbulos

Nighthawks at the Diner (Tom Waits, 1975) [DIRECTO]
 

JAZZ CLUB. Este excelente directo supera toda idea preconcebida sobre este subgénero. Sí, he dicho "directo", a pesar de que, para muchos, esto no sea más que un disco grabado en el estudio con público. Y es que yo lo veo clarísimo: si colocas mesas en el estudio para que parezca un club de jazz, invitas a gente para que presencie la grabación —y grabas sus reacciones— y registras en directo la actuación de Tom Waits y la banda sin apenas sobregrabaciones... Lo siento, amiguitos, pero esto es un disco en directo, y el mejor de ese tipo que el de Pomona haya grabado nunca. Ya saben, blanco y en botella...

No solo es un directo por los mimbres del propio producto. Es que es ponerlo y sumergirte en el ambiente de un club de jazz lleno de humo y vapores etílicos. Y aunque tanto recitado arrastrado podría resultar pesado, vence la actitud, la dicción dejada y cercana, la sensación de viveza, la celebración y el relax en un disco que te transporta, pero que tiene un problema: no se puede dejar de fondo. En ese caso se puede hacer infumable. Te exige una atención absoluta. Es la única forma de apreciar el humor retorcido del genio, ese masticar de palabras sobre contrabajo y piano, o esa batería que se esconde y aparece como un fantasma nocturno. 

Como he señalado arriba, estamos ante una grabación gloriosa y no delante de un disco en directo al uso. Por muchos motivos. En realidad, no es un álbum al uso: está grabado en vivo, sí, pero las canciones son nuevas, no la típica sucesión de éxitos; cambia la energía por el humo de garito y la mística nocturna de un puñado de acólitos que, más que atender al espectáculo del Santo Bebedor, lo acompañan en un trance inspirado, volátil, improvisado y genial. Casi diría que más que un disco es una experiencia inmersiva. Razones de peso que, unidas a la valentía que supone sacar un producto así, hacen que estemos ante el primer punto y aparte en una discografía incomparable.

★★★★☆

A1 (Opening Intro) 2:59
A2 Emotional Weather Report 3:43
A3 (Intro) 2:18
A4 On a Foggy Night 3:49
A5 (Intro) 1:55
A6 Eggs and Sausage (In a Cadillac With Susan Michelson) 4:13
B1 (Intro) 3:22
B2 Better Off Without a Wife 3:53
B3 Nighthawk Postcards (From Easy Street) 11:27

C1 (Intro) 0:55
C2 Warm Beer and Cold Women 5:21
C3 (Intro) 0:48
C4 Putnam County 7:34
C5 Spare Parts I (A Nocturnal Emission) 6:23
D1 Nobody 2:49
D2 (Intro) 0:41
D3 Big Joe and Phantom 309 6:30
D4 Spare Parts II and Closing 5:14

Total length: 73:54 

Noctámbulos (Edward Hopper, 1942) es la referencia obligada cuando hablamos de este disco. Y eso que lo que suena tiene poco que ver con una hipotética banda sonora de dicho cuadro. Hay demasiado bullicio, demasiada interacción entre el cantante y un público que, según la pintura, no debería ni estar ahí.

 

Y sin embargo, no solo el título del álbum nos remite directos al cuadro. La atmósfera que nos pinta, aun con su algarabía, nos habla de nocturnidad, complicidad y alevosía. De esa hora del lobo que precede al alba en la que no podemos encontrar nada bueno en las calles. A ese sentimiento de nostalgia masticable y soledad infinita capaz de acabar con cualquiera.

En definitiva, como el cuadro. No tanto como querríamos, lo admito, pero sí lo suficiente como para que no lo pase por alto.

jueves, 6 de agosto de 2026

Náufragos del asfalto

The Heart of Saturday Night (Tom Waits, 1974)
 

PIANO BAR. Closing Time (1973) mostraba la soledad del bebedor de una manera casi nostálgica. El naufragio de un alma que aletea entre la ternura y lo insoportable de tener que entenderse con lo que pasa dentro de tu propia cabeza. Esta continuación, sin embargo, empieza con la euforia contenida del que parte en su singladura a través de la noche. Con todas las esperanzas y anhelos intactos, preparados para ser compartidos con tu caterva de perdedores favorita. Pero eso no es más que el principio. Las cosas se van torciendo y el rumbo se va perdiendo conforme avanza el álbum para dirigirse sin remedio al mismo punto en el que empezábamos en el anterior —"The Ghosts of Saturday Night (After Hours at Napoleone's Pizza House)". Aun así, en The Heart of Saturday Night, el bar todavía está abierto. Aún podemos oler la camaradería y el calor humano.

Siguiendo con la comparación, necesaria si tratamos a estos dos primeros discos como el díptico que muchos percibimos, diría que es en esos aspectos en los que el segundo da un paso adelante, en el hecho de contarnos una noche de farra sin tapujos, pero con un cariño infinito hacia los personajes que la componen. Como si de una Odisea en miniatura se tratara, Waits emprende un pequeño regreso a su Ítaca personal, que el cantautor sitúa en un Napoleone's Pizza House que conocía bien de su etapa como friegaplatos.

Todo esto no significa que este segundo disco sea superior al primero. Closing Time gana claramente en la cercanía que transmiten unas canciones, menos marinadas en jazz que las de su hermano pequeño, y más abiertas al folk, al blues y hasta al soul. Por eso, aunque The Heart of Saturday Night sea más maduro y cuente con un hilo narrativo mejor hilvanado, Closing Time se nos muestra más redondo y compacto. Eso convierte a este último en un álbum más querido entre los aficionados, aunque para muchos, y me incluyo, la diferencia no esté tan clara y nos cueste horrores decantarnos por uno u otro. Lo que solo quiere decir que los dos son muy buenos y que Waits empezó, cómo no, por la puerta grande.

★★★★☆

A1 New Coat of Paint 03:23
A2 San Diego Serenade 3:30
A3 Semi Suite 3:29
A4 Shiver Me Timbers 4:26
A5 Diamonds on My Windshield 3:12
A6 (Looking For) The Heart of Saturday Night 3:53
B1 Fumblin' With the Blues 3:02
B2 Please Call Me, Baby 4:25
B3 Depot, Depot 3:46
B4 Drunk on the Moon 5:06
B5 The Ghosts of Saturday Night (After Hours at Napoleone's Pizza House) 3:16

Total: 41:28 

Creo que el paralelismo que he establecido con la Odisea (Homero, 750-700 a.C.) no es baladí ni anecdótico. Es cierto que puede pesar mucho la diferencia entre la épica de un texto que apela a la grandeza del ser humano a partir de una empresa titánica y la narración de una noche de juerga a finales del siglo XX. Aparentemente, cualquier conexión entre las dos obras sonará pretenciosa y fútil.

Sin embargo, no me resisto a seguir con mi idea, por loca que parezca. Y es que, por encima de diferencias maximalistas, en el meollo de ambas obras veo una celebración de lo más doméstico dentro de la naturaleza humana. Igual que Ulises ansiaba regresar a su hogar, Waits y sus amigos sienten una necesidad imperiosa de encontrarse a sí mismos a través de la camaradería, el sentido de pertenencia y las ganas de lanzarse a algo tan sencillo y tan difícil, a veces, como es vivir. Una intención que en el caso de Ulises es más profundo y noble y en el caso de nuestros amigos se basa en el más puro hedonismo. Pero, al final, ¿qué es lo que mueve el mundo? No conozco la respuesta, pero a mí este disco me motiva y me hace feliz. Creo que es un buen punto de partida, ¿no creen? 

DISCOS RELACIONADOS

miércoles, 5 de agosto de 2026

Aferrados al sueño


Reinventando el pianoforte

 
Título: Sonatas para piano
Título original: Sonaten für das Pianoforte
Autor: Ludwig van Beethoven
Año de composición: 1795-1822
 Género: Romanticismo/Sonata

Grabaciones de referencia:

  • The Complete Piano Sonatas (Daniel Barenboim, 1998)

 

En sus 32 sonatas para piano, Beethoven exploró terreno ignoto, abriendo caminos infinitos para una nueva forma de expresión a través de un instrumento individual y protagonizando una evolución sin parangón que se desarrolló a lo largo de casi 30 años, de 1795 a 1822. Un auténtico laboratorio mágico en el que empieza hablando el lenguaje de Haydn y Mozart para acabar inventándose un idioma futurista y rompedor del que beberían las generaciones venideras.

Por eso, no es extraño que intérpretes del prestigio de Daniel Barenboim, Artur Schnabel, Wilhelm Kempff, Claudio Arrau o Alfred Brendel hayan dedicado su vida a interpretarlas y grabarlas en su totalidad. Por el enigma que supone su dificultad técnica, porque el piano se convierte en toda una orquesta en estas piezas y por la sensación que queda al apagarse la Sonata nº 32... Un regusto a final en las alturas, la certeza de que no se puede ir más allá.

Una música que rompió con todo —sobre todo las últimas sonatas— y que no se parecía a casi nada por aquel entonces. Alrededor de 9 horas de música que apabullan y atemorizan a cualquiera. De ahí que me haya centrado en seis de ellas —sin duda, seis de las más importantes y señeras—. Estas serían las sonatas nº 8, 14, 21, 23, 29 y 32. Piezas mayúsculas en las que el piano se transforma en un instrumento nuevo, en el que el pianista lo acaricia, lo golpea y lo encabrita hasta que parece luchar contra los elementos de la naturaleza en plena vorágine. 

Precisamente lo que podemos encontrar en grabaciones como la integral que hizo Daniel Barenboim en 1998. El registro que he usado de referencia y del que no me puedo despegar, tal es su autoridad y su fluidez. Una interpretación en la que el pianista parece hacerse a un lado para que disfrutemos de la partitura de la manera más transparente posible, como si no hubiera intermediarios entre Beethoven y nosotros.

Piano Sonata No. 8 in C minor - "Pathétique"

1. Grave - Allegro di molto e con brio
2. Adagio cantabile
3. Rondo. Allegro 

Piano Sonata No. 14 in C sharp minor - "Moolight Sonata"

1. Adagio sostenuto
2. Allegretto
3. Presto agitato

Piano Sonata No. 21 in C major - "Waldstein"  

1. Allegro con brio
2. Introduzione. Adagio molto
3. Rondo. Allegretto moderato - Prestissimo

Piano Sonata No. 23 in F minor - "Appassionata"

1. Allegro assai
2. Andante con moto
3. Allegro ma non troppo - Presto 

Piano Sonata No. 29 in B flat major - "Hammerklavier"

1. Allegro
2. Scherzo: Assai vivace
3. Adagio sostenuto
4. Introduzione: Largo - Fuga: Allegro risoluto  

Piano Sonata No. 32 in C minor 

1. Maestoso - Allegro con brio ed appassionato
2. Arietta: Adagio molto semplice cantabile

🔎 Y de entre todas estas piezas, debo destacar una obviedad para los más avezados en esto de la música clásica. Algo que puede que no me perdonen por manido y casi populachero, pero que para mí es simplemente uno de los mejores momentos de la historia de la música —si no el mejor. Por supuesto, se trata del Adagio sostenuto de la Sonata nº 14: "Claro de luna"

 

Un primer movimiento en el que Beethoven deja a un lado el virtuosismo y la técnica para abrazar la emoción más pura, sencilla y profunda. Con una música que es como un cuchillo que me atraviesa el alma sin esfuerzo. Una música que queda suspendida en el aire sin avanzar a ningún sitio. Simplemente flota y nos hace encontrarnos con nuestros entresijos más ocultos. 

Puede que para los entendidos construir todo este universo expresivo a partir de un motivo de cinco notas sea demasiado poco, pero para mí y alguno que otro más se convierten en una de las cosas más hermosas que se puedan escuchar. Hasta el punto de llevarme al éxtasis. Lo siento, pero eso nunca me va a parecer poca cosa.