jueves, 4 de junio de 2026

Tonto el que lo lea

Look at the Fool (Tim Buckley, 1974)

FUNK/R&B. El noveno disco de Tim Buckley se iba a convertir en lo último que publicara en vida el cantautor californiano nacido en Washington D.C. Una vitola triste que acrecienta la desazón que produce un plástico que no satisfizo a casi nadie. No en vano, está ampliamente considerado el peor álbum de toda su carrera.

Más allá de las exageraciones de rigor, habría que decir que, efectivamente, no hay mucho que defender aquí. En una huida hacia el funk y lo comercial sin medias tintas ni coartada alguna, Buckley entrega una colección de canciones insulsa y predecible hasta el bostezo. Hay quien le critica por su voz, en claro declive —o eso dicen, al menos—. También hay quien dice que el disco es malo, así, sin ambages.

En mi caso, pongo en duda lo primero, pero no puedo dudar en absoluto de lo segundo. No, el último álbum de Tim Buckley no es un disco malo. Ni en su interpretación, ni en su grabación, ni siquiera en su composición, se ajusta en absoluto a ese calificativo. Lo que nos chirría de este álbum no es su calidad. En mi opinión, lo peor del disco es que no encontramos ni un atisbo de la personalidad de un autor que nos había enganchado desde las antípodas de esto. No encontramos nada a lo que agarrarnos que nos lleve a Starsailor (1970) ni a "Pleasant Street". Algo que no es reprobable de por sí, pero que, unido al hecho de que el disco, por mucho que no sea malo, no deja de ser soso hasta la agonía, nos deja con pocas opciones de abrazarlo como la coda majestuosa que merecía un músico de su calibre.

No lo voy a negar. No me gusta Look at the Fool. Ni un poquito. De hecho, me molesta que engrose una discografía por la que tengo absoluta devoción. Sin embargo, le concedo que hay trabajo detrás de él, que hay calidad. Quizás si lo hubiera firmado otro... Pero claro, viniendo de alguien que ha hecho de la transgresión un arte, me parece demasiado poco. Demasiado de diario. Por eso, también creo que estamos ante lo peor que pariera Tim Buckley. Ya se sabe, a cada uno hay que pedirle según sus posibilidades. 

★★☆☆☆

A1 Look at the Fool 5:10
A2 Bring It On Up 3:26
A3 Helpless 3:18
A4 Freeway Blues 3:10
A5 Tijuana Moon 2:38
B1 Ain't It Peculiar 2:34
B2 Who Could Deny You 4:20
B3 Mexicali Voodoo 2:23
B4 Down in the Street 3:20
B5 Wanda Lu 2:37

Total: 32:56

miércoles, 3 de junio de 2026

Sabiduría clásica malamente aplicada

Sefronia (Tim Buckley, 1973)

FUNK/R&B. Tim Buckley sigue acelerando en su huida de la heterodoxia y se mete de lleno en el funk, el rhythm & blues, el formato banda más convencional y las estructuras musicales de la canción más formulaica. Una decisión que saca a relucir que, si bien sus aptitudes le permiten afrontar con garantías lo que se proponga, todo esto no es lo suyo. Y es que en su octavo disco, ni consigue brillar ni nos convence con una colección de canciones ramplona y aburrida como nunca hasta entonces.

Todos estos son los motivos para temer a un disco que ya da señales de alarma por el alto número de versiones, signo inequívoco de que el cantautor no estaba en su mejor momento creativo. "Dolphins", de Fred Neil, no solo le queda muy bien, sino que es una elección muy natural. No hay que olvidar que se trata de una canción que siempre le obsesionó y que ya hacía tiempo que solía tocar en sus conciertos. Sin embargo, no me gustan cosas como esa "Martha", de Tom Waits, que no me acabo de creer con todo su boato orquestal. Menos aún me llegan artificios como "I Know I'd Recognize Your Face", escrita expresamente para Buckley y a dúo con un coro femenino. Puede que el instante en el que suena más insulso, tópico y casi diría que desfigurado de toda su carrera.

Como entenderán, son detalles estos que dañan irremisiblemente una obra que también se compone de tonadas turgentes y con miga. A "Dolphins" podríamos añadirle, no sin sus buenas dosis de dudas, "Because of You", "Quicksand", "Stone Love" o "Sally Go Round the Roses". No así las dos partes de "Sefronia", el experimento de rigor, aunque esta vez se presenta desangelado y desatinado en grado sumo. Una prueba más de lo errado de un álbum sin rumbo ni casi razón de ser. Nadie sabía que el final estaba tan cerca, pero hoy día es ponerse este disco y no entender cómo no lo sospecharon.

★★☆☆☆

A1 Dolphins 3:10
A2 Honey Man 4:10
A3 Because of You 4:25
A4 Peanut Man 2:52
A5 Martha 3:10
B1 Quicksand 3:22
B2 I Know I'd Recognize Your Face 3:58 🕱
B3 Stone in Love 3:27
B4 Sefronia - After Asklepiades, After Kafka 2:15
B5 Sefronia - The King's Chain 3:23
B6 Sally Go 'Round the Roses 3:43

Total: 37:55

Nunca llevo el corazón encima... Por si me lo quitan

Yo, minoría absoluta (Extremoduro, 2002)

ROCK TRANSGRESIVO. Robe se vuelve a aliar con Iñaki Uoho, ya miembro de facto en la banda, y lía la traca con uno de sus mejores álbumes de siempre. Un disco que venía tras un parón de cuatro años en los que Iniesta se había dedicado a su proyecto Extrechinato y Tú —en el que básicamente musicaba poemas de Manolo Chinato. Un trabajo que pasó sin pena ni gloria entre sus seguidores, lo que unido a la tibieza que había provocado su disco anterior con Extremoduro, Canciones prohibidas (1998), avivó el hambre de su público ante la posibilidad de nuevo material.

Un hambre que quedó totalmente saciada con un álbum visceral y poético a partes iguales. Un trabajo que se mantiene en equilibrio en el finísimo alambre que une ambos extremos y que nos muestra a un escritor en estado de gracia, capaz de añadir nuevos hitos al rosario de himnos de la banda. "A fuego", "La vereda de la puerta de atrás", "Hoy te la meto hasta las orejas" o "Puta" se colocaron desde el primer momento entre las favoritas de la afición. Y con razón. No en vano, en sus hechuras salvajes, iconoclastas, vertiginosas y con letras cargadas de rabia, desazón y honestidad podemos vislumbrar el arte mayor que nos ofrecería el extremeño seis años después en esa maravilla que tituló La ley innata (2008).

Todo esto no quiere decir que estemos ante una obra inmaculada para la banda —y ya sé que de eso hay poco en el canon de Extremoduro—. Una pena, porque junto a piezas tan logradas como "La vieja (canción sórdida)" o "Standby" también hay elementos más dudosos: "Menamoro" o "Buitre no come alpiste" a la cabeza. La eterna losa que pesa sobre esta banda. Esa maravillosa capacidad para redondear temazos irrefutables paralela a sus problemas a la hora de rematar la jugada.

★★★☆☆

1 A fuego 5:26
2 La vereda de la puerta de atrás 4:03
3 Hoy te la meto hasta las orejas 3:43
4 Standby 3:28
5 Menamoro 3:09
6 Luce la oscuridad 3:51
7 Cerca del suelo 4:42
8 Puta 5:22
9 Buitre no come alpiste 4:18
10 La vieja (canción sórdida) 4:43

Total: 42:41

martes, 2 de junio de 2026

Turismo de postal

Greetings from L.A. (Tim Buckley, 1972)

FUNK ROCK CÓSMICO. Estamos ante la materialización de uno de los cambios más radicales y sorpresivos de la historia de la música popular. Después de publicar Starsailor (1970), disco vanguardista, desafiante y casi inabordable para la mayoría, Tim Buckley decidió cambiar de tercio de manera brutal. Ya fuera por motivos económicos —solo de respeto no se vive—, para aislar todavía más al disco anterior como la obra maestra única e incomparable que siempre fue o por la búsqueda de un cambio vital que reorientara su vida, el cantautor da rienda suelta a su erotismo escénico y desfoga sus más bajas pasiones a través de su obsesión por el funk y el rhythm & blues.

Estaba claro que el californiano lo había dicho todo con el jazz de vanguardia y los experimentos más arriesgados. Algo que debía considerar agotado y que decidió aparcar para realizar una aproximación a la música mucho más carnal, dionisíaca y digerible para el gran público. Así surgió este disco, su primera incursión en el formato tradicional de guitarra, bajo, teclados y batería. Un convencionalismo del que siempre huyó y que en Greetings... se convierte en el motor pulsante sobre el que cabalga su voz. Una voz que dirige esta serie de jams elásticas y cargadas de groove para convencernos de que esta es la mejor forma de disfrutar de ella.

Que no lo es, eso lo sabemos todos, pero a Tim no parece importarle lo que pensemos, tal es su decisión y su entrega aquí. Porque al final, ni el disco es tan comercial como nos habían prometido ni deja de haber pasión y buena música en él. Es innegable que marca un punto y aparte que puede no ser lo que esperamos ni lo que deseamos de un músico de su sabiduría y bravura. Sin embargo, aquí todavía podemos sentir que Buckley está disfrutando, porque lo percibimos fundiéndose con la música como siempre hizo. Ni siquiera podemos echarle en cara que haya pose alguna. Puede que no entendamos bien lo que pretende aquí, pero está clarísimo que podemos disfrutarlo como la mayoría de sus obras. No, esto sigue siendo cósmico, no hay coartada comercial alguna y no vais a poder tirarlo a la basura por mucho que os empeñéis. Que quede clarito. 

★★★☆☆

A1 Move With Me 4:49
A2 Get on Top 6:35
A3 Sweet Surrender 6:48
B1 Nighthawkin' 3:21
B2 Devil Eyes 6:51
B3 Hong Kong Bar 7:13
B4 Make It Right 4:06

Total: 39:43 

El navegante interestelar

Starsailor (Tim Buckley, 1970)


EXPERIMENTO CÓSMICO
. Si te apetece relajarte, oir un poquito de guitarrita y hundirte en el sillón, huye de este disco. Como de la peste. No te dejes engatusar por la sonrisa afable de Tim, ni por el carrusel juguetón que es "Moulin Rouge", ni por la leyenda de esa "Song to the Siren" que cualquiera ha cantado con más brillo, más lustre y también más aburrida ortodoxia.

Aquí no hablamos de versiones más o menos lucidas. Esto es la fuente. En cuanto a la canción mencionada y en cuanto al experimento vocal per se. Aquí Tim Buckley raya en la locura en un intento por estirar la dificultad de su disco anterior en busca de los límites de la cordura y el sentimiento. Para ello se vale de su mejor instrumento, su voz infinita y cegadora. El albatros al que siguen sin pestañear los vientos, contrabajos y pianos en un intento por alcanzar un destino que desde el principio se antoja inexistente. Lo que pasa es que a veces no importa a dónde se va, sino el trayecto, y aquí este es alucinante. Free jazz, gritos animales y el corazón en la boca son el combustible para una singladura sin igual por las estrellas.

El disco empieza perezoso y raro como un perro verde, una mezcla que no ayuda. Tenemos que esperar a "Monterey" para "disfrutar" del primer tortazo en toda regla. Se trata de una melopea desquiciada que azuza a un Buckley desatado. En ella nos azota con su inmenso rango vocal, con su expresionismo, con su vuelo acrobático sin red. Todo un descoloque que se acentúa con la continuación, una ortodoxa, graciosa y preciosa "Moulin Rouge". Un contraste brutal que queda despedazado de nuevo con el vuelo planeador de esa maravilla llamada "Song to the Siren", canción que es obligatorio visitar una y otra vez en su toma original para comprobar lo bien que le sientan los hierbajos eléctricos, la hojarasca y la libertad extrema. 

Una libertad que se duplica en la apertura de la cara B, con una infernal "Jungle Fire", y que no pierde fuelle con los fantasmas que pueblan la tétrica canción titular, una psicofonía escalofriante que te pone de los nervios. Y no crean que se queda contento con eso. La penúltima es igual de desquiciante, y cuando ya creemos que no podemos más, nos suelta la trompeta fronteriza con la que abre el glorioso cierre, "Down by the Borderline". Un colofón que nos quita todas las dudas a base, otra vez, de base rítmica minimalista e insistente e incursiones en terrenos inexplorados por parte de los vientos y, cómo no, la voz, esa voz indescriptible, críptica y aguda como la eternidad.

Realmente, después de su escaso minutaje, Starsailor te deja una sensación extraña. A la placidez que sigue a su extinción acompaña un regusto casi sabroso. Una mezcla de satisfacción y tristeza. Al principio puedes creer que es porque no has entendido nada, pero te lo vuelves a poner y compruebas que no, que esa tristeza se parece mucho a lo que se siente cuando se acaba un libro que estás disfrutando con deleite. No quieres que termine, pero quieres saber qué pasa al final, aunque te duela.

★★★★★

A1 Come Here Woman 4:09
A2 I Woke Up 4:02
A3 Monterey 4:30
A4 Moulin Rouge 1:57
A5 Song to the Siren 3:20
B1 Jungle Fire 4:42
B2 Starsailor 4:36
B3 The Healing Festival 3:16
B4 Down by the Borderline 5:22

Total: 35:54

Xxx

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sábado, 30 de mayo de 2026

Luna y panorama de los insectos

Lorca (Tim Buckley, 1970)

EXPERIMENTO GALÁCTICO. Con el quinto álbum, Tim Buckley se tiró de cabeza al vacío. Ya lo vemos en la portada, en la que se nos aparece como el negativo de un negativo fotográfico, desdibujado, casi fundido con su entorno. Tal y como nos lo encontramos en los surcos del disco: totalmente disuelto en una música que nos arroja a la cara como una marejada irrefrenable. 

Así es el quinto trabajo del músico criado en California. Denso, problemático, cargado... Todo un punto y aparte, que se puede considerar el primer experimento con mayúsculas de Buckley. Una obra que anticipaba los picos radicales y eternos de Starsailor (1970) y que apabulla sin medias tintas. A veces demasiado. Por eso, es un disco tan idolatrado como denostado por su parroquia de fans. Objetivo cumplido, diría yo, porque ¿se puede pretender otra cosa con un álbum como este que no sea volver loco al personal para sumirlo en una discusión sin posibilidad de acuerdo?

Sobre el título, está claro que homenajea a Federico García Lorca, al cual estaban leyendo Lee Underwood (guitarra) y el propio Buckley en ese momento. Las imágenes surrealistas del granadino se impregnan en unas letras más abstractas y en una huida clara de la tiranía de la estructura convencional de estrofa-estribillo. También en el hecho de quitarle el protagonismo a una guitarra que ahora suena menos y de una manera más impresionista. Cualidades que marcan a un disco difícil y desafiante para el oyente medio. Lo que no quita que esté entre los más respetados del cantautor tanto por su carácter iconoclasta como por ser el prólogo a ese majestuoso Starsailor con el que tocó el cielo —o el abismo, según se mire— apenas un par de meses después. 

Estas son las virtudes y las dudas que plantea un experimento que hace del folk algo totalmente irreconocible y que da enjundia a una vanguardia que algunos quieren arrogarse para sí mismos a la vez que la apartan de las garras del vulgo. Aquí Buckley intentó darnos a probar un poco de ese néctar de difícil digestión. Solo por eso ya merece la pena que Lorca exista.

★★★☆☆

A1 Lorca 9:53
A2 Anonymous Proposition 7:43
B1 I Had a Talk With My Woman 5:55
B2 Driftin' 8:10
B3 Nobody Walkin' 7:30

Total: 39:11

El título de este disco no es gratuito y viene de un amor sincero y profundo por la obra de Federico García Lorca, una influencia fortísima en el cantautor en esos años. Tanto él como su guitarrista, Lee Underwood, estaban fascinados por la lluvia de imágenes que ofrecía el poeta granadino, algo que trataron de volcar en la música y las letras de este proyecto.

Una abstracción que llevó en volandas al disco hasta terrenos ignotos para Buckley. Terrenos desde los que crearía su gran obra maestra, apenas dos meses después. Estos tiempos pueden parecer exagerados, y lo son. En realidad, Lorca había sido grabado bastante antes, a la vez que Blue Afternoon (1969). Lo diferente de ambos trabajos ya deja clara la intención de huida hacia delante que se vislumbra en el segundo. Esa sensación de isla en su discografía que, en realidad, atesora cada álbum del californiano de adopción.

Quede constancia por tanto de que, antes de Leonard Cohen o de nuestro Enrique Morente, ya hubo un guiri que no pudo evitar rendir pleitesía a uno de nuestros poetas más grandes. Eso es algo que se olvida demasiado a menudo y que conviene recordar. 

viernes, 29 de mayo de 2026

Triste sobremesa

Blue Afternoon (Tim Buckley, 1969)
 

JAZZ FOLK CÓSMICO. Parecía que este disco iba a ser diferente a su hermano mayor, todo un punto y aparte para Buckley. Sin embargo, a pesar de que consta de canciones más cortas, no siempre aparecen más estructuradas ni más ortodoxas en sus formas. Sí que muestran melodías claras y sí que engatusan con la voz del cantante, que hace lo que le viene en gana y siempre con sentido. Lo que no quita que haya algunos momentos demasiado alambicados que hacen que la experiencia sea más trabada de lo esperado.

Momentos que, seamos claros, se concentran en el cierre, con una "The Train" que trata de volvernos locos en la línea furibunda de "Gypsy Woman" (Happy Sad, 1969). Todo lo demás, también hay que reconocerlo, es un fluir taciturno y pausado, sin sobresaltos y con una sensación de nudo en la garganta que no hace sino dejar claro que estamos ante un vocalista sobrenatural y ante una obra excepcional. 

Precisamente, por esa capacidad para mantenernos enganchados y casi diría que en vilo, diría que prefiero este disco al anterior. Y eso que reconozco que ese es más sólido, más coherente y está mejor acabado. Sin embargo, este Blue Afternoon no me produce esa sensación de extravío y desorientación que me provoca su hermano mayor. Una concreción de la que son muy culpables los músicos acompañantes, Lee Underwood, guitarra y piano, a la cabeza. La forma en la que todos fabrican el colchón perfecto para Buckley es uno de esos misterios que nadie sabe de dónde surgen, pero que todos notamos que están detrás de la forja de toda obra maestra.

★★★★☆

A1 Happy Time 3:15
A2 Chase the Blues Away 5:10
A3 I Must Have Been Blind 3:40
A4 The River 5:47
B1 So Lonely 3:27
B2 Cafe 5:40
B3 Blue Melody 4:55
B4 The Train 7:53

Total: 39:47