domingo, 12 de abril de 2026

Te doy la vida

Viviré (Camarón, 1984)

 

FLAMENCO. El disco se abre con un laúd que hilvana pespuntes de belleza cristalina con sus aires morunos. Y un pequeño toque de disonancia, junto a la percusión y al bajo eléctrico, pone a prueba una vez más a los oyentes más vetustos e inmovilistas. Está claro, Camarón no da ni un paso atrás. Olvídense, señores. Ese es el tono en uno de sus discos más majestuosos. Un disco en el que la interpretación del de San Fernando es ardiente y cruda, con una entrega que hace relucir la belleza del dolor más extremo.

Esos toques extravagantes mencionados, algún brochazo de disonancia hiriente, como el comienzo de "Campanas del alba", cuerdas aquí y allá... Todos esos son los aceites novedosos con los que el cantaor pinta este lienzo fastuoso. Un disco que eriza el vello como muy pocos en su catálogo. Una obra que apela al dolor más primario con los adornos más exquisitos. Un álbum profético a solo ocho años del fatal desenlace. "Viviré", canta Camarón, y lo hace con la convicción del que ve lo que se avecina. O eso me parece a mí, tal es su decisión, su inmersión en lo que cuenta y la verdad de un fraseo sobrehumano en claro contraste con su aspecto avejentado y casi yerto.

Pocas veces ha conjurado el cantaor tanto dolor como en estas tonadas de muerte en las que el título del disco, más que una reafirmación, es casi una condena. Incluso cuando le canta al amor ("Nuestros sueños") suena desesperado y descreído, casi implorante. Camarón no parecía estar viviendo el mejor momento en su vida y, como pasa a menudo, esto se traduce en una obra de arte inmarchitable. El disco definitivo con el que nos dice que, de una vez por todas, le importa bien poco lo que digan de él. Nunca iba a poder acallar las voces críticas ya, así que mejor aprender a vivir con ello.

★★★★★

A1 Viviré
A2 Campanas del alba
A3 Mi sangre grita
A4 Mar amargo
B1 Na más que'r día
B2 Nuestros sueños
B3 Dios de la nada
B4 Tres luceros

Total: 31 min.

sábado, 11 de abril de 2026

Enamorao de la vida

Calle Real (Camarón, 1983)

 

FLAMENCO. Está bien claro en esos tanguillos con aires de fusión con los que abre. Una osadía que nos muestra al maestro dispuesto a hurgar en la herida, a la vez que anunciaba el flamenco-blues de Pata Negra, o se alimentaba de él, no sabría decirlo. En estos tiempos de revolución está claro que todos miraban de reojo al de al lado, pero me parece a mí que si había uno al que miraban todos a la vez, ese era el cantaor de San Fernando. Él había establecido las reglas cuatro años antes. Aquí se limitaba a ampliar el discurso o a matizarlo para que entrara mejor.

Una apertura que se traduce en el uso de bajos eléctricos, percusiones y aires exoflamencos que dan cuenta de lo permeable que es este arte, capaz de aparearse con casi cualquier cosa. Camarón se cuida de no salirse de madre, pero tampoco se corta a la hora de hacer lo que le más le apetece. Así, en esos tres primeros números marca el camino que deben seguir los que quieran renovar un arte hecho para trascender. No me cuesta ver ecos de lo que iban a hacer Diego Carrasco, Ray Heredia o los mencionados hermanos Amador, además de otras cosas no tan jugosas ni respetables, todo hay que decirlo.

En el quinto corte vuelve a hacer de las suyas, cogiendo unos fandangos tan vetustos que seguro que más de uno dijo "por fin". Hasta que entraron las cuerdas, claro, y Camarón volvió a darnos en la boca con una alianza entre el flamenco y la orquesta que no estaba en el guion. Porque si algo deja claro este duodécimo álbum del genio de la Isla es que ya no había vuelta atrás. Que o lo tomas o lo dejas. Con humildad, sí, pero con la inspiración y el fuego de su arte ardiendo inextinguible.

★★★★☆

A1 Romance de la luna
A2 Esclavo de tus besos
A3 Yo vivo enamorao
A4 Yo soy el viento
B1 Calle Real
B2 Ná es eterno
B3 Caminando
B4 Bulerías de la Perla

Total: 32 min. 

Be water, my friend

Como el agua (Camarón, 1981)

 

FLAMENCO. "Limpia va el agua del río". Como la voz de Camarón, como su conciencia, como su compromiso. Todo eso que quedó un poco en entredicho tras ese mayestático e incomprendido La leyenda del tiempo (1979). El de San Fernando acabó harto de la paliza que le dieron tras esa afrenta y volvió a refugiarse en la ortodoxia. No abandonó a sus nuevas amistades (Tomatito), pero volvió a llamar a Paco de Lucía, ese que ya le había avisado de que debía tener un cuidado que, gracias a los astros, no tuvo.

Entre los tres se sacan de la manga poco menos de media hora de gloria. Un disco que resultó sanador en muchos aspectos. Sobre todo por el tema que lo titula, que se encumbró de inmediato como la canción bandera del cantaor. Seguramente buena parte de la culpa la tengan esas ganas con las que se cogió un disco que, en general, se dejaba de instrumentaciones raras y de jugar con lo progresivo o el jazz. Bien escuchado, el disco anterior no tenía tanto de rupturista, pero sí es cierto que en sus detalles arañaba los oídos delicados y, permítanme, poco entrenados, de los más viejos del lugar. 

Viejos de espíritu, que no se me entienda mal. Viejos que tampoco creo que se calmaran del todo con esta falsa vuelta a los orígenes. Un disco que tiene mucho de díscolo. Desde una portada muy poco flamenca a un contenido limpio y cabal, pero lleno de una virulencia en la interpretación que dice más de lo que parece. Camarón se desata en las bulerías sin miedo a la contención ni a la mesura. A veces tanto desboque puede arrimarlo a otros estilos que no nombraré, pero lo peor es que araña y lacera al mojigatismo imperante. Tampoco renuncia al bajo eléctrico ni a las percusiones, precisamente en esa canción titular, tan idolatrada ella.

Como el agua guarda las apariencias. Camarón parece que da un paso atrás y que está pidiendo perdón, pero al mismo tiempo está manteniendo inercias y manierismos que ya no iba a dejar nunca, y canta con una furia que tiene un poco de enfado y ajuste de cuentas. Si con el anterior había iniciado una revolución, ahora no iba a cargársela. Simplemente se para y observa la bandera que ha plantado para pensar en su estrategia de expansión y dominación. No creo que muchos se dieran cuenta en su momento.

★★★★☆

A1 Como el agua
A2 Gitana te quiero
A3 Pueblos de la tierra mía
A4 Quiero quitarme esta pena
B1 Sentao en el valle
B2 Tu amor para mí no es fantasía
B3 En tu puerta da la luna
B4 La luz de aquella farola 

Total: 29 min. 

La leyenda de la rosa negra

Black Rose: A Rock Legend (Thin Lizzy, 1979)
 

HARD ROCK. Una vez despedido Brian Robertson, su hueco fue ocupado por Gary Moore, un guitarrista ya experimentado que incluso había colaborado con Thin Lizzy de manera puntual en el pasado. No solo había sustituido a Eric Bell temporalmente en 1974, sino que había grabado el solo de "Still in Love with You" en el disco Nightlife (1974). Un recambio, por tanto, más natural de lo que podía parecer. Y un sustituto que, por mucho que no permaneciera en el grupo más allá de este álbum, congenió a las mil maravillas con el estilo más lírico y sentido de Scott Gorham.

He iniciado mi reseña con esta mención a Moore porque considero que es lo más destacado y notorio en el sonido de estos nuevos Lizzy. Un sonido que sigue apostando por las dobles armonías de una dupla que ha cambiado una de sus partes, pero que sigue sonando bestial. De hecho, la aportación del norirlandés incide en la agresividad y en un virtuosismo que no podemos catalogar sino de vertiginoso y preciso como un bisturí en las manos del mejor cirujano. Una precisión y una violencia que redunda, curiosamente o no, en una amplificación de los tics que habían hecho grande a la banda.

Lynott también suena cómodo y rotundo en un álbum en el que juguetean con lo conceptual como nunca antes, en el que las dos guitarras flamean al viento sin brida que las sujete y en el que su compromiso con la música de su tierra late con una pasión inusitada —"Róisin Dubh (Black Rose) - A Rock Legend" lo deja bien claro. Hasta se permiten coquetear con algo parecido a ese punk que ya estaba más que instalado en las listas por entonces —escuchen "Get Out of Here" y me cuentan. En definitiva, Thin Lizzy, sin Robbo, suenan más a Thin Lizzy que nunca. Exagerando sus lugares comunes y sus obsesiones, de acuerdo. Sin la naturalidad y la fluidez de antaño, vale. Sin embargo, nadie puede negar que siguen lozanos, frescos y, sobre todo, más que reconocibles.

Si la apertura con "Do Anything You Want To" no es lo más Thin Lizzy que hayas escuchado nunca, que venga Dios y lo vea. Pero es que encima, la calidad de estas canciones queda fuera de toda duda. Como si Lynott se hubiera quitado un peso de encima con la expulsión del antes querido guitarrista escocés, Black Rose: A Rock Legend se sube solito al pódium de sus mejores trabajos. Para algunos se lleva el bronce, para otros la plata, y no son pocos los que le darían el oro. Yo no diría tanto, pero sí que lo veo como uno de sus trabajos más excitantes, si no el que más. No es que nos cuente una historia con sus canciones, pero su música sí que tiene una narrativa interna elaborada, clara y realmente pegajosa. Sin duda, un álbum con todas sus letras. De esos que exigen ser escuchados de principio a fin y del tirón.

★★★★☆

A1 Do Anything You Want To
A2 Toughest Street in Town
A3 S & M
A4 Waiting for an Alibi
A5 Sarah
B1 Got to Give It Up
B2 Get Out of Here
B3 With Love
B4 Róisín Dubh (Black Rose) - A Rock Legend
    Part One: Shenandoah
    Part Two: Will You Go Lassy Go
    Part Three: Danny Boy
    Part Four: The Mason's Apron

Total: 39 min. 

viernes, 10 de abril de 2026

Si tú me quisieras, qué feliz sería

Rosamaría (Camarón de la Isla, 1976)

 

FLAMENCO. Antonio Sánchez Pecino, más conocido por ser padre de Paco de Lucía, sigue componiendo todos los temas en el octavo disco de Camarón. Una costumbre que se venía repitiendo desde hacía ya varios álbumes y que redunda en un continuismo, en este caso, bendito. Cambiar la fórmula a estas alturas, además de suicida, era absolutamente innecesario, porque ¿alguien se podría hartar alguna vez de algo tan bien hecho?

Así las cosas, las novedades siguen siendo escasas, aunque reveladoras. No podemos dejar de nombrar esa "Mis penas lloraba yo", un nuevo intento con la Canastera, ese palo que se inventó José Monge y que acaba aquí su corto recorrido. No, no fue un éxito precisamente, y Camarón no volvió a insistir con un palo que se acabó quedando más bien en una ocurrencia con escaso calado. También habría que mencionar la inclusión de instrumentos eléctricos en esas sevillanas rocieras con las que cierra. Una adición muy sutil todavía que ya anuncia futuros revolcones no tan lejanos.

Sin embargo, lo jugoso está en otra parte aquí. Esa "Rosa María" con la que abre. Unos tangos que nos meten en faena y que están entre lo mejor que hubiera cantado nunca. Como esos tientos del Mellizo, "Moraíto como un lirio", o esa bambera, palo poco atacado por el de la isla, llamada "Vamos niña pa la bamba", la cual borda con su maestría habitual. Una muestra más de que el cante no tenía secretos para nuestro héroe. 

Tres ejemplos majestuosos que añadir a su rosario antológico. Y eso que el resto, lejos de desmerecer, nos deja el sabor de boca de joya exquisita que en realidad nos dejan todos los discos que grabara el dúo entre el 69 y el 79, una década prodigiosa que se estaba acercando peligrosamente a su fin.

★★★★☆

A1 Rosa María 2:17
A2 Si no me sirven 'pa na' 4:05
A3 Mis penas lloraba yo 3:40
A4 Pasan los años 3:43
A5 Moraito como un lirio 4:25
B1 Vamos niño, 'pa' la bamba 3:45
B2 Los dos se juegan la 'via' 3:47
B3 Con roca de pedernal 3:25
B4 En el fondo se clavó 2:37
B5 Vámonos 'pa' casa 3:50

Total: 35:34

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Duende y tronío

Arte y majestad (Camarón de la Isla, 1975)

 

FLAMENCO. Y en el séptimo se empiezan a agotar los calificativos. La cooperación entre De Lucía y el de la isla parecía no tener límite ni techo, si bien, lo cierto es que poco a poco se iba acercando al final. Durante un tiempo al menos, pero aquí eso ni se aprecia ni por supuesto se desea. Arte y majestad es otro disco de cantes variados en el que encontramos pocas novedades que destacar más allá del buen hacer de costumbre.

Si acaso, el cante de Camarón, como no podía ser de otra forma, se aprecia más hecho, más rotundo. Eso es lo que destaca, sobre todo, en la parte central del disco, pausada y arrebatada, de una profundidad abisal. Seguiriyas, fandangos y tarantos de una flamencura y una pasión inconmensurables. Camarón está como nunca ahí, aunque no puedo negar que donde a mí me gana, aparte de en esa apertura por soleares, es en ese número más liviano que es "No naqueres más de mí", unos tangos del Titi, que, de raros en su repertorio, acaban poniéndome de rodillas.

También, por supuesto, en las cantiñas que le siguen. Nunca he ocultado mi querencia por lo festero, sobre todo cuando hablamos del mito de San Fernando. Pues, en esa prodigiosa "Isla de León" vuelve a triunfar con esa voz que revolotea libérrima sobre la frescura de unos cantes, que no por repetidos, dejan de ser un espectáculo. 

"Y en la isla de León
Y en la isla de León,
Porque del puente Zuazo
No pasó Napoleón."


Toda una clase de historia en cuatro versos.

★★★★☆

A1 Que mis ojitos te vean
A2 Sólo vivo 'pa' quererte
A3 Malito yo estaba
A4 Tu cariño es mi castigo
A5 Ni que me manden a mí
B1 En la boca de una mina
B2 Déjala vivir en paz
B3 Arte y majestad
B4 No naqueres más de mí
B5 Isla de León
B6 En la puerta de la ermita

Total: 35 min.

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jueves, 9 de abril de 2026

Irrompible como el acero

Soy caminante (Camarón de la Isla, 1974)

 

FLAMENCO. Fluidos, empastados, hermanados por completo. A estas alturas el nivel del dúo roza la perfección. Eso sí, Camarón se va imponiendo, va preparándose, sabiéndolo o no, para volar solo. O eso deduzco, en mi afán por el cotilleo, por detalles como que el disco vuelva a tener "título" propiamente dicho y que eso de "con la colaboración especial de Paco de Lucía" aparezca con una tipografía algo más pequeña que el nombre del cantaor.

Una tontería para introducir lo poco que puedo añadir acerca del sexto álbum de José Monge con el guitarrista algecireño. Un disco que mantiene el nivel e incluso lo supera en algunos momentos. Es de celebrar la hondura que alcanza en los tientos y la autoridad en el fraseo en los momentos más festeros, cantiñas, tangos y bulerías a la cabeza. Poco más y nada menos. Una nueva colección recién cortada de cantes al límite de la expresión. Imposible saciarse de esto.

★★★★☆

A1 El caminante
A2 Reniego haberte encontrao
A3 La vida es una ilusión
A4 Las penas de mi mare
A5 Me olvidaste, te olvidé
B1 Qué desgraciaítos son
B2 Que camina noche y día
B3 Se pelean en mi mente
B4 Me dieron una ocasión
B5 Mira qué bonitas son

Total: 38 min. 

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