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miércoles, 29 de marzo de 2023

Escarbando hasta el infinito

You and I
(Jeff Buckley, 2016)
  
Curioso artefacto que de alguna manera se sobrepone a la mera coartada comercial. No dejan de ser despojos del artista, pero esta vez las excusas para hacer caja se ven justificadas por un material, si no excelso, sí revelador.

De las canciones firmadas por él, dos, nos quedaremos con la versión acústica de un "Grace" eterno. Es cierto que impresiona poco al lado de la versión eléctrica que todos conocemos, pero resulta emocionante verla en ese estado primigenio. Todo lo contrario a ese "Dream of You and I", hablado y casi bostezado, que no aporta nada al canon del californiano.

No obstante la miga está en las versiones y apropiaciones que hace, y que en este formato esquelético a guitarra y voz nos demuestran por enésima vez el talento camaleónico y absolutamente personal de Jeff. El hijo de Tim Buckley demuestra desde el principio que está llamado a dejar huella con rendiciones espectaculares de Bob Dylan, The Smiths, Led Zeppelin y Sly Stone, entre otros. Especialmente impactantes encuentro ese frágil y elástico "Just Like a Woman" o ese mayúsculo "Poor Boy Long Way from Home" en el que se disfraza de bluesman en sepia y justifica sólo con eso la adquisición de esta obra. Un disco para completistas, eso sí, pero que puede servir también para introducirse en el mundo de un autor genial y un intérprete absolutamente espectacular.

★★★☆☆

1 Just Like a Woman
2 Everyday People
3 Don't Let the Sun Catch You Cryin'
4 Grace
5 Calling You
6 Dream of You and I
7 The Boy With the Thorn in His Side
8 Poor Boy Long Way From Home
9 Night Flight
10 I Know It's Over

Total: 64 min.

martes, 28 de marzo de 2023

Lección de anatomía nº 4: cartografía del naufragio

Angel Wings (Jeff Buckley, 1997) [BOOTLEG]

ROCK/EXHUMACIÓN. Piratón que se centra en el material descartado de las sesiones de Grace (1994). Ese es el núcleo, aunque este viene emparedado por un par de temas de las primeras sesiones que Buckley grabó en solitario para Columbia y otros cuantos de su intento por armar el que iba a ser su segundo disco, que no llegó a materializarse. 

A priori podríamos pensar que se trata de un nuevo batiburrillo de cosas sin valor que se quedaron en un cajón por un buen motivo. Y no puedo decir que no haya algo de verdad en ello. Como tampoco puedo afirmar que no encontremos cosas jugosas aquí. De hecho, bastante más apetecibles de lo que otros lanzamientos oficiales se jactan para acabar quedándose a medias en todos los aspectos.

Lo mejor de esta colección es que podemos ver buena parte de las facetas de Buckley. Del crooner inflamado al rockero desabrochado. Del blues singer abisal al juguetón más terrible. Aquí Jeff toca muchos palos desde la relajación que da el experimentar sin compromiso alguno. Una relajación que no encontramos en ese Grace (1994) en el que (por suerte) se toma tan en serio a sí mismo. Un disco este, por tanto, que complementa a la perfección la cara A de un artista, no me canso de repetirlo, bestial.

★★★☆☆

Vol. 1

  1. Strawberry Street (acoustic)
  2. If You Knew
  3. Tongue
  4. Lost Highway
  5. Forget Her
  6. Alligator Wine
  7. Mama, You Been On My Mind
  8. Parchman Farm Blues/Preachin' Blues
  9. The Other Woman

Vol. 2

  1. Kanga-Roo
  2. I Want Someone Badly
  3. Kick Out the Jams (live)
  4. Dream Brother (Nag Champa Mix)
  5. Strawberry Street (live w/ band)
  6. Medley: Je n'en connais pas la fin / Hymne à l'amour (live)
  7. Sky Blue Skin
  8. Thousand Fold

Total: 92 min. 

lunes, 27 de marzo de 2023

Lección de anatomía nº 3: análisis antropológico

Songs to No One 1991-1992 (Jeff Buckley & Gary Lucas, 2002) [RECOPILATORIO]

SONGS TO THE SIREN. Se podrán decir muchas cosas de las exhumaciones que viene realizando Mary Guibert, madre de Jeff Buckley, del material que su hijo dejó sin publicar, pero desde luego no se puede negar que los títulos que les ponen les vayan al pelo. Entre bocetos para borrachos, misteriosos chicos blancos y canciones sin destinatario, los curiosos podemos intentar saciar el hambre del que se quedó a medias, mientras que los herederos y arribistas, no les culpen, tratan de sanear su cuenta corriente.

Ahora le toca el turno a los primerísimos pasos de Buckley en el mundo de la farándula. Unos primeros momentos que fueron decisivos para la formación del animal artístico en el que se acabó convirtiendo. Y unos primeros pasos en los que contó con la estimable ayuda de todo un Gary Lucas, miembro de la archiconocida Magic Band de Captain Beefheart. Un guitarrista imaginativo y planeador que fue clave a la hora de moldear clásicos como "Mojo Pin" o "Grace", esta última ¿con armónica?, los que iban a ser más que posiblemente dos de los hitos más importantes de Jeff en toda su carrera.

Creo que a estas alturas huelga decirlo: no nos van a dar nada que pueda igualar el efecto de ese Grace (1994) con el que se aseguró su pedazo de eternidad. Por eso debemos tasar estos artefactos con otra mirada. Si nos arellanamos sin esperar lo que no debemos y simplemente nos dedicamos a observar la fotografía del momento, creo que este recopilatorio tiene su valor. Ya sea por apreciar lo buenas que eran las canciones que lo encumbrarían ya desde su estado embrionario, ya por curiosear filias no tan explotadas después, como esa vena setentera que no solo se mira en sus idolatrados Led Zeppelin, sino en cosas menos obvias para él como Black Sabbath ("Cruel"), o en el folk más florido ("She Is Free"). Lo cierto es que todo acaba haciendo de esto una compilación interesante, eso sí, solo para muy iniciados. Puede que no sea poca cosa, no lo sé. Al fin y al cabo al 90% de la humanidad le importará un bledo lo que suena aquí y no podemos olvidar que la mayoría de estos temas quedaron olvidados y no fueron retomados. 

Algún problema tendrán, ¿no creen? Fijándonos en todos los detalles no podemos obviar que para pasar por el aro, Mary Guibert se empeñó en añadir instrumentos para reformar los temas originales del dúo, cosa que enfadó ostensiblemente a Lucas. El guitarrista Bill Frisell y la banda de jazz Sexmob se encargaron de los doblajes bajo la dirección de un Hal Willner que siempre es síntoma de calidad. Se podrá decir lo que se quiera del resultado final, pero no que no se cumple esa máxima una vez más. Otra cosa es que eso sea suficiente.

★★☆☆☆

A1 Hymne à l'Amour
A2 How Long Will It Take
B1 Mojo Pin
B2 Song to No One
B3 Grace (Studio Demo)
 
C1 Satisfied Mind
C2 Cruel
C3 She Is Free with Sex Mob
D1 Harem Man
D2 Malign Fiesta (No Soul)
D3 Grace (Live)
 
Total: 60 min. 

viernes, 24 de marzo de 2023

Lecciones de anatomía nº 1 y 2: diseccionando el cadáver

Mystery White Boy (Jeff Buckley, 2000) 

ROCK. ¡Qué bueno era Jeff Buckley! Y no es que este disco nos lo descubra, pero sí que confirma su fama legendaria en directo. Se trata de un picoteo entre las grabaciones en DAT de los conciertos de su gira de presentación de Grace (1994). Todo según una selección de su madre, Mary Guibert, garante y guardiana suprema del legado de su hijo. 

Una selección hecha con mimo, de eso no me cabe duda. Tampoco de que con Jeff hay poco margen de error. Con esas premisas, ya sea desde Australia, Alemania o Francia, aquí el disfrute está asegurado. A los pies de lo más sentido y de lo más furioso. Ante canciones que nos sabemos al dedillo u otras que nunca habíamos escuchado. De su puño y letra o de cualquier otro. Da igual. Al final todas le acaban perteneciendo por derecho propio. 

Que también puede ser que nos toque la moral cuando se pone más histriónico de la cuenta. O que la enésima rendición de "Grace" nos pille algo cansados, pero, sobre todo esto último, no me queda claro que no sea culpa nuestra más que de un artista mágico que no entendía el significado de dosificarse.

★★★☆☆

1 Dream Brother 8:48
2 I Woke Up in a Strange Place 5:05
3 Mojo Pin 6:06
4 Lilac Wine 5:19
5 What Will You Say 7:34
6 Last Goodbye 4:58
7 Eternal Life 5:58
8 Grace 5:38
9 Moodswing Whiskey 5:36
10 The Man That Got Away 3:47
11 Kanga Roo 10:23
12 Hallelujah / I Know It's Over (Medley) 9:17

Total: 78:29

Live à l'Olympia (Jeff Buckley, 2001)

ROCK. Jeff Buckley siempre ha mostrado un amor más que evidente por Francia, su idioma y su cultura. Solo hay que echar un vistazo para darse cuenta de que desde el principio el cantautor ya incluía adaptaciones de temas franceses en su repertorio. Por eso que el californiano acabara tocando en el templo parisino de la chanson era algo más que esperable. Tanto como que publicaran un disco recogiendo el momento.

El disco se nutre de dos actuaciones que dio el 6 y 7 de julio de 1995, estando ya la gira de presentación de Grace (1994) más que rodada y testada. Poco espacio para la sorpresa, pues, y pocas novedades que llevarnos a la oreja más allá de lo que supone disfrutar de un nuevo recital de este artistazo.

Con estos comentarios puede parecer que no valoro esto como merece, y puede que sea así. Las canciones, salvo alguna excepción, no dejan de ser las que ya conocemos. Una nueva muestra de que Jeff se fue demasiado pronto y nos dejó a deber un buen puñado de discazos, pero también de que por mucho que pretendan estirar el chicle, la cosa no da más de sí.

Aun así, siempre resulta una gozada sumergirse en las octavas infalibles de uno de los mejores cantantes que haya dado el rock. Y a eso pocos peros se le pueden poner.

☆☆★★

1 Lover, You Should Have Come Over (Olympia) 7:47
2 Dream Brother (Olympia) 8:00
3 Eternal Life (Olympia) 5:06
4 Kick Out the Jams (Olympia) 3:06
5 Lilac Wine (Olympia) 5:39
6 Grace (Olympia) 6:08
7 That's All I Ask (Olympia) 5:18
8 Kashmir (Olympia) 1:34
9 Je n'en connais pas la fin (Olympia) 6:25
10 Hallelujah (Olympia) 9:35
11 What Will You Say (Classic Festival) 7:49 feat. Alim Qasimov
Total: 66:27

miércoles, 22 de marzo de 2023

Cuerno de unicornio

Live at Sin-é (Jeff Buckley, 1993) [EP]


ROCK DE PALO Y FANTASÍA. En estas cuatro canciones podemos ver hacerse carne al Jeff Buckley pre-Grace. Un animal escénico, un auténtico ángel de las tablas, un artista total, que solo con su telecaster y su garganta espolvoreada por las hadas era capaz de parar el tiempo. Puede que no seas de creer en leyendas, pero aquí no hace ninguna falta tener fe. Solo con cerrar los ojos y dejarse acunar y estremecer, comprobarás que a veces sí que es verdad eso de que la voz humana es el instrumento más expresivo que existe.

Se ha hablado tanto de la capacidad vocal del heredero de Tim Buckley... Tanto, que apenas se ha prestado atención a su calidad como compositor y, digámoslo alto y claro, como guitarrista. Que sea capaz de sacar esos trinos de sus arpegios o sus rasgueos es casi lo de menos. Eso, que no sería poco, es solo un detalle más a añadir a la cantidad de recursos que saca a relucir para demostrar que, cuando se viven las canciones y se respira la música como él lo hace, el milagro se hace carne. Casi parece que su voz y su guitarra se hacen uno por momentos.

Jeff Buckley nos ofrece aquí una pequeña dosis de su arte. Unas gotas que resultan ser una barbaridad. No hace falta zambullirse en la legacy edition del disco que en 2003 nos ofrecía una versión ampliada a dos CDs con tropecientas canciones, monólogos incluidos, más un DVD. Que es una experiencia casi religiosa, eso también, pero con estos cuatro cortes de la edición original ya podemos sentir el vértigo y el éxtasis de lo que llevaba dentro Jeff Buckley. Algo que, por muy mezquinos que seamos, por mucho que pretendamos malinterpretar como sobreactuación o melodrama barato, no deja de ser flama pura y sentimientos desbordados sin posibilidad de contención. Venga, a ver quién me dice que vamos sobrados de gente así de impresionante.

★★★★☆

1 Mojo Pin 5:50
2 Eternal Life 5:42
3 Je n'en connais pas la fin 4:57
4 The Way Young Lovers Do 10:02
Total: 26:31

El Sin-é no era un local glamuroso ni nada de eso. Más bien se trataba de una sencilla cafetería con no demasiado espacio en el East Village de Manhattan. Sin embargo fue capital en la carrera de numerosos artistas. De Allen Ginsberg a Sinéad O'Connor, y de Marianne Faithfull a The Waterboys, son bastantes los que le deben un favor al bueno de Shane Doyle.

También, y casi en mayor medida que ninguno, Jeff Buckley, el cual se fogueó en sus tablas con la única compañía de su telecaster, con el objetivo de derretir cualquier corazón a su alcance por helado que estuviera.

Estos fueron los humildes orígenes de la leyenda. El boca a oreja hizo el resto hasta el punto de que, llegado el momento, su puerta se llenaba de limusinas cada noche que tocaba Jeff. Los habituales del lugar se lo barruntaban ya. Era cuestión de tiempo que fichara por una discográfica gorda y los dejara abandonados en pos del arco iris. Y así fue. Sony se llevó el gato al agua, aunque lo primero que hizo fue publicar este EP. Una base más que digna sobre la que construir un mito.

DISCOS RELACIONADOS


 

C-nizas al a i re

Sketches for My Sweetheart the Drunk
(Jeff Buckley, 1998)

ROCK/BOCETOS. Jeff Buckley murió ahogado en la primavera de 1997, dejando atrás un disco celestial (Grace, 1994) y una legión de seguidores atrapados por su estilo apasionado y sus canciones inflamadas. Un año después, su madre, Mary Guibert, heredera única de su legado, decide junto a los gerifaltes de Sony que el cadáver ya está lo suficientemente frío como para editar los bocetos de lo que debería haber sido el segundo álbum del californiano. Se podrían repartir culpas, ya que al lado de todo editor avaricioso siempre va una cohorte de fans curiosos hasta la extenuación. Aunque claro, el oyente nunca decide sobre qué es lo que se debe editar o no. Y he dicho culpas porque hay mucho por lo que culpar aquí. Como mínimo, tantos motivos como los que hay para el regocijo.

El batiburrilo empieza bien, muy bien, con una primera rodaja que merece todas las loas que el disco ha recibido. En ella encontramos ideas bastante avanzadas que muestran el poderoso material al que Buckley estaba dando forma. Unas canciones que nos hacen babear al pensar en el discazo que podía haber creado si la parca no nos lo hubiera arrebatado como lo hizo. El segundo CD es otra historia. Empieza con un par de remezclas muy buenas de temas que ya están en el primer disco y continúa con un material que refrenda que el título que Mary acabó dando al disco es de lo más apropiado. Vamos, que no engaña a nadie. "Bocetos", dice bien clarito la portada. Y eso es lo que hay, canciones deshilachadas, a medio terminar, ideas de canciones y momentos privados en los que Jeff da rienda suelta a sus ganas de divertirse entre ruiditos, gemidos y bizarradas varias. Algo que tal vez nunca debiera haber visto la luz.

Un álbum necesario, no me cabe la menor duda, aunque no dé respuesta a las preguntas que todos nos hacemos. ¿Cómo habrían cambiado los temas tras las inminentes sesiones que se avecinaban antes del fatal desenlace? ¿Hasta qué punto habría pulido las ideas que yacen aquí? ¿Habría encontrado la inspiración en una noche de insomnio con la que crear un disco con canciones nuevas totalmente diferente a este? Está claro que nunca lo sabremos. Delicias y errores se dan la mano aquí. Y a pesar de todo, el mito no se empaña. Al fin y al cabo Jeff no aprobó esto. Tomémoslo pues como el retrato desenfocado y borroso de un momento tan dulce como difícil para el artista. Cualquier otra elucubración nos acaba llevando al sinsentido más atroz.

★★☆☆☆

1.1 The Sky Is a Landfill 5:09
1.2 Everybody Here Wants You 4:46
1.3 Opened Once 3:29
1.4 Nightmares by the Sea 3:53
1.5 Yard of Blonde Girls 4:07
1.6 Witches' Rave 4:40
1.7 New Year's Prayer 4:40
1.8 Morning Theft 3:39
1.9 Vancouver 3:12
1.10 You & I 5:38
 
2.1 Nightmares by the Sea 3:50
2.2 New Year's Prayer 4:11
2.3 Haven't You Heard 4:07
2.4 I Know We Could Be So Happy Baby (If We Wanted to Be) 4:27
2.5 Murder Suicide Meteor Slave 5:55
2.6 Back in N.Y.C. 7:37
2.7 Demon John 5:13
2.8 Your Flesh Is So Nice 3:37
2.9 Jewel Box 3:37
2.10 Satisfied Mind 5:58
Total: 91:45

Cualquiera medio interesado en Jeff Buckley sabe la historia de la tarde aciaga en la que decidió sumergirse en las aguas del Río Lobo para no regresar. Una muerte tan trágica como misteriosa que incrementa su dramatismo por el hecho de que en esos mismos momentos la banda con la que iba a empezar a ensayar y grabar su segundo disco estaba volando hacia su destino, Memphis, Tenessee.

DISCOS RELACIONADOS


Ese hálito celestial

Grace (Jeff Buckley, 1994) 

ROCK CELESTIAL. Pasados los años, resulta casi imposible enfrentarse a este disco con objetividad. Y es que la única obra (si hablamos de LPs) que Jeff Buckley editara en vida, su tótem sagrado, es su gran aportación al canon occidental y a la vez ha tenido una influencia nefasta.

Allá por 1994 el grunge de primera generación daba sus últimos estertores con la muerte de Kurt Cobain. La nueva hornada de rockerillos se limitaba a copiar a las cabezas coronadas del noroeste. Revivalistas de revivalistas. Poquito que llevarse a la oreja, pues. Ahí tuvo que surgir un volcán que se hacía llamar Jeff y estaba ávido por demostrar que era mucho más que el hijo de Tim Buckley. Con su padre compartía el don de una voz de oro (que diría Mr. Cohen) y un certero gusto compositivo. Con la camarilla grunge, una adoración clara por Led Zeppelin. No obstante, Jeff aportaba algo más. Algo que nadie podía esperar en un misterioso chico blanco: la entrega interpretativa siempre al límite, ese vivir las canciones como sus idolatrados Nusrat Fateh Ali Khan y Édith Piaf. Ese decir las cosas de verdad, como su admirada Nina Simone. Ese escribirlas con versos de plata, como el maestro Leonard Cohen. En definitiva, una sensibilidad que se alejaba de aquello a lo que nos tenían acostumbrados el resto de grupos.

Como era lógico, muchos tomaron buena nota. Así surgieron Radiohead primero, y Coldplay o Muse después, los cuales, entre otras influencias, bebían del vino de lilas del californiano. Como decía al principio, la influencia fue nefasta. Porque claro, al no poder imitar la pirotecnia instrumental de temas como "Mojo Pin" o "Grace", los que podían se quedaron con las piruetas vocales. Los que no, con ese poso melancólico que Buckley sabía dejar en el alma con sus octavas. Esa sensación de felicidad incompleta que era capaz de conjurar con su voz. Con todo, el resultado de dicha influencia en esas bandas se orientaba hacia el pop. Y ya se sabe, pop + tendencias épicas = peligro de frivolidad.

Tampoco debemos crucificar a Buckley por dicha influencia. Igual que Nietzsche no tuvo la culpa del Holocausto. Cuando se crea una obra de arte tan inmaculado, se suele tener repercusión y no todo el mundo acierta a interpretarla o digerirla. Tarea tan ardua como expresar con palabras los sentimientos que canciones como el dúo inicial ya mencionado, las preciosas interpretaciones de "Lilac Wine" o "Hallelujah", el inigualable alud sentimental de "Lover, You Should've Come Over", el poderoso rock de "Eternal Life", o el misticismo sin mácula de "Dream Brother", pueden despertar en el oyente.

Yo lo tengo muy claro. Este es el disco que hay que tener de Jeff Buckley. Posiblemente el que hay que tener de los 90. Su aportación a la Torre de la Canción, uno de esos que puede envejecer tranquilamente al lado de las viejas glorias. Al lado del Trout Mask Replica (Captain Beefheart, 1969) o del Sgt Pepper's Lonely Hearts Club Band (The Beatles, 1967). Y siempre, siempre, al lado de tu corazón cansado.

 

1 Mojo Pin 5:41
2 Grace 5:22
3 Last Goodbye 4:35
4 Lilac Wine 4:32
5 So Real 4:43
6 Hallelujah 6:53
7 Lover, You Should've Come Over 6:43
8 Corpus Christi Carol 2:56
9 Eternal Life 4:52
10 Dream Brother 5:26
Total: 51:43

Es bien sabido que Buckley murió ahogado en el Mississippi a la edad de 30 años, siguiendo la trágica herencia familiar (su padre Tim también murió joven). Este fue el único disco que pudo completar. Aunque esto puede jugar en su contra a la hora de valorarlo objetivamente (o a su favor, según se mire), cualquier escucha desprejuiciada y limpia acabará con la rendición absoluta de la mayoría de oyentes. No veo que su muerte haya ayudado a su encumbramiento. Es que es muy bueno, eso es todo.

El éxito del álbum unido al aura de malditismo que rodeó la desaparición de Buckley alimentó a una legión de fans incondicionales que sería el caldo de cultivo perfecto para ediciones cuando menos dudosas de su material póstumo. La mayor parte del mismo, y salvando algún directo, es no solo prescindible, sino paupérrimo. Había que hacer caja...