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domingo, 29 de enero de 2023

Devolviendo el golpe

The Payback (James Brown, 1973)

 

FUNK. El trigésimo séptimo álbum de James Brown, ahí es nada, es el más redondo, el más sólido y el más brillante de toda su carrera. Y es que si entendemos el LP como una colección más o menos articulada de canciones que buscan un fin común, no hay ningún disco como este en el catálogo del artista sureño. Un álbum al que no dejaron compartir el trono de la blaxploitation junto a trallazos como Superfly (Curtis Mayfield, 1972) o Shaft (Isaac Hayes, 1971), pero que por méritos propios se ha erigido en pieza maestra del funk.

Hay que tenerlos muy bien puestos para desdeñar esta obra cuando te la ofrecen como banda sonora de tu película, una Hell Up in Harlem (Larry Cohen, 1973) para la que el director no quería "el mismo material antiguo de James Brown". Ellos se lo perdieron, podemos pensar hoy en día. Y lo haremos con razón, a la vista de los pelotazos que alberga este álbum y de su impacto indeleble. Un disco que era mucho más que un simple contenedor de hits para los muchachos del gueto. Una obra que puede aguantarle la mirada a maravillas como What's Going On (Marvin Gaye, 1971).

Por ahí podríamos establecer las comparaciones de un disco que también tiene bastante de Miles Davis. Véanse los vientos que subrayan el tema titular para verlo claro. El propio Miles llevaba tiempo dejándose impregnar del funk que Brown había alumbrado a mitad de los 60. Una retroalimentación que tiene su eco en la que se produce entre Mr. Dynamite y Fela Kuti. Si el afrobeat hizo más que tomar un sorbito del Padrino del Soul, es ahora Brown el que parece cobrarse los honorarios con desarrollos interminables que nos recuerdan directamente a las melopeas elásticas del nigeriano.

Razones de peso todas, no me lo negarán, para encumbrar a The Payback como una de las mejores obras, no solo de James Brown, sino del soul, la música negra y de toda la década de los 70. Un disco esencial para entender lo que es el groove y el impacto que puede tener en un oyente medio entrenado. Una auténtica gozada, así sin medias tintas.

★★★★★

A1 The Payback 7:35
A2 Doing the Best I Can 7:50
B1 Take Some - Leave Some 8:22
B2 Shoot Your Shot 8:08
 
C1 Forever Suffering 5:42
C2 Time Is Running Out Fast 12:37
D1 Stone to the Bone 10:05
D2 Mind Power 10:35
Total: 70:54

Xxx

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viernes, 25 de noviembre de 2022

Como un cuchillo al rojo

Hot Buttered Soul (Isaac Hayes, 1969) 

 

SOUL/FUNK. Para su segundo álbum Hayes exigió a su discográfca ostentar el control artístico absoluto, cosa que a la vista del fracaso de su debut, auspiciado por uno de los jefazos de Stax, le fue concedida de inmediato. Un detalle para nada menor que acabó redundando en una de las piezas clave del cantante y teclista de Tennessee, si no la más importante.

Y es que fabricar un disco con cuatro piezas largas como ríos y confiarlo todo al poder de la atmósfera y a la voluntad de las musas no creo que pueda salir de la mente de ningún ejecutivo discográfico. Por suerte esta vez hicieron caso al músico y así hoy podemos disfrutar de uno de los mejores discos en la frontera entre el soul y el funk que se hayan hecho jamás.

Tan solo con los doce minutos de la pieza inaugural ya daría para un buen libraco. Por mucho que sea difícil describir el gozo que provocan sus orquestaciones celestiales o la gravedad de una voz que nos convence en cada sílaba o esa guitarra que anuncia, siquiera a brochazos, lo que iba a hacer Eddie Hazel en una "Maggot Brain" que Funkadelic iba a dejar para la historia un par de años después.

Pero no es lo único, no se equivoquen. El resto de piezas suponen un acierto tras otro. Funk templado y baladas de órdago para culminar en una epopeya soul de diecinueve minutos en la que el spoken word, el latido de nuestro corazón y las orquestaciones otra vez nos elevan en un recorrido de tres cuartos de hora que algunos no nos esperábamos en absoluto.

Si cada vez que nos ponemos este álbum se nos aparecen Marvin Gaye, George Clinton, Curtis Mayfield o Sly Stone, por algo será. Coetáneos, aprendices y maestros se entremezclan en una danza infinita en la que es imposible saber dónde termina uno y empieza el otro. Un jolgorio impresionante en el que lo único que podemos hacer es hundirnos y dejarnos llevar por la vorágine. Y por todo esto estamos ante un clásico irrebatible.

★★★★

A1 Walk On By 12:00
A2 Hyperbolicsyllabicsesquedalymistic 9:55
B1 One Woman 5:00
B2 By the Time I Get to Phoenix 18:40
Total: 45:35

Podríamos situar a este disco en la parrilla de salida de lo que iba a significar el soul, el funk y la psicodelia en esos primeros 70 dominados por la música negra como nunca antes. Llámenme loco, pero me es imposible negar la influencia de Hot Buttered Soul en obras seminales de Sly Stone, Curtis Mayfield, George Clinton, Marvin Gaye e incluso Stevie Wonder. 

Discos como There's a Riot Goin' On (1971), Curtis (1970), Maggot Brain (1971), What's Going On (1971) o Innervisions (1973) posiblemente no hubieran sido iguales de no haber existido su hermano mayor. Así de gigante fue la aportación del cantante, teclista, compositor y actor nacido en Tennessee.

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jueves, 13 de mayo de 2021

The Winter of Our Discontent

Winter in America (Gil Scott-Heron/Brian Jackson, 1974) 


JAZZ SOUL. Que este disco es capital en el devenir de la música negra es algo que se aprecia ya desde las primeras notas de órgano con las que se abre. Aquí el vocalista Gil Scott-Heron y el teclista Brian Jackson completan un trabajo magistral, centrado en el sufrimiento y la cotidianidad del pueblo negro, que es todo un manual de referencia para lo que iba a ser el hip hop, el neo soul y cualquier música de vanguardia que partiera de las raíces de la música negra.

"Winter in America" suena pesimista desde el título y eso se traslada a su tintineo mate y poco lustroso. Suena alicaído, casi apático, pero eso nos acaba sumiendo en su balanceo irresistible. Todo esto lo consiguen gracias a una instrumentación básica, desnuda y casi diría que primitiva. Una invocación sagrada de lo atávico y lo africano que siempre ha tenido el soul, el jazz y el funk comatoso que vertebran la obra. Este colchón tan poco mullido acaba siendo lo que pide la voz de un Scott-Heron que lo mismo te entona la melodía más celestial que se explaya con el spoken word más comprometido.

Si atendemos a su sonido y su contenido, el disco encuentra numerosos parentescos. Desde el afrobeat de Fela Kuti con algo de bajón, todo sea dicho, hasta el humanismo absoluto de Marvin Gaye. De la negritud entusiasta de Stevie Wonder a la oscuridad impenetrable en clave funk de Sly Stone. Si hablamos de música, todas las primeras espadas de la conciencia racial resuenan de alguna forma aquí. Ya sea por similitudes o por antagonismos, todos caben, algunos bebiendo y la mayoría influyendo a una dupla de creadores que consiguen fabricar un producto raro, inasible, poético, abstracto y de un calado lento pero firme e inexorable como esa gota malaya que por mucho que tarde acaba atravesando la roca más dura.

★★★★

A1 Peace Go With You, Brother (As-Salaam-Alaikum) 5:27
A2 Rivers of My Fathers 8:19
A3 A Very Precious Time 5:17
A4 Back Home 2:51
B1 The Bottle 5:14
B2 Song for Bobby Smith 4:38
B3 Your Daddy Loves You 3:25
B4 H²Ogate Blues 8:08
B5 Peace Go With You, Brother (Wa-Alaikum-Salaam) 1:10
Total: 44:29

 

Winter in America es un disco inspirado, alentado y motivado por su tiempo. Un auténtico festín para el historiador y el curioso. Un retrato fidedigno de lo que pasaba en los EE.UU. de mitad de los 70, centrado en las penurias y los dolores del pueblo afroamericano y en la corrupción política que asolaba la Tierra y lo seguirá haciendo mientras el hombre sea hombre.

Por ello bebe y se deja beber. Se alimenta y salpica de negritud, desde el mismo collage de Eugene Coles que adorna su fantástica portada. También, por supuesto, situándose como la bisagra (algo tardía) que podría mediar entre el humanismo whitmaniano y absoluto de ese What's Going On (Marvin Gaye, 1971) y su respuesta ácida y corrosiva, There's a Riot Goin' On (Sly & the Family Stone, 1971).

La obra magna de Heron y Jackson se situaría a medio camino, compartiendo la oscuridad de la revuelta funk de Sly Stone, pero desde una óptica mucho más meditada y reposada. Descreída y profundamente decepcionada, se podría decir, pero con ganas aún de dar guerra ("H2OGATE Blues") y con un filo poético más que real y doloroso.

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miércoles, 25 de mayo de 2016

Be water, my friend

Be (Common, 2005)

RAP/NEO SOUL. Common manda en "Be" como nunca hasta entonces. Se adueña del calificativo de "Marvin Gaye del hip-hop" y lo hace por derecho. Más allá de la inclusión de unos cuantos samplers del maestro de Washington, Lonnie Rashid Lynn inunda el disco con el espíritu del soulman en su época de esplendor y crítica social. La portada nos lo anuncia con rotundidad. Estamos ante el "What's Going On" (1971) del siglo XXI.

Puede sonar exagerado pero a cinco años vista del fundacional "Like Water for Chocolate" (2000) Common se marca un disco de altura, tan comprometido como el mencionado y ganando enteros en su apuesta por una concreción que le sienta de maravilla a este humanista del rap. Hereda la grandeza de la obra maestra de Gaye por sus nobles aspiraciones, su negritud militante y su crítica explícita. El verbo vertiginoso del de Chicago se amolda casi a la perfección a la seda tersa de unos arreglos que beben directamente del soul y el jazz para construir esto que es pura historia del pueblo negro desde el lado reflexivo. El perfecto contrapunto a la violencia gratuita a la que se suele abonar el género.

"Be" no asedia, no impone, toda una novedad en estos tiempos de cólera. Implora, si bien con orgullo, su lugar en un mundo que no sé si está preparado para él pero que lo necesita como el agua (para chocolate).

★★★

1 Be (Intro) 2:24
2 The Corner 3:45 feat. The Last Poets
3 GO! 3:44
4 Faithful 3:33
5 Testify 2:36
6 Love Is... 4:10
7 Chi-City 3:27
8 The Food (Live) 3:36
9 Real People 2:48
10 They Say 3:57 feat. Kanye West & John Legend
11 It's Your World (Part 1 & 2) 8:33
Total: 42:33

 

Xxx

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martes, 26 de octubre de 2010

I believe in love

What's Going On
 
 

 

SOUL HUMANISTA.

"To THE garden, the world, anew ascending,
Potent mates, daughters, sons, preluding,
The love, the life of their bodies, meaning and being,
Curious, here behold my resurrection, after slumber;
The revolving cycles, in their wide sweep, having
brought me again,
Amorous, mature—all beautiful to me—all wondrous;
My limbs, and the quivering fire that ever plays through
them, for reasons, most wondrous;
Existing, I peer and penetrate still,
Content with the present—content with the past,
By my side, or back of me, Eve following,
Or in front, and I following her just the same."


(Walt Whitman, "To the Garden, The World")

Escribir sobre What's Going On es hacerlo sobre una de las maravillas del siglo XX. Un disco surgido de la mente y el alma de uno de los artistas más definitivos que haya habido. Se suele cometer el error de aprisionar a Gaye en el redil respetable pero pequeño de esos intérpretes negros, esos soulmen que, aunque destacados, no pueden competir con "auténticos" songwriters blancos como Dylan, Cohen, Waits, etc. Nada más lejos de la realidad. Se trata de una de tantas injusticias sufridas por su raza. Un ninguneo que hace daño. Sobre todo cuando comprobamos que Marvin, como mínimo, coescribió todos los temas de este álbum (alguno hay enteramente suyo) y lo produjo. Una tónica que se repetiría de manera más o menos constante a lo largo de su carrera.

Este disco superlativo surgió en un momento convulso. Los primeros setenta, con los conflictos bélicos que surgían en diversas partes del mundo como tumores, no eran el mejor momento para que el público diera su beneplácito a un disco tan espiritual como este. Y sin embargo lo hizo. Resulta que Gaye sabía lo que hacía falta en ese momento, al menos lo que a él le hacía falta, y lo soltó en este poema continuo (las canciones se enlazan sin interrupciones) en el que reverencia el amor, la infancia, al Altísimo, y en definitiva, al género humano. Sin ironías. De manera directa y avasalladora. Por eso la gente abrazó esa energía curativa como si de maná se tratara.

De todas formas, como suele suceder con obras tan completas, no se trataba solo de una cuestión de palabras. Sería muy injusto no mencionar el trabajo del arreglista David Van De Pitte que desarrolla unas orquestaciones como no se han oído en ninguna otra obra. Eso unido al trabajo vocal de Gaye, que está entre las mejores interpretaciones de la historia, contribuye a la creación de un MITO por derecho propio. El sonido de este disco es tan único que dan ganas de llorar de alegría al escucharlo. El cantante dobló su voz en multitud de pistas de tal forma que, en clara alianza con la orquesta, llena la habitación con su mensaje, esas palabras que no son ni ñoñas ni ingenuas. Simplemente son VERDAD. Tienen la pureza de un poema de Whitman y la luz de un millón de amaneceres. Y así se convence hasta al más descreído de tal forma que solo se puede SENTIR como en un éxtasis ilimitado para volver a creer en la raza humana.

 

 
A1 What's Going On 3:51
A2 What's Happening Brother 2:57
A3 Flyin' High (In the Friendly Sky) 3:40
A4 Save the Children 3:04
A5 God Is Love 1:44
A6 Mercy Mercy Me (The Ecology) 3:05
B1 Right On 7:20
B2 Wholy Holy 3:20
B3 Inner City Blues (Make Me Wanna Holler) 5:16
Total: 34:17

El primer álbum producido enteramente por Gaye es uno de esos discos conceptuales que dan rigor y enjundia al subgénero en lugar de vilipendiarlo. Cuenta lo que ve un veterano de Vietnam a la vuelta a casa. Todo ese doloroso sufrimiento, esa injusticia, ese odio que habita en la sociedad por la que ha luchado.


El álbum tardó en ser publicado. Parece ser que el magnate de Motown, Berry Gordy, no veía factible la edición de un disco tan político y poco comercial. Finalmente, y gracias a Dios, cedió, ya que Marvin no estaba dispuesto a hacer ni una sola concesión. El disco era como era y saldría como tal o no lo haría.

El recibimiento y la aclamación del disco fue inmediata por parte de público y crítica y no hay lista actual de "lo mejor de..." que no lo incluya en los puestos más altos. Parece ser que el enlace entre canciones que tanto preocupaba a Gordy por ser poco radiable no solo no fue un problema sino un sello de identidad que influyó en numerosos artistas desde entonces.

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