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martes, 20 de junio de 2023

Samba en los huesos

João Gilberto (João Gilberto, 1973)

 

BOSSA NOVA. João Gilberto se desnuda como solo podía hacerlo un músico curtido, experimentado en mil batallas y con un conocimiento de su arte solo al alcance de unos pocos. Aunque parezca contradictorio, solo con un bagaje como el que acumulaba el de Bahía desde que publicara ese mítico y fundacional Chega de Saudade (1959) era posible llegar a este nivel de concreción, gusto y precisión melódica.

Habían pasado demasiadas cosas en estos escasos quince años. Gilberto había presenciado en primera persona la eclosión planetaria de un género que no estaba pensado para trascender los límites de lo local. No solo había sido espectador de lujo, sino que había sido uno de los instigadores del fenómeno. Supongo que a estas alturas, de vuelta de casi todo, pero con ganas de seguir diciendo cosas, no encontró una forma mejor que desnudar su propuesta hasta lo mínimo. Así, a voz, guitarra y percusiones peladas, el bahiano se fabricó uno de los discos más rompedores de la bossa nova. 

Su "álbum blanco", que así se le conoce en contraposición con la obra experimental que The Beatles sacaron en 1968, experimenta y prueba cosas desde el ángulo contrario a los de Liverpool. En lugar de vestir las canciones de lujosos ropajes arreglísticos, el brasileño las deja en los huesos poniendo en evidencia, o mejor, dejando relucir su intenso corazón melódico. Unas melodías que son más bien melopeas rítmicas, letanías rituales y que en más de una ocasión nos trasladan de cabeza al África más ancestral.

Toda una reconciliación con las raíces más profundas de una música que había surgido de muchos viajes y muchas tragedias, de ese océano Atlántico que ha sido escenario de una historia sangrienta y cruel. Todo eso late en unas composiciones que no dejan de juguetear con la belleza y el pellizco. Y así, de una manera sutil e hipnótica, este discazo se va tatuando en tu piel, se va inoculando en tus venas hasta que sin darte cuenta ya forma parte de ti. 

★★★★☆

A1 Águas de março 5:23
A2 Undiú 6:37
A3 Na Baixa do Sapateiro 4:43 
A4 Avarandado 4:29
A5 Falsa baiana 3:45
B1 Eu quero um samba 4:46
B2 Eu vim da Bahia 5:52
B3 Valsa (Como são lindos os Youguis) 3:19
B4 É preciso perdoar 5:08
B5 Izaura 5:28

Total: 49:30

Xxx

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miércoles, 28 de septiembre de 2022

Tin Pan Alley

Lola Versus Powerman and the Moneygoround, Part One (The Kinks, 1970)

POP ROCK. Los Kinks siguen a lo suyo en lo que muchos consideran un disco de transición. Es cierto que el concepto no está tan estructurado ni tan desarrollado como en obras anteriores, cosa que no me parece algo malo. Y eso no quita que siga habiendo una idea central que bulle en todas las canciones: la industria discográfica y sus ramificaciones. Una industria a la que satirizan y despedazan sin piedad.

Como el famoso "White Album" de los Beatles, publicado un par de años antes, este Lola Versus Powerman... se desborda estilísticamente. Como el disco mencionado de los de Liverpool, también muestra un amor incondicional por la música norteamericana, tocando palos vecinos del rock & roll y haciendo algo más que rozar el rock duro en ocasiones. Todo esto sin olvidar su querencia por el exotismo y lo vodevilesco, cualidades indisolubles de su estilo.

Así las cosas, les sale un disco disperso y al que para mi gusto le falta algún directo a la mandíbula. Bailan al contrario de dulce, lo marean y lo dejan a punto para un KO que no saben o no quieren culminar. Un álbum en el que, según dicen algunos, nos encontramos algunas de las mejores canciones de los Kinks. Personalmente no compro esta afirmación y me vuelvo a quedar a medias con una gema que para mí no brilla tanto.

★★★

A1 The Contenders 2:42
A2 Strangers 3:19
A3 Denmark Street 2:01
A4 Get Back in Line 3:04
A5 Lola 4:01
A6 Top of the Pops 3:39
A7 The Moneygoround 1:46
B1 This Time Tomorrow 3:21
B2 A Long Way From Home 2:26
B3 Rats 2:39
B4 Apeman 3:52
B5 Powerman 4:17
B6 Got to Be Free 3:01
Total: 40:08

Xxx

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domingo, 18 de abril de 2021

"¡Greta Garbo habla!"

All Things Must Pass (George Harrison, 1970) 


POP ROCK. Estamos ante el tercer disco en solitario de George Harrison, aunque casi podría considerarse como el primero, ya que los dos anteriores son más bien excusas para saciar su espíritu experimentador al margen de The Beatles. En este es donde encontramos por fin canciones propiamente dichas. ¡Y qué canciones! Material de lujo asiático que ha sido guardado durante años. Algún tema data de 1966, nada menos, y son una muestra del enorme talento que había quedado ninguneado durante tantos años de discreción en los Fab Four.

George había necesitado su tiempo, pero cuando se vio con fuerzas lo que le salió fue torrencial. Para producir su disco se agenció los servicios de todo un Phil Spector, el cual quedó maravillado ante la cantidad y calidad del material que Harrison le iba enseñando. Materia prima de primera a la que aplicarle un muro de sonido que puede sonar más sutil aquí, pero no menos brutal a la hora de dotar de personalidad a una obra que no solo no se achica, sino que creo que gana en muchos aspectos a las que por esos meses también sacaron sus otrora amigos John Lennon y Paul McCartney.

Un disco triple, ahí queda eso, que fue toda una liberación. Un auténtico viaje espiritual que vuelca cosas del hinduismo al que se había abonado el británico, pero que sobre todo suena contemporáneo y fresco partiendo del blues, el folk y el country como principales ingredientes. Algo un poco sorprendente, pero que le va que ni pintado a los devaneos con la slide de un Harrison que suena pletórico y liberado de ataduras y mordazas. Tan pletórico como unas canciones que también se impregnan del dolor y la derrota de la separación. Tonadas que, lejos de sonar rencorosas, estallan refulgentes entre la euforia y la sanación.

Tal vez ese sea el secreto de este clásico inmarchitable. Seguro que por todo eso todo el mundo quería tanto a George. Eric Clapton, Bob Dylan... Todos lo adoraban y todos están aquí de una u otra forma, flotando en el aire entre sus notas doradas.

★★★★☆

A1 I'd Have You Anytime 2:50
A2 My Sweet Lord 4:39
A3 Wah-Wah 5:35
A4 Isn't It a Pity (Version 1) 7:10
B1 What Is Life 4:18
B2 If Not for You 4:27
B3 Behind That Locked Door 3:03
B4 Let It Down 4:55
B5 Run of the Mill 2:52
 
C1 Beware of Darkness 3:47
C2 Apple Scruffs 3:03
C3 Ballad of Sir Frankie Crisp (Let It Roll) 3:47
C4 Awaiting on You All 2:44
C5 All Things Must Pass 3:46
D1 I Dig Love 4:54
D2 Art of Dying 3:35
D3 Isn't It a Pity (Version 2) 4:46
D4 Hear Me Lord 5:46
 
Apple Jam
E1 Out of the Blue 11:07
E2 It's Johnny's Birthday 0:49
E3 Plug Me In 3:15
F1 I Remember Jeep 6:59
F2 Thanks for the Pepperoni 5:26 
 
Total: 103:33

Desde el 68 se puede decir que Harrison estaba metido de lleno en el hinduísmo, la filosofía Hare Krishna y la meditación trascendental. 

Es famosa su experiencia en un vuelo terrorífico en medio de una tormenta, golpeado por los rayos y casi impactado por un Boeing 707 que pasaba por allí. Durante el accidentado trayecto, según cuenta, se puso a cantar el mantra de los Hare Krishna durante horas, creyendo firmemente que eso era lo que acabó salvándole la vida.

Pues mucho de eso hay en este obrón. Su duración monstrenca, la repetición elástica de las jams que llenan la última rodaja o esa "My Sweet Lord" en la que trata de hermanar religiones en un mismo espíritu e intenta rozar la divinidad a base del mantra melódico y lírico que la vertebra. No llega a los cinco minutos, pero lo cierto es que puede hacerte flotar sin esfuerzo.

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viernes, 12 de marzo de 2021

La calzada del gigante

Giant Steps (The Boo Radleys, 1993)


SHOEGAZE. Está claro que la modestia es una carga para obras tan insultantemente enormes. Para titular un disco "pasos de gigante", como ya hiciera John Coltrane, hay que tenerlos bien puestos y los de Martin Carr no muestran ni un atisbo de duda en la continuación a su ya torrencial "Everything's Alright Forever" (1992). "Giant Steps" estalla en su ambición desmedida, pero no deja de ser la prueba palpable de que el grupo era más que consciente de lo que había creado.

Esta materialización de una evolución salvaje se abre como un melón con vetas de electricidad prístina desde el segundo cero y se va desarrollando alrededor de un crujido estático que la recorre de arriba abajo. Se te aloja en el cerebro como una bala, dando un nuevo significado al calificativo "noise". Un ruidismo envolvente y oceánico en la estela de My Bloody Valentine o Ride, que no renuncia a un pop abierto y multicolor que lo mismo bebe del jazz, que del reggae, que de mil cosas aún por clasificar.

Un disco estratosférico que se deja de menudencias para mirarse en cosas tan gigantescas como el "Álbum Blanco" de The Beatles. Así de ambiciosos se sentían los otros cuatro de Liverpool. Una pretenciosidad estilística, instrumental, melódica y arreglística que se convierte en exuberancia pop a borbotones y ruído cocido a miles de kilómetros bajo tierra antes de entrar en erupción por los altavoces. Dicho de otra forma, porque ya no sé cómo dejarlo más claro: melodías virginales bañadas en sulfuro eléctrico. O si lo prefieren, resumiendo, uno de los discos de britpop más magistrales de los 90.

★★★★

1 I Hang Suspended 3:57
2 Upon 9th and Fairchild 4:50
3 Wish I Was Skinny 3:37
4 Leaves and Sand 4:25
5 Butterfly McQueen 3:28
6 Rodney King (Song for Lenny Bruce) 2:45
7 Thinking of Ways 3:48
8 Barney (...and Me) 4:42
9 Spun Around 2:31
10 If You Want It, Take It 2:47
11 Best Lose the Fear 4:12
12 Take the Time Around 4:07
13 Lazarus 4:38
14 One Is For 1:36
15 Run My Way Runway 2:20
16 I've Lost the Reason 5:17
17 The White Noise Revisited 5:02
Total: 64:02

 

Ya lo he dicho arriba y es algo más que notorio que el grupo se atreviera a usar un título ya cogido como Giant Steps para titular su tercer álbum. No solo porque ese título ya tuviera dueño, sino sobre todo porque ese dueño era ni más ni menos que John Coltrane. Y encima era una de sus cumbres más mayestáticas. 

Una losa que se autoimpusieron, pero que acabó no teniendo importancia. Ni sus fans salían del mismo caladero que los seguidores del saxofonista ni tenían nada que temer, habida cuenta de la calidad y la potencia del material que estaban grabando.

Un material que podríamos decir que hasta comparte cosas con el clásico de Coltrane. Cosas muy genéricas, pero muy importantes, como la libertad creativa en grado sumo, una elasticidad estilística que en el caso de Coltrane lo acabó convirtiendo en uno de los grandes exploradores del género y la potencia del sonido, un ente epatante, subyugante y avasallador en los dos ejemplos que nos ocupan. Sí, al final el nombre no estuvo tan mal escogido.

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