Mostrando entradas con la etiqueta la leyenda del tiempo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta la leyenda del tiempo. Mostrar todas las entradas

domingo, 18 de mayo de 2025

Rock gitano

Gipsy Rock (Las Grecas, 1974)

 

GIPSY ROCK. Puede que no haya envejecido muy bien, con esos arreglos tan anclados en los 70 más rancios, pero lo que es innegable es la capacidad que tiene el disco para sumergirnos en otra época. Resulta facilísimo, tantas décadas después, imaginarse el impacto que causó en una audiencia que no podía estar preparada para esto. Bueno, en realidad la audiencia acogió esta propuesta con los brazos abiertos. No así, una vez más, los cenáculos más cerriles de la pureza flamenca. Más que gustar poco, me da a mí que no se lo tomaron en serio. De hecho, tuvieron que llegar Kiko Veneno, ese La leyenda del tiempo (Camarón de la Isla, 1979) o Pata Negra ya en los 80 para empezar a poner en valor lo visionario de este disco.

Es ese peso el que se me viene encima cuando pongo este álbum. Me abruma eso, las melodías tan claras, las voces tan perfectas y unas cuantas canciones absolutamente irresistibles. Algo que choca frontalmente con el aura poligonera de todo esto. Ya sea por lo que vino después o por asociar estos soniquetes con lo populachero, es fácil despreciarlo. Su producción tan artificiosa como falsamente brillante no ayuda a rebatir esto. Eso y alguna que otra canción más forzada que el resto ("Así, así (garrotín)", "Te amo, the amo, te amo") alejan al disco de mi órbita. No me entiendan mal. El álbum conecta conmigo en muchos momentos. Ese festival de guitarras eléctricas y bajos funkoides me parece fabuloso, pero tanto los temas más flojos como la producción de la que hablo hacen que no pueda tomármelo totalmente en serio.

Por eso Gipsy Rock pasa a engrosar esa lista de discos respetables pero que no acaban de ir conmigo al cien por cien. Con la diferencia de que puedo gozar más de la mitad del mismo a todo trapo. Es más, no hay ni una canción que me desagrade por completo. El problema es que hay unas cuantas que en un momento dado, por una pausa que rompe su flujo, por un estribillo fuera de sitio o por lo que sea, no redondean la jugada. Esto es especialmente notorio en un grupo de versiones por otro lado valientes y honestas en grado sumo. No queda más que lamentarse, sin dejar de disfrutarlo, por lo que podía haber sido este trabajo seminal.

★★★☆☆

A1 Te estoy amando locamente ✔
A2 Bella Kali
A3 Así, así (garrotín)
A4 Orgullo
A5 Achilipú 
B1 Amma immi
B2 Te amo, te amo, te amo
B3 La zarzamora
B4 Asingara
B5 No nanay

Total: 32 min.

Yo no quiero pensar (Las Grecas, 1975) [SINGLE]
 

GIPSY ROCK. Furia gitana electrificada en la cara A de este single, todo un himno cañí con solvencia instrumental y desgarro vocal. La cara B se aprecia más reposada pero igualmente sobrecargada y plena en una celebración de la libertad estilística y de la ausencia de prejuicios.

Toda una revelación este single, por tanto. Un auténtico festín de eso que alguien no tardaría en llamar flamenco nuevo, pero sin la ñoñería que se acabaría imponiendo en un subgénero que ha dado más de una alegría y que tiene su origen en exploradores incansables como este dúo, el cual nunca será lo suficientemente valorado.

★★

A Yo no quiero pensar 3:35
B Qué bonito aquella noche 3:16
Total length: 6:51 
DISCOS RELACIONADOS
 

viernes, 2 de agosto de 2024

Buscándose la ruina

Veneno (Veneno, 1977)

FLAMENCO LIBRE. Se ha dicho ya de todo sobre este torrente de libertad sin controlar, este exabrupto apenas dos minutos después de la muerte del dictador. Un disco que, como ese The Velvet Underground & Nico (1967), ha sido mucho más influyente que exitoso. De hecho, como dicen sus protagonistas, tardamos treinta años en darnos cuenta, no ya de su importancia, sino de su propia existencia. Un disco producido por el enorme Ricardo Pachón y que como otros de sus hijos más insignes, La leyenda del tiempo (Camarón, 1979), Guitarras callejeras (Pata Negra, 1985), fue un fracaso comercial sin paliativos. A ver si ahora podríamos entender por dónde han ido los tiros con el flamenco y sus mil bifurcaciones sin acudir a ellos.

Como en las mejores historias, todo surgió de manera casi fortuita. El más puro azar juntó a un Kiko recién llegado de California a Sevilla, cargado de discos y de ansias de libertad, con unos gitanos de las tres mil viviendas que ya mostraban una pasión inusitada por la música, por la guitarra para ser más precisos. Ellos le descubrieron a Camarón y Kiko les abrió las puertas del blues y Pink Floyd. Un intercambio que no pudo ser más fructífero a la hora de dar salida a lo que pasaba por sus cabezas en esas sesiones interminables en la casa del catalán de nacimiento. Unas sesiones sin rumbo ni dirección, maceradas por el humo del hachís y en las que se perdían día tras día sin saber muy bien el motivo y sin ningún plan previsto.

Ya desde el principio contaron con un montón de obstáculos e incomprensión. Ni los gitanos comprendían que hacían los Amador todo el día liados con los jipos, ni el entorno de Kiko acababa de entender que se pudiera hacer nada "moderno" a partir del flamenco. Con el tiempo ha quedado la idea de que el universitario y leído cantautor había "envenenado" a un par de gitanos ingenuos para llevárselos a su terreno, aunque nada más lejos de la realidad. La retroalimentación entre los tres siempre fluyó de manera libre y multidireccional, por mucho que las letras y buena parte de la música hubieran surgido de la mente de José María López Sanfeliu. Qué duda cabe que sin la aportación de las guitarras callejeras de los Amador nada de esto habría sonado como lo hace. Es más, nada de esto hubiera sido posible.

¿Y qué era esto? Pocas veces he visto más difícil describir a qué suena un disco que con esta obra, que por eso, entre otras cosas, cuesta tanto digerir y, una vez logrado esto, cuesta tanto desprenderse de la piel. Pues está claro, bueno, no tanto, pero se intuye que hay un fondo flamenco o al menos andaluz en estas composiciones. Si la voz de Kiko, el cual canta con una violencia casi punk, se empeña en borrar esos restos, las guitarras de los Amador, serpentinas, entrelazadas a la perfección en un caos glorioso, se encargan de recordarnos cuál es el ADN de esta música. Una música experimental como ninguna música que se haya hecho en este país. Surrealista, juguetona, antisocial por momentos, pero terriblemente contagiosa.

Una música tan celestial como demoníaca, tan pensada y ensayada como espontánea y loca. Veneno, gracias a la producción inmarcesible de Ricardo Pachón, a su idea para la portada (la cual fue vetada por la discográfica al instante) y a la batería incomparable de Antonio Moreno "el Tacita", siempre me ha sonado como el mejor intento por mostrar cómo sonaría la esquizofrenia controlada. Si esto fuera posible, esta obra inmensa, extraña, inaprensible y terriblemente adictiva sería el molde para tratar de replicar algo que no puede repetirse. Después de esta poco más de media hora llegaría la disolución abrupta de una banda que no podía durar de ninguna de las maneras. Doce años después, Raimundo y Kiko trataron de continuar el legado, pero ni ellos consiguieron seguir un camino que a día de hoy nadie sabe de dónde surgió ni hacia dónde se dirigía.

 

A1 Los animales 5:30
A2 La muchachita 8:42
A3 Indiopole 3:43
B1 Los delincuentes 4:43
B2 Aparta el corazon de las mangueras 6:54
B3 San José de Arimatea 2:55
B4 No pido mucho 2:48

Total: 35:15

Hay que hacer una mención especial a la portada, idea de Ricardo Pachón para la cual mandó fabricar un hierro de marcar con la palabra "VENENO", la cual estampó en una barra de medio kilo de hachís auténtica. La fotografía de dicha piedra medio envuelta en papel de aluminio fue demasiado para una discográfica que paró la producción en cuanto pudo para cambiar la carátula por esa inexpresiva instantánea con la palabra veneno sobre un fondo que parece arena, hormigón o vete a saber qué ñoñez.

De todas formas la idea inicial para la carátula demuestra que artistas y productor iban a por todas y que creían en sus posibilidades a pesar de tenerlo todo en contra. Casi nadie les escuchó, por supuesto, pero no hay más que ver la influencia que tuvo el grupo y el álbum en el flamenco posterior, eso que alguien se atrevió a llamar flamenco nuevo. Las Grecas ya habían impactado con su Gipsy Rock (1974). Lole y Manuel eran toda una realidad con un éxito inapelable. Sin embargo, lo mejor estaba todavía por llegar.

 

Y es que cuando Pachón se vio en la tesitura de dirigir el nuevo camino que Camarón le estaba pidiendo, se acordó de Veneno, una banda que estaba ya disuelta, pero que él intuía que tenía todavía mucho que decir. Así, Raimundo tocó en las sesiones de La leyenda del tiempo (1979) del de San Fernando, pero es que Kiko fue un auténtico director artístico y una figura capital para que el resultado fuera el que fue. De él surgió la idea de que tiraran por García Lorca a la hora de buscar temas para el disco y él compuso o arregló piezas clave como "Volando voy" (un tema de los últimos tiempos de Veneno), "Homenaje a Federico", "Mi niña se fue a la mar" o "Viejo mundo".

Una prueba más que fehaciente de la importancia capital de Veneno y de sus múltiples afluentes. Después podríamos disfrutar de Pata Negra, la nueva banda que se inventaron los hermanos Amador, y de una carrera en solitario de Kiko, ya Kiko Veneno, que no empezó a florecer hasta los primeros 90, pero que al final demostró que el que tuvo retuvo. Esa es la historia de una página gloriosa que se multiplicó hasta formar todo un volumen de oro dentro de la música popular en castellano. Una página que nunca deberíamos subestimar más.

DISCOS RELACIONADOS



 

martes, 26 de septiembre de 2017

Más allá de cualquier límite

La leyenda del espacio (Los Planetas, 2007)

 

PSICODELIA JONDA.

"Me estoy quedando sin fuerzas
solo espero ya la muerte.
Me falta sangre en las venas
mi corazon se retuerce

Estoy muriendo de pena
y tu no vienes a verme
Te estoy pidiendo que vengas
y ni siquiera apareces"



Han pasado tres años desde Contra la ley de la gravedad (2004) y todo ha cambiado. El séptimo disco de Los Planetas se abre en canal con el dolor sangrante del flamenco. Si el anterior dejó un regusto amargo en bastantes paladares, este viene dispuesto a dar aún más guerra. No en vano tiene todas las papeletas para ser el disco más controvertido de los granaínos. Y es que ninguna advertencia ("¡Los Planetas se han pasado al flamenco!") ni el cierre del disco anterior con una versión de Bambino ni los palos flamencos que aparecen entre paréntesis tras los títulos podían hacernos el cuerpo para lo que contiene este disco, polémico sin duda, y que a la vez podría ser situado desde un primer momento entre lo mejor de la orquesta química.

No voy a decir que no resulte chocante. Las melodías y las letras tienen un rajo flamenco evidente. Tampoco creo que esto tenga que echar para atrás al integrista antigitaneo, porque hay muchas razones para que se pueda pasar por alto esta fusión. Primero el tono decididamente pop de temas como "Reunión En La Cumbre", "La verdulera", "Si me diste la espalda" o "Alegrías del incendio", luego el noise asfixiante, oscuro y psicodélico de "El canto del Bute", "Si estaba loco por ti", "Ya no me asomo a la reja" o "Negras las intenciones", y por último el cante de J, que además de estar enterrado en la grabación, de flamenco tiene muy poquito. Y esto es lo que hace que el disco vaya a pasar totalmente desapercibido para el fanatismo pro-flamenco-puro. Al fin y al cabo, el acabado de esta obra no tiene nada de canónico respecto a este arte ancestral, a pesar de la presencia (imponente como siempre) de don Enrique Morente.

Dejándonos de tonterías y prejuicios, podremos disfrutar con la viscosidad de un disco oscuro y ruidoso que engrosa de manera meritoria el ya apetitoso currículum de esta banda. Un experimento impresionante que tiene su culminación en la viva "Alegrías del incendio" donde la fusión de estilos llega al punto de no poder distinguir donde termina el rock y comienza el flamenco. Porque, y de eso no parece haberse dado cuenta mucha gente, al final del estribillo se intuye un aliento flamenco apreciable. No dejan de ser lo que anuncian, unas alegrías. Una excusa para el pop, mientras que en el grueso del álbum predomina la improvisación y la creación, nada de costumbrismos baratos ni cachondeíto guapo. Guitarras profundas que desgranan efectos de otro mundo.

El séptimo, una vuelta de timón firme y furibunda, un disco que no deja de poseer las mejores virtudes del rock que se encuentran siempre en la absoluta libertad creativa. Los Planetas, duros y más libres que nunca, tras esta demostración debemos certificar sin tacañerías que se han hecho muy grandes y que han encontrado una veta con posibilidades increíbles. De ellos depende que la exploten bien. Y a lo mejor tenemos que esperar otros tres años o cuatro o los que sean... Pero esto me tranquiliza. Sé que merecerá la pena.

★★★★

1 El canto del Bute (tientos) 4:49
2 Si estaba loco por ti (verdiales) 6:17
3 Reunión en la cumbre 3:09
4 La verdulera (mirabrás) 3:07
5 Ya no me asomo a la reja (fandangos) 6:34
6 Negras las intenciones (soleares) 7:14
7 Si me diste la espalda 3:25
8 Deseando una cosa (cantiñas) 2:54
9 Entre las flores del campo (caracoles) 2:43
10 La que vive en la carrera (granaínas) 2:35
11 Alegrías del incendio (alegrías) 3:48
12 Sol y sombra 4:18
13 Tendrá que haber un camino (caña) 5:02
Total: 55:55

Parece muy claro, desde el mismo título, que el disco homenajea a ese glorioso La leyenda del tiempo (1979) con el que Camarón puso del revés el mundo del flamenco. Por mucho que sónicamente los dos álbumes estén en las antípodas, se aprecian lazos comunes incontestables. El riesgo, el poner al oyente contra las cuerdas, la alianza con el rock de Camarón y el juego contrario por parte de Los Planetas... 

Dicen que los gitanos viejos devolvían el disco del de San Fernando porque ese no era Camarón. Algo parecido pasó con muchos de los fans de los granadinos ante esta "aberración". Lugares comunes que se repiten en un ciclo interminable.

También hay que acordarse, cómo no, de ese Omega (1996) que también es molde, quizás más que La leyenda del tiempo, para el séptimo trabajo de J y los suyos. La obra magna de Enrique Morente revolotea por este y multitud de trabajos surgidos en la órbita del pop independiente a partir de este disco seminal, de su continuación, Una ópera egipcia (2010), a obras tan rompedoras como Homenaje a Enrique Morente (Los Evangelistas, 2012), Para los que aún viven (Exquirla, 2017) o Fuerza Nueva (Fuerza Nueva, 2019).

DISCOS RELACIONADOS


viernes, 1 de mayo de 2009

El corazón del sueño

 La leyenda del tiempo (Camarón, 1979)

FLAMENCO NUEVO. En nuestra desgastada piel de toro también tenemos nuestros mitos. Y un puñado de ellos podrían enseñar mucho a tantos discos que por el simple hecho de nacer anglosajones ya merecen más parabienes y atención. Una injusticia infame que queda retratada ante obras de arte total como esta Leyenda del tiempo camaroniana. 

Mucho se ha dicho sobre su innovación, su impacto en el futuro rock gitano y el denostado rock andaluz. Sí, no hay duda de que Pata Negra por un lado, y Triana, Alameda o Medina Azahara por otro, le deben la vida a la valentía del de San Fernando. Igual que el cantaor le debe mucho a esos primeros conatos de rebelión por parte de Las Grecas, Smash, Lole y Manuel o Kiko Veneno. Valentía matizable, que quede claro, porque los que esperen una salida de madre en este álbum se van a dar con un canto en los dientes. 

Sí, este disco tan "rompedor", que lo es, no deja en ningún instante de ser y sonar flamenco. Por mucho que el cambio de nombre del cantaor en la portada pudiera hacer presagiar una falla gigantesca e irreconciliable con ese mundo, y por mucho que se deje acompañar por baterías, sintetizadores, bajos y guitarras eléctricas, lo que contienen estos surcos rebosa flamencura por los cuatro costaos. Enrique Morente ahondaría en la radicalidad con las formas distorsionadas de Omega (1996), y a pocos se les escapa que aquí tenemos al precursor de eso, pero este disco transgrede más en los detalles que en el fondo.

Algo que me lleva a preguntarme qué influencia tiene todo este espíritu rupturista en el disfrute que produce el álbum. Ricardo Pachón, el productor, insistió en meter a Lorca en el mismo. Algo que hoy parece más que superado, pero que en la época no era del gusto de un público que no podía conectar lo popular del género con la alta cultura que representaba el poeta granadino. Un poeta que, como se ha demostrado con los años, no podía escribir versos más flamencos. Una elección que, a pesar de haber pasado un poco desapercibida, creo que está en el meollo de que este disco se me cuele en el alma como lo hace.

Porque muy pocas grabaciones me producen la euforia que me causa esta. En ella todo parece estar en su sitio. La voz mayestática, la guitarra, ahora de Tomatito, luego de Raimundo Amador, los arreglos exoflamencos (batería, sitar, guitarra y bajo eléctricos...), las composiciones míticas de Kiko Veneno, las letras lorquianas... Todo el conjunto apabulla y las individualidades te dejan babeando. Un disco que te permite vivir durante un ratito en un mundo maravilloso. 

La leyenda del tiempo puede ser el caballo de Troya más grande que me haya encontrado. Todo un icono pop injertado en lo más hondo de nuestra cultura. Jugando con las mismas reglas de los demás, siendo siempre mucho más de lo que parece a simple vista, gana la partida siempre. Por eso, más que grande, muy grande, es inconmensurable. Y lo que es mejor: siempre lo será.

 

A1 La leyenda del tiempo 3:38
A2 Romance del Amargo 3:43 
A3 Homenaje a Federico 4:06
A4 Mi niña se fue a la mar 3:02
A5 La Tarara 3:43
B1 Volando voy 3:20
B2 Bahía de Cádiz 2:53
B3 Viejo mundo 2:43
B4 Tangos de la Sultana 4:26
B5 Nana del caballo grande 4:55
Total: 36:29

"Lo más parecido al rock que yo he grabado ha sido "La leyenda del tiempo", ahí arriesgué y metí cosas que no son las más habituales en el cante flamenco. (...) Y hay que tener cuidado con lo que se hace, no salirse de los límites del flamenco, que los tiene" (Camarón)

A Camarón le molestaba el artículo en "El Camarón de la Isla". Lo de "La Isla", lejos de molestarle, le encantaba. Pero alguien decidió dejarlo en Camarón a secas a partir de este álbum.


La acogida fue tibia en los círculos más ortodoxos. Es famosa la imagen de los "gitanos viejos" que devolvían el disco en las tiendas diciendo que ese no era Camarón. Para cualquiera no muy puesto en flamenco (me incluyo), esto tiene poco que achacar. ¿Que hay alguna batería?, vale; ¿que alguna instrumentación de rock progresivo?, perfecto. Son solo adornos y envoltorio para un meollo que es puro rajo gitano. Por palos, por entonación, por duende, por todo aquello que no se puede explicar con palabras.