La Banda Trapera del Río (La Banda Trapera del Río, 1979)
ROCK DE ALCANTARILLA.
"O sembrar mi flor en tu rodillo, o derretir el azogue en el espejo, ¡O esto! ¡O esto!
O levantar la enagua a la luna, o tactar con la piel del gato, ¡O esto! ¡O esto!
O encenderme en las farolas, o apagarme en la moneda, ¡O esto! ¡O esto!
O rozar el infinito, o herirme con pinchos de alambre, ¡O esto! ¡O esto!
¡Hacerme una paja!” (“Meditación del pelos en su paja
matinera”)
Así se las gastaba la Trapera. Solo podían expresarse explorando los extremos. Entre Bukowski y Rimbaud, entre las nubes tóxicas y el asfalto más duro es donde encontraban su espacio. Un espacio que llenaron como nadie en la España gris que nos dejó Franco. Un espacio que nadie reclamó y en el que ellos se sentían tan a gusto soportando el ninguneo de una escena laietana en la que mandaba el folk y el jazz-rock. Algo que los de la "Ciudad Satélite", en Cornellà de Llobregat, no estaban dispuestos más que a despreciar.
Se formaron en 1976 y ya entonces trabajaban un sonido protopunk que bebía, cómo no, del rock duro de Led Zeppelin y Black Sabbath más que de otra cosa. Tuvo que llegar Tío Modes con su guitarra para aportar esa dosis de napalm que los iba a convertir en lo más parecido a los Stooges que hayamos tenido en este país. Morfi Grei al micro, esa criatura mítica más que famosa, y Raf Pulido a la batería formaron junto a Modes el triunvirato que encontró el sonido y la dirección que debía tomar la banda. A ellos les acompañaron, en estos primeros tiempos, Rayban al bajo y Rockhita, entre otros muchos, a la guitarra rítmica. Una formación inestable, salvo por los tres pilares mencionados, que fue la que grabó este primer álbum.
Un disco que se abre con "Curriqui de barrio", nuestro "Search and Destroy" particular, y que fluye con insolencia entre paletadas de feísmo para denunciar y ser el alarido deforme de los desheredados. Sin intelectualismos, pero con sus buenas dosis de poesía maldita. Con un sonido eléctrico y cortante como una navaja. Un sonido que parece imposible que hubieran conjurado unos tíos con formación en el rock progresivo y sinfónico, pero que debe ser por eso que aun hoy día nos lo sigamos tomando tan en serio.
Y eso que la repulsión que produce viene desde unos mismos títulos que no hacen justicia a la profundidad de las canciones. Unos títulos que ya anuncian la desintegración casi instantánea que sufrió el grupo. Hubo varios intentos de lanzarlos a un público más comercial, pero la honestidad y los principios de la banda siempre estuvieron por encima de todo eso. Ni Morfi Grei aceptó tomar clases de canto, ni pudieron con las drogas que alimentaban todo su caos, ni las discográficas supieron qué hacer con un grupo como este. Por eso el siguiente álbum se quedó en el limbo durante once años. Y es que en el fondo nadie estaba preparado para una banda como esta. Ni siquiera ellos mismos.
★★★★★
A1
Curriqui de barrio
2:52 ✔
A2
No dais la cara
3:10 ✔
A3
Meditación del pelos en su paja matinera
2:53 ❤
A4
Venid a las cloacas
3:42 ✔
A5
Confusión
3:54 ✔
A6
Eunucos mentales
3:51 ✔
B1
Ciutat podrida
2:22 ✔
B2
La regla
4:28
B3
Padre nuestro
4:11 ✔
B4
Nos gusta cagarnos en la sociedad
4:41 ✔
B5
Nacido del polvo de un borracho y del coño de una puta
4:35 ✔
Total: 40:39
El auténtico secreto de esta banda, lo que los lanza hacia la posteridad, está en su autenticidad suicida. Por su idiosincrasia, por su inexistente modus operandi y por su falta de visión estaba claro que no podían perdurar. Pero es que ahí está el atractivo animal de un grupo que ni pudo ni supo plegarse a los designios del mercado.
Y es que estamos hablando de música peligrosa hecha por gente peligrosa. Pendencieros y violentos en sus formas, prácticamente todos en la banda tuvieron su época de traficantes. Después de sus conciertos siempre era un buen momento para sacarse un jugoso sobresueldo. Todo el dinero que no olieron ni por sus actuaciones ni por este disco. También era habitual que Morfi se metiera con todo dios, público incluido, acabando todo en trifulca y en una buena paliza para todos, él el primero.
Si a todo esto le añadimos las adicciones severas que se alojaron en el seno del grupo, con Morfi y Tío Modes en primera línea, tendremos el cóctel perfecto que explica que el grupo se desintegrara después de este primer disco sin perspectiva alguna más allá de un hedonismo y una desidia que no podía ser más criminal. La muerte fue el ingrediente que faltaba, cebándose con los miembros del grupo de una manera no por lógica menos trágica.
De todas formas, pensar en lo que podrían haber sido es totalmente futil. Porque no hay manera de predecirlo, pero sobre todo, porque de haber tenido otra personalidad, seguro que no hubieran tocado como lo hacían. Y seguro que hoy día no habría leyenda alguna que contar.
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