viernes, 23 de enero de 2026

¿Cuánto vale su amnistía?

¿Dónde están mis amigos? (Extremoduro, 1993)

ROCK TRANSGRESIVO. El cuarto disco de la banda es un trabajo visceral y crudo, incluso un poco más de lo habitual, en el que podemos percibir la amplificación de esos toques progresivos y conceptuales —al menos en lo musical— que siempre han fascinado a Robe Iniesta. Casualmente o no, los cuatro primeros temas parecen enlazados como en una falsa suite, de tal forma que no acabo de darme cuenta de cuándo empieza uno y acaba el otro.

Toda esta conexión, que se repite en otros momentos a lo largo del disco, hace que este fluya de manera muy natural. Al menos, otra vez, hasta que se acerca un final en el que vuelven a perder los papeles con una euforia castúa que irradia energía y mala leche, pero que también impide el redondeo de una obra que parecía ir de cabeza al primer puesto de su discografía. Lo que no deja de indicar una progresión ascendente clara y potente a pesar de los pesares.

Al fin y al cabo, como casi siempre, esta obra no es sino el reflejo de las turbulencias que golpeaban la vida de Robe Iniesta en estos primeros 90. Recién separado de su pareja, como en una desintoxicación, deja a Extremoduro en un preocupante stand-by. Mientras tanto, se dedica a desfogar con una banda paralela sin pretensiones: Q3. Banda que se acaba convirtiendo en la base de estos nuevos Extremoduro cuando se decide a grabar las canciones que revoloteaban por su cabeza en esos años.

Mucha inestabilidad, por tanto. Demasiados vaivenes emocionales como para esperar demasiado de un disco que acabó grabándose con el cuchillo entre los dientes, como vehículo para que el de Plasencia exorcizara sus demonios. De una manera que podría haber sido más profesional, pero que aun así deja constancia del maravilloso instinto poético y musical de un artista totalmente preparado para surfear cualquier contratiempo.

★★★☆☆

1 El duende del parque 4:21
2 No me calientes que me hundo 2:55
3 Sin dios ni amo 3:58
4 Pepe Botika (¿Dónde están mis amigos?) 4:19
5 Estoy muy bien 3:30
6 Bribriblibli (En el más sucio rincón de mi negro corazón) 3:18
7 Malos pensamientos 3:15
8 Posado en un nenúfar 2:25
9 Islero, shirlero o ladrón 4:28
10 Historias prohibidas (Nos tiramos a joder) 2:29
11 Los tengo todos 2:54

Total: 37:52

jueves, 22 de enero de 2026

Las mismas ideas, la misma clase

Old Ideas
(Leonard Cohen, 2012)

CANCIÓN RESTAURADA. Puede parecer injusto, pero Leonard Cohen paga con creces la factura de la inmortalidad. Parece que tenga que demostrar algo todavía, después de cuarenta y cinco años de carrera discográfica y algunos más como escritor. De nada sirve lo logrado anteriormente. De nada que su nombre esté ya grabado para siempre en el templo de la eternidad. La desconfianza se cierne sobre cada nueva obra que publica el canadiense. Y la desconfianza suele ser vapuleada por su talento.

Old Ideas juega con un título preciso y sin ambages. Cohen no inventa nada, porque al fin y al cabo su música es un mundo en sí misma, un estilo inabarcable. Como su voz, de rango cada vez más limitado y profundidad cada vez más abisal. Un susurro envejecido y tierno, feroz y curativo, capaz de conmover con una potencia milenaria. Con ella desgrana sus versos viejos, su lírica erótica y mística. Y nos vuelve a hacer llorar y henchirnos de gozo divino ante palabras de alabanza y nostalgia, de amor y oscuridad.

Old Ideas no ofrecerá nada nuevo, pero a mí me parece lo mejor que ha publicado en lustros. Desde The Future (1992), no empezaba un disco con la convicción y la calidad del cuarteto inicial. Preciosas y oscuras, con ese toque justo de emoción que solo él sabe darles. Y hablar de ese himno eclesial que es "Come Healing" es hacerlo de una joya refulgente dentro de su canon. De una canción de belleza clásica, con las voces radiantes de su coro de ángeles empastando a la perfección con el tañido mate del maestro. El punto culminante de un disco coherente, sentido y precioso.

Leonard, ese deportista, ese pastor, ese cabrón perezoso. Un monje zen que aplica arreglos mínimos a canciones máximas. En una vuelta a los mejores tiempos de The Future y I'm Your Man (1989), pide que se le muestre el camino para volver a casa. Y mientras, nos obsequia sus mejores tesoros. Los verdores que le quedan a una juventud que él nunca tuvo. Porque siempre fue viejo. Siempre lo hemos intuido y ahora... Ahora ya lo sabemos.

★★★

1 Going Home 3:50
2 Amen 7:39
3 Show Me the Place 4:08
4 The Darkness 4:30
5 Anyhow 3:09
6 Crazy to Love You 3:08
7 Come Healing 2:53
8 Banjo 3:26
9 Lullaby 4:48
10 Different Sides 4:10
Total length: 41:41

miércoles, 21 de enero de 2026

Según Leonard Cohen...

Acordes con Leonard Cohen / According to Leonard Cohen (VV.AA., 2007) [DIRECTO]

HOMENAJE. Estamos ante un tributo extraño. Sentido, sincero, pero raro. Un homenaje a Leonard Cohen sin Leonard Cohen. Como si fuera un panegírico. Es cierto que aparecen Anjani Thomas, Perla Batalla y Adam Cohen; pareja, colaboradora e hijo del cantautor respectivamente. Algo que enaltece un espectáculo ideado por Alberto Manzano, traductor de Cohen al castellano y amigo personal del canadiense. Lo enaltece, pero no deja de ser extraño. El autor de Beautiful Losers (1966) aún estaba vivo. Sin embargo, por lo que fuera, no pudo participar en un concierto en el que se celebraba su inmenso legado. 

Ya he dejado claro que este directo no me parece muy normal. Lo que no significa que me parezca malo. Ni mucho menos. La pasión y la verdad con la que los artistas que desfilan por el Festival de Portaferrada en Sant Cugat del Vallès en el que se grabó me parecen admirables. También alabaría una mezcolanza idiomática que enriquece unas composiciones totalmente universales. Aquí se canta en inglés, pero también en castellano, catalán y euskera, haciendo al disco poco exportable más allá de nuestras fronteras, pero dándole también esa perspectiva diferente y exótica que siempre ha imbuido el trabajo de nuestro monje zen favorito.

Universalidad militante en un espectáculo que apuesta por el intimismo y los arreglos medidos y acolchados. Algo que dota de calidez al disco, pero que también, seamos crueles, puede invitar al bostezo en algunos tramos. Y es que toda esta penumbra obliga al oyente a transitar por la fina línea que separa lo hermoso de lo naíf. Un equilibrio que no siempre es fácil mantener a lo largo de un trayecto de hora y tres cuartos entre violines, guitarras flamencas, susurros y solemnidad casi terminal. 

Y es que a Leonard Cohen hay que tomárselo muy en serio, claro que sí, pero no podemos olvidar ese espacio que él siempre dejó para el humor y la ligereza. Si no sus discos podrían ser insoportables. Algo que nunca han sido gracias a una retranca negruzca que en esta noble y valiente ceremonia de sumisión han dejado totalmente de lado. Una pena por la que llorar al ritmo de todos estos acordes inflamados.

★★☆☆☆

Disco 1

1 Duquende - Mi gitana
2 Jackson Browne - A Thousand Kisses Deep
3 Jabier Muguruza - Chelsea Hotel
4 Elliott Murphy - Diamonds in the Mine
5 Juan Perro - Tú sabes quién soy
6 Javier Colis & Perla Batalla - Balada de la yegua ausente
7 Anjani - Thanks for the Dance
8 Toti Soler - Susanna
9 Constantino Romero - Títulos
10 Adam Cohen - Bird on the Wire
 

Disco 2

1 Adam Cohen - Pequeño vals vienés
2 Perla Batalla - Suzanne
3 Christina Rosenvinge - Impermeable azul
4 Jabier Muguruza - So Long, Marianne
5 Gerard Quintana - Al.leluia
6 Anjani - Half the Perfect World
7 Luis Eduardo Aute - El futuro
8 Constantino Romero - Cualquier sistema
9 Javier Colis & Javier Mas - El carnicero
10 Constantino Romero - Oración por el Mesías
11 Perla Batalla - Baila conmigo (hasta el fin del amor)

Total: 106 min.

Si nos fijamos en el título de este espectáculo/concierto/disco tributo, concluiremos que tiene más miga de lo que parece. Cualquiera que sepa cuatro palabras de inglés percibirá que no se trata de una traducción del inglés al castellano o viceversa. Es una adaptación, un acuerdo de mínimos que se fija más en la sonoridad que en el significado.

 

Algo que puede parecer casual, pero que enlaza a la perfección con las adaptaciones de las letras del maestro a los idiomas ibéricos que se ejecuta aquí. Algo que no me extrañaría que hubiera salido del puño y letra de Alberto Manzano, traductor de la obra de Cohen al castellano y auténtico impulsor y director artístico de este proyecto.

Lo único cierto es que en la mayoría de los casos, las canciones en castellano, euskera y catalán dejan un poco de lado la fidelidad a lo que dicen los originales para centrarse en la sonoridad de las palabras a la vez que construyen una atmósfera que se corresponde lo mejor posible con el sentido y el corazón de las letras del poeta canadiense. No lo llamaría pretenciosidad, aunque no niego que me dan ganas por momentos.

La Biblia Negra

Paranoid (Black Sabbath, 1970)

HEAVY BLUES DE CATACUMBAElectricidad mórbida, tierra de cripta, veneno rítmico y toda la parafernalia mortuoria al servicio de un heavy blues que nunca ha sonado tan vicioso, sanguinario o letal. Por mucho que sus acólitos lo hayan intentado todo, desde subir el volumen hasta lo insoportable, exagerar lo demoníaco hasta lo ridículo o aplicar una guturalidad de orco que más de una vez ha acabado dando más risa que otra cosa.

Lo cierto es que nadie ha podido nunca igualar este segundo capítulo de la Biblia Negra que ha alimentado las pesadillas y ha moldeado los mandamientos fundamentales de lo que iba a ser el heavy metal. En cualquiera de sus sucias mutaciones, aunque especialmente en los géneros más oscuros y siniestros, ninguno de los grandes popes del género que reventaría en los 80 puede ni quiere escapar al influjo malsano de Black Sabbath en general ni de este disco muy en particular.

El secreto de su grandeza es fácil de apreciar y difícil de describir. Está en el sonido entre vidrioso y agonizante. Un sonido especial y único que debe tanto a la afinación especial de la guitarra de Tony Iommi como a la base rítmica con la demoledora presencia de ese pulpo llamado Bill Ward a los tambores y esa vibración tan personal y tan increíble de Geezer Butler al bajo. Es esto una de las cosas que más me han llamado la atención siempre, ese groove gomoso y bulboso que me traslada al pantano y a la cripta.

Mención aparte merece la voz, un Ozzy Osbourne que nunca estará entre las voces más impresionantes del rock ni nada de eso, pero que con su personalidad y su estilo ha marcado absolutamente a todos después de él. Su graznido de corto alcance puede que no impresione a nadie de primeras, pero no se puede negar que acaba hipnotizando como nadie. Eso y su manía tontorrona de cantar siguiendo la línea de bajo o de guitarra sin salirse. Un recurso tan simplón, tan poco imaginativo que no sé si se le había ocurrido antes a alguien, pero que Ozzy acaba convirtiendo en arte mayor.

Todos estos detalles unidos al oportunismo de llegar en el momento justo hicieron su trabajo para encumbrar a Paranoid a la categoría de clásico indiscutible, de disco transversal que todo aficionado a la música en cualquier género debería conocer. Luego existe la posibilidad de que se convierta en obra de cabecera y fundes bandas como Venom, Slayer o Motörhead. Que se dice pronto. 


 

A1 War Pigs
A2 Paranoid
A3 Planet Caravan
A4 Iron Man
B1 Electric Funeral
B2 Hand of Doom
B3 Rat Salad
B4 Fairies Wear Boots

Total: 42 min. 

Proclama mi alma la grandeza del Señor

 
Título: Magnificat, BWV 243

 Título original: „Magnificat“

Autor: Johann Sebastian Bach

Año de composición: 1723

Género: Barroco/Coral
 

Grabaciones de referencia:

  • Magnificat, BWV 243 (Philippe Herreweghe/La Chapelle Royale/Collegium Vocale Gent, 1997)
  • Magnificat in E flat; Missa in F (John Eliot Gardiner/The Monteverdi Choir/English Baroque Soloists, 2017)
 
 
Compuesto en 1723 y estrenado en Leipzig durante las vísperas de Navidad de ese año, esta obra coral pone música al canto de alabanza a María del Evangelio de San Lucas. Lo más curioso de esta composición es la variación que sufrió cuando el propio Bach la revisó diez años después, pasando de su versión original en mi bemol mayor a la definitiva en re mayor. Podemos encontrar grabaciones de ambas en la actualidad, aunque la más interpretada y conocida es la segunda, que se puede considerar la canónica.
 
En ambos casos, la importancia de esta música radica en el hecho de ser la primera gran obra coral latina que el compositor escribe en Leipzig con su recién estrenado cargo de Thomaskantor en la Iglesia de Santo Tomás. Se trata de una magnífica carta de presentación a su nuevo entorno con la que Bach parece querer demostrar que sabía crear música sacra a un nivel espectacular. Algo que hace con una obra solemne y moderna en grado sumo para la época que la vio nacer. Solemne pero radiante y extrovertida, en las antípodas de la gravedad del Bach más introspectivo.
 
Es esta luminosidad fulgurante la que consigue vencer mi resistencia. Sobre todo en la versión definitiva, en re mayor, con toda su trompetería y sin la interpolación de unos movimientos navideños que en la versión en mi bemol mayor anclaban la obra a un momento litúrgico concreto. Al eliminarlos parece que Bach encontró una universalidad que ha acabado elevando el Magnificat aún más. Detalles que hacen que pueda disfrutar de algo que me suele costar sobremanera como es la música coral, sobre todo la del período barroco y anteriores. Una pista más que da fe de la grandeza de unas partituras capaces de derribar cualquier muralla. Bach en estado puro, señoras y señores. Bach proclamando la grandeza del Señor.
 
 
1. Chorus: Magnificat
2. Aria: Et exsultavit spiritus meus
3. Aria: Quia respexit humilitatem
4. Chorus: Omnes generationes
5. Aria: Quia fecit mihi magna
6. Aria: Et misericordia
7. Chorus: Fecit potentiam
8. Aria: Deposuit potentes
9. Aria: Esurientes implevit bonis
10. Aria: Suscepit Israel
11. Chorus: Sicut locutus est
12. Chorus: Gloria Patri  
 

martes, 20 de enero de 2026

Tirando de fe

Dear Heather (Leonard Cohen, 2004)

CANCIÓN EXHAUSTA. Los discos de Leonard Cohen a estas alturas huelen a despedida, y este más que ninguno. Consciente de que puede ser el último (esperemos que no) procura despedirse con dignidad. Y lo hace sin miedo a tomar versos ajenos (Lord Byron, Frank Scott), colaborando con Sharon Robinson o Anjani Thomas, o inspirándose en una canción tradicional quebequesa ("The Faith") o un clásico estadounidense ("Tennessee Waltz"). 

Esta generosidad y modestia, casi paso atrás, la redondea dedicando varios temas a amigos y reduciendo su presencia vocal. En algunos temas solo hace coros o recita, dejando el peso en las melodiosas voces de Thomas o Robinson. Desde luego, si es una despedida, lo es con la cabeza alta, con la aceptación de lo efímero de la existencia y con el optimismo del que lo ha vivido todo y aún ve esperanza en nuestro tiempo. 

Y si es una despedida, no puedo decir que sea la que sus seguidores deseábamos. Un disco casi terminal en el que nos muestra ese yin y ese yang, optimismo y negrura, de una manera tan hermosa como anémica. Tan delicada como inane. Porque puede que este álbum sea más equilibrado que el anterior, pero le faltan los hitos de rigor. Puede que esté más enfocado, pero sugiere mucho y enseña poco. Fuerzas que entrechocan con calma en una pelea silente que parece importarle solo a un cantautor que ha abandonado el personaje para siempre. Bien por él, pero lo que es a nosotros... todo esto nos hace mucha menos gracia.

★★☆☆☆

1 Go No More A-Roving 3:40
2 Because Of 3:00
3 The Letters 4:44
4 Undertow 4:20
5 Morning Glory 3:28
6 On That Day 2:04
7 Villanelle for Our Time 5:55
8 There for You 4:36
9 Dear Heather 3:41
10 Nightingale 2:27
11 To a Teacher 2:32
12 The Faith 4:17
13 Tennessee Waltz (Live) 4:05

Total: 48:49

No este un disco en el que los opuestos se entrechoquen con brutalidad ni nada de eso. Es un trabajo pausado, reflexivo y que fluye con la serenidad de un arroyo de montaña.

 

Sin embargo, hay algo en él, en su portada entre lo zen y lo oriental, en el blanco y negro de la cabellera de la chica... Y no nos engañemos, en todo lo que sabemos que ha vivido el maestro, con su ordenación como monje y su reciente vida de reclusión, que me lleva directo al yin y el yang que mencionaba en la reseña.

Más por aspectos formales que de fondo, más por toques tangenciales que nucleares, pero para mí es inevitable relacionarlo con el símbolo supremo del Taoísmo.

domingo, 18 de enero de 2026

A mil besos de profundidad

Ten New Songs (Leonard Cohen, 2001)

CANCIÓN DESOLADA. Nueve años es una eternidad en esto de la música. Eso es lo que media entre este disco y el anterior, The Future (1992), algo que para el ritmo creativo de Leonard Cohen no deja de ser un suspiro. Un suspiro en el que tuvo tiempo de retirarse a un templo budista. Más que una huida del mundo, una escapada espiritual para encontrarse a sí mismo. En el monasterio fue ordenado monje zen y pasó a llevar una vida sin comodidades en la que tenía que cocinar o limpiar retretes, olvidándose prácticamente de la música. No de la escritura, eso es importante señalarlo.

Aparte de eso, en ese "suspiro" de casi diez años también sufrió la traición de su representante, Kelly Lynch, la cual vació sus cuentas dejándolo en la ruina. Un golpe tremendo en términos económicos, pero también a nivel personal, por la humillación que supuso y por la obligación que le imponía de volver al mundo si quería sobrevivir. De todos estos escombros surge esta obra, un objeto que nace de la necesidad física más que del deseo de expresar. Aun así, Cohen se emplea a fondo en tratar de ofrecer un álbum que refleje su momento personal. Un disco que, al contrario que el anterior, deja de lado la beligerancia para albergar todo su cansancio existencial, su decepción y la más invencible de las derrotas.

Un trabajo tremendamente irregular a pesar de su tono más que uniforme. Como Various Positions (1984), cuenta con tres temas para enmarcar —"In My Secret Life", "A Thousand Kisses Deep" y "Here It Is". Pero mientras que el álbum mencionado presentaba una secuenciación que apuntalaba su estructura y tenía un par de secundarios aguerridos, aquí eso no se cumple. Sin ser malas, las demás canciones presentan una irrelevancia que no puede espolear su belleza. Son bonitas, pero no creo que nadie se acuerde de ellas apenas unas semanas después de dejar de escucharlas.

Ahí está el problema. El disco es correctísimo, pero no debemos olvidar que no es que Cohen estuviera nueve años trabajándolo. Solo pensó en que debía ponerse a ello tras descubrir el desastre financiero en el que le habían sumido. Por eso, podemos decir que no fue hasta el 99 o el 2000 cuando empezó a fraguar Ten New Songs. Además, no lo hizo solo, sino que contó con la colaboración de Sharon Robinson, tanto en labores escriturales como en la producción. Está claro, viendo el resultado, que se hizo lo que se pudo, aunque, como podemos comprobar, Cohen y las prisas nunca se han llevado bien. Máxime si el cantautor se había esforzado durante tanto tiempo en olvidarse de ser Leonard Cohen. Oyendo esto, me parece a mí que necesitaba más tiempo para volver a vestir ese traje. 

★★☆☆☆

1 In My Secret Life 4:57
2 A Thousand Kisses Deep 6:31
3 That Don't Make It Junk 4:30
4 Here It Is 4:20
5 Love Itself 5:28
6 By the Rivers Dark 5:22
7 Alexandra Leaving 5:27
8 You Have Loved Enough 5:43
9 Boogie Street 6:06
10 The Land of Plenty 4:36

Total: 53:00