At Carnegie Hall (Thelonious Monk Quartet with John Coltrane, 2005) [DIRECTO]
HARD BOP. Antes de empezar a desentrañar este disco, habría que incidir en su carácter de tesoro fonográfico sin par. Y es que esta joya se mantuvo oculta en los archivos de la Biblioteca del Congreso, en Washington DC, casi cincuenta años hasta que fue descubierta y mostrada al público en 2005.
Se trata de una grabación de 1957, momento en el que Coltrane formaba parte del cuarteto de Monk y tocaban juntos de manera habitual en lugares como el Five Spot Club. Momentos epifánicos entre el ya curtido pianista y el saxofonista emergente de los que apenas hay grabaciones y menos de esta calidad. En este caso se trata de un concierto que dieron el 29 de noviembre del año señalado, en una velada en la que tocaron varios artistas, como Billie Holiday, Dizzy Gillespie, Sonny Rollins o Ray Charles, entre otros. El cuarteto de Monk dio dos pases ese día y sí, como se pueden imaginar, ambos fueron espectaculares.
Ni que decir tiene que cuando galopan sin brida no hay manera de detenerlos. La manera en la que se escuchan, en la que desbarran en los solos... Esa forma tan personal y tan dinámica en la que estrujan el hard bop hasta hacerlo bebop siquiera por unos instantes para volver a la cooperación salvaje en una batalla en la que no pretenden tomar prisioneros es algo que se da muy pocas veces.
Sin embargo, a pesar de todos estos parabienes hacia su parte desaforada, donde realmente asestan una puñalada al corazón es en los momentos más líricos. Ahí es donde el poder de Coltrane se intuye infinito. Ahí es donde Monk se olvida de dirigir para disfrutar y hacernos flotar. Temas como "Monk's Mood" o "Crepuscule With Nellie" dan fe de todo el poder emocional de una banda que rebosa sentimiento en cada requiebro. La prueba de vida de una metamorfosis que llevaría a Coltrane a lo más alto con esas "sheets of sound" que lo cambiarían todo para él. Metamorfosis que encuentra en Monk al catalizador perfecto gracias a la confianza y al espacio que brinda al saxofonista.
Todo esto es lo que hace de esta grabación una pieza esencial en el catálogo de Thelonious Monk, pero también en el de John Coltrane. Y es que aquí se ve a la perfección la transición del saxofonista. Un cambio en su estilo instrumental, en el que empezó a apilar notas, con el que alcanzaría las cotas más altas de expresividad en la siguiente década. Sin duda, lo que había grabado Voice of America y dormía en la Biblioteca del Congreso era la ventana a una de las evoluciones más singulares, enigmáticas y definitivas de la música del siglo XX. El paso de Brilliant Corners a Blue Train. O dicho de otra manera, el salto del jazz moderno al jazz del futuro.
★★★★★
Early Show 1 Monk's Mood 7:52 2 Evidence 4:41 3 Crepuscule With Nellie 4:28 4 Nutty 5:03 5 Epistrophy 4:28 Late Show 6 Bye-Ya 6:31 7 Sweet and Lovely 9:34 8 Blue Monk 6:30 9 Epistrophy (Incomplete) 2:24
Live in Japan (John Coltrane, 1991) [RECOPILATORIO]
FREE JAZZ. John Coltrane realizó un tour por Japón en julio de 1966, el cual quedó registrado para la radio local a partir de las actuaciones que dio en un par de locales de Tokio junto a Rashied Ali (batería), Pharoah Sanders (saxos, clarinete y percusión), Alice Coltrane (piano) y Jimmy Garrison (bajo), su quinteto en ese momento. Estas actuaciones se publicaron tras su muerte en varios discos en 1973 y 1977. Un material ingente que vio su forma "definitiva" al ser recopilado en este box-set de 1991, el cual suma más de cuatro horas de música en cuatro CDs.
Todo un documento para la posteridad que registra al Coltrane más poderoso, intenso, espiritual y absoluto en su búsqueda de Dios a través de una música que ya no podía ir más lejos. Piezas elásticas hasta el infinito con las que el saxofonista y sus compañeros trataban de fundirse con el cosmos inabarcable. Estamos hablando de desarrollos nunca vistos en su carrera. Desarrollos en los que no era raro que desfiguraran las canciones y las llevaran hasta la hora de duración. A estos niveles tenemos que sustraernos cuando pensemos en el Coltrane postrero, el reflejo más auténtico de lo que la libertad musical aspira a ser.
Piezas clásicas en su repertorio, como "Crescent", "Afro Blue" o ese cierre del círculo que es "My Favorite Things", conviven con creaciones para el momento, como esa fastuosa "Peace on Earth" con la que rendía homenaje a las víctimas de las bombas atómicas que sus compatriotas lanzaron sobre Hiroshima y Nagasaki apenas veinte años antes. Esta sería la pieza central de sus conciertos japoneses. Una tonada que empieza lírica y lacrimosa para ir cargándose de todo el ruido, el dolor y la ira que Coltrane debía adivinar en el ambiente. De hecho, el saxofonista visitó el memorial a las víctimas en Nagasaki, donde estuvo meditando u orando durante un buen rato visiblemente emocionado. Según comentó, quería imbuirse de todo el sufrimiento que albergaba el lugar.
Una empatía que volcó de manera salvaje en sus actuaciones. No solo "Peace on Earth" se impregnó del aura de esa tierra apaleada. El público nipón asistió atónito y con ese respeto ceremonial marca de la casa a unas actuaciones torrenciales en las que Coltrane demostró que el free jazz, además de rabioso como un perro salvaje, también podía ser lírico y conmovedor. Con su saxo aprovechó el silencio sepulcral para pintar un lienzo terrible en el que las lágrimas y la sangre se entremezclaban con la misma violencia con la que soplaba. Era tal su vehemencia, tal su implicación y su motivación, que en numerosas ocasiones parecía que su saxo iba a explotar. Y no era él el único que llevaba al límite las posibilidades expresivas de su instrumento. Todos sabemos lo que nombres como Rashied Ali o Pharoah Sanders significan para el free jazz, pero la que realmente destaca junto al líder de todo esto es Alice, su esposa, la cual teje telares infinitos con su piano. Alfombras y cortinajes de una belleza superlativa, sedosa y casi líquida.
Así se las gastó el John Coltrane Quintet en su gira japonesa, su último tour, su regalo particular a un pueblo al que admiraba y que había sufrido tanto. En definitiva, el no a a la guerra más rotundo que se haya escuchado. Un no a la guerra que, como "Peace on Earth", era un réquiem, pero que no se regodeaba en lo lacrimoso, sino que también entendía que había mucho de rabia y de odio a los que dar salida. Como el yin y el yang, la de Coltrane fue una carrera marcada por los extremos, pero sobre todo por la búsqueda del equilibrio y del amor más absoluto.
"I know that there are bad forces, forces that bring suffering to others and misery to the world, but I want to be the opposite force. I want to be the force which is truly for good." (John Coltrane)
★★★★☆
1.1
Afro Blue
38:49
1.2
Peace on Earth
26:24
2.1
Crescent
54:34
3.1
Peace on Earth
25:04
3.2
Leo
44:51
4.1
My Favorite Things
57:19
Total: 247:01
A mitad de los 60 Coltrane era poco menos que un mito viviente en Japón. Sus ventas llegaban a las 30.000 copias por álbum, lo cual era una barbaridad para un músico de jazz fuera de los EE.UU. Será por eso que había mucha gente a la que satisfacer y al saxofonista le prepararon una gira infernal de 17 conciertos en 14 días a lo largo de todo el país.
En medio de toda esta vorágine, Coltrane tuvo tiempo para dar ruedas de prensa, ofrecer entrevistas y visitar el memorial a las víctimas de la bomba atómica en Nagasaki, ciudad en la que también ofreció un emotivo recital. Ahí es donde redobló sus esfuerzos en la interpretación de una "Peace on Earth" que parecía escrita para ese lugar y ese público. Nada más llegar a Nagasaki, el guía japonés que recibió a la banda observó sorprendido que Coltrane estaba tocando la flauta en el tren. Al preguntarle el motivo, el saxofonista respondió que estaba buscando el sonido de Nagasaki.
Cuando el guía se ofreció para llevarlo al hotel, el de Hamlet respondió que antes prefería que lo llevara al memorial de la guerra del que hablábamos arriba. Una vez allí, realizó una ofrenda floral y permaneció un buen rato orando por las víctimas. Según comentó después, necesitaba sentir el dolor, el ruido, la atmósfera durante los bombardeos. Su interpretación de "Peace on Earth" en el concierto subsiguiente fue memorable como podrán imaginar. Por desgracia, todo el material recogido en esta caja se limita a sus actuaciones en la capital, pero creo que podemos sentir igualmente el alegato antibelicista subyacente en dicho tema. Una canción escrita contra la guerra, así en general. Y como ya he dicho, no es un himno ingenuo, sino que contiene todas las sensaciones que la guerra provoca. Por supuesto, tiene su parte de adagio y de réquiem, pero también el ruido deforme y animal de la contienda. Un tema que habla de un deseo inalcanzable, utópico, y que parece consciente en todo momento de la imposibilidad de alcanzarlo.
FREE JAZZ. Este álbum se grabó en el Van Gelder Studio (sí, otra vez) con el propio John Coltrane como productor apenas cinco meses antes de que el saxofonista nos dejara para siempre. Se trata, por tanto, de una de sus últimas sesiones de grabación. Una en la que ahondaría un poco más en su obsesión por la vanguardia más libre y expansiva.
Como novedad, y siguiendo los duelos impagables que protagonizó con Elvin Jones a las baquetas en los últimos tiempos de su archifamoso cuarteto, para esta sesión del 22 de febrero de 1967 convocó a Rashied Ali, batería de su nuevo quinteto y maestro indiscutible del free jazz, y solo a él. El percusionista recuerda vívidamente el impacto que recibió cuando se encontró en el estudio a solas con el maestro. "¿No va a venir nadie más?", preguntó. "No, solo tú y yo", respondió Coltrane. "¿Qué vamos a tocar? ¿Algo rápido? ¿Algo lento?". "Lo que tú quieras", respondió el saxofonista mientras agarraba su saxo tenor.
A este nivel de libertad nos referimos cuando hablamos del último Coltrane. Después de estas palabras, tocó las campanitas o cortinillas con las que marcaría el inicio y final de los temas, y empezaron a tocar. Y lo que tocaron ha quedado para la historia. Un dueto en el que la interacción no podía ser más intensa. Un diálogo instrumental en el que la simbiosis alcanza cotas inimaginadas, ya sea por la actitud de ambos ese día o por la ausencia de piano y bajo que los bajaran a la Tierra.
Lo cierto es que, aunque esto parezca un amasijo caótico sin orden ni sentido, en cuanto ponemos nuestros cinco sentidos, nos damos cuenta de que hay demasiado arte en ebullición, demasiado vértigo y demasiada tensión al rojo como para despachar esto como obra y gracia del azar. El título del álbum y los diferentes movimientos no puede ser más evocador ni más pertinente para un Coltrane que en lo musical ya había dejado este mundo hacía bastantes meses y que aquí parece querer marcarnos el camino para transitar por ese espacio que él conocía como la palma de su mano. Para viajar libres por el cosmos y sentir la ligereza de nuestras almas. Para fundirnos con el éter, aunque solo fuera durante ese algo más de media hora que dura este disco único. Gracias por todo, maestro.
★★★★☆
A1
Mars: Fourth From the Sun; Battlefield of the Cosmic Giants
10:41
A2
Venus: Second From the Sun; Love
8:17
B1
Jupiter: Fifth From the Sun; Supreme Wisdom
5:21
Live at the Village Vanguard Again! (John Coltrane, 1966)
FREE JAZZ. Y aquí es donde Coltrane se puede decir que inicia su vuelo definitivo. Ese que le iba a llevar a trascender los límites terrestres. No en vano es la única grabación que vería editada en vida con su recién estrenado quinteto mágico. Rashied Ali a la batería, Jimmy Garrison al bajo, Alice Coltrane al piano y Pharoah Sanders a la flauta y saxo tenor completan una alineación de lujo con la que llevar el free jazz a los confines del espacio exterior.
Y para dejar claro que lo suyo no era ninguna broma, vuelven al lugar del crimen, ese Village Vanguard en el que solo cuatro años antes (aunque parezca toda una vida) Coltrane había dinamitado las reglas del juego con ese "Chasin' the Trane" del que ya se ha dicho todo. Y lo hacen mediante una declaración de intenciones que no deja lugar a la duda. Toman dos temas clásicos a más no poder como son "Naima" (Giant Steps, 1960) y "My Favorite Things" (My Favorite Things, 1961) y los destrozan a base de progresiones endiabladas, cascadas de notas que se derraman en plena vorágine cacofónica y demás recursos destinados a desfigurar la belleza inmarchitable de unas tonadas que lo habían sido todo para el saxofonista.
Es este posicionamiento casi político del de Hamlet lo que muchos no acabaron de entender. Esta táctica de tierra quemada, de no mirar atrás bajo ninguna circunstancia, como si algo le estuviera quemando dentro. Una huida hacia delante en la que no se tomaban prisioneros y que parecía abocada al abismo. O Coltrane tenía muy claro que le quedaba poco o es difícil explicarse el cambio tan radical que sufrió en tan solo unos meses. Un cambio que se venía anunciando desde hacía años, esa es la verdad, aunque tras la edición de A Love Supreme (1965) se precipitó de manera endiablada e inexorable. Para poder entender mejor todo lo que bullía en su alma lo mejor es verlo en acción en el escasísimo metraje que dejó constancia de esta época en su música. La etapa más desagradecida en todos los aspectos, pero la más intensa, con mucho, de uno de los genios más grandes que ha dado la música.
★★★☆☆
A1
Naima
14:51
A2
Introduction to My Favorite Things
5:09
B
My Favorite Things
20:55
Total: 40:55
Todas las turbulencias que aparecen en su música no dejan de ser el reflejo de su tumultuosa vida amorosa en esos años. En 1963 lo dejó con Naima, su primera esposa. Al poco tiempo inició una relación con Alice McLeod, música de jazz con la que había compartido escenario. Ambos tuvieron hijos en esos años, aunque no pudieron casarse hasta este 1966, poco antes de la edición de este álbum, ya que fue entonces cuando el saxofonista consiguió el divorcio de su primera mujer.
Todo esto hace aún más jugoso el contenido de este disco. La participación de Alice Coltrane (antes McLeod) al piano y la forma en la que Sanders y el líder destrozan ese "Naima" dedicado a la primera esposa del saxofonista, no me parece algo casual. Se trata de todo un borrón y cuenta nueva, como mínimo. No puedo afirmar que hubiera odio o deseo de venganza en la acción, pero desde luego es muy sintomática la elección del tema para hacerle lo que le hicieron. Arte, sin lugar a dudas, pero un arte más cercano al art brut que a ninguna otra cosa.
JAZZ MODAL. A apenas dos minutos de que naciera A Love Supreme (1965) a Coltrane ya se le derramaba la espiritualidad a manos llenas. La sentía, le ardía y la sudaba a chorros. Es algo tan evidente que no se puede tapar de ninguna manera. Se manifiesta de una manera tan clara en la cara A que tal vez por vergüenza o recato decide taparla un poco con una cara B en la que suelta los mandos para que se explayen sus compañeros. Algo a lo que no nos tenía acostumbrados, en sus discos al menos, por ese afán de enganchar notas y más notas, de llenarlo absolutamente todo y de vivir la música como ese torrente que le quemaba el alma.
En este disco, que es muchísimo más que los prolegómenos del estallido, una obra con entidad suficiente como para no necesitar ir de la mano de nadie, podemos disfrutar y acongojarnos con la serena belleza sin adulterar de esa cara A. "Crescent", "Wise One" o "Bessie's Lament" nos recuerdan que por muy salvaje que fuera nuestro héroe, por muy demiurgo que se pusiera o que lo pusieran, su aliento venía de un sitio demasiado cálido, demasiado profundo y demasiado verdadero como para olvidarlo.
Después, como apunto arriba, Coltrane da un paso atrás y en la cara B se limita a adornar las dos piezas en sus introducciones y codas para dejar espacio a Jimmy Garrison y sus cuatro cuerdas al dente en "Lonnie's Lament", y a un Elvin Jones que se merienda cualquier atisbo de duda que pudiera alguien tener sobre su valía a las baquetas. El solo que vertebra "The Drum Thing" es material de estudio obligado para cualquiera que se quiera siquiera acercar a la batería de jazz. Un solo apocalíptico, descomunal y sublime. El colofón perfecto para un disco que dice muchas cosas acerca de la personalidad de un Coltrane que, lo siento por las malas lenguas, no podía ser más humano ni más generoso. Por si alguien lo dudaba todavía.
POST-BOP/PROTO-FREE. A pesar del título, solo tres de los temas fueron grabados en directo en el mítico club neoyorquino fundado en 1949 y bautizado para aprovechar el tirón de Charlie Parker. Los otros dos fueron registrados en el estudio. Entre ellos, un "Alabama" que habla por sí solo y que es uno de los puntos más altos y más apreciados de Coltrane.
El tema fue compuesto por el saxofonista solo un par de meses después del ataque terrorista ejecutado en Birmingham (Alabama) por parte de supremacistas blancos y en el que murieron cuatro muchachas de color de entre 11 y 14 años. Todo ese aura entre el luto y la rabia resuena en este panegírico, que es un canto estruendoso contra la intolerancia y el fanatismo. Justo todo aquello contra lo que había luchado un Coltrane que siempre pensaba en su música como instrumento de unión y acercamiento, como una forma de trascender las barreras y eliminarlas hasta hacernos uno entre nosotros y uno con el cosmos.
El de Hamlet construyó el tema a partir del discurso que dio Martin Luther King tras los asesinatos. De tal forma que las palabras del predicador y activista se solapaban a la perfección con el silabeo preciso y cadencioso del saxofonista. Una técnica que repetiría con resultados similares en el cuarto movimiento de ese A Love Supreme que estaba por venir y que de alguna forma también era un eco de esta tragedia.
Del resto de temas destacaría la entrada con ese "Afro Blue", compuesto por Mongo Santamaría, que tanto le dio a Coltrane en sus directos. Un pórtico glorioso a partir del cual presentar nuevas maravillas, ya sea el jugueteo con ese "I Want to Talk About You" escrito por Billy Eckstine, o los tres últimos temas, made in Coltrane, para volver a dejar claro que si como intérprete era inalcanzable, no lo era menos como compositor.
Así se redondea un nuevo triunfo de un saxofonista que nunca se permitió margen para el error. Si a estas alturas de la exploración no tienes claro que no hay disco suyo que no sea redondo, creo que no te has enterado de nada. A mediados de los 60 sigue el espectáculo con más fuerza que nunca y no parece que vaya a decaer.
★★★★★
A1
Afro Blue
10:40 ✠
A2
I Want to Talk About You
8:05
B1
The Promise
8:04
B2
Alabama
5:05 ✠
B3
Your Lady
6:35
Total: 38:29
Si hay algo por lo que destaca este álbum, siempre será por esa "Alabama" que significó tanto para la comunidad afroamericana. Un tema que homenajea a las cuatro víctimas del ataque terrorista con bombas que el Ku Klux Klan perpetró en la Iglesia Baptista de la Calle 16 en Birmingham, Alabama, el 15 de septiembre de 1963.
Las víctimas fueron cuatro niñas: Addie Mae Collins (14 años), Cynthia Wesley (14 años), Carole Robertson (14 años) y Denise McNair (11 años). De los cuatro miembros del Klan declarados culpables en el juicio subsiguiente, solo tres fueron finalmente condenados, todos a cadena perpetua. El primero de ellos no fue condenado hasta 1977, pero es que los otros dos obtuvieron sus penas en 2001 y 2002 respectivamente. El cuarto murió en 1994, antes de que se pudiera o quisiera hacerle pagar por sus crímenes.
Eso era Alabama a mediados del siglo pasado. Ahora díganme si prefieren el "Alabama" que Neil Young dedicó a ese estado o se quedan con el "Sweet Home Alabama" de Lynyrd Skynyrd.
JAZZ. Aquí nos encontramos al cuarteto pisando terreno inexplorado (para ellos). Apagadas las brasas (o muy rebajadas al menos) de sus recientes afrentas, Coltrane y sus secuaces se permiten una pausa en medio de la vorágine y se entregan a la placidez de las baladas, encima, escritas por otros. Clásicos para las noches más cálidas que dejan claro que a estos cuatro no se les resistía absolutamente nada.
Según parece, llegaron al estudio con las partituras de los temas y poco más. Escucharlos no sé, pero tocarlos, no los habían tocado nunca antes. Una breve puesta en común de cuatro ideas previas y un corto ensayo, y a grabar. Nunca me ha parecido un mal modus operandi cuando la banda es buena de verdad. Y esta banda no es que fuera buena, era la mejor.
Por eso esto suena como lo hace. Y por eso me parece tan injusto que se diga por ahí que este disco se hizo simplemente para cumplir con la discográfica o que Coltrane no tenía las más mínimas ganas de hacerlo. Que a lo mejor es verdad, aunque nunca lo sabremos, y por eso entrar en esas elucubraciones ante una música tan redonda, tan bien hecha y tan subyugantemente hermosa me parece toda una falta de respeto.
FREE JAZZ. Con este álbum, John Coltrane iba a trazar una línea roja con la que dividiría toda su producción. Los coqueteos más que evidentes con el free jazz que venía sugiriendo, y que empezó a materializar en ese "Chasin' the Trane" con el que cerraba su maravilloso directo "Live" at the Village Vanguard (1962), se acabaron adueñando de su forma de tocar hasta culminar en este disco, en el que se hace uno con sus orígenes africanos a la vez que da su paso definitivo para entrar en el salón de la vanguardia más rabiosa.
El disco surgió de una sola sesión de grabación llevada a cabo el 28 de junio de 1965 en el Van Gelder Studio de New Jersey. En ella participó el cuarteto clásico de Trane ampliado por un elenco de músicos de renombre entre los que se encontraban Freddie Hubbard a la trompeta, Art Davis al bajo, Archie Shepp o Pharoah Saunders al saxo, entre muchos otros. De dicha sesión salieron dos tomas, ambas de duración similar. Pues bien, para terminar de abrazar el caos de lo que suena aquí, el productor, Bob Thiele, seleccionó la segunda toma para editar lo que iba a ser el álbum definitivo. Una vez en la calle, meses después, Coltrane manifestó su preferencia por la primera toma, de ahí que nos encontremos dos ediciones del álbum a día de hoy. Con la llegada del CD ambas ediciones se agruparon y hoy podemos "disfrutar" de ambas en un mismo volumen.
Lo que no podemos escuchar es cómo el batería, Elvin Jones, arrojó su caja contra la pared del estudio al terminar la segunda toma, en una clara muestra de su enfado y hartazgo. No se puede decir que todo el mundo compartiera su visión. Marion Brown afirmaba que no sabía cómo los ingenieros de sonido habían podido suprimir de la grabación los gritos de entusiasmo que todo el mundo estaba dando en el estudio durante la sesión. John Tchicai, por su parte, describe ese día como una fiesta en la que el éxtasis y la excitación eran la motivación que movía a todos los implicados.
En cualquier caso debe quedar claro antes de entrar aquí que ese éxtasis se circunscribe a la sesión de grabación. Porque si de algo estoy seguro tras someterme a estos dobles cuarenta minutos, es que el free jazz está hecho para ser "disfrutado" en directo. Todo intento por enlatar esta libertad en su estado más absoluto va a ser más o menos noble, más o menos logrado, pero siempre va a quedar lejos de la sensación que provoca tal estampida instrumental cuando esta se produce en toda tu cara. Una algarabía que, como este disco, es tan irresistible como insoportable. A algunos nos gusta eso, y ya lo sé, eso tiene un nombre.
★★★☆☆
Edition I
A
Ascension (Part 1)
19:00
B
Ascension (Part 2)
19:41
Total: 38:41
Edition II
A
Ascension (Part 1)
18:56
B
Ascension (Part 2) 21:38
Total: 40:34
Que el free jazz va de la mano de la abstracción en cualquier forma de arte es de cajón. Que dicha abstracción es más rica y diversa de lo que mucha gente piensa, también. No es lo mismo, por ejemplo, el cubismo, que el suprematismo, ni podemos comparar el dadaísmo con el futurismo.
Todas tienen en común, eso sí, un intento por explicar la naturaleza desde una perspectiva diferente, inasible y muchas veces inabordable para el aficionado medio. Todo esto está en esta supuesta cacofonía que es el free jazz. Un posicionamiento estético y casi ideológico en el que prima la libertad más extrema y la ausencia de patrones, guías o cortapisas.
Pues bien, este disco, será por el toque de color que se permite Coltrane en el molde que usa para titularlo, me inspira una alianza con ese subgénero pictórico que es la abstracción colorista. En la imagen podemos disfrutar de un lienzo de Miguel Balbás, que ofrece un resultado entre tribal y urbano en la línea del admirado y discutido Basquiat. ¿Y esto se acerca siquiera a explicar la música que suena aquí? Por supuesto que no.
CANTO ESPIRITUAL. John Coltrane se convierte en profeta en su obra magna. A través de su soplido transmite la voz de Dios, esa que le dictó toda esta suite suntuosa que es A Love Supreme. Eso cuenta la leyenda sobre la creación de uno de los discos más míticos de la historia. Del jazz y de la música. A Love Supreme es demasiado para ser confinado en palabras. Más de cincuenta años después de su edición sigue imponiendo un respeto religioso. Aun así hay una cantidad ingente de literatura sobre él, libros completos incluidos, dedicada a celebrar su eterno influjo. El ser humano y su afán por explicar lo inexplicable.
Todo pareció fluir desde el primer momento. Coltrane lo ha dicho hasta la saciedad, el disco le fue dictado por el Altísimo de una sola pieza, de principio a fin. Epifanías aparte, algo influyó la renovada fe del saxofonista, que cambió la heroína por ese Dios que era fuego en su cerebro. Un fuego que le abrasaba por dentro y del que tenía que librarse de alguna forma. Quizás dándole salida a través de esta suite en cuatro partes que es A Love Supreme.
Una suite que se caracteriza por su fluida naturalidad y que empieza dando fuerte con un "Acknowledgement" que se abre como una flor exótica merced a ese gong que nadie esperaría en un disco de hard bop. Porque esto ya no era hard bop. Seguía teniendo mucho de este género libérrimo, pero eliminaba aún más las cortapisas anunciando el free jazz desde la vanguardia más rabiosa. Lo sacro y lo profano se entrelazan aquí con clara preeminencia de lo primero. Así nos lo muestra el tono solemne de ese canto casi fúnebre con el que el genio de Hamlet nos hipnotiza: "a love supreme, a love supreme", recita sobre las cuatro notas de contrabajo más famosas del jazz.
El siguiente movimiento es el más espectacular. La entrada a pleno pulmón del saxo en "Resolution" es de lo mejor que he oído jamás. Te sacude el cuerpo y el alma y te predispone para un viaje a los confines de lo desconocido. Quizás mi pieza favorita de Coltrane, el preludio perfecto para esa sacudida free que es "Pursuance", un auténtico terremoto en el que no sabes de dónde vienen las sacudidas. Un seísmo que se desvanece con la última sección, un "Psalm" que en algunas ediciones comparte pista con la anterior. Una pieza que es lo que dice su título, un salmo sanador de una belleza evanescente e inasible en el que Coltrane "recita" su poema A Love Supreme. Una alabanza al Altísimo en la que las palabras se sustituyen por el aliento dorado, preciso y sutil de su saxo tenor. Cierre insuperable.
Curiosamente, la filiación religiosa de esta obra magna atrajo a detractores, cuyo anticlericalismo no les dejaba ver más allá. Una pena que fue su penitencia. Me parece imperdonable para cualquier melómano que se precie de serlo. No diré que A Love Supreme sea un disco fácil, dominado por la inmediatez. Está claro que para el oyente casual nunca podrá ofrecer satisfacciones a la primera escucha. Es una obra de cocción lenta que requiere de oídos abiertos y perspectiva. Así podrá colarse en tu piel y tus huesos, tatuarse en tu alma para siempre. Su espiritualidad no es que no lo dañe, es que lo hace único. Esto es un manual avanzado de jazz total, un disco que desata emociones nunca antes sentidas. Una de las mejores cosas de este mundo y de todos los posibles mundos.
A1
Part I - Acknowledgement
7:39
A2
Part II - Resolution
7:15 ✠
B
Part III - Pursuance / Part IV - Psalm
17:40
Total: 32:34
En el curiosísimo cuarto movimiento, Coltrane silabea con su saxo en una pieza cargada de misticismo en la que parece dialogar con el Altísimo. Y no solo lo parece. Lo que en realidad etsá haciendo es "recitar" a puro soplido el poema de alabanza que el propio saxofonista escribió en la vorágine de tres días en la que la divinidad le fue dictando la suite celestial que es A Love Supreme.
"I will do all I can to be worthy of Thee O Lord.
It all has to do with it.
Thank you God.
Peace.
There is none other.
God is. It is so beautiful.
Thank you God. God is all.
Help us to resolve our fears and weaknesses.
Thank you God.
In You all things are possible.
We know. God made us so.
Keep your eye on God.
God is. He always was. He always will be.
No matter what…it is God.
He is gracious and merciful.
It is most important that I know Thee.
Words, sounds, speech, men, memory, thoughts,
fears and emotions – time – all related …
all made from one … all made in one.
Blessed be His name.
Thought waves – heat waves-all vibrations –
all paths lead to God. Thank you God.
His way … it is so lovely … it is gracious.
It is merciful – thank you God.
One thought can produce millions of vibrations
and they all go back to God … everything does.
Thank you God.
Have no fear … believe … thank you God.
The universe has many wonders. God is all. His way … it is so wonderful.
Thoughts – deeds – vibrations, etc.
They all go back to God and He cleanses all.
He is gracious and merciful…thank you God.
Glory to God … God is so alive.
God is.
God loves.
May I be acceptable in Thy sight.
We are all one in His grace.
The fact that we do exist is acknowledgement of Thee O Lord.
Thank you God.
God will wash away all our tears …
He always has …
He always will.
Seek Him everyday. In all ways seek God everyday.
Let us sing all songs to God
To whom all praise is due … praise God.
No road is an easy one, but they all
go back to God.
With all we share God.
It is all with God.
It is all with Thee.
Obey the Lord.
Blessed is He.
We are from one thing … the will of God … thank you God.
I have seen God – I have seen ungodly –
none can be greater – none can compare to God.
Thank you God.
He will remake us … He always has and He always will.
It is true – blessed be His name – thank you God.
God breathes through us so completely …
so gently we hardly feel it … yet,
it is our everything.
Thank you God.
ELATION-ELEGANCE-EXALTATION
All from God.
Thank you God. Amen."
John Coltrane - December 1964.
✠ ✠ ✠
A Love Supreme: 1965 Antibes Jazz Festival (John Coltrane, 2002)
JAZZ. Recogida en un CD extra en la edición de 2002 de A Love Supreme, nos encontramos la versión autorizada de la única interpretación en directo de ese álbum por parte del mítico cuarteto de Coltrane de la que se tiene constancia.
Esta se llevó a cabo en Antibes, Francia, en julio de 1965 en el festival internacional de jazz del título y como pueden imaginarse es un objeto de deseo más que apetecible para cualquier fan del saxofonista. Una cita histórica para comprobar hasta qué punto ardían los cuatro sobre el escenario mientras interpretaban la suite celestial por la que siempre será recordado Coltrane (y ellos mismos).
¿Y qué nos encontramos? Pues las variaciones y deformaciones de rigor en unas piezas (o una pieza continuada si atendemos a su autor) que nunca llegaron a ser canónicas. La temprana muerte de Coltrane, apenas un par de años después y la ausencia de interpretaciones sobre el escenario hicieron imposible hacernos una idea de la forma "legítima" que debería tener esta música. Por tanto, aquí nos vamos a encontrar con una aproximación heterodoxa, elástica y libérrima de lo que ya tenemos grabado en nuestro cerebro y en nuestra alma a base de desgastar nuestra copia de A Love Supreme hasta fundirla.
De todas formas el espíritu de la obra sobrevolaba esa noche en todo momento, y las interpretaciones, salvo interludios y adendas, son reconocibles en todo momento. Coltrane suena como en trance y hace que los pasajes que coqueteaban con el free jazz suenen más libres y expresivos que nunca, y la banda está fantástica, tal y como se espera de ella.
Especialmente furibunda es una "Part 3 - Pursuance" en la que se explayan hasta los veinte minutos enredados en una maraña de barbaridad huracanada que "Part 4 - Psalm" trata de anestesiar sin conseguirlo del todo. Y es que Coltrane seguía como poseído a pesar de la ambientación comatosa de la pieza. Al final esta interpretación deja claro que hay mucho de primario y atávico en la obra más mística del saxofonista. Sin duda, toda una experiencia. Por muy extenuante que resulte, creo que cualquiera que escuche con atención se morirá de envidia por no haber podido estar allí.
POST-BOP/PROTO-FREE. Aunque pasa por disco en directo, en realidad solo el 80% del mismo está grabado en vivo. Algo que considero más que suficiente para considerarlo como tal. Las dos piezas en directo, las que abren ambas caras en el vinilo, fueron tomadas de las mismas sesiones que nutrieron a ese apoteósico "Live" at the Village Vanguard (1962) durante la residencia del cuarteto en dicho club.
Y por supuesto son las dos piezas claves de este registro. Un complemento esencial para su hermano mayor en el que vemos a un Coltrane que, ayudado por Eric Dolphy y su cuarteto infernal, salta sin dudar al corazón de ese huracán de free jazz que empezaba a soplar con fuerza inusitada en esos años. Sí, "India" e "Impressions" no dejan de ser una continuación de esa "Chasin' the Trane" con la que el saxofonista había puesto el mundo patas arriba. Con otros matices, con la influencia del subcontinente que tanto afectó al de Hamlet en toda su carrera, pero con el mismo alma exploratoria de la pieza que rompió la baraja y que hizo al saxofonista explotar por los aires.
El resto, apenas siete minutillos en total, no parece gran cosa, aunque aparte de tonificar y relajar el ambiente, es también bastante revelador de la actitud de un Coltrane que tampoco se sentía preparado del todo como para soltarse de la mano del jazz más canónico, ese que dominaba y que, admitámoslo, llevaba en la sangre. Dos piezas que parecen más cool jazz que otra cosa y que nos devuelven a la Tierra a un saxofonista que podía volar demasiado alto hasta para su intrepidez. Un disco extraño, por tanto... Y estupendísimo, eso ni lo duden.
★★★★☆
A1
India
13:52
A2
Up 'Gainst the Wall
3:12
B1
Impressions
14:40
B2
After the Rain
4:07
Total: 35:51
De todos es sabida la influencia que Coltrane tuvo en bandas tan alejadas a priori como The Byrds. Concretamente este disco y la pieza que lo abre, "India", fueron capitales en el desarrollo de esa mítica "Eight Miles High" tan llena de exotismo y psicodelia libre.
Según comenta Roger McGuinn, su locura por el saxofonista se desató cuando en la gira del 65 con su grupo solo disponían de una cinta para escuchar en el autobús. En la cara A, Ravi Shankar, y en la B los discos Africa/Brass (1961) y este Impressions (1963) que nos ocupa. Las decenas (o incluso el centenar) de escuchas que le dedicaron hicieron el resto.
JAZZ MODAL. A golpe de incomprensión. Así avanzaba John Coltrane en estos años seminales. Con nuestra mirada actual, tan llena de ciertos prejuicios, pero tan limpia de muchos otros, nos puede parecer mentira, pero la acogida que tuvo este álbum fue tan tibia que parecía hostil. Para los popes de la corrección jazzística, lo que venía haciendo Coltrane se aproximaba demasiado al anatema. Todavía escocía su residencia en el Village Vanguard, durante la cual inició una alianza con Eric Dolphy absolutamente detestable para el núcleo duro de la crítica.
A la vista de este rechazo, veo bastante claro que pocos se sumergieron en la escucha limpia y profunda de un disco que, sin ser una vuelta al redil, cuenta con los suficientes elementos reconocibles como para hacerlo atractivo para la vieja guardia. Aquí Coltrane no hace más que seguir rebuscando en el cofre del jazz modal para dar con nuevos hallazgos, algunos, de un valor incalculable. Está claro que la pieza central es esa apertura de catorce minutos con la que nos traslada, toques étnicos incluidos y título más que elocuente, a otro mundo, y que conforme se acerca al final se va ensuciando con ese rama libérrima del jazz que seguía siendo innombrable para muchos. Sin embargo, no es eso lo único a destacar en una nueva colección superlativa del de Hamlet.
Bajo los mandos, una vez más y ya por siempre jamás, del genial Bob Thiele, el saxofonista alterna sus saxos tenor y soprano para acariciarnos con una nueva maravilla de la sutileza llamada "Soul Eyes"; nos asesta un nuevo golpe maestro con los aires clásicos, si bien enturbiados por la vanguardia, de "The Inch Worm"; "Tunji" es una pieza con la que homenajea a su amigo, el percusionista nigeriano Babatunde Olatunji, que resuena con el misterio del continente negro a punto de explosionar, sin llegar a hacerlo; y "Miles' Mode" es una pieza colorida con la que se acuerda de su maestro, valedor y amigo, entre toneladas de groove traqueteante.
Un álbum estratosférico que ya anuncia el misterio místico de A Love Supreme (1964). Será por esa ambientación nebulosa que a veces puede recordar a Blue Train (1959), pero sin duda aún más por ese McCoy Tyner que pasea sus dedos por su piano para fabricar el colchón perfecto para que Coltrane no corra ningún peligro en sus devaneos, la cuestión es que veo a este disco como el reverso carnal de la mencionada obra suprema. Un complemento perfecto hecho en la Tierra para conquistar las estrellas.