
Closing Time (Tom Waits, 1973)
PIANO BAR. Es la hora del cierre. Los últimos borrachos se desparraman en la barra y el camarero los barre con su escoba hasta la salida. El pianista entona con voz cazallosa la penúltima historia sobre un par de corazones rotos y un coche desvencijado. Martha y Rosie acaban su turno y se cambian de ropa. Les apetecería un helado, pero a estas horas no hay más que whisky. Tal vez el destino se porte hoy y les regale un paseo tranquilo a la luz de esa luna cítrica y así soñar con ese galán de cuento que les saque de este antro. Y el piano sigue sonando, anunciando la hora del cierre, y suena empapado en cerveza y licor barato. Y clarinetes. Y guitarras acústicas. En un compás beodo y lúcido en busca del silencio mortal que cae como una sentencia a la hora del cierre. El tiempo se detiene, las postales nos restriegan el pasado por la cara. ¿Fue realmente un tiempo mejor?. Yo de ti no se lo preguntaría al que ha hecho de este antro su casa. Ahí está, acompañado por un presente sin rostro y aleteando como un pez sobre el suelo sucio mientras espera otra ronda. Seguro que mejora a la anterior. Seguro que no será la última. No hasta la hora del cierre.
★★★★☆
Total: 45:17
Este disco me remite irremisiblemente a Casablanca (Michael Curtiz, 1942). Demasiado obvio y, a la vez, un poco forzado, aunque si se analiza bien, hay más similitudes que diferencias entre la película y el disco. Es cierto que a la película le falta ese ambiente decadente y casi miserable que sí que exuda el disco. Sin embargo, no podemos obviar el hecho del piano en el bar —representado por Sam en la película—. Un pianista mucho más limpio y sereno en todos los aspectos que la imagen que nos ofrece Waits ya en la misma portada, pero un pianista sentimental hasta las trancas en ambos casos.
También está el hecho de que el bar en ambos casos represente la estación de paso de perdedores y borrachos, que en la película podríamos equiparar con agentes secretos en tránsito, espías y ex-presos políticos de renombre. Todos en un ambiente luminoso y casi festivo en la película, y en un entorno más deprimente, lúgubre y casi maloliente en el álbum.
Y por último, está el hecho de que el disco también evoque la soledad más tenaz y desesperanzada, cosa que cuesta vislumbrar en la película. A no ser que nos fijemos en el personaje de Rick, interpretado por Humphrey Bogart, auténtico arquetipo del ser solitario e individualista hasta el extremo.
Con todos estos ingredientes y perspectivas dislocadas y casi contrapuestas, podemos concluir, creo yo, que Closing Time bebe bastante del clásico de Curtiz. Queriendo o no, desde luego, en mi cabeza hay una interconexión que he tratado de explicar por muy loca que pueda parecer. O por demasiado obvia, repito.
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