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jueves, 28 de enero de 2021

Esbozos de psicodelia

Animalism (The Animals, 1966)

RHYTHM & BLUES. Estamos ante el cuarto álbum de The Animals en el recuento general, el quinto de sus discos para el mercado norteamericano. Este, a diferencia de los anteriores, no cuenta con una contrapartida para el Reino Unido, lo que lo hace un punto de inflexión que acaba con esa costumbre de las ediciones múltiples y listado de canciones personalizado para cada versión.

Quizá por eso me esperaba un disco especial, cosa que no termina de cumplirse con un disco en el que los Animals siguen enseñando a su público blanquito que los negros eran los reyes en esto de hacer música con enjundia. Un buen puñado de versiones de soul, blues y rock & roll son el homenaje a la música norteamericana de raíz que se marcan nuevamente los de Newcastle.

Un disco que cuenta con ese plus de autenticidad que da un sonido muy de directo y que se beneficia de unos devaneos que casi parecen jam sessions en algunos momentos. Unos interludios y un aire improvisatorio que parecen sacar de esa psicodelia que empezaba a estar tan de moda en sitios como San Francisco. Detalles como ese y las disonancias que se marcan en el tema inaugural y que nos recuerdan tanto a The Byrds como a Jefferson Airplane, son lo más especial de un disco que al final no deja de ser otro intento de los Animals. Un intento noble que tampoco es que se obsesione por ese amor por lo oriental que anuncian las guitarras del tema mencionado. Más bien es más de lo mismo tocado con ganas, amor y respeto. Demasiado respeto.

★★★☆☆

 

Es en esos toques ligeros de psicodelia donde encontramos lo más curioso y tal vez lo más interesante de este disco. Unas gotas lisérgicas que los arrimaban a lo que se estaba cociendo en los ballrooms del otro lado del charco. Grateful Dead, Jefferson Airplane o incluso The Byrds copaban las listas y los corazones de esa multitud atravesada por el sueño jipi. No es que The Animals se vendieran a esos nuevos sonidos de manera impúdica, pero sí que tiñeron en cierta forma su música con estos nuevos colores. Un poco, sin que apenas se note, pero lo suficiente para justificar este nuevo intento de asalto al mercado americano con un disco que esta vez no iba a contar con su contrapartida británica. Por algo sería.

lunes, 18 de enero de 2021

Caricias bestiales

Animalisms (The Animals, 1966)

RHYTHM & BLUES. En su tercer disco, The Animals estandarizan un sonido al que no le faltaba más que eso para hacerles perder la mucha o poca relevancia que tuvieran. Es cierto que ganan en precisión, elegancia y perfección a todos los niveles. Como también es cierto que pierden en rugosidad, espontaneidad y crudeza. No me cabe la menor duda de que la marcha del teclista Alan Price fue clave en todo esto.

También es cierto que esto les deja espacio para una cierta personalidad, ya que en medio de toda esta higiene o gracias a ella, al fin se sienten con fuerzas para entregar hasta tres piezas propias, todas firmadas por Burdon y el nuevo teclista, Dave Rowberry. Nada sustancioso más allá del jugueteo con las estructuras clasicotas y la levedad más asesina. Pop 50s, rock peleón y rhythm & blues cabaretero que al menos mantiene el pulso (la tontería de "Clapping", idea exclusiva del teclista, es para echarle de comer aparte).


 De dentro a fuera

No creo que estemos ante la obra definitiva ni esencial de la banda. "Animalisms" y su versión norteamericana, "Animalization" (1966), es una dupla otoñal y casi diría que una pequeña curiosidad. Tiene su encanto, no me cabe duda, porque inaugura una nueva etapa en la carrera de Burdon y los suyos. Una etapa breve a la que pronto daría carpetazo el guitarra y vocalista para estampar su nombre bien grande y empezar a acompañarse por una nómina de trabajadores temporales que lo acabarían acercando al hard rock y a la irrelevancia más absoluta. Por suerte, nada de eso se huele todavía aquí.

★★★☆☆

 

Los Animals siguen obcecados con animalizar el blues para acercarlo a ese rock & roll que estaba partiendo la pana a ambos lados del Atlántico. Y para ello se espejan en los Rolling Stones. Nunca lo han ocultado, llegando a nombrarlos más de una vez en las letras de algún tema. Y aunque en ambos casos tardaron en firmar discos completos de su puño y letra, en el de los Stones el aprendizaje se empezó a ver antes en composiciones propias de una brillantez fuera de toda duda. 

The Animals tardaron más en soltarse y cuando lo hicieron vinieron los problemas, las rupturas, los cambios de nombre, de dirección y de estilo. No, nunca fue este un grupo ideado para durar o para liderar una revolución. Eran más de disfrutar y dejarse llevar. Y oye, tampoco es que pueda achacarles la aproximación.

Este disco también tendría su correspondiente edición norteamericana. Y en ella había hasta cuatro temas diferentes a los incluídos en la británica. "Animalization" lo llamaron.

domingo, 17 de enero de 2021

Freighthopping

Animal Tracks (The Animals, 1965)

RHYTM & BLUES. Si agrupamos las ediciones británica y americana de estos primeros pasos de The Animals, este sería el segundo disco de la banda. Se puede considerar la edición británica de "The Animals on Tour", editado meses antes para el mercado norteamericano. Y curiosamente también lo podemos conectar, aunque sea por la mitad de los temas, con ese otro "Animal Tracks" que el grupo publicaría algo después para el mercado norteamericano con la función de rellenar los huecos y completar el trabajo del "The Animals on Tour" mencionado.

Esta es la pesadilla con la discografía de los primeros Animals. Toda una colección de refritos y discos frankenstein que se lo ponen difícil tanto al coleccionista como al oyente casual. Un caos en el que puedes encontrarte la misma canción en dos o tres referencias diferentes y que no ayuda a tomarse en serio lo que este grupo agrupó en un formato LP que, en mi opinión, maltrataron más que otra cosa. Por eso, tomaremos estas tres obras como un todo, de cuya combinación podríamos extraer ese segundo álbum que es a la vez uno y trino. :P

 


 Communication breakdown...

En cuanto a su contenido, tampoco nos encontramos grandes novedades. Cosas interesantes, claro que las hay. Que está lleno de interpretaciones que dejan ver su amor por el blues y el rock & roll más sudoroso, por supuesto. Pero una vez más, nos encontramos al grupo emulando a sus ídolos de manera impúdica. Al menos incluyen un tema escrito por Eric Burdon. Y esto puede valerme hasta cierto punto, por mucho que siempre vaya a preferir oir esta música en las voces de Ray Charles, Chuck Berry o Bo Diddley. Al fin y al cabo Burdon tiene un vozarrón y también está el órgano mayestático de Alan Price. Por cierto, este último lo dejaría por un tiempo después de grabar este disco. No era un buen presagio, pero esa inestabilidad siempre ha sido otra de las marcas de fábrica de esta banda.

★★★☆☆


No solo la portada, la misma actitud del grupo hacia el material ajeno me traen a la memoria a esos vagabundos (hobos) que al no poder pagarse el billete, recorrán los EE.UU. saltando de tren en tren como polizones en los vagones de mercancías. Acción peligrosa que solían realizar con el tren en marcha para apearse de la misma forma antes de llegar a la estación.

Un modo de vida retratado en el cine y la literatura, además de, cómo no, en la música. Tanto el blues como el folk o la canción protesta han dado buena cuenta de estos parias entre los que ha convivido más de un artista de los géneros mencionados antes de lograr la fama. 

Ah, a eso de subirse al tren sin pagar en inglés lo llaman freighthopping. Dicho queda.

martes, 12 de enero de 2021

Vorágine vinílica

The Animals on Tour (The Animals, 1965)

RHYTHM & BLUES. Nuevo pastiche, esta vez para el mercado norteamericano. En él incluyen descartes o distintas versiones de temas aparecidos en "The Animals" [UK edition] (1964) más algunas canciones que se guardaban para lo que iba a ser la versión británica de "Animal Tracks", disco que aparecería tres meses después, en mayo de ese mismo año.

Vista la jugada y lo impuro de un disco que iba para álbum de transición antes de nacer, prefiero dedicar mi tiempo al siguiente, al cual le veo más posibilidades de encandilarme. Al menos, si quitamos este constructo atractivo pero artificioso, vendría compuesto por material más o menos exclusivo con la idea de conformar un todo interesante.

Ya veremos qué me parece dicho disco, porque en lo que es este, sinceramente, no me apetece profundizar. Y eso que suena de cojones, pero estoy harto de refritos sin sentido. Vamos, que está muy bien eso de empaquetar tus canciones de mil formas según a quién se las ofrezcas, pero eso no va conmigo. Lo malo es que con estos es imposible saber cuál es el original y cuál la copia.

 

Amantes de negros  

★★½☆☆

 

Xxx

¿Copia, secuela o consecuencia inevitable?

The Animals [UK edition] (The Animals, 1964)

RHYTHM & BLUES. La odiosa costumbre de la época de variar las ediciones de los discos según fueran dirigidos al mercado americano o europeo es seguida con fe ciega por los Animals en estos primeros años de carrera. Como The Beatles o The Rolling Stones, no podemos entender su álbum de debut sin ver el cuadro completo. Esta es la edición para el Reino Unido y tiene un buen puñado de pistas en las que se diferencia de su mellizo mayor.

Lo más destacado, sin entrar en detalles, sin embargo salta demasiado a la vista. A los americanos les regalaron abrir el disco con esa "House of the Risin' Sun" y en esta versión, vayan a saber por qué, ni siquiera aparece dicho tema. Una ausencia tan imperdonable que hace que todo lo demás sobre y que salga a la luz la condición de intérpretes de material ajeno por encima de cualquier otra consideración.
 


 I'm bad... Like Jesse James!

Sí, sin su mejor baza, esta cara B de su primer álbum hace que nos importe menos la fuerza de la interpretación, la cual sale a relucir además en canciones que se repiten respecto a la otra edición. Que ya sé que es un producto de su tiempo y que por aquel entonces era complicado tener acceso a ambas versiones para comparar, pero nunca me ha gustado que me compliquen la historia cuando trato de desentrañar los entresijos de cualquier artista. Y eso de tener canciones repetidas, en estos tiempos es más redundante e innecesario que nunca. Como disco es muy bueno. Como pieza para completar la colección, da mucha rabia.

★★★☆☆


Más que con The Beatles, The Animals comparten con los Stones eso de editar para diferentes mercados y cambiar un par de temas para darle más emoción a la jugada. Los motivos eran variados. 

A veces la canción ya había sido single en alguno de los dos continentes y no querían pisotear dicho 7 pulgadas con la inclusión de la misma en el LP. Otras era una cuestión del gusto mayoritario de cada país. Y tampoco podemos olvidar la exclusividad y el deseo que despertaba en el coleccionista, el cual se veía obligado a adquirir ambas versiones a toda costa. Esto último tampoco era tan frecuente dada la dificultad para acceder a la versión no publicada en tu país, pero locos del vinilo ha habido siempre y espero que siempre los haya. 

En cualquier caso, la motivación económica era el motor de una idea que a mí me parece aberrante desde el punto de vista artístico, ya que adoro el concepto de LP como obra total, pensada y diseñada como un todo indivisible. Algo que hace tiempo que está más que en declive, pero que algunos románticos seguimos idolatrando por encima de otras consideraciones.

Rhythm 'n Blues Animal

The Animals [US edition] (The Animals, 1964)

RHYTHM & BLUES. Edición norteamericana del debut de The Animals, abanderados de esa British Invasion que asoló el mundo en general y los EE.UU. en particular a mitad de los 60. Resulta curioso que tuvieran que llegar de la antigua madre patria a enseñarles a ellos lo que era el rock & roll y el blues. Y si no a enseñárselo, al menos a recordarles cómo se hacía.

Tal vez esta banda no es la más representativa de esa revolución, enterrada como está entre The Beatles y The Rolling Stones, pero no hay duda de que el teclado intenso y punzante de Alan Price junto con la voz poderosa y expresiva de Eric Burdon los hicieron especiales. Y precisamente son las dos cosas que más destacan de su canción bandera, una "House of the Rising Sun" que con ese dramatismo extremo hicieron suya para siempre.

He ahí su gran victoria y su derrota más dolorosa, porque el éxito de la canción, no solo fue lo máximo que iban a alcanzar en cuanto a popularidad, sino que marcaba a la vez su mediocridad como compositores. En este disco no hay ningún tema propio y las pocas veces que se aventuraron en dicha tarea en esfuerzos posteriores acabaron con resultados, digamos, desiguales.
 

 Red House Blues

No, los Animals nunca serán recordados como creadores. Más bien como instigadores y paladeadores exquisitos. Su gusto por el blues está claro que es auténtico. Por eso suenan como suenan. Como un cañón. Así, una tras otra, van lanzando las salvas de honor para honrar a los grandes. Y de paso preparan el terreno para todo el rock garajero y para gente como los MC5. A mí no me parece escaso tal legado, aunque también es cierto que esperaba más de una banda tan mítica.

★★★

 

Los Animals podrán ser tachados de oportunistas y de revivalistas sin fondo, pero nunca de tibios de corazón. Su pasión les hacía sonar con el rajo de los mejores bluesmen y su entrega escénica bien remozada en calambrazos inéditos por aquel entonces ya anunciaba lo que iba a ser ese desatado rock garajero que los Sonics, los 13th Floor Elevators y demás terroristas selectos empezaban siquiera a imaginar. También por derivación debieron influir en mis adorados MC5. O eso me gustaría pensar, ya que me vienen a la mente de inmediato en cuanto se les va la mano con los amperios. Como decía John Sinclair, "dope, guns and fucking in the streets".

sábado, 27 de noviembre de 2010

perVERSIONES #12: la casa del sol naciente


"The House of the Rising Sun" se puede contar entre una de las canciones más versionadas de la historia. Se trata de una canción tradicional de autor desconocido y sus orígenes se remontan según las fuentes hasta el siglo 18 o el 16. La versión grabada más antigua corresponde a Clarence Ashley y Gwen Foster y data de 1933. Y las dos versiones que nos ocupan son dos maravillas de difícil calificación como la interpretación imberbe de Bob Dylan para su primer disco de 1961 y la electrificación realizada por The Animals que llevaría el tema a la gloria de las listas de éxitos en 1964. La primera es una toma acústica y bastante fiel al canon con un Dylan desgarrado hacia la mitad de un tema doloroso como pocos. La banda británica por su parte aporta ese aliento rock merced a un arpegiado y un órgano para la historia que sirven de colchón perfecto para el aullido mítico de Eric Burdon. Son dos instantes clavados en la memoria colectiva. Dos perlas auténticas sobre un material sublime. Negrita